• El gigante inmobiliario Evergrande admitió una deuda de más de 305 mil millones de dólares. Al borde declararse insolvente, el mercado financiero enciende sus alarmas frente al riesgo de que se desate una crisis de pagos en cadena.

Redacción

La inmensa corporación inmobiliaria china Evergrande ha admitido la existencia de una deuda colosal que asciende a 305.000 millones de dólares. La noticia viene a confirmar los rumores de crisis que rodeaban a la firma. Se trata de una de las principales empresas inmobiliarias del gigante asiático.

La colosal empresa se encuentra al borde de la quiebra, incapaz de hacer frente a su pasivo millonario. Esto podría acarrear graves consecuencias, en primer lugar para los millones de compradores que contrataron a Evergrande para acceder a un hogar (la empresa tiene 1,4 millones de propiedades aun sin terminar) y que quizás nunca obtengan la propiedad por la que pagaron.

Además, la eventual caída de la empresa sería también una catástrofe laboral: Evergrande emplea de manera directa a 200.000 personas y tiene 3,8 millones de contratistas.

Pero uno de los riesgos más grandes de la posible bancarrota de Evergrande es las consecuencias que puede acarrear para el sistema financiero:  Los acreedores de la empresa son más de 240 entidades financieras y bancarias que quedarían comprometidas si Evergrande finalmente se declara insolvente. El monto de la colosal deuda representa el 2% del PBI de China.

Si Evergrande finalmente quiebra podría desatar una crisis financiera en cadena que afectaría no sólo a la economía china, sino a los mercados internacionales. En un comunicado difundido este lunes, la empresa negó que vaya a caer en bancarrota. Pero como suele suceder en estos casos, por querer despejar los rumores se los termina confirmando.

De hecho, las acciones de Evergrande en la bolsa de Hong Kong cayeron un 11% ese día, arrastrando una caída de más del 80% en lo que va del año, sobre todo después de que la agencia Moody’s califique su deuda como de «alta probabilidad de impago».

¿Xi al rescate?

La industria inmobiliaria representa el 7,5% del PBI chino, luego de tener una expansión colosal en los últimos 30 años. En 1996, la población urbana en China era apenas del 26%, mientras que en 2017 alcanzó el 57%. La oleada migratoria hacia las ciudades generó un boom inmobiliario sin precedentes del cual Evergrande fue uno de los mayores beneficiados.

Cuando el ritmo frenético de migración hacia las ciudades se desaceleró (el fenómeno continúa, pero a un ritmo mucho más «normal») el imperio inmobiliario de Evergrande comenzó a agrietarse, en la medida en que estaba construido -paradójicamente- sobre los castillos de arena de una deuda monumental. Ahora todo puede venirse abajo.

Luego de que la propia empresa confirmara su crisis, comenzaron a correr los rumores de que el Estado intervenga con un salvataje, debido al enorme peso de la empresa y las consecuencias que acarrearía su caída en la economía china. Además, millones de clientes de Evergrande se quedarían sin la propiedad por la que pagaron, generando un fuerte malestar social.

Sin embargo esto no está nada claro que suceda. En primer lugar porque fue el propio gobierno de Xi Jinping el que aplicó medidas regulatorias hacia el mercado inmobiliario que limitaron la capacidad crediticia de esas empresas. El año pasado, la política de las «tres líneas rojas» puso límites al apalancamiento de las compañías de ese sector. Claro que estas medidas no son el origen de la crisis de Evergrande, simplemente limitan la creación de una burbuja aún más grande y aceleran su estallido.

Sin embargo, aunque el Estado no intervenga con un salvataje a la empresa, algunos analistas prevén que sí se tomarán medidas para los clientes de Evergrande damnificados por el eventual colapso de la empresa. Con ello, el gobierno pretenderá apaciguar el malhumor social que podría generar frente a millones de clientes que quedarían sin la propiedad que adquirieron.

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