Honduras, laboratorio del capitalismo: de la narcodictadura a Xiomara Castro

Honduras va mostrando el futuro del capitalismo decrépito que vivimos a nivel mundial, que destruye el medio ambiente, que destruye al ser humano.

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Honduran presidential candidate for the Libertad y Refundacion Party (LIBRE), Xiomara Castro, talks to the supporters in Tegucigalpa, on November 29, 2013. Castro called her supporters to defend the stolen winning by a swinder in the streets. AFP PHOTO / Orlando SIERRA

La presente es una transcripción corregida de la exposición de Carlos Amaya Funez, dirigente de Socialismo o Barbarie Honduras sobre la situación actual del país catracho. Amaya visitó Costa Rica el pasado de 28 mayo de 2022 y participó de una actividad de formación realizada por el Nuevo Partido Socialista.

Miren, la situación de Honduras es apasionante para el análisis, el estudio, desde un punto de vista marxista y definición de nuevos fenómenos que se dan porque Honduras –por lo menos la posición que nosotros hemos mantenido todos estos años– marcha como dos pasos adelante, o sea, Honduras va mostrando el futuro del capitalismo decrépito que vivimos a nivel mundial, que destruye el medio ambiente, que destruye al ser humano y que, en la medida en que no es reemplazado por el socialismo, cada vez va a ser peor. Con el capitalismo no es que se mantiene un nivel de vida, sino, que cada vez la va llevando más atrás. Como decía hace un rato: involución. En muchos países se vive como se vivía en los tiempos de la Revolución Industrial, en aquellas descripciones que hace Charles Dickens y todos esos panoramas terribles que se vieron en aquella época en muchos países se está volviendo a eso.

Honduras es un poco el adelantado, va mostrando cómo el capitalismo si no es frenado, derrotado de alguna manera a través de las distintas luchas ¿cómo va a ir? cada vez peor. En ese sentido, yo siempre –no recuerdo la frase exacta– cito a Gramsci. Nosotros somos Socialismo o Barbarie, bueno, Gramsci agregaba otro elemento que es: mientras el capitalismo siga cayendo sin posibilidad de mejorar las condiciones de vida y la clase obrera, el socialismo, no lo reemplace, entre medio de la barbarie y del socialismo (que son los dos extremos) van a surgir monstruos, es decir, fenómenos que no son el fin del capitalismo, ni el triunfo del socialismo. Es otra cosa que está en el medio.

Eso en Honduras nosotros lo describimos claramente. Hemos tenido 10 años de un fenómeno que no se ha dado en ningún lugar del mundo, que es una narcodictadura. El narcotráfico se apoderó de un Estado. Colombia, el gran Pablo Escobar, que llegó a diputado y que cuando quiso ir más allá, la burguesía, los diputados y los senadores dijeron: ‘está loco, salga de acá’. Salieron con los gringos, le pegaron un tiro y ya. El otro muy populista y muy famoso El Chapo Guzmán, también tenía capacidad de hacer un montón de cosas, pero, ahí terminó preso de por vida en Estados Unidos. En Honduras, un paisito atrasado, perdido, el narcotráfico se apropió del Estado, se apropió de todas las instituciones a través de mecanismos democráticos. No hubo un golpe de Estado tipo Pinochet, tipo Videla en Argentina, sino, que hubo un golpe de Estado light que le dieron a Manuel Zelaya Rosales, argumentando que él iba a llevar a Honduras al comunismo, al chavismo, porque andaba allá abrazado con Hugo Chávez y que entonces había que cortar eso.

Se lo da la burguesía más conservadora, la más neoliberal, no el narco, sino, la más liberal y conservadora y, con tal de derrotar ese peligro que significaba Mel Zelaya y el chavismo del 2009 terminan entregándole el Estado a la burguesía o los sectores “más dinámicos” del país que eran los del narcotráfico. ¿Por qué razón el narcotráfico era lo más dinámico? Tiene que ver algo de lo que ustedes hablaban, es decir, a mí me “asusta” ver como el Estado en Costa Rica controla tantas instituciones y tantas áreas económicas. En Honduras eso fue reventado hace 10 o 20 años. Que me digan que el Estado produce alcohol, ¿qué es eso?, ¿el Estado produciendo alcohol? En Honduras ni producimos energía, ni controlamos la energía, no controlamos los teléfonos, no controlamos nada, el Estado no controla nada, apenas la educación y mal, la salud pésima y de ahí nada más.

