Rechazo las calumnias estalinistas del Embajador de Cuba en Costa Rica

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Nuevo Embajador de Cuba en Costa Rica,Sr. Jorge Rodríguez, Casa Presidencial, Costa Rica. 31 Enero 2020. Foto: Roberto Carlos Sánchez @rosanchezphoto

 

  • Es necesario que, desde la izquierda internacional, establezcamos un diálogo honesto con las voces críticas de izquierda que surgen en la isla, denunciemos la represión del régimen castrista y, claro está, exijamos el fin del criminal bloqueo imperialista contra la isla.

Víctor Artavia, dirigente del Nuevo Partido Socialista de Costa Rica y columnista de Izquierda Web

El pasado 11 de abril se publicó el llamado internacional Solidaridad con las y los manifestantes de julio del 2021, impulsado por diferentes sectores de Cuba y suscrito por personalidades y militantes de izquierda a nivel internacional. En el documento se denuncian las injustas –y desproporcionadas- condenas impuestas a muchas de las personas que fueron detenidas en las protestas del 11 y 12 de julio del año anterior, a la vez que solicita al gobierno de la isla una Ley de Amnistía para lograr su liberación.

A raíz de eso, el régimen cubano no tardó en reaccionar y, como es usual, desplegó su aparato de funcionarios para calificar de “contrarrevolucionaria” la iniciativa democrática del llamado en cuestión. En este marco, el actual embajador de Cuba en Costa Rica, el señor Jorge Rodríguez, se refirió al documento –en un comentario de una publicación de Iroel Sánchez– como “una infamia, la CIA no pudo haberlo escrito mejor, si es que no fue ella quien lo redactó. Los firmantes de Costa Rica son los trotskistas funcionales a la derecha y el imperialismo, engendros de la CIA en todos lados”, y, seguidamente, desplegó la retórica tan característica de los burócratas estalinistas, plagada de lugares comunes y teorías conspirativas de la guerra fría, a partir de las cuales presentan toda protesta o crítica contra su gobierno como un ardid imperialista contrarrevolucionario.

En vista de que soy uno de los trotskistas costarricenses que adhirió el llamado internacional, me doy por aludido por las acusaciones calumniosas del embajador Rodríguez, las cuales rechazo de forma categórica y procedo a explicar las razones por las cuales me sumé a dicha iniciativa:

  1. Suscribí el llamado internacional con plena consciencia de su contenido y por la justeza de sus solicitudes. Las protestas del 11 de julio fueron una reacción genuina de sectores trabajadores y populares que, ante la carestía de medicinas para enfermedades crónicas y el aumento en el precio de los alimentos y el transporte público, se movilizaron para expresar su malestar y exigir una mejora a su situación. Una reacción totalmente comprensible y similar a lo que acontece en muchos otros países del mundo, donde los sectores explotados y oprimidos toman las calles para luchar por sus derechos, medida que, desde las corrientes socialistas revolucionarias, apoyamos y defendemos como un derecho democrático cuando se sustenta en reivindicaciones legítimas.
  2. Las causas de la crisis económica son diversas, pero el gobierno cubano tiene una enorme cuota de responsabilidad, por lo cual es completamente válido que la población cubana proteste y exija soluciones a sus problemáticas cotidianas. Sería errado ignorar el peso asfixiante del bloqueo imperialista contra la isla, el cual repudiamos y exigimos su levantamiento inmediato; pero, también, juega un papel determinante la planificación burocrática del castrismo, la cual combina ajustes contra la población y privilegia la inversión de las áreas donde residen sus negocios -particularmente en el rubro “servicio empresarial, actividades inmobiliarias y de alquiler” donde se desarrolla el consorcio GAESA-. Todo eso lo analizamos en un artículo de fondo sobre la crisis en la isla (ver ¿Qué pasa en Cuba?), donde expusimos los datos recopilados entre diferentes portales de información cubanos y análisis de reconocidos intelectuales de izquierda. Por eso, no se puede calificar de “contrarrevolucionarias” a la enorme mayoría de personas que protestaron el 11J (a pesar de que hubo casos aislados de sectores pro-imperialistas que aprovecharon las manifestaciones para visualizar sus consignas de derecha, de lo cual nos diferenciamos por completo, pero no al extremo de invalidar el derecho legítimo a la protesta social del resto de la población).
  3. Dicho lo anterior, las personas detenidas y procesadas son presos políticos, a quienes, además, se les impuso condenas totalmente desproporcionadas. Por citar un ejemplo, está la condena de seis años de prisión para Yoan de la Cruz, un joven cuyo “delito” consistió en retransmitir en directo las protestas por redes sociales, lo cual para la “justicia” cubana “provocó que tales actos fueran visualizados dentro y fuera del país y que en diferentes municipios y provincias se imitaran las nocivas acciones”. Antes que cuestionarse sobre las razones sociales que motivaron las protestas en diferentes lugares del país, la reacción del régimen cubano es responsabilizar de eso a un joven y sus redes sociales.
  4. Por último, reitero mi rechazo categórico ante la acusación de ser funcional a la derecha o engendro de la CIA, tal como lo expresó el embajador cubano en su iracundo comentario. Soy militante de izquierda trotskista desde hace 25 años y, durante todo ese tiempo, participé en innumerables luchas de la clase trabajadora y de los movimientos sociales de mi país. Asimismo, soy un opositor acérrimo de la agenda imperialista de los Estados Unidos en la región; participé activamente en las movilizaciones contra la guerra en Iraq, hice parte de la generación que luchó contra el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos y, cuando el expresidente Barack Obama visitó Costa Rica en 2013, la organización en que milito impulsó la “Marcha del repudio”, siendo uno de sus principales ejes de convocatoria el rechazo al bloqueo a Cuba, tal como reseñó el diario Granma –órgano oficial del CC del PC de Cuba- donde se compartieron declaraciones que di a la prensa internacional.

Finalizo con un llamado a la militancia de izquierda en Costa Rica –y en América Latina en general- a no quedar presa del relato campista del gobierno cubano, donde la política de la isla se reduce al choque entre los sectores “revolucionarios” –el gobierno y sus agentes- contra “mercenarios” pro imperialistas –toda persona que critique al gobierno-; una narrativa maniqueísta con lo cual justifica la represión de cualquier sector disidente bajo la etiqueta de contrarrevolucionario, sin diferenciar entre quienes sostienen una perspectiva de izquierda anti-imperialista y los que efectivamente abogan por la restauración capitalista en Cuba. Por el contrario, es necesario que, desde la izquierda internacional, establezcamos un diálogo honesto con las voces críticas de izquierda que surgen en la isla, denunciemos la represión del régimen castrista y, claro está, exijamos el fin del criminal bloqueo imperialista contra la isla.

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