Taiwán atrapada entre dos superpotencias

Parece que las tensiones vuelven a agudizarse en el estrecho de Taiwán. La disputa por su control entre Estados Unidos y China.

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Traducción de Viento Sur.

Parece que las tensiones vuelven a agudizarse en el estrecho de Taiwán. En los cinco días que siguieron al Día Nacional de China, el 1 de octubre, en que se conmemora la fundación de la República Popular China (RPC), alrededor de 150 aviones de guerra del Ejército de Liberación Popular (ELP) se desplegaron en la Zona de Identificación de la Defensa Aérea de Taiwán (ZIDA). La ZIDA no representa el espacio aéreo de Taiwán. La ZIDA de un país es el espacio aéreo en el que los aviones suelen identificarse con fines de seguridad. Taiwán movilizó cazas de combate para interceptar los aviones chinos, maniobra rutinaria en respuesta a las incursiones aéreas del país vecino, pero los pilotos chinos se limitaron a insultarles por la radio.

Las incursiones aéreas chinas en la ZIDA de Taiwán se han hecho más frecuentes en los últimos años, repitiéndose en ocasiones casi todos los días. En particular, las últimas incursiones han superado por tres veces récords anteriores, con más de cincuenta aviones desplegados al mismo tiempo el 4 de octubre. Los vuelos de reconocimiento también parecen servir para enviar una señal sobre la flexibilidad de las capacidades militares chinas, dado que se produjeron tanto de día como de noche, indicando que China puede atacar en cualquier momento. Expertos militares han declarado que los vuelos de reconocimiento chinos son ahora tan frecuentes que no solo pueden interpretarse como una advertencia a Taiwán, sino que sirven de alguna forma para el entrenamiento de sus pilotos.

El incidente es una anécdota ilustrativa del estado actual de las relaciones entre Taiwán y China en el estrecho, a saber, que las amenazas militares que blande China contra Taiwán van en aumento, especialmente con motivo de conmemoraciones nacionales. Tras las incursiones, Hu Xijin, editor jefe del tabloide Global Times, de titularidad pública, escribió en Twitter que “el desfile militar chino de este año ha tenido por escenario el estrecho de Taiwán, en vez de la plaza de Tiananmen”, refiriéndose a la parada militar anual que se celebra en China en el Día Nacional. Pero mientras, la vida sigue con normalidad en Taiwán, que ya lleva décadas bajo la amenaza de una invasión china. Probablemente sea cierto que a menudo las amenazas chinas parecen más rutinarias y monótonas que cualquier otra cosa. A pesar de los titulares sobre el incidente en los medios internacionales, en general apenas hubo pánico en Taiwán.

Atrapada en el fuego cruzado de amenazas militares

El momento elegido para las incursiones aéreas chinas puede indicar que se trata de una respuesta a una serie de actos. Aparte del hecho de que el Día Nacional de China se celebra el 1 de octubre,  Taiwán conmemora su propia efeméride fundacional el 10 de octubre, en que también hubo una incursión aérea china. En efecto, el presidente chino, Xi Jinping, pronunció un discurso el 9 de octubre, horas antes de que el presidente taiwanés, Tsai Ing-wen, se dirigiera a la nación con motivo del 10 de octubre. Muchos medios internacionales creyeron ver en el discurso de Xi cierta contención, ya que no amenazó con el uso de la fuerza militar contra Taiwán, como vino haciendo en sus discursos de los últimos años. Sin embargo, vista la oleada de amenazas militares, uno de ellos señala que Xi no necesita realmente decir en voz alta lo que se calla; esto puede ser un ejemplo del lema “habla suave y blande un palo grueso”.