El narcotráfico quiso vender el territorio en las famosas ZEDEs [Zona de Empleo y Desarrollo Económico], territorio que no es una zona libre [zona franca]. Eran las Ciudades Modelo como se llamaron primero y después fueron las ZEDEs. Esto era entregar un pedazo de territorio para que venga una empresa y haga lo que quiera, fuera de la jurisdicción judicial, ahí no funcionaban las leyes hondureñas. Ni siquiera son una “colonia”, porque una colonia depende de otro país, en este caso ¿qué status mundial tenían? Una empresa es dueña de un territorio, que no era de ningún país, sino, de la empresa y por lo tanto estaba fuera de las Naciones Unidas y todo eso. De hecho, existe una actualmente que se llama Prospera, es una ZEDE que está manejada así, que no se sabe en qué va a terminar porque acaban de derogar la ley, eso está en el aire y se está discutiendo. Fue promesa de campaña de Xiomara.

Eso es el extremo de dónde llegó el neoliberalismo y la destrucción de ese Estado que controlaba instituciones, y que, producto del atraso del país, la única forma de que tuviéramos energía era que el Estado fuera trabajando en eso. Así fue en la época de la CEPAL, en las décadas del 60, 70 y 80. Después con el neoliberalismo, fue desbaratar el Estado, reducir el Estado, privatizar, pero ¿a quién se privatizaba? ¿cuál era la burguesía capaz de aprovechar la privatización? En esto podemos mirar un poco a Rusia, desapareció la propiedad del Estado y se privatizó, pero ¿se privatizó a favor de quién? ¿de una burguesía? no, pues no existía burguesía. Fue la burocracia, fueron los mismos dirigentes estalinistas que se quedaron con la propiedad de las fábricas, con la propiedad de los distintos instrumentos económicos.

En Honduras, como la burguesía era muy débil, al irse privatizando, esa privatización iba recayendo en los sectores más “vivos” –para usar un término muy catracho–, o sea, que entendía el trámite de cómo aprovechar las privatizaciones. Las privatizaciones eran la tercerización. De repente no desaparece la empresa de energía eléctrica, sino, que dividen su función en tres ramas y la generación pasa al sector privado. La Empresa Nacional de Energía Eléctrica [ENEE] tiene una deuda de miles de millones de lempiras que tiene al país completamente quebrado y se discute cómo hacer para recuperar lo que los usuarios no pagan o cómo hacer para mejorar las ganancias. No se discute, por ejemplo, que la generación de energía está en manos privadas y esa empresa estatal le compra la energía a los que la producen con contratos que triplican el valor internacional y que, además, le garantizan a ese generador que, si por la razón que sea, el Estado no ocupa esa energía, siempre se lo va a pagar, o sea, que estamos pagando energía que no consumimos y a valores altísimos, entonces, obviamente, la deuda de la estatal va para arriba.

Ese tipo de cosas no responden a lo que sería un capitalismo clásico de cómo el capitalista va creciendo con sus maniobras y explotación, sino, que es la rapiña, el saqueo, la corrupción, es decir, todas las mañas habidas y por haber. En ese contexto, de un país en que se va privatizando su sector estatal (que era un sector que daba bastante empleo) cada vez hay menos empleo y, además, hay una burguesía que no genera empleo porque es parasitaria. En ese entrecruce de cosas aparece un sector económico muy dinámico –que tiene billete– y es el narcotráfico.

El narcotráfico, con dos o tres carteles que cruzaban Honduras, empieza a tener recursos. Yo siempre pongo de ejemplo una ciudad que se llama Tocoa que queda en el litoral Atlántico. Tocoa era –en 1990 que anduve por ahí– un pueblito bananero con calles de tierra, casas de una planta y un banco. Diez años después: todas las calles pavimentadas, casas de dos o tres plantas y todos los bancos habidos y por haber de Honduras estaban ahí. ¿Por qué? Porque aparece un cartel, el de Los Cachiros, que empezó a manejar recursos económicos producto de la droga. Eso implica, por ejemplo, darle trabajo al que se mete al mar a sacar los fardos que tiran los colombianos con la droga, sacarlo, llevarlo a la ciudad, transportarlo a otro lugar, darle protección… Todo ese dinero, que antes no existía en la zona, empieza a circular y empiezan a surgir pulperías, truchitas, bodeguitas. Aquel sicario al que le pagan para andar cuidando al otro, le pasa a la mamá un dinero y ella dice: ‘¿qué hago con este dinero?, pongo un negocito’. Empieza a crecer la economía de la ciudad, los bancos miran que hay dinero y empiezan a llegar. Eso es producto de lo que yo denominaría actividad económica relativamente legal. Yo no estoy lavando, yo invierto el dinero que ganó con mi trabajo –que es un trabajo ilegal– pero yo trabajo para ganar eso, lo invierto y se activa la economía. Después viene el lavado. Los Cachiros dicen: ‘bueno, nosotros tenemos acá tantos millones y lo vamos a depositar en un banco’. ¿En qué Banco? Todos los bancos con las manos extendidas para ver a dónde lo deposita, porque ahí está el billete y el banco necesita dinero.

