Tragedia climática en Brasil: las consecuencias del ajuste y el negacionismo de la ultraderecha

Brasil vive una de sus peores catástrofes naturales de la historia en la provincia de Rio Grande Do Sul, con inundaciones que ya causaron 143 muertos y más de dos millones de personas afectadas. Unas 131 personas continúan desaparecidas.

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Pero esta tragedia sin igual en la historia del país tiene poco de «natural» a pesar de enmarcarse en el fenómeno de El Niño en combinación con las cada vez más palpables consecuencias del calentamiento global en el planeta. La catástrofe no puede entenderse en toda su magnitud si no se tiene en cuenta el desguace a las políticas de prevención que llevan adelante los gobiernos de la ultraderecha, ajustadores y negacionistas del cambio climático.

Se trata de una provincia de mayoría blanca y políticamente antipetista. Tanto el gobernador de Rio Grande do Sul como el intendente (prefecto) de su capital, Porto Alegre, son férreos bolsonaristas reaccionarios y negacionistas, que recortaron a mansalva a los organismos y programas encargados de la protección del ambiente.

Cuando todavía no terminó el temporal (lo que está dificultando enormemente las tareas de rescate), la magnitud total de la catástrofe aun está por determinarse. Sin embargo, varios datos ya anuncian que hay responsabilidades claras de los gobernantes de todos los niveles en el país.

Cuando Jair Bolsonaro abandonó la presidencia dejó un presupuesto para el Ministerio de Ambiente de apenas 25.000 reales (unos 5.000 dólares), además del avance indiscriminado de la deforestación en el Amazonas, el principal pulmón verde del mundo. Bolsonaro repitió varias veces que el cambio climático es una «mentira», al igual que lo ha hecho el actual presidente de Argentina, Javier Milei.

Los gobernadores e intendentes bolsonaristas que continúan en el poder profundizaron este camino. Eduardo Leite, el gobernador de Rio Grande do Sul, la provincia limítrofe con la Argentina afectada por las gravísimas inundaciones, prácticamente derogó toda la legislación estadual contra la deforestación y recortó los recursos de los organismos encargados de actuar en este tipo de emergencias.

Sebastio  Melo es el intendente de Porto Alegre -la capital del Estado- y también es un declarado bolsonarista. Como la ciudad se encuentra al nivel del mar, utiliza un sistema de diques de contención para que el agua que baja desde las zonas serranas, en el centro del territorio de ese Estado, no produzca inundaciones en la ciudad. Melo recortó fuertemente el presupuesto destinado al mantenimiento de estos diques. La ciudad quedó literalmente bajo el agua.

Por su parte, el gobierno de Lula da Silva se centra en denunciar al bolsonarismo. Si bien es cierto -como vimos- que la ultraderecha tiene una gran responsabilidad, el actual gobierno petista no repuso los fondos necesarios para las políticas ambientales que Bolsonaro había recortado fuertemente.

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