2020: ingresos familiares cayeron 12,5% y 1 de cada 8 hogares cayó en la pobreza

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Fotografía tomada el 21 de julio de 2004 del sector conocido como las "Cuencas de Guararí", en la zona sur de la provincia de Heredia (norte), terrenos estatales en los cuales corren muchas de las aguas negras de las localidades aledañas y donde se han asentado unas 45.000 personas, el 80% de origen nicaragüense. Los gobiernos de Costa Rica y Nicaragua impulsan conjuntamente un plan piloto que pretende solucionar el problema de vivienda a miles de habitantes de este precario levantado a lo largo de malolientes riachuelos y en condiciones insalubres. AFP PHOTO/Mayela LOPEZ

 

  • Los nuevos hogares pobres reportaron una caída en sus ingresos de 68% y si se consideran solo los relacionados al trabajo la caída es de 75%.

Johan Madriz

Este forma parte de una serie de artículos donde examinamos los resultados del Informe Estado de la Nación (IEN) 2021 que fue publicado a mediados de noviembre.

Las medidas tomadas por el gobierno en atención a la situación económica generada por la pandemia tuvieron como claro objetivo salvar a las empresas mediante leyes que flexibilizaran las condiciones laborales (contratos, jornadas y salarios) y fiscales (suspensión del pago de impuestos). Sin embargo, los sectores trabajadores no tuvieron la misma atención y, por el contrario, vieron enormemente afectados sus ingresos.

La primera conclusión del IEN es que “Costa Rica durante la pandemia avanzó por el camino hacia una sociedad aún más desigual” (pág. 38). Producto de una gestión gubernamental que priorizó sostener las ganancias empresariales por sobre las necesidades populares. Esto se evidencia en un proceso de recuperación asimétrico donde la producción ya recobró los niveles previos a la pandemia, pero el desempleo y la pobreza no disminuyen con la misma agilidad.

Producto de la enorme perdida de empleos en el país (en 2020 se eliminaron los puestos equivalentes a los creados en los últimos 8 años) y la precarización generalizada de las condiciones de trabajo los ingresos promedio de los hogares cayeron en términos reales. “Según la Enaho 2020, el ingreso neto promedio mensual de los hogares fue de 891.934 colones, lo que equivale a una caída real del 12,5% con respecto al 2019 (en cifras absolutas representa una disminución de 125.000 colones)” (pág. 45).

Aunque en todos los grupos hubo una afectación esta fue dispareja. “Los deciles extremos de la distribución mostraron, comparativamente, reducciones menos fuertes. Los que perdieron más poder adquisitivo fueron el tercer decil (-22%), quinto (-17%), sexto (-16%) y séptimo (-14%). El segundo (-7%) y primer decil (-8%) experimentaron una menor contracción, hecho que, al igual que en años anteriores, se explica por las transferencias monetarias públicas y, en 2020 en particular, por el bono Proteger. Se trata de poblaciones que, una vez terminada esta ayuda social, quedan en condiciones de alta vulnerabilidad” (pág. 45).

El Bono Proteger fue un subsidio temporal que, a pesar de resultar insuficiente, evitó una mayor afectación en los índices de pobreza. “El ingreso proveniente de los subsidios estatales y de las becas aumentó significativamente en un 152%. El bono Proteger aportó el 56% de esos ingresos en el 2020. Si se excluyen esos montos, el incremento sería del 8,7%” (pág. 116). Este subsidio “contuvo un aumento de 2,8 puntos porcentuales en la pobreza extrema y de 0,5 puntos en la pobreza no extrema: un total de 3,3 puntos porcentuales.  Tres hallazgos surgen al analizar la movilidad de los hogares que recibieron ingresos del bono Proteger: i) evitó que un 2,3% de los hogares que se clasificaron en pobreza no extrema en julio de 2020 cayeran en extrema (30.000 hogares aproximadamente), ii) evitó que un 0,5% de los hogares no pobres en 2020 se situaran en extrema (6.000 hogares aproximadamente), iii) evitó que un 2,8% de los hogares no pobres se ubicaran en pobreza no extrema en 2020 (36.000 hogares aproximadamente)” (pág. 121).