Toda la banca hondureña se termina involucrado con el narco y sobre todo los más fuertes y tradicionales. Uno muy sonado fue el caso de Jaime Rosenthal Oliva, que tenía el Grupo Continental y el Banco Continental. Tenía de todo: tierras, ganado, periódico, servicio de cable. Fue candidato a presidente un montón de veces. No le interesaba ganar la presidencia, sino, que molestaba, les quitaba votos a otros y de esa manera después negociaba. Sus diputados iban a apoyar al que ganaba a cambio de que le dieran, por ejemplo, los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia. Con eso el hombre salía librado de cualquier acusación que hubiera. Este tipo fue acusado por Estados Unidos de lavado, lo pidieron en extradición y Juan Orlando Hernández lo entregó. Hay un mecanismo en Honduras –creo que es en todos los países– que si alguien tiene un proceso judicial no puede ser extraditado, tiene que terminar eso y después lo mandan para afuera. Si no tiene ningún proceso judicial va para afuera. Inmediatamente lo acusaron a Rosenthal de no sé qué y el hombre se quedó. Era un viejito y ya no importaba. Al hijo sí lo mandaron para afuera. Estuvo cuatro años preso allá, cantó, habló y delató a un montón de gente. Regresó al país y se tiró a la presidencia de la República. Caso único.

Todas las propiedades de ese grupo, todo ese conglomerado, por lo menos el 80% se lo expropió el Estado hondureño, es decir, no el comunismo, no. Juan Orlando le expropió todas esas propiedades, muchas pasaron al Estado a través de la OABI [Oficina Administradora de Bienes Incautados], que era una institución que manejaba los recursos del lavado. Lo que se expropiaba nunca quedó claro cómo lo manejaban. Ellos acaparan todo y, por ejemplo, el Banco Continental lo cerraron, lo liquidaron y su cartera de clientes, todos los préstamos, todo lo que tenían pasó a un nuevo banco recién formado como un año antes, Banrural, de origen guatemalteco, pero, con mayor capital de Juan Orlando Hernández. Se quedaron con lo que tenía este hombre, el presidente le quitó al otro cartel. Ese fue el mecanismo que se implementó en Honduras. ¿Cómo llegó el narcotráfico a controlar el Estado? Primero, ya estaban las bases económicas, es decir, había control económico avalado, más o menos, por la propia burguesía porque le generaba recursos que antes los generaba el Estado y, al privatizarse y reducirse el Estado, esos recursos pasaron a provenir del narco. La burguesía seguía haciendo negocios con él y eso le dio cierta justificación social a la existencia del narco y los vínculos de los políticos con el narco. Ha habido diputados narcotraficantes. A algunos los detuvieron, otros están en proceso, pero, hasta ahí llegaba la cosa.

Con Juan Orlando Hernández, él llega al poder y empieza, con Estados Unidos, a entregar narcotraficantes, perseguirlos, pero, de los otros carteles. Así iba quedando solo el cartel de Juan Orlando, manejado en parte por el hermano –Tony Hernández– que hace dos años, más o menos, fue pedido en extradición por Estados Unidos, lo llevaron y lo condenaron allá. En todo el juicio decían ‘el conspirador CC4 es el conspirador que está con Tony Hernández’. Todo el mundo en Honduras sabía que CC4 era Juan Orlando Hernández, el hermano. Hace 3 años que todo el mundo en Honduras sabía que era narcotraficante y que en cualquier momento caía, pero, este era el presidente avalado por Estados Unidos, entonces, ahí estaba tranquilo. Pierde las elecciones y menos de un mes después (40 días después) el pueblo hondureño celebrando verlo caminando esposado de pies y manos para que se lo lleven a Estados Unidos a juzgarlo allá, legitimando al imperialismo norteamericano.

¿Ese proceso del Estado narco qué significó? Destrucción del Estado burgués clásico. División de poderes no existía, era Juan Orlando controlando el Congreso Nacional, o sea, el Poder Legislativo, a través de un presidente que hacía lo que él quería y con una mayoría mecánica producto de los fraudes que habían hecho. Lo que el presidente mandaba, el Congreso lo aprobaba. La Corte Suprema nombrada por el Congreso, manipulada por el presidente. Por ejemplo, para poner las ZEDEs –cuando de llamaron Ciudades Modelo– la Corte Suprema votó que era inconstitucional, fue una votación, creo, que cinco a cuatro, entonces lo pararon. Tres meses después el Congreso se reúne, destituye a la Corte Suprema que votó en contra de las Ciudades Modelo, nombran cinco nuevos y al año siguiente se aprueban las ZEDEs. De esa manera, el Estado burgués clásico no existió, era una dictadura, pero, además, una dictadura bajo las reglas, bajo el código, del narco. No de un Pinochet, donde claramente se ubica, no, era el interés del narco aliado con otros grupos.

