Jean-Luc Godard: el adiós a una leyenda de la(s) historia(s) del cine

El pasado 13 de septiembre, estudiantes y amantes del cine nos enteramos de una triste noticia: muere el cineasta francés Jean-Luc Godard a sus 91 años.

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No sólo fue conocido por dirigir películas como Sin aliento (1960), Vivir su vida (1962) y Pierrot el loco (1965), sino que revolucionó la manera de ver y escribir sobre cine, dando firmemente una crítica contra el capitalismo y la industria cultural y dejando un legado importante en el arte como herramienta de transformar la realidad. Repasamos sus obras y su influencia militante.

Hace tiempo que la cultura cinematográfica venía sufriendo dolorosas partidas: Agnes Varda, Anna Karina, Monica Vitti, entre otros. La vida de Jean-Luc Godard llega a su fin sumándose a esta lista. No solo fue un director, además fue un pensador de y a través del cine, generando y descubriendo formas que abrieron nuevas perspectivas sobre el qué hacer cinematográfico. Podríamos decir que pateó el tablero de lo que era considerado como cine y su lenguaje. Derribó, en este proceso, convenciones comerciales, desafiando al sistema capitalista y a la industria cultural dominante, siendo referente de una época y referente, valga la redundancia, de posteriores generaciones de cineastas.

A lo largo de su carrera, fue desarrollando una determinada estética que sufrió cambios y variaciones a través de las distintas etapas de su vida, pero siempre teniendo una matriz que lo caracterizó y se hizo presente en toda su obra. No es intención de esta nota profundizar sobre la totalidad de sus películas, sino más bien un breve repaso de los puntos nodales más importantes y generales por los cuales se destacó su vida y filmografía.

Sus primeras obras: la nouvelle vague

El primer largometraje de Jean Luc-Godard fue Sin aliento (1960), un guión escrito por François Truffaut y protagonizado por Jean Paul-Belmondo y Jean Seberg. Desde ese momento, ya se podía notar una diferente manera de rodar películas y revolucionar las técnicas cinematográficas: el uso de exteriores, la cámara en mano, el uso lúdico del montaje. Godard siempre tuvo la sensibilidad de mostrar algo diferente estéticamente hablando y romper con lo establecido del cine clásico, moldeaba las formas del cine para crear nuevos lenguajes.

Durante los siguientes años, trabajó con diferentes referentes de la nouvelle vague como actor, codirector o productor, especialmente con François Truffaut y Agnes Varda. También colaboró con la actriz Anna Karina, en ese momento su esposa, en diferentes proyectos: Una mujer es una mujer (1961), Vivir su vida (1962), Banda aparte (1964), Alphaville, un mundo alucinante (1965), entre muchos otros.

Su lucha militante: Mayo Francés y el grupo Dziga Vertov

Los sucesos del Mayo Francés lo llevaron a formar parte de la lucha impulsada por el movimiento estudiantil y de trabajadores. La rebelión obrera-estudiantil lo empujó a la militancia revolucionaria y a empezar a buscar una diferente concepción del cine que él mismo quería romper: un cine que esté en base de las transformaciones sociales y denuncie las injusticias traídas por el sistema capitalista y dominante.

Empezó a realizar películas más políticas, reflejando la militancia estudiantil como en La chinoise (1967), la huelga de trabajadores de una fábrica como en Todo va bien (1972), protagonizada por Jane Fonda o películas más experimentales, pero incluyendo una autocrítica marxista-leninista del cine revolucionario y destruyendo a la industria hollywoodense como en El viento del este (1970).

Godard, junto con Truffaut y otros cineastas, irrumpieron en el Festival de Cannes de 1968 en apoyo y solidaridad con los estudiantes y trabajadores que estaban luchando y fueron detenidos en las manifestaciones, reclamando que se suspendiera inmediatamente el Festival. En los vídeos, se lo puede ver a Godard gritando: “¡Yo les hablo de solidaridad con los estudiantes y los obreros. Y ustedes me hablan de travellings y planos generales!” Tomaron el hall del Festival y ahí se llevaron las protestas, donde terminaron triunfando y suspendieron el Festival.

Godard también creó, junto con otros cineastas, el grupo Dziga Vertov, en conmemoración al cineasta bolchevique. Fue un colectivo cinematográfico militante que criticaba al cine de Hollywood y usaba de referencia al cine soviético. La influencia de Vertov en Godard era monumental, jugaba con las imágenes y el sonido para dar un discurso político y revolucionario, rompiendo con los regímenes del cine del espectáculo y la mercancía. Empezó a abandonar las películas de ficción para hacer películas experimentales y más radicalizadas. Participó como director en películas como: Pravda (1970), Vladimir y Rosa (1971), Luchas en Italia (1971).

Muchas veces, el final de una película nos deja algún conocimiento, nuevos cuestionamientos y ¿por qué no? enseñanzas que vamos incorporando en nuestras vidas. Jean-Luc Godard ha dejado una marca inmensa en la historia del arte y, particularmente, en la del cine. Esto, no solo porque renovó las formas de concebir al mismo, sino que además, tendió hacia uno que intente transformar la realidad. Esto claramente significó una contra tendencia opuesta al capitalismo y el establishment hollywoodense, dejando un legado para las futuras generaciones. Su muerte se siente un poco la muerte del cine, pero en el mundo siguen pasando injusticias producto del sistema capitalista. Hay un recomienzo de la experiencia de los explotados y oprimidos, lo cual también significa la posibilidad de crear un nuevo cine revolucionario. La influencia de Godard nos lleva como estudiantes y trabajadores del arte y la cultura a seguir prendiendo nuestras cámaras, romper con las reglas establecidas y transformar este sistema de raíz.

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