La Nación no tiene nada que ver con libertad de expresión

No celebramos ni defendemos el ataque de Chaves, porque responde más a los intereses del grupo burgués que él representa, pero tampoco metemos las manos al fuego por La Nación, como si fueran los máximos representantes de la libre expresión.

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En días recientes se desató una polémica respecto de la libertad de expresión dados los ataques del gobierno de Rodrigo Chaves hacia el “Grupo Nación” por la supuesta incapacidad de esta empresa en pagar bonos a la Caja Costarricense del Seguro Social y al sistema de pensiones para los años 2023 – 2024. Al mismo tiempo, el Ministerio de Salud clausuró temporalmente el Parque Viva, propiedad del mismo grupo empresarial, argumentando las presas de tránsito que se generan. De paso el presidente cuestionó a los anteriores gobiernos y las municipalidades que otorgaron los permisos para la construcción de dicho parque.

Sectores de la derecha empresarial, incluida Teletica Canal 7, argumentan que el accionar del gobierno corresponde a un ataque al derecho a la libertad de expresión y de prensa, impulsado por su autoritarismo y ensañamiento contra ciertos grupos empresariales. Desde nuestra óptica lo que se está poniendo en evidencia es un conflicto inter-burgués, entre una parte de la burguesía que apoya a Chaves y otra más ligada al modelo clásico de capitalismo en Costa Rica y del cual son parte estos medios de comunicación hegemónicos.

Un posicionamiento respecto de este tema desde la izquierda anticapitalista y socialista debe partir del criterio de independencia de clase. No apoyamos al gobierno y su ataque a un grupo empresarial, ni al grupo empresarial ligado al capitalismo dominante de las últimas décadas. No celebramos ni defendemos el ataque de Chaves, porque responde más a los intereses del grupo burgués que él representa, pero tampoco metemos las manos al fuego por La Nación, como si fueran los máximos representantes de la libre expresión.

A nuestro modo de ver, ni La Nación ni los demás medios de comunicación hegemónicos, tienen algo que ver con la libertad de expresión o de prensa, todo lo contrario; son medios que históricamente han estado ligados al poder político, han manipulado elecciones y referéndum, han invisibilizado las luchas y las voces de los sectores de abajo, han acaparado la discusión pública durante décadas e influido en la agenda política nacional respecto sus intereses y los grupos empresariales que representan. Dentro del sistema capitalista y la propiedad privada de los medios para comunicar, es imposible concebir un real derecho a la libertad de prensa y expresión, limitada para los grupos con gran capital y sus círculos cercanos.

Desde el marxismo denunciamos la supuesta “libertad de expresión” burguesa, primero, en parte porque es falsa, el acceso a la información y a la expresión no es igual para todas las clases sociales sino principalmente para los de arriba y además la mayoría de las veces está manipulada y distorsionada para hacer valer ciertos intereses. La gente trabajadora, pobre, migrante, en condiciones de vulnerabilidad, excluida, invisibilizada y oprimida no ingresa a los grandes medios de comunicación.

Y segundo porque es privada, un gran negocio que genera enormes ganancias capitalistas y al mismo tiempo genera condiciones ideológicas para manipular, orientar y dirigir al Estado, gobiernos e instituciones en función de sus interesas privados. De la misma forma, han posicionado figuras que luego saltan a la política, como Pilar Cisneros que pasó de uno de los principales noticieros a dirigir la actual bancada legislativa oficialista, o Fabricio Alvarado, otro periodista que en las dos últimas elecciones ha sido de los más votados; ambos eso sí, con sus convicciones capitalistas y conservadoras bien arraigadas.

Es bastante conocido que los medios de comunicación hegemónicos utilizan estrategias para moldear la opinión pública y favorecer sus intereses. Por ejemplo, la distracción de los problemas reales con el bombardeo de noticias sin importancia o de puro entretenimiento, el ocultamiento de información o posiciones contrarias a lo que impulsa el medio y “la verdad “que quieren hacer creer. También es común que instalen discursos individualistas y culpabilizantes para que la gente se sienta mal y no haga conexión con el origen social de la mayoría de nuestros problemas.

Desde el marxismo planteamos que para garantizar realmente el derecho a la libertad de expresión y de prensa se deben socializar los medios de comunicación bajo control de toda la sociedad, para que tengan acceso a ellos todos los grupos explotados y oprimidos de la sociedad, y no como ahora que lo que se comunica es lo que le interesa a los de arriba y bajo su enfoque y distorsiones. Parafraseando a Trotsky, quienes impulsamos el proyecto socialista no buscamos poner una mordaza policíaca a la opinión pública, sino en liberarla del yugo del capital. “Esto puede realizarse únicamente por medio del paso de los medios de producción, inclusive los de la producción de la publicidad (y de la información), a manos de la sociedad entera” (1).


Referencias:

  1. León Trosky. Escritos Latinoamericanos. Ediciones IPS. Pags: 189-192.

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