El fin de semana siguiente al Día Nacional de China, dos grupos de combate de la marina estadounidense, que incluyen sendos portaaviones, llevaron a cabo ejercicios conjuntos con un grupo de combate británico y un navío japonés. Pasado el fin de semana, el grupo de combate del Reino Unido cruzó el estrecho de Luzón a fin de realizar ejercicios conjuntos con la marina de Singapur. Esta puede haber sido otra razón de las incursiones aéreas. Estos ejercicios, que estaban programados para los días inmediatamente posteriores al Día Nacional de China, ilustran el patrón de la escalada del toma y daca entre EE UU y las potencias occidentales por un lado y China por otro. Dado que las tensiones entre EE UU y China se han agravado, ambas partes han escalado las amenazas militares recíprocas, no solo en forma de vuelos de reconocimiento, sino también en forma de ejercicios navales o la realización de operaciones de  navegación libre en las aguas en disputa.

El toque de atención de las potencias occidentales a China se ha acentuado con la reciente creación de la alianza AUKUS para el despliegue de submarinos de propulsión nuclear, en la que EE UU ha aceptado compartir con Australia tecnología secreta en materia de submarinos nucleares, que hasta ahora solo había compartido con el Reino Unido. No obstante, ampliando el panorama, ninguna de las partes se percibe a sí misma como agresora, sino que considera que actúa en respuesta a las acciones del otro bando. La escalada, por otro lado, aumenta la posibilidad de que se produzcan accidentes que podrían causar la pérdida de vidas humanas o evolucionar de manera que agrave las tensiones en el conjunto de la región.

Es improbable que el conflicto entre EE UU y China estalle a la primera de cambio, pero un incidente propicio, como el que pudiera ocurrir durante un vuelo de reconocimiento, podría dar pie a una ola de fervor nacionalista que de hecho incrementaría la posibilidad de una guerra. Y dado que las tensiones comenzaron durante la presidencia de Trump y se mantienen bajo la de Biden, las amenazas militares chinas contra Taiwán no solo se dirigen contra la propia Taiwán, dada la reivindicación territorial china sobre la isla, sino también contra EE UU. Así, Taiwán está condenada a quedar atrapada en el fuego cruzado entre las dos superpotencias, algo que da idea de su destino a largo plazo.

Una endeble relación clientelar con EE UU

Taiwán conoció décadas de terror blanco durante el régimen autoritario del Kuomintang (KMT), con las dictaduras sucesivas de Chiang Kai-shek y su hijo Chiang Ching-kuo. El KMT se retiró a Taiwán tras su derrota frente al Partido Comunista Chino ((PCC) en la guerra civil. Hay quienes creen que en la isla no había habitantes antes de que el KMT se instalara allí, pero eso no es cierto. Aparte del 2 % de población indígena, alrededor del 88 % de la población es de etnia han, descendiente de anteriores olas migratorias de China a Taiwán.

La última vez que el mismo régimen político controlaba tanto Taiwán como la China continental fue en 1895, tras lo cual Taiwán fue cedida al imperio japonés, inaugurando el período colonial nipón, que duró cincuenta años. La dinastía Qing no controló la totalidad de Taiwán, la incorporó a su territorio a finales del siglo XIX y no consideró que la isla fuera una posesión particularmente importante. Sin embargo, históricamente Taiwán encaja perfectamente en el patrón de dictaduras de derechas respaldadas por EE UU para combatir el comunismo. Este ya no es el caso, pues el país tiene actualmente un gobierno del Partido Democrático Progresista (PDP), un partido de centroizquierda surgido del movimiento democrático taiwanés. El presidente actual, Tsai Ing-wen, es un tecnócrata progresista en lo social y competente, aunque neoliberal, quien encabezó una respuesta a la covid-19 que en ningún momento requirió un pleno confinamiento mientras duró la pandemia.

Taiwán no ha sido reconocida como país por la mayoría de los más de dos centenares de Estados del mundo, y tan solo 15 países mantienen relaciones diplomáticas formales con ella. Dejó de ser reconocida por parte de la comunidad internacional por presiones del gobierno de la República Popular China, que obtuvo el reconocimiento internacional en detrimento de Taiwán. Sin embargo, EE UU ha sido históricamente el garante de la seguridad de la isla frente a una posible invasión china. La posición oficial de EE UU sobre Taiwán es que no tiene ninguna, fenómeno que se llama ambigüedad estratégica, justificada sobre la base de que mantiene a China en vilo porque no puede predecir el nivel de apoyo de EE UU a Taiwán en caso de una invasión. Esta postura también permite a EE UU evitar todo compromiso con Taiwán más allá de cierto punto, estableciendo así una relación de subordinación.

