Milei en su mundo: del ridículo show del Luna Park a los primeros estallidos de la crisis social y económica

Mientras Milei montaba su bizarro show personalista en el Luna Park, los primeros síntomas de una crisis social de proporciones escalaban al mismo tiempo en varios frentes.

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Pocas jornadas como la del miércoles fueron tan reveladoras del contraste entre las preocupaciones del gobierno y la realidad política y social del país.

Mientras Milei montaba su bizarro show personalista en el Luna Park, los primeros síntomas de una crisis social de proporciones escalaban al mismo tiempo en varios frentes.

Del estallido social en Misiones a los primeros cimbronazos macroeconómicos, de los datos terroríficos de la recesión económica a los conflictos diplomáticos insólitos, el presidente Javier Milei se encierra en su propio mundo de disociación, delirios mesiánicos y teorías económicas tan reaccionarias como absurdas.

El conflicto en Misiones es una gravísima alarma para el gobierno y un contundente dato de las consecuencias del brutal ajuste a la economía inducido por Milei. Pero, llamativamente, el gobierno parece darle poca importancia al asunto, intentando infructuosamente querer instalar que se trata de un «tema provincial» en el que la Nación no tendría nada que ver.

A esto se suma que los grandes medios cubren el tema dándoles casi exclusivamente protagonismo al reclamo policial, cuando en realidad se trata de un estallido que engloba a amplísimos sectores de trabajadores, sobre todo de la salud, la educación y la administración pública. La provincia se encuentra virtualmente paralizada por cortes de ruta, acampes y las ocupaciones de numerosos edificios gubernamentales.

El gobierno apenas esbozó enviar una partida de Gendarmería, con el objetivo de aplastar el levantamiento con represión. Pero se echaron para atrás rápidamente al ver que estaban a punto de abrir una Caja de Pandora, en medio de una situación social extremadamente tensa y una precarización de la vida de la clase trabajadora como no tiene antecedentes en los últimos años.

La «alternativa» a la represión fue simplemente dejar que negocie el gobernador de la provincia, intentando «despegar» lo más posible al gobierno nacional del conflicto. Pero ese discurso es muy complicado de tragar. Las provincias -en particular las del norte del país- vienen siendo una de las más castigadas respecto al ajuste fiscal, con el recorte de las transferencia de Nación. Claro que los gobernadores, lejos de plantarse contra este ajuste, le votan las iniciativas al oficialismo en el Congreso (de hecho así lo hicieron los legisladores de Misiones) y descargan el costo del enorme ajuste contra los trabajadores de la provincia, la salud y educación públicas.

El estallido misionero es un dato de primer orden en la coyuntura política, no sólo por la dimensión y la importancia que reviste en sí mismo, sino también por lo que puede significar la apertura de una dinámica de conflictividad social abierta que todavía no se había registrado desde que Milei llegó al poder. La posibilidad latente de un «efecto contagio» a otras provincias (algunos indicios de esto ya habrían comenzado a darse en Corrientes) se sustenta en la fuerza de un dato histórico en nuestro país: en las sucesivas crisis económicas y ajustes, los estallidos comenzaron a darse primero en las provincias.

Mientras Milei daba su recital y cumplía su sueño de ser un rockstar, la otra noticia del día fue que volvió a despertarse la cotización del dólar «blue» o paralelo, que hoy llegó a tocar los $1300 redondeando un aumentó del 20% en sólo 48 horas.

El dato de la cotización fue acompañado de otros indicadores negativos, como el Riesgo País y la cotización de bonos y acciones argentinas. Son señales de importancia que podrían estar indicando un primer y rápido agotamiento del plan económico diseñado por Caputo-Milei, sustentado casi exclusivamente en la combinación de ajuste feroz, recesión inducida y continuidad de los negocios financieros.

A pesar de que Milei fingía demencia cantando La Renga en el Luna Park, el gobierno pasó recibo del golpe luego de la indicación de Caputo al BCRA de que salga a intervenir en el mercado de cambios para contener la cotización de la divisa. Es decir, el retorno a la dinámica de sangría de reservas que caracterizó de punta a punta al gobierno de Mauricio Macri y Alberto Fernández.

La tan mentada estrategia de «terminar con los pasivos remunerados del BCRA» (Leliqs y pases) que Milei tanto celebra no puede ser más fraudulenta: simplemente están trasladando deuda del BCRA al Tesoro, para colmo con bonos atados a la cotización del dólar… un tipo de cambio cada vez más presionado por la clase empresaria exportadora (el campo en particular) para que sea sometido a una nueva devaluación. De hecho, las entidades agropecuarias estiman que gran parte de la cosecha gruesa está siendo liquidada a niveles bastante menores que los del año pasado, especulando con que el gobierno no podrá sostener mucho más tiempo el dólar oficial a menos de $1000.

Todos estos indicadores negativos, lejos de ser variantes financieras en el aire, se arraigan en el aspecto mucho más material de la crisis, el de la economía real: el desplome de la actividad económica es brutal. Sectores como construcción e industria están siendo masacrados, y los primeros que sufren las consecuencias son los trabajadores: ya comenzaron oleadas de despidos en numerosas industrias y lugares de trabajo.

Un dato revelador muestra la magnitud de la recesión. Según el BCRA, sólo en estos primeros cinco meses de gobierno «libertario» se cerraron unas 275.000 cuentas sueldo de los bancos, dando un indicador de cómo está siendo golpeado el sector formal, a lo que habría que sumarle el informal.

Sobre la base de todas estas inercias económicas, sumadas a la continuidad del ajuste, es que debe leerse el estallido en Misiones. Un conflicto que el gobierno prefiere hacer como si no pasa nada. En el camino se producen contrastes increíbles como el de ayer, con Milei autoproclamándose «líder mundial de la libertad», cantando contra Keynes y Marx y tildando al fascista Mussolini de ser «de izquierda». Mientras tanto, los docentes misioneros realizaban decenas de corte de ruta en su provincia, y millones de docentes del resto del país realizaron un contundente paro nacional educativo este jueves. Como una especie de oda al delirio y la disociación, el presidente eligió cerrar su show con un hit de los ’90 tan antimenemista como premonitorio: «Se viene el estallido«.

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