El gobierno va por el Cense: abonando el camino para la apertura del mercado eléctrico

Esta es una movida clásica de las burguesías para desmantelar y, eventualmente, privatizar instituciones con una menor resistencia social.

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El ministro interino del Minae, Ronny Rodriguez Chaves, expresó recientemente que el gobierno pretende quitarle al ICE el control del despacho de electricidad. Esa función es realizada por el Centro Nacional de Control de Energía (Cense), que está adscrito a esa institución y es el encargado de definir las fuentes mediante las cuales se suple la demanda del sistema eléctrico nacional.

Rodriguez no adelantó los detalles de la propuesta, siendo ambiguo en que podría ser que saquen el Centro completamente del ICE o que permanezca bajo su alero, pero con algún tipo de autonomía y con una mayor intervención ministerial. Lo que sí dejó en claro es que la pretensión es abrirle el camino a las empresas privadas para que hagan jugosos negocios. Basta solo con evidenciar que el anuncio se dio durante el Congreso de Energía y Ambiente organizado por la Cámara de Industrias de Costa Rica.

Tal propuesta tiene apoyo en la Asamblea Legislativa y en la misma actividad fue respaldada por la diputada del PUSC Daniela Rojas Salas, quien preside la Comisión Especial de Energía: “el Cense no debería estar en manos de un operador y todas esas cosas son las que podemos y debemos discutir en la comisión para generarle a los usuarios y las empresas más oportunidades de negocio”.

La excusa para avanzar en esta medida es que el ICE no debería ser tanto un operador del servicio eléctrico como el encargado de controlar la distribución, pero lo cierto es que legalmente esta institución mantiene la responsabilidad total sobre dicho mercado en el país, hasta el momento las ofensivas contra la institución solo les han permitido a las empresas privadas que generen electricidad, pero deben vendérsela al ICE. Así que, tal argumento no tiene sustento, en el cuanto, ese control en realidad es parte de las funciones que debe realizar el Instituto. Esta gestión es la que ha permitido que el país tenga una de las tasas de acceso a la electricidad más altas del continente y del mundo con 99,9%, según información del Banco Mundial.

La discusión no debe centrarse en si el Cense se mantiene o no en el ICE, sino, cuáles son los intereses en transformarlo o reubicarlo. En este caso, es evidente, que la intención es debilitar el control del ICE para abrirles paso a los generadores privados. También hay que considerar que una autonomía no es “progresiva” por sí misma, ya que, su independencia es declarada con respecto a un órgano estatal, pero esa misma característica puede abrir el camino a una mayor permisividad con las empresas. A manera de ejemplo, la Arecep, que goza de este tipo de libertad, está posicionada completamente a favor de los intereses de las empresas que regula. Estos entes actúan bajo una fachada de ser “técnicos”, pero esa “imparcialidad” dentro del “libre mercado” lo que asegura es colocarse del lado empresarial, de los números, no de las necesidades de las personas.

Lo cierto es que esta es una movida clásica de las burguesías para desmantelar y, eventualmente, privatizar instituciones que brindan servicios tan esenciales como el eléctrico con una menor resistencia social. Por ejemplo, en Honduras formalmente existe una empresa estatal de electricidad, pero esta es simplemente un cascaron cuyas funciones fueron desmembradas y vendidas al mejor postor: “las privatizaciones eran la tercerización. De repente no desaparece la empresa de energía eléctrica, sino, que dividen su función en tres ramas y la generación pasa al sector privado”.

Así, tras separar cada rama o sección en elementos independientes se termina privatizando el servicio. Veamos el caso argentino, donde este proceso fue más directo y los resultados son palpables ahora con un servicio deficiente y tarifas elevadísimas: “al pasar a ser un negocio, el servicio de luz empezó a ser regido bajo la lógica capitalista: mayor ganancia al menor costo. En conjunto con la enorme cantidad de despidos, la bajísima inversión dio lugar a un servicio de baja calidad”.

El ICE es una de las pocas instituciones que ha sobrevivido los ataques neoliberales de las últimas dos décadas, aunque esos mismos procesos han debilitado significativamente a la institución. Maneja un sector estratégico que, a ojos de los empresarios, representa un negocio gigantesco al que le quieren echar las garras. Ya en el proceso del TLC con Estados Unidos se le dio una estocada al aperturarse el mercado de telecomunicaciones. Ahora, el gobierno tiene toda la pretensión (aunque no lo exprese así) de ir por el sector eléctrico. Estas avanzadas tienen que repelerse en las calles, pero, así como Chaves va por todo, desde abajo hay que luchar contra todo el plan de ajuste neoliberal, tomando las enseñanzas (positivas y negativas) de la histórica lucha del Combo.

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