En todo caso, EE UU es el proveedor de armamento de Taiwán y los ejercicios del ejército estadounidense en la región sirven para indicar a China su relación con Taiwán. A diferencia de otros países de la región que se formaron como Estados clientelares de EE UU tras la Segunda Guerra Mundial, en Taiwán no hay bases militares estadounidenses debido a la falta de relaciones diplomáticas oficiales entre los dos países, si bien la relación histórica general con EE UU es similar a las de otros países de Asia que albergan bases en su territorio, como Corea del Sur, Japón y Filipinas. China ha declarado que entendería la instalación de bases estadounidenses en Taiwán como un acto de guerra. Recientemente, EE UU informó de que fuerzas especiales estadounidenses han estado en Taiwán para entrenar a tropas de este país. Se trata de un hecho ampliamente conocido en Taiwán y que China no podía ignorar, pero EE UU decidió darle publicidad tras las incursiones aéreas chinas, a modo de advertencia.

Al mismo tiempo, EE UU ha dejado claro que si Taiwán declarara su independencia formal, perdería el apoyo estadounidense. En este caso, cambiarían las tornas: Taiwán sería acusada de provocación en las relaciones con China y entonces EE UU dejaría de respaldarla. EE UU ha llegado incluso a sabotear las elecciones taiwanesas, incluso unas muy recientes: una llamada telefónica de la Casa Blanca al Financial Times trató de socavar la candidatura de Tsai Ing-wen a la presidencia manifestando la falta de confianza en Tsai a la hora de mantener relaciones estables con China.

En efecto, el PDP de Tsai ha sido históricamente el partido de la independencia taiwanesa, pero se ha desdicho por miedo a molestar a EE UU. A pesar de que el KMT desembarcó en Taiwán tras su derrota por el PCC, desde entonces ha ido abandonando todo propósito de derrocar al PCC y en vez de ello aspira a la unificación de Taiwán y China, independientemente de la voluntad del pueblo taiwanés. Mientras, los sondeos de opinión reflejan un aumento constante del sentimiento identitario taiwanés en detrimento del chino, y solo un 1 % de la población defiende la unificación inmediata con China.

El temor a la invasión es exagerado, pero no cabe descartarla

Titulares alarmistas aparecidos tras las incursiones aéreas chinas dan a entender en ocasiones que tales incidentes podrían dar pie al súbito estallido de una guerra. Este no es el caso, aunque no cabe descartar la posibilidad de un conflicto más limitado. Una invasión de Taiwán por parte de China sería difícil de gestionar. Aunque China quisiera dar la impresión de que puede tomar la isla en cualquier momento, esto puede considerarse más bien una forma de guerra psicológica, con la esperanza de desmoralizar a Taiwán y limitar las posibilidades de resistencia. El ELP ha tenido que luchar históricamente contra su falta de capacidad de carga para montar una invasión, es decir, su incapacidad de transportar tropas suficientes para superar las defensas militares taiwanesas y organizar una ocupación permanente. La ciencia militar moderna favorece al defensor, lo que significa que las posibles bajas de China ascenderían a decenas de miles o incluso centenas de miles. Algunas previsiones sitúan una hipotética invasión de Taiwán como la mayor invasión naval desde el desembarco de Normandía.

El planteamiento militar de Taiwán también prevé que, en teoría, muchos miembros masculinos de la población saben utilizar armas de fuego. En caso de una invasión, esto podría suponer años de resistencia armada. Si ello se combina con el número de bajas registradas durante la invasión, es dudoso que el PCC pudiera menospreciar el golpe a su legitimidad política que comportaría una invasión. Pensemos en los reveses internos que experimentó EE UU durante las guerras de Afganistán e Irak. Una invasión china en Taiwán tendría indefectiblemente efectos mucho más amplios y comportaría la pérdida de un mayor número de vidas humanas.

