La UE intenta disputar con China la influencia en el mundo emergente

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  • La idea de la Unión Europea es poder ofrecer una alternativa a los enormes planes de inversión con los que China ha logrado avanzar en su área de influencia en los últimos años, no sólo en Asia y África, sino también en América Latina.

Renzo Fabb

La Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von Der Leyen, anunció el lanzamiento del plan Global Gateway («puerta global»), un plan de inversiones a seis años por un monto de 340.000 millones de dólares.

Con el objetivo de establecer y reforzar planes de infraestructura y alianzas comerciales, la UE se lanza así a la disputa abierta con China por la influencia en el mundo «emergente», en particular en Asia y África. La iniciativa pretende competir con el proyecto chino de Ruta y Franja, más conocido como la Nueva Ruta de la Seda.

Aunque sin nombrar al gigante asiático de manera explícita, los documentos de lanzamiento de Global Gateway indicaban que pretende ser una «alternativa democrática» que «pretende forjar vínculos y no dependencias», una referencia velada hacia los países que han quedado sumidos en grandes deudas con China a cambio del financiamiento de planes de infraestructura por ese país.

En Septiembre, von Der Leyen había declarado que “Somos bastante buenos financiando carreteras, pero no tiene ningún sentido para Europa que construyamos una carretera perfecta entre una mina de cobre china y un puerto de propiedad china”, sugiriendo mucho más abiertamente la orientación que tomará la UE en el próximo período.

La idea de la Unión Europea es poder ofrecer una alternativa a los enormes planes de inversión con los que China ha logrado avanzar en su área de influencia en los últimos años, no sólo en Asia y África, sino también en América Latina. Lo llamativo es que la iniciativa de la UE llega ocho años tarde a la pelea: Xi Jinping anunció el proyecto de la Nueva Ruta de la Seda en el año 2013.

Esta ofensiva de la UE se da en el marco de una orientación más general de todas las potencias occidentales, encabezadas por Estados Unidos. En el G7 realizado en el mes de junio de este año, una de las principales resoluciones fue la puesta en pie del proyecto Build Back Better World («Reconstruir mejor el mundo»), cuyo nombre proviene precisamente del enorme plan de gasto fiscal impulsado por Joe Biden al interior de EE.UU., «reconstruir mejor», una especie de slogan rival al nacionalista Make America Great Again («Hacer a América grande de nuevo») de Trump.

El proyecto Build Back Better World busca ser precisamente la competencia geopolítica a los gigantes proyectos de infraestructura chinos alrededor del mundo. En específico, la UE intentará dar la pelea en la que fuera su área de influencia en países que fueron colonias europeas en Asia y África.

Con proyectos de este tipo, se reconfirma que la orientación imperialista de confrontación con China no era simplemente una táctica coyuntural de tiempos de Trump. Por el contrario, se trata de una rivalidad estratégica que servirá como eje ordenador de la política global de los próximos años.

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