Reino Unido: movilizaciones y crisis política a sólo un mes de la asunción de Liz Truss

Con cuestionamientos por la derecha y movilizaciones por la izquierda, la nueva Primera Ministra sufre un rápido desplome de su popularidad.

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El sentimiento de unión nacional de los británicos tras la muerte de la reina Isabel II parece haber durado poco. Todavía por cumplir apenas un mes desde que asumió como Primera Ministra, la crisis política signa el reciente gobierno de Liz Truss.

Con cuestionamientos por la izquierda y por la derecha, la nueva Primera Ministra conservadora sufre un rápido desplome de su popularidad.

El sábado pasado, miles de británicos salieron a las calles en decenas de ciudades para protestar contra el aumento de los costos de vida y la caída de los salarios. El capital financiero, por su parte, hundió el valor de la Libra a valores de 2009, tras el anuncio de Truss de un mega paquete de endeudamiento que, según estiman los especialistas, recalentará la inflación. El Banco de Inglaterra debió intervenir de urgencia para estabilizar la situación financiera.

A pesar de que Truss anunció un congelamiento de las tarifas energéticas, la creciente inflación (10% interanual) y la caída real de los salarios mientras el gobierno pretendía aplicar una rebaja de impuestos a los más ricos disparó el descontento.

El sábado, diferentes organizaciones civiles, sindicales y políticas se movilizaron por todo Reino Unido para protestar contra el aumento de los costos de vida. Una de esas organizaciones se llama Don’t Pay UK. Surgió a través de las redes sociales hace unas pocas semanas y ya cuentan con 200.000 seguidores. Se proponen llegar a que un millón de personas se comprometan a no pagar las facturas de gas y de luz desde el mes de octubre. «Si alcanzamos esa masa crítica, las compañías se verán obligadas a dar marcha atrás y a no pasarnos la factura cuando están teniendo miles de millones de beneficios con el consentimiento de este Gobierno», según declaró un miembro de la organización a la agencia AFP.

Las protestas se extendieron este sábado en más de 50 ciudades, entre las que se encuentran Londres, Liverpool, Manchester, Glasgow, Brighton y Notthingham, entre otras. En total, se calcula que huno unas 100.000 personas movilizadas en todo el país.

Enough is Enough («Ya basta») es el nombre de otra de las campañas que llamó a movilizar el sábado pasado, motorizada por un conjunto de sindicatos. «Apoyen las huelgas», «Congelen los precios, no las personas» o «Impuestos para los ricos» eran algunas de las pancartas de los manifestantes durante el último fin de semana.

Entre los sindicatos convocantes se destaca el RTM, los conductores de trenes y trabajadores del ferrocarril, que hace ya varios meses vienen protagonizando una serie de masivas huelgas contra la pérdida de poder adquisitivo de sus salarios, debido a la inflación. Este miércoles los trabajadores ferroviarios vuelven a la huelga.

Cuestionamientos por izquierda y por derecha

A pesar de que el malhumor social por la situación económica estalló durante el «verano del descontento», todavía bajo la administración de Boris Johnson, las primeras medidas anunciadas por el gobierno de Truss sólo lo empeoraron. Aunque anunció un congelamiento de tarifas, la flamante premier anunció una escandalosa rebaja de los impuestos a los más ricos y una serie de desregulaciones financieras que beneficiarán ampliamente a los bancos y reducirán los impuestos sobre las compañías.

Mientras tanto, el gobierno también anunció un paquete de endeudamiento por unos 65.000 millones de libras con el objetivo de «terminar con la inestabilidad financiera». El resultado fue el inverso: los mercados financieros hicieron hundir el valor de la libra, por los temores de un aumento del déficit fiscal por el combo de congelamientos de tarifas y rebajas de impuestos, sumado a un recalentamiento de la inflación debido a la inyección de esa masa de dinero de la deuda en un contexto de aumentos de precios.

La crisis fue tal que el Banco de Inglaterra debió intervenir sobre el mercado financiero, y Truss finalmente anunció una marcha atrás en su proyecto de rebaja de impuestos a los más ricos. Los cuestionamientos no sólo provenían desde la clase trabajadora, sino desde el interior del Partido Conservador, que celebra su Conferencia Nacional desde este domingo hasta el próximo jueves.

Dicha conferencia, se suponía, debía tener un clima festivo por el nuevo gobierno, pero se convirtió en una especie de comité de crisis de los conservadores. Pocas escenas serían más ilustrativas de la actual situación política en Reino Unido de la que puede darse mañana, cuando el paro de trabajadores ferroviarios coincida con el discurso que la Primera Ministra Truss está pautado que brinde en la conferencia conservadora.

Así lo manifestó, preocupado, un diputado conservador de Lichfied en Twitter: «Todos los que conozco de fuera de West Midlands se van de la conferencia mañana [martes] por la noche debido a la huelga de trenes del miércoles. Entonces, si el discurso de la primera ministra no está lleno el miércoles por la mañana, ya sabes por qué». La flamante Primera Ministra puede cumplir un mes de gobierno dando un discurso frente a un salón vacío en la conferencia de su propio partido, con un país paralizado por la huelga ferroviaria afuera.

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