A pesar de esto, la pobreza escaló rápidamente. “Un 26,2% de los hogares estaba en condiciones de pobreza (5,2 puntos porcentuales más que 2019), cifra equivalente a 419.783 hogares. Mientras que un 7,0% estaba en extrema pobreza (112.987 hogares)” (pág. 46). Si se analizan los hogares que en 2019 no se encontraban en pobreza (según sus ingresos) con respecto al 2020 se determina que “uno de cada ocho hogares del país (12,5%) cayó en pobreza en ese último año: el 2,7% se ubicó en extrema y el 9,8% en no extrema” (pág. 47). “Además, el 2,3% de las familias pasó de la condición de pobre no extremo en 2019 a extremo; no obstante, una proporción similar (2,4%) se movió de extrema a no extrema. Contrariamente un 7,6% salió de la pobreza, de ellos el 80% estaba en pobreza no extrema en el 2019 (un 15% de los hogares que lograron superar la pobreza recibieron el bono Proteger). Finalmente el 66,4% de los hogares se mantuvo como “no pobre” en el 2019 y el 2020” (pág. 118).

Esta abrupta situación esta estrechamente relacionada con los ingresos, especialmente los relacionados al salario. “Al comparar la variación interanual de las fuentes de ingresos de los nuevos hogares pobres se observa una reducción significativa: sus ingresos se cayeron un 68% versus un 10% en el promedio de los hogares. Si se consideran solamente los ingresos por trabajo, la caída fue de un 75% (11% nacional)” (pág. 47).

De esta forma, hogares que no estaban cerca de la línea de pobreza la atravesaron rápidamente, ya que, dependen principal o exclusivamente de sus salarios. “Los resultados muestran que, sin importar el enfoque, cerca de la mitad de los nuevos hogares pobres tenían ingresos en el 2019 fuera de los niveles considerados como vulnerables. Es decir, dos de cada tres nuevos hogares pobres pertenecían a deciles de ingresos intermedios (del 4º al 7º)” (pág. 119). Bajo el enfoque de distancia del ingreso con respecto a la línea de pobreza se determinó que “un 18% de los nuevos hogares pobres superaba la línea en más de 200.000 colones per cápita, por lo que fue difícil prever que un año después cambiarían su condición” (pág. 120).

Esta problemática se evidencia es aspectos como el estado de la vivienda, que puede sugerir un determinado nivel de vida. “Según el estado físico de la vivienda de los nuevos hogares pobres predominaron las regulares con un 44% y superaron el promedio nacional (33%), sobresale el hecho de que una cifra similar (43%) habitaba en viviendas en buen estado, aspecto que evidencia que muchos de ellos cayeron en pobreza por causa de una fuerte contracción de sus ingresos laborales. El restante 13% residía en viviendas en mal estado (8% nacional)” (pág. 119).

Hay un aumento en la concentración de la riqueza por parte de los sectores burgueses, evidenciado en el coeficiente de Gini que se estima en 0,519. “Otro indicador usado para medir la desigualdad es el porcentaje del ingreso total que acumula cada decil, es decir, los diez grupos que se obtienen al clasificar a los hogares según su ingreso per cápita, cuyos resultados tampoco modificaron las tendencias reportadas en los últimos años. En julio 2020, el primer decil (10% de menor ingreso) recibió apenas un 1,5% y el décimo concentró un 32,8% del total” (pág. 264).

Existe una relación directa entre el empleo y la pobreza, que queda patente en este análisis. La pandemia le permitió a las patronales atacar los derechos laborales, precarizar las condiciones del empleo y, directamente, eliminar plazas. De esta forma, se establecieron niveles de explotación aún mayores que le permiten a las empresas mantener los niveles de producción con una menor cantidad de trabajadores y trabajadoras. Es evidente que son necesarias medidas para la generación de empleo de calidad para revertir los niveles de pobreza y la baja en los salarios, además, medidas de distribución de la riqueza que permitan mejorar las condiciones de vida de las clases explotadas, como impuestos a las grandes empresas y fortunas.

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