• Entre nuevas olas y cepas de la pandemia, entre picos negativos en la actividad económica y su histórico abandono de la Unión Europea alrededor de fines del 2020 y comienzos de 2021: en Reino Unido es el tercer año consecutivo en que la afiliación sindical crece.

Flor Ef

Según reporta la Oficina Nacional de Estadísticas británica, se registran alrededor de 6.44 millones de trabajadores sindicalizados tanto en sector público como privado. Este crecimiento significa un gran cambio en la tendencia a la caída que representaron las últimas décadas.

El sociólogo Daniel Ozarow investiga este hecho y lo relaciona con un cambio en las estrategias de los sindicatos para acercarse a los trabajadores, en un contexto que presenta la combinación de tres factores: las nuevas tecnologías y su impacto en el empleo, la pandemia y el reciente Brexit.

Los efectos de las políticas anti-organización y anti-obreras llevadas a cabo por los gobiernos neoliberales desde los años 80s y la derrota del movimiento obrero aún se sienten. Pero también se han dado cambios en la clase trabajadora británica, el ingreso de nueva juventud al mundo laboral.

Disparada del trabajo precario

Una de las novedades en relación a las generaciones obreras inmediatamente anteriores son las relaciones de trabajo precarizadas. Para los jóvenes hay empleo basura, sin derechos, sin estabilidad y con salarios de miseria. El crecimiento de la afiliación sindical podría significar que dentro de estos nuevos sectores trabajadores comienza a manifestarse el hartazgo, por la vía de la búsqueda de organización.

Estamos hablando de un país donde las condiciones de vida han sido golpeadas fuertemente a partir de la crisis económica desatada por la pandemia del Covid-19. Se alcanzó una caída del PBI del 20,4% durante el segundo trimestre de 2020 con la gestión desastrosa del gobierno conservador de Boris Johnson, que mantuvo una política negacionista durante meses, para luego pasar a confinamientos represivos sin garantías mínimas de vida para los trabajadores.

El crecimiento del desempleo se volvió un hecho, con los principales focos de despidos en el sector de servicios y entre menores de 25 años.

Pero, al igual que ocurrió en EEUU, con la apertura económica post confinamientos, la tasa de empleo repunta: “se crean puestos de trabajo” aseguran como un logro los gobiernos con cifras de ocupación en mano. Lo que no dicen es que son empleos en los que reina la precarización y superexplotación.

Pero hay otra gran inestabilidad que venía gestándose en el RU desde 2019: el anuncio del Brexit hizo caer el PBI británico por primera vez en 7 años y, tras su concreción -post transición- el 1° de enero de 2020 son aún pocas las certezas respecto a sus efectos estructurales; aunque algunos cambios comienzan a asomar en el horizonte para los y las trabajadoras (por supuesto, no para mejor).

Un dato concreto es que los sindicatos británicos venían apoyándose en regulaciones laborales que rigen para la UE y que protegen, hasta cierto punto y de manera limitada, ciertos derechos laborales. El Brexit representa, en ese sentido, una pérdida de derechos para la clase trabajadora británica; esto puede ser otro de los factores claves para el aumento en su sindicalización.

Hay un tercer factor que Ozarow destaca como potencial para el crecimiento de las afiliaciones sindicales en el Reino Unido: las “gig economies” y trabajos de “economía colaborativa”, fenómenos fuertemente relacionados al desarrollo de nuevas tecnologías, informática y plataformas digitales. “El futuro del empleo”, como predican hace dos décadas los capitalistas del estilo Silicon Valley, vendiendo el cuento del autoempleo, la flexibilidad y la libertad.

La extensión de estos sectores de trabajadores es una realidad, expresada en dos rubros con tareas distintas pero condiciones muy similares: los “freelancers” de la informática y los repartidores, conductores y mensajeros de plataformas digitales tipo Uber. Unos se desempeñan en la virtualidad y el aislamiento (ya desde antes de la pandemia) y los otros han sido esenciales en la recorrida de las calles para todo tipo de servicios. Todos son negados como trabajadores y trabajadoras para las patronales que los emplean en total precariedad, sin brindar materiales, salarios fijos y mucho menos seguridad laboral.

Este crecimiento del empleo precario produce que haya cada vez más trabajadores que necesitan y buscan organizarse por sus derechos. Los sindicatos británicos han comenzado a abrir sus puertas a sectores diferentes a los tradicionales. Por ejemplo el sindicato Community Union toma bajo su ala en los años recientes a trabajadores de estas “gig economies”, planteándose como “mediadores” que busquen alcanzar a las patronales escondidas detrás de la ultra precarización.

Un dato reciente fue un fallo de la justicia laboral (justamente en el marco de la UE) que obliga a Uber a reconocer a sus conductores como trabajadores en relación de dependencia en el Reino Unido. Este es un reclamo generalizado de los trabajadores de plataformas, y parece que este crecimiento en la sindicalización también podría venir de la mano de mejores condiciones para pelear los derechos de estos sectores, así como del conjunto de los trabajadores.

El hecho concreto es que los trabajadores, principalmente entre la juventud, comienzan a ver en el Reino Unido la necesidad de organizarse. Por el momento ocurre de la mano de los sindicatos laboristas tradicionales, adaptados a las instituciones del régimen. Pero sienta un camino para la organización de las nuevas generaciones de la clase obrera.

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