• Los trabajadores de reparto por aplicaciones convocan a un paro internacional por derechos laborales básicos, por el reconocimiento de su organización sindical.

El trabajo precarizado de los repartidores por aplicaciones (o actividades afines como los choferes de UBER) vienen siendo la novedad del movimiento obrero hace ya algunos años.

Al tratarse de toda una nueva rama económica, hasta hace muy poco completamente inexistente, los patrones de las aplicaciones pudieron comenzar a llenar sus bolsillos sin el reconocimiento de ninguna relación laboral. Ideológicamente, los portavoces de los capitalistas y enemigos de los trabajadores pueden intentan presentar como un avance y futuro inevitable a la precarización laboral, el desconocimiento de todo derecho al mejor estilo siglo XIX como una novedad.

Con la pandemia y la destrucción de muchos viejos puestos de trabajo, el sistema de reparto por aplicaciones («trabajo esencial») se expandió en todo el mundo. Cientos de miles no solo tienen que comenzar a ganarse la vida en trabajos miserables sino que ni siquiera les reconocen la condición misma de estar trabajando para un patrón.

Por eso también los trabajadores de reparto vienen teniendo un fuerte protagonismo en la nueva clase trabajadora. En todos lados está instalado el debate, casi día a día hay una nueva noticia acerca de la pelea de los trabajadores por su reconocimiento, la denuncia de sus condiciones de trabajo, la cruenta política empresarial de exprimir a los precarizados hasta no dejar una sola gota de sangre. A veces literalmente.

“¿Cómo se encuentra el pedido?” preguntaba la aplicación Glovo a un trabajador que les decía que no se podía mover. Había sido atropellado. La prioridad era saber si una pizza estaba o no en condiciones de ser entregada. Sucedió en la Ciudad de Buenos Aires.

Según un informe de la OIT “Siete de cada diez aseguró que si contraía el virus, no tendría derecho a tomarse una licencia o recibir una compensación. Las jornadas son más largas que en los trabajos tradicionales, de 65 horas semanales, y en el 79 por ciento de los casos mencionaron sufrir estrés por el trabajo, como el riesgo de sufrir lesiones físicas, el tránsito, la remuneración o la presión por conducir rápido.”

“La negación de la relación laboral es tan central al modelo comercial de las apps de reparto que recientemente Pedidos Ya actualizó sus contratos de uso y en uno de sus apartados puso claramente que los repartidores no pueden decir que ‘trabajan para Pedidos Ya’. Es decir, que más que la tecnología, la logística, la innovación, etc, la verdadera clave del éxito de las apps es tener en pleno siglo XXI a miles de jóvenes trabajando en condiciones del siglo XIX» decía en un comunicado la agrupación Jóvenes Trabajadores Precarizados.

La mayoría de las plataformas digitales encuentran entre sus inversionistas a gigantes Fondos de Inversión. En la página de la OIT se informa que solo en 2019, Uber (de origen yanqui) facturó 10.745 millones de dólares, mientras que Rappi (Colombia) 220 millones, Pedidos Ya de (origen uruguayo) ganó 250 millones y Glovo (España) se llevó 300 millones de dólares. Todo indica que ni un solo dólar de estas jugosas ganancias se repartió con sus “socios colaboradores”.

Tratándose de empresas de este tipo, inmensas y a la vez cada vez más «impersonales», es que los paros y la organización tienden a ser aún más internacionales.

En Grecia, los trabajadores conquistaron recientemente que se les reconozca la relación laboral con contratos por tiempo indeterminado. En Reino Unido, los choferes de UBER lograron el reconocimiento legal de la relación laboral. En Barcelona, una rebelión de trabajadores estalló luego de que un repartidor muriera atropellado. Recientemente, una huelga radicalizada de repartidores de Jundiaí conmocionó Sao Paulo. En Argentina, el SiTraRepa lucha por su reconocimiento.

Este nuevo paro, convocada por la creciente organización internacional de trabajadores precarizados de reparto (Alianza Unidos World Action), promete ser un nuevo paso de una larga lucha de la nueva clase trabajadora.

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