En Estados Unidos hay una ONG que se dedica a ver cuestiones del crimen –InSight Crime– y ellos publican que Juan Orlando era presidente gracias a una “federación del crimen” y plantean que Juan Orlando tiene el apoyo de la burguesía vinculada al narcotráfico, de los que roban ganado en el Oriente de Honduras, las famosas maras del resto del país y que todo eso es como su “base social” que lo mantienen en el poder. Hay una burguesía de 40 a 50 años que –a diferencia de la colombiana, que cuando vieron que venía Pablo lo sacaron a patadas– es una burguesía incapaz, timorata, que permite que esto suceda con tal de que no venga el comunismo: ‘ni modo, que venga el narcotráfico, de todos modos, viene con dinero’.

Eso es lo que se impone en Honduras en los últimos 10 años y la oposición a eso, que nació heroicamente con la lucha del pueblo contra el golpe de Estado en el 2009, fue siendo canalizada hacia la vía estrictamente electoral a través del Partido Libre y Manuel Zelaya Rosales, que se convierte en el caudillo de todo ese proceso. Por un lado, el gobierno que va desbaratando la estructura del movimiento sindical y popular y por otro Libre que va copando a las direcciones burocráticas, entonces se convoca a las luchas, que van a la derrota y se dice ‘ven la lucha no es alternativa, a este régimen hay que derrotarlo electoralmente’. Con ese discurso se fue a dos procesos electorales donde hubo fraude.

En el 2017 el fraude generó una movilización impresionante. Durante un mes parecía que no se iban a comer el fraude. Las elecciones son en noviembre, duró hasta diciembre la lucha en las calles con bloqueos totales y parecía que se desmoronaba el régimen. A fines de diciembre el candidato al que le habían hecho el fraude dice: ‘estamos en Navidad yo sugiero que se levanten los bloqueos’ y, además, dice que hay que dejar pasar los camiones de caudales públicos para que puedan pagarle el aguinaldo a la gente. Manuel Zelaya Rosales, que era el gran caudillo, guarda silencio. Él iba en alianza con este hombre (Salvador Nasralla). Deja que ese discurso avance, pero, él no se pliega totalmente al discurso, sino, que dice: ‘vamos a exigir el conteo de votos para demostrar el fraude’. Con eso de ir contando votos y de ir a una urna y a otra, pasa más de un mes. La gente que estaba haciendo las tomas se cansa. Era la juventud, la juventud de los sectores más populares, vinculada no exactamente a las maras, sino, la juventud más violenta de los barrios. Ellos eran los que garantizaban las tomas y nadie los controlaba, nadie. En Progreso [ciudad del departamento de Yoro], por ejemplo, se hace una reunión para ver cómo mantener las tomas y voy a la reunión. Yo me siento y empiezo a escuchar de las estrategias que van a implementar y todo el asunto y les pregunto: ‘- ¿quién de ustedes dirige una toma aquí? -Nadie. – ¿De los que dirigen por qué no están aquí? -No es que son unos muchachos que están allá y no sé qué’.

Esos jóvenes eran incontrolables, habían quemado un negocio, pero, eran los que estaban haciendo la lucha. Cuando ellos escuchan de que hay que suspenderla por la Navidad, que hay que dejar pasar carros con dinero para que le paguen a los que cobran dinero y ellos no tienen nada, abandonan todo. De ahí surge la primera caravana de miles de hondureños a Estados Unidos. Es toda esa juventud frustrada. Fueron como 5.000 y trascendió mediáticamente cuando cruzan el puente entre Guatemala y México. Es una multitud, se tiran y avanzan. Ahí nacen las famosas caravanas. Eso fue en el 2017.

Con todo eso, Juan Orlando se reelige a pesar de que la Constitución, decía que no. Dijeron, que era una violación a sus derechos humanos. La Corte Suprema dice que por lo tanto no es válido eso que dice la Constitución, porque no se puede violentar los derechos humanos. Se postula, hace fraude y gana. En ese proceso el único camino que nos dejaban a la oposición era electoral, no había más. Nosotros denunciamos todos esos pactos, denunciamos el fraude en esa época y planteamos que no se puede ir a elecciones porque les van a pasar por arriba, no se puede.

Para estas elecciones la situación cambia. Con todo lo que había pasado, el narcotráfico más los desastres de la pandemia –pero desastres– y corrupción absolutamente generalizada y descarada. Por ejemplo, compraron ocho o nueve hospitales móviles a un personaje siniestro guatemalteco. Eran unos hospitales que se compraban en Turquía, que nunca llegaban y al final cuando llegaron eran unos contenedores que no sabían ni cómo funcionaban y nunca se pudieron poner en funcionamiento, además, se habían comprado por ochos veces el valor. Si sumamos todo eso, llegó un momento en que la gente dijo ‘no, ya no más y ¡Fuera JOH!’ Esa fue la consigna dominante y era una contradicción a nivel de conciencia. Hay una enorme conciencia de que hay que terminar con este régimen narcotraficante, echar a este presidente, incluso no como régimen, sino, echar al presidente narcotraficante. La contraparte es que eso era lo único, la única consigna era ¡Fuera JOH!, y, por otro lado, era la única progresiva porque si no se saca a JOH, seguía el narcotráfico y seguía la narcodictadura.

