Xi Jinping en Moscú: un gesto de apoyo a Putin con pose conciliadora

Ambos líderes buscan, según declararon, poner en pie un mundo "multipolar", una manera elegante de decir que su objetivo común estratégico es destronar a Estados Unidos como la principal potencia hegemónica mundial.

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El Presidente de China, Xi Jinping, llegó hoy a Moscú en la primera visita oficial de una autoridad china a Rusia en los últimos cuatro años.

La visita del mandatario chino representa un fuerte espaldarazo a Rusia luego de más de un año de guerra en Ucrania, a pesar de las declaraciones de «neutralidad» de China en el conflicto.

De hecho, el cónclave se concreta apenas unos días después de que la Corte Penal Internacional pidiera la captura de Vladimir Putin, acusado de cometer crímenes de guerra. En este contexto, la visita de Xi representa todo un gesto de apoyo que busca desconocer la legitimidad de las instituciones globales que responden a occidente.

Ambos líderes buscan, según declararon, poner en pie un mundo «multipolar», una manera elegante de decir que su objetivo común estratégico es destronar a Estados Unidos como la principal potencia hegemónica mundial, abriendo el juego a otros competidores.

Esa es, sin lugar a dudas, la disputa estratégica en la que está embarcada China, para la cual encuentra en Rusia un aliado de importancia. No tanto porque entre Rusia y China haya una verdadera alianza estable y coordinada, sino más bien por razones ligadas más sencillamente a la conveniencia mutua.

Con la guerra en Ucrania, Rusia desestabilizó el orden global orquestado por Estados Unidos. Sin involucrarse directamente en la contienda, y siempre procurando mantener una pose «negociadora», China observa con simpatía como las potencias occidentales parecen incapaces de controlar su propio orden, con las bombas rusas cayendo sobre toda Ucrania. Esta es la base fundamental de la «amistad infinita» entre Pekín y Moscú, y no una alianza de carácter más estable y formal, al menos no por ahora.

Por eso, aunque la visita de Xi a Moscú es efectivamente un apoyo a Putin, el mucho más cauteloso gobierno chino se cuida de no poner las manos en el fuego por el aventurerismo del Kremlin, a pesar de las connivencias mutuas.

Bajo este ropaje diplomático es que Xi Jinping anunció la propuesta de un plan de paz, auto postulándose como árbitro dispuesto a resolver el conflicto. Por supuesto, el «arbitraje» chino no es imparcial, en el marco de esta «amistad» estratégica con Rusia.

Sin embargo, con esta iniciativa China intenta ocupar un lugar que, por definición, ya no lo puede hacer EE.UU: el de árbitro del mundo. Si Estados Unidos intentó llevar adelante el rol de «policía del mundo» tras el vacío geopolítico dejado por la caída de la URSS, la emergencia de un nuevo rival estratégico como China y el tembladeral causado por la invasión comandada por Putin lo obliga a cerrar filas entre sus aliados, en particular los del hemisferio norte. Esto deja un espacio enorme para que China expanda su influencia, en particular en el así llamado sur global.

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