Líbano: renuncia el primer ministro y se profundiza la crisis política

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  • Luego de varios años de crisis económica, con hiperinflación, megadevaluación y un salto en el índice de pobreza, la clase política capitalista libanesa sigue mostrándose incapaz de ofrecer una salida a la crisis.

Renzo Fabb

El primer ministro libanés Saad Hariri renunció el jueves, en el marco de la profunda crisis económica y política que atraviesa el país.

Hariri llevaba sólo nueve meses en el cargo. Ya había renunciado una vez, cuando una oleada de protestas sacudió al Líbano en octubre de 2019.

En octubre de 2020 fue elegido nuevamente como Primer Ministro, con el objetivo de formar un gobierno que pueda contener la crisis. El país sufre hiperinflación y más de la mitad de la población se encuentra bajo la línea de pobreza.

La pandemia vino a empeorar la crisis que viene de hace años. En 2020, la economía libanesa cayó más de un 20% y la libra se depreció un 95% con respecto al dólar. Los trabajadores vieron sus ingresos pulverizados.

Para empeorar las cosas, en agosto del año pasado dos inmensas explosiones en el puerto de Beirut dejaron más de 200 muertos y millonarias pérdidas económicas.

Hariri declaró que su renuncia se debe a «desacuerdos fundamentales» con el Presidente, Michel Aoun. La decisión fue anunciada luego de una reunión entre ambos funcionarios que muchos preveían sería «la última oportunidad» para llegar a un acuerdo para constituir un nuevo gabinete.

Al conocerse la noticia, nuevamente se registraron importantes movilizaciones en varios puntos de la capital y otras ciudades, manifestando su rechazo al conjunto de la clase política, incapaz de ofrecer una salida a la crisis.

Además, el sistema político confesional del Líbano abona a las disputas faccionales entre la clase política, además de sostener un régimen de conservadurismo religioso. Según la constitución del país, la Presidencia debe estar ocupada por un cristiano maronita, el puesto de Primer Ministro es para un representante de los musulmanes suní y la presidencia del Congreso a cargo de un musulmán chií.

Repercusión internacional

En un comunicado oficial firmado por Antony Blinken, la Casa Blanca lamentó la noticia de la renuncia de Hariri, e instó a la clase política libanesa a que «deje de malgastar el tiempo».

El temor del imperialismo es que se desate una nueva masiva oleada de protestas como ya ocurrió en 2019 que haga que la clase dominante pierda el control del país.

La Unión Europea, en particular Francia, ya han manifestado su voluntad de intervenir en la crisis. Pero el remedio es peor que la enfermedad. Emmanuel Macron ha prometido una ayuda internacional de 9.000 millones de euros para el país, pero a cambio, debe formarse un gobierno dispuesto a hacer las «reformas necesarias». Es decir, que aplique los planes de austeridad típicos de las recetas neoliberales de la UE.

La promesa de rescate financiero a cambio de un brutal ajuste es una extorsión. Las masas populares libanesas, sumidas en la pobreza y el desempleo, no pueden soportar más recortes.

Entre la austeridad de la UE y la incapacidad intrínseca del sistema político del país de salir de la crisis, sólo la toma de protagonismo de las masas puede ofrecer una salida a la crisis del capitalismo religioso libanés.

Como se escuchó en las calles durante la rebelión de 2019 que exigía un Estado laico, la salida pasa por una asamblea constituyente que reordene el país en función de los intereses de los de abajo.

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