Otro factor disuasivo es la profunda integración de las economías taiwanesa y china. Taiwán produce más de la mitad de los semiconductores del mundo, lo que significa que China también se basa en la fabricación taiwanesa de semiconductores para sus propias cadenas de suministros. China procuraría preservar la infraestructura taiwanesa y evitar la pérdida de vidas humanas, dada la pericia sofisticada que se precisa para la fabricación de microchips. Una invasión hundiría probablemente ambas economías en una crisis, puesto que ambas están profundamente imbricadas entre sí. Cabe señalar que la economía china se estaba ralentizando antes de que comenzara la pandemia de covid-19. Esto generaría asimismo ondas de choque globales, que afectarían al mundo entero, más allá de la región. Francamente, China no está interesada en invadir Taiwán, tanto por la inevitable pérdida de vidas humanas como por el impacto económico. Sin embargo, son consideraciones nacionalistas las que empujan a seguir con la escalada. En particular, el presidente chino Xi Jinping podría pensar que la recuperación de Taiwán supone el cumplimiento de un mandato histórico, esperando poder anotar en su haber algún logro como la creación de la RPC en el caso de Mao y las reformas económicas en el de Deng.

Asimismo, otro motivo de preocupación es que Xi haya abolido la limitación de mandatos para el ejercicio del cargo de presidente. Esto parece apuntar a que trata de abrirse camino a una presidencia vitalicia, una vez más como el primer líder chino que goza de tanto poder omnímodo desde Mao y Deng. No obstante, Xi todavía no ha llegado a la meta, y una manera de expandir su poder podría pasar por fabricar una crisis que diera lugar a un estado de emergencia que le permitiera imponerse plenamente. Un medio para ello consistiría en montar una invasión de Taiwán, sin importar el coste humano, aunque hay quienes entienden que Xi ya ha apostado mucho en los asuntos de Hong Kong y Xinjiang para ampliar su poder. Sin duda, si una invasión de Taiwán supone un riesgo para Xi, ello se debe en parte a que podría provocar un revés importante para su liderazgo.

Sin embargo, mientras tanto, también es cierto que altos cargos militares, tanto de EE UU como de China, han insistido en la necesidad de emprender una acción inmediata. Para los dirigentes militares de EE UU, como el almirante Philip Davidson, jefe del mando indopacífico, o su sucesor, el almirante John Aquilino, es una señal de que China va a invadir Taiwán sin más demora. Para sus homólogos chinos, ello indica que Taiwán se perderá para siempre sin una acción rápida. También hay quienes piensan que la presencia militar estadounidense en la zona no es más que un tigre de papel. En particular, los complejos militar-industriales de ambos países tratan de justificar su existencia en vistas de sus crecientes presupuestos, cualquiera que pueda ser el riesgo para el mundo entero.

Intervenir en un debate definido por la derecha

En cuanto a Taiwán, resulta difícil para la izquierda intervenir en un debate que ya ha sido definido por la derecha política. El gobierno de Trump reclamó a menudo el refuerzo del apoyo a Taiwán en su confrontación con China, e incluso emprendió acciones que colocan a Taiwán en una situación incómoda, como unas visitas diplomáticas anunciadas con muy poca antelación y de las que Taiwán no tenía conocimiento y que requerían excepciones especiales en el protocolo anticovid-19, pero que Taiwán se vio obligada a aceptar sin más a fin de mantener sus relaciones con EE UU.

A pesar de que en Taiwán hay quienes aplauden tales acciones, el hecho de que el gobierno de Trump se apresurara a anunciar medidas en respuesta a iniciativas chinas dirigidas contra EE UU ilustra cómo Taiwán puede ser utilizada como una cuña en su enfrentamiento con China. Este es el corolario de cómo Taiwán contempla a veces las amenazas militares de China, pese a que puede que el objetivo real sea EE UU. China trataría de mostrar sus capacidades militares frente a EE UU en caso de que estallara una guerra entre ambas superpotencias.