Hubo una presión por abajo de la necesidad de una alianza para poder derrotarlo. Una alianza entre el principal partido burgués histórico (el Liberal) con Libre, que es el de Manuel Zelaya Rosales (que nace del Liberal más los sectores populares), y la juventud que seguía a Salvador Nasralla, el periodista. Si no se unían esos tres sectores era imposible derrotar al Partido Nacional. ¿Por qué? Porque todavía conservaba caudal electoral producto de todos estos manejos de corrupción. Era el que le pagaba a un montón de gente con programitas como Con Chamba Vivís Mejor o Vida Mejor. Programitas que le daban 50 o 100 lempiritas al día a un montón de gente pobre y con eso tenía clientela electoral. La única forma de derrotarlo era uniéndose, sin embargo, fue imposible que se unieran, entonces venía otra derrota electoral.

De repente, el mes de octubre, septiembre, por ahí, se convoca una conferencia de prensa y dicen: ‘surge la alianza de oposición’. Nasralla –que decía que Manuel Zelaya Rosales era tan corrupto como Juan Orlando Hernández– depone su candidatura y anuncia que va de vicepresidente de Xiomara. Cuando se anuncia eso todo el mundo dice ‘hoy si los derrotamos’. ¿Por qué? Porque para la gente ya había una alternativa creíble para derrotarlo a través de la sumatoria electoral. El fraude tendría que haber sido enorme y con masacres para haberse impuesto y haber derrotado a esa oposición. Nosotros estábamos haciendo una construccioncita en la casa y el albañil que estaba ahí decía ‘hoy si la vamos a botar contra este narcotraficante’, es decir, todo el mundo vio ‘hoy lo derrotamos votando por Xiomara’.

Eso era así, pero ¿qué había detrás de eso? El imperialismo había cambiado de posición. El imperialismo hizo lo que hace siempre en estos países, cuando un gobernante al que han apoyado toda su vida ya no le sirve, patadita y que venga el otro. Juan Orlando era insostenible, podían venir nuevas caravanas, podía haber estallido, podían tomaron el control del país los sicarios, cualquier cosa podía pasar. Entonces, Estados Unidos dice ‘hasta aquí llega este hombre y ustedes son la oposición, vengan, siéntese aquí. Si no se unen no ganan. ¿Quién es el que va a deponer?, usted’ y a Nasralla lo bajan. Eso ¿qué significa?, que todo el programa que llevaba Libre, que era medio progresista, lo mantienen, pero, a la hora de aplicarlo es inaplicable, porque estos sectores no están con esa política. Hay una serie de aspectos que si los comparten, pero, otros que no. Xiomara está con todo el discurso a favor de la mujer, a favor de la comunidad LGTBI, pero, Nasralla está en contra y los sectores de la iglesia que le dieron el apoyo para derrotar al narcotraficante están en contra. El alcalde de la segunda ciudad más importante del país, San Pedro Sula (que hicieron deponer la candidatura de los candidatos de todos estos partidos de oposición para tirar la de él, que era un emprendedor independiente que vende pollo asado), es un tipo super conservador y, entonces, en San Pedro Sula, ya no se izó la bandera de la comunidad LGTBI. Hace dos días clausuró un negocio de un emprendedor, un negocito que se llama La Puntita que vendía waffles con forma de pene, entonces, la alcaldía lo clausuró por daño a la moral y las buenas costumbres, un escándalo.

Esa alianza, que era la única forma de derrotar el narcotráfico, es tan diversa (en el mal sentido) que no se puede aprobar nada progresivo porque siempre hay alguien que se va a oponer. La gente miraba como el enemigo a Juan Orlando, por lo que, resulta que votaron por un montón de diputados nacionalistas. Los nacionalistas tienen 40 votos en el Congreso, que son importantes, y si no logran hacer algún tipo de pacto, si no logran la cantidad de votos necesaria para pasar algunas leyes que le interesan al gobierno, entran en un proceso de negociación permanente con un sector de esa narcodictadura que ha quedado en el Congreso. En este contexto, se aprueban cosas progresivas, por ejemplo, se derogó la ley de las ZEDEs, pero no queda claro qué va a pasar con Próspera, es decir, se derogó la ley, no va a haber nuevas ZEDEs de ese tipo, pero ¿qué pasa con las existentes?, ¿a qué régimen van a aplicar, qué van a hacer, qué concesiones le van a dar? Aprobar el aborto (Honduras es uno de los seis países el mundo que no tienen ninguna causal), de lo que se hablaba antes, ya no se está hablando. Hace poco, para el Día de la Mujer, ¿la reivindicación cual era?, ya no era hablar del aborto, ya no era hablar de educación sexual, era: ‘somos el país que ha derrotado el patriarcado porque tenemos una mujer presidenta’. Se mediatiza el tema de que los derechos, están “personificados” en ella, entonces, no apoyarla es ‘ir contra nuestros derechos’, porque los hombres le pueden serruchar el piso, dar un golpe de Estado o, incluso, Mel Zelaya la puede manipular, entonces, hay que darle todo el apoyo a ella y no hay que desestabilizarla.

