• Los migrantes haitianos brutalmente perseguidos a latigazos por agentes estadounidenses siguen resistiendo la violencia xenófoba. El enviado de Biden a Haití renuncia a su cargo tras el trato inhumano que sufrieron.

Virginia Bertoldi

En un nuevo episodio de la osadía haitiana para llegar a Estados Unidos, agentes de migración del gobierno mexicano ingresaron a un campamento de migrantes en la fronteriza Ciudad Acuña. Su intención era sacarlos de allí para que pudieran «terminar» con sus trámites de refugio.

En el amanecer del jueves, por la ribera del río Bravo se desplegaron 50 patrullas de policía con decenas de oficiales. A través de ese río los haitianos van y vienen trasladando alimentos y provisiones. Los funcionarios del Instituto Nacional de Migraciones que llegaron les dijeron que tenían que ir a Tapachula, pero los haitianos se negaron.

En Tapachula duermen y viven en la calle por el colapso de los solicitantes de refugio. El colapso es tal que llevan meses esperando, lo que hizo que se siguieran moviendo para llegar hasta el acampe de Ciudad Acuña.

Esta crisis afecta de lleno al gobierno estadounidense. Por un lado, Biden comenzó a deportar a cientos de haitianos que ingresaron por México.

Por el otro, después del escándalo por las imágenes de los maltratos de los guardias fronterizos a caballo, renunció el enviado especial de Estados Unidos a Haití. «No me asociaré con la decisión inhumana y contraproducente de Estados Unidos de deportar a miles de refugiados y migrantes ilegales haitianos», dijo Daniel Foote en su carta de renuncia.

«No seré asociado con la decisión inhumana y contraproducente de Estados Unidos de deportar a miles de refugiados e inmigrantes ilegales haitianos a Haití, un país donde los funcionarios estadounidenses están confinados a recintos seguros debido al peligro que representan las bandas armadas para la vida diaria», continuó en la carta dirigida al secretario de Estado Antony Blinken.

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