Al mismo tiempo, esto supone un obstáculo para la izquierda a la hora de abrirse camino en Taiwán, en la medida en que a menudo son los halcones de la derecha los que más han alzado la voz públicamente en apoyo a Taiwán. Este no solo es el caso de EE UU, sino también el de Japón, la otra gran potencia regional. En este país, el Partido Liberal Democrático, que gobierna, es de derechas, pese a su nombre, y también ha reforzado sus relaciones con Taiwán en vista de sus prevenciones frente a China. Dado que el apoyo a Taiwán ya forma parte del consenso bipartidista en la clase política estadounidense, no siempre se da esta percepción en Taiwán. En particular, el recuerdo de la prioridad que dieron los Demócratas a las relaciones con China durante las presidencias de Clinton y Obama, que veían a Taiwán como un hueso en la política internacional, sigue impregnando la visión que se tiene de los Demócratas estadounidenses en Taiwán.

En general, y más allá de la simple política electoral, la izquierda en Taiwán está marcada por el sambenito de haber sido benevolente con China o incluso de haberla idealizado. Esto se debe en gran medida a razones históricas. Por ejemplo, es cierto que muchas de las personas de izquierda taiwanesas, liquidadas por el KMT durante el terror blanco, defendían de hecho la unificación política entre Taiwán y China, viendo en la China maoísta la patria socialista a la que debería retornar Taiwán.

Las posturas favorables a la unificación no fueron compartidas por todas las personas de izquierda taiwanesas. Su Beng, el llamado abuelo de la independencia de Taiwán, quien murió en 2019 a la edad de 100 años, fue de izquierdas durante toda la vida. La obra magna de Su, que ocupa cuatro volúmenes, contiene una de las primeras historias de Taiwán escritas desde una perspectiva independentista. Su Beng había trabajado de espía en Shanghái y había llegado a comandante militar del PCC antes de romper con él y volver a Taiwán, donde intentó, sin éxito, asesinar a Chiang Kai-shek, tras lo cual tuvo que huir a Japón, donde escribió la historia de Taiwán.

La teoría social de izquierda, en la línea de David Harvey, Naomi Klein y otras, tiene influencia entre activistas y en las universidades. Sin embargo, la idealización contemporánea de China por parte de algunos teóricos de izquierda occidentales sigue siendo un obstáculo para la izquierda en Taiwán, al determinar la percepción de la izquierda internacional. En efecto, la falta de solidaridad por parte de la izquierda internacional con cuestiones relacionadas con la soberanía de Taiwán obstaculiza ampliamente el desarrollo de una izquierda más robusta. Hubo esfuerzos por articular lo que podría ser una perspectiva independentista de izquierdas después del Movimiento Girasol, que consistió en la ocupación durante casi un mes del edificio de la asamblea legislativa taiwanesa por parte de activistas estudiantiles.

Pero resulta difícil escapar de la política electoral cuando el KMT sigue siendo una fuerza activa en la política taiwanesa, que puede ganar elecciones y tratar de llevar a Taiwán hacia la unificación política con China, por mucho que esto signifique socavar las instituciones democráticas. Esta amenaza alimenta esfuerzos para formar partidos políticos independientes al margen del bipartidismo dominante y para avanzar hacia un frente único con el PDP, que si bien surgió del movimiento democrático taiwanés y actualmente lo dirige la figura relativamente progresista de Tsai, se ha vuelto más conservador con el paso de los años.

Y sigue siendo un obstáculo a la hora de favorecer una orientación política de Taiwán que vaya más allá de ser una simple baza en el tira y afloja de las dos superpotencias, EE UU y China. Parece que las tensiones entre ambas están para quedarse y si bien las recientes incursiones aéreas no suponen ni mucho menos el inicio de hostilidades, lo único que se prevé es la continuación del agravamiento de las tensiones.

04/11/2021

https://spectrejournal.com/caught-between-the-two-superpowers/

Traducción: viento sur

Brian Hioe es periodista independiente y traductor, nacido en Nueva York y de doble nacionalidad taiwanesa y estadounidense.

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