Eso está pasando en todos los sectores del movimiento popular, donde, por ejemplo, surge el reclamo de un derecho y al que reclama ese derecho o sale luchar –hay toda una serie de contradicciones– se lo acusa de apoyar al narcotráfico, por ejemplo. Un derecho ¿cuál es? Con estos tiempos que hemos vivido se ha distorsionado el papel del Estado y su papel en el empleo. El Partido Nacional en el poder, como parte del aparato de la narcodictadura, durante 12 años fue dando empleo a sus seguidores en el magisterio, en las instituciones estatales y públicas. Se accedió al trabajo en estos 12 años por ese apoyo. Llega Xiomara y la gente de Libre que la llevó al poder dice: ‘hoy es nuestro turno, así que, a despedir a todos esos cincuenta peseros, cachurecos y nos tienen que dar a nosotros’. Se empieza a despedir, por ejemplo, al sector que estuvo en salud luchando contra el COVID. No le renuevan contrato y pretenden despedirlos. Este sector sale a la lucha y gana. Los seguidores de Libre dicen: ‘estos están con Juan Orlando’. Se genera un pleito entre los mismos trabajadores. Entre aquellos que fueron puestos y que tuvieron que apoyar a Juan Orlando para conservar un trabajo y estos que quieren acceder a esos puestos porque no hay más. Es objetivo, no hay más, pero, para que a estos les den trabajo hay que sacar a aquellos y ¿para dónde agarro?

El Estado no genera puestos de trabajo porque la política desde hace 30 años es la reducción del Estado y dentro del gran acuerdo que hace que Xiomara accede a la presidencia, articulado por Estados Unidos, obviamente, incluye al Fondo Monetario Internacional y en estos días ha habido reuniones para llegar a un acuerdo en la política económica y parece que el acuerdo va. Le van a dar algunas concesiones al gobierno para que pueda recomponer una estructura mínima estatal desbaratada, pero, no para romper con el modelo neoliberal, tanto como para eso no. Un tema central que se está discutiendo es la energía eléctrica. Xiomara asume el poder y en su discurso de toma de posesión dice: ‘vamos a recuperar el control de la energía eléctrica por parte del Estado, el pueblo hondureño va a tener derecho a la energía eléctrica y a partir de este momento decreto que los hogares que consumen menos de 150 kilowatts no pagan la energía eléctrica’. A los 15 días aprueban el decreto y los que gastan menos de eso no pagan energía eléctrica, pero, la generación privada continúa, todo el manejo privado de la energía se mantiene. Dice: ‘no vamos a privatizar la ENEE’, pero no habla de recuperar lo que ya se privatizó. Lo que no se va a privatizar es el cascaroncito que ha quedado y que no controla nada. Hay una mezcla de aspiraciones legítimas, con discurso demagógico y con acuerdos e intromisión de Estados Unidos.

En Honduras –que para mí eso es un punto que hay que estudiarlo muy bien en todas partes del mundo– no hay claros límites ideológicos, es decir la gente sale a luchar, pero ¿con qué objetivo? Objetivos muy inmediatistas que son manipulados con discursos populistas por gente de todo tipo, desde izquierda legítima, izquierda moderna –que no sirve para nada– y la derecha: los outsider, los populistas de todo tipo, periodistas. En Honduras hay un canal que se llama HCH vinculado con Juan Orlando –que dicen que se constituyó con dinero del narcotráfico– y que en el momento que triunfa Xiomara pega un bandazo y ahora “defiende los derechos del pueblo” y toda lucha que hay la publicita. Uno puede ir ahí y decir lo que quiera. El ministro de Educación (Daniel Esponda), de formación trotska, utiliza ese canal para plantear sus posiciones porque la dirigencia magisterial está en contra de él, pero, tiene el apoyo de la presidenta. Fue nombrado por la presidenta en contra de la voluntad de la dirigencia del magisterio y tiene que hacer malabares para mantener ahí a como dé lugar, tomando algunas cosas buenas, otras malas. El que llegue a tener un puesto en Honduras tienen que hacer malabarismos. El asesor consejero en comunicación también es otro trotsko, Milton Benítez. Estuvo con el PSOCA hace unos 10 años, como en los tiempos de Manuel Flores. La esposa de Héctor Maradiaga, un periodista de Radio Progreso, que estaba con el PST, la nombraron directora del Instituto Hondureño de Seguridad Social. La corrieron hace 15 días porque la empresa privada exigió su destitución porque estaba poniendo algunos controles. La mujer no quería corrupción, estaba denunciando cositas. La empresa privada se juntó con la burocracia sindical, le exigieron a la presidenta que la destituyan y la destituyó. Es tan amplio que hasta trotskistas han llegado al gobierno, pero no para desarrollar algún tipo de programa, sino, para tapar huecos, en aras de conservar el poder ese grupo que es el Manuel Zelaya y su familia. Manuel Zelaya Rosales, el principal asesor y que maneja todo detrás de Xiomara. El hermano, Carlos Zelaya, es vicepresidente del Congreso Nacional. La hija es principal figura en el Congreso Nacional. El sobrino, José Manuel Zelaya, es de Seguridad Nacional. Y se supone que se está recuperando la democracia después de 12 años de dictadura.

Lo que hubo fue la derrota de Juan Orlando y la felicidad de verlo enchachado, pero, las instituciones corrompidas por el narco y todo eso todavía no se ha modificado. La Corte Suprema sigue estando manejada por la gente del narcotráfico. En el Congreso hay que estar pactando a cada rato para poder dar un paso mínimamente progresivo. No tienen mayoría, pero, para algunas leyes que hay que aprobar, en las que se requiere mayoría calificada, se necesita el voto de ellos, entonces, lo negocian: ‘está bien, se lo aprobamos, no hay ningún problema, pero tal cosita no la toquen’. Se llevaron a Juan Orlando y hasta el día de hoy, con más de 100 días de gobierno, no hay absolutamente nadie del régimen anterior acusado formalmente de algo y en la cárcel enfrentando un proceso. Los que están, ya estaban con Juan Orlando. En este periodo no se ha encarcelado a nadie. Como se va a “terminar” con el narcotráfico y la corrupción es ‘los vamos a extraditar a Estados Unidos’. Cada vez que Estados Unidos nos pida a alguno, ahí se lo vamos a mandar. Se delega esa labor que debería hacer el Estado burgués hondureño de limpiarse a sí mismo, se la delega a la “justicia” de Estados Unidos. Eso también está impactando en el nivel de conciencia de la gente, porque uno le dice a la gente: ‘-pero ¿no crees que sería mejor que lo juzgaran aquí? -N`mbre ¿cuándo van a jugar esa gente aquí?, si somos todos corruptos, esta bueno que se los lleven a Estados Unidos, allá si lo van a tener preso toda la vida’. Y sí, lo van a tener preso de por vida, pero, eso significa que pasado mañana se van a llevar a otro que no es narcotraficante y va a estar justificado.

La dependencia hacia Estados Unidos es tan grande, que el limpiar el aparato judicial y procesos de corrupción internos se le están transfiriendo a la CICIH [Comisión Internacional contra la Corrupción e Impunidad en Honduras]. Llega gente de afuera para investigar los actos de corrupción y sugerirle a los operadores de justicia de Honduras que los procesen. Si no llegan esos no se juzga a nadie. Ahora es todo un debate para ver cómo llegan y cómo se les da cierta autonomía para que puedan juzgar a los corruptos. Claro, eso significa pasar por encima de la Constitución porque se están transfiriendo poderes, pero, si no se hace eso –con la actual estructura que fue modificada por el narco– no va a pasar nada. Hay una legitimidad que se le está dando a la pérdida de la soberanía nacional, a la desarticulación de ese Estado burgués atrasado que es Honduras, a favor de todo esto. Y eso se manifiesta en todos los órdenes de la vida. Querer recomponer una economía capitalista mínimamente de burguesía nacional en Honduras está complejo. Por ejemplo, yo estoy en el sector editorial. El sector editorial en Honduras es muy pequeño porque está controlado por dos o tres editoriales grandes que manipulan todo. Hay pequeños editores y autores que sacan por su cuenta. Con mucho esfuerzo ha habido como cuatro o cinco casas editoras nacionales que han trabajado estos años. Estas están quebrando por la situación general del país, pero, también, porque un montón de autores jóvenes dicen: ‘no, esta industria editorial no sirve, vamos a sacar por Amazon’. Mandan sus libros para allá, sacan el ISBN, Amazon les mandan 100 ejemplares de libros impresos y esos son los que venden en Honduras. Hay toda una campaña ahora que está achicando el espacio editorial nacional a favor de una transnacional de Estados Unidos, y eso se mira justificado porque, si no, no se publica.

Hay una destrucción de ese Estado, en todos los órdenes, que no se está resolviendo por la vía de su reconstrucción revolucionaria, ni progresista siquiera por parte del “progresismo” de los Zelaya, sino, por la vía de ceder al imperialismo norteamericano. Yo planteo que ese es un enorme peligro, ya no para Honduras, sino de cara a la perspectiva mundial. ¿Por qué? Porque si ustedes miran la izquierda –ese sector que históricamente ha sido la oposición al status quo, al capitalismo– cada vez está más a la derecha. Si uno mira los partidos de “izquierda”, AMLO ¿de izquierda? En los 70 hubieran dicho que ese es un gobierno burgués reaccionario, hoy se dice que es de izquierdas. Hay un giro ideológico de la izquierda hacia la derecha. Boric el dirigente de la FECH. Ese tipo está saliendo peor que Syriza, la de Grecia; acaba de militarizar el sector mapuche que uno dice ¿y esa es la izquierda?, y eso que Boric era de la izquierda antiestalina, más anarquista, y está con estas medidas. Xiomara es vista como de izquierda y, de hecho, así se la presenta, pero su política termina siendo un engendro que va para la derecha. ¿Cuál es el problema de todo esto? Chávez que era el socialismo del siglo XXI fue visto como la izquierda, tomó medidas más o menos de enfrentamiento al imperialismo en su momento, más o menos. No desarrolló nada por el lado del socialismo, creó una burguesía –la boliburguesía. El hombre se murió y después todo lo de Venezuela decayó. Después aparece un Maduro, que, comparado con Chávez, de izquierda no tiene nada, es decir, uno podría decir: ‘Chávez era más de izquierda, Maduro no’. Maduro qué tiene para reivindicar. Daniel Ortega toma el poder en Nicaragua en el 79 con el Frente Sandinista y echa a balazos a Somoza: ‘la izquierda revolucionaria que, además, vuela a tiros’. Hoy en día sigue siendo de “izquierda” a pesar de que toma medidas dictatoriales de las peores que hay, además, amigo personal de Juan Orlando. Cuando Xiomara estaba tomando juramentación, Daniel Ortega, vía zoom, estaba juramentando a Juan Orlando en el Parlamento Centroamericano para tratar de evitar la extradición. No lo pudieron evitar porque Estados Unidos no reconoce eso. ¿Cuál es la izquierda que se opone a todos estos giros de la derecha, del capitalismo decadente, de todo esto? ¿Cuál es la izquierda que ideológicamente va haciendo una lucha en el sentido de que no es un problema solamente para qué, sino, quién la está dando?

La dirigencia sindical, en el caso de Honduras, es tan corrupta y tan burocrática que nadie cree en ella. Eso trae un problema: nadie cree en que sea necesario organizar sindicatos. ¿Por qué? Porque se corrompen. Entonces el trabajador va por la libre, sin organización. En el proceso de lucha contra la corrupción surgió en Honduras el movimiento de los Indignados. Explícitamente se negaron a organizarse. ¿Por qué? Porque ‘iba a venir alguien a manipularlo’. Eso formó parte de un movimiento internacional, el de los Indignados de España y Occupy en los Estados Unidos. ¿En qué quedó esa juventud? En nada. Muy luchadora, hicieron su parte, pero, ideológicamente no construyeron alternativa. La juventud estaba borrada del mapa de lucha en Honduras y en el golpe masivamente se incorporó a la lucha. Mucha de esa juventud se hizo zelayista, o sea, siguió con Manuel Zelaya Rosales. Otros se convirtieron en electoreros. Como ese proceso fue degenerando, en 2014 aparece otra juventud que ya no cree en Manuel Zelaya Rosales y es la que le da vida a los Indignados y que apoya masivamente al outsider: ‘este que no tiene nada que ver con política, porque todos los políticos son lo mismo, entonces apoyamos Salvador Nasralla’. En 2017 se decepcionan porque el hombre no luchó para defender el triunfo. Muchos se van del país y otros quedan ahí viendo a ver qué hacen y surge una nueva juventud que vota por lo que sea, en este caso votan contra Juan Orlando –progresivo–, pero, que no se sabe para dónde va. Mucho su aspiración es irse del país y estamos hablando no de jóvenes sin trabajo, estamos hablando de jóvenes universitarios, estamos hablando de profesores universitarios. Estamos hablando de gente que tiene un nivel de estudios o que incluso tiene trabajo y se va a Estados Unidos con alguna licencia, alguna maniobra que hace por ahí, para ver cómo le va allá conservando esto, pero irse. Es un proceso de descomposición que genera luchas, obviamente, que genera resistencia, pero, no basta con plantear ‘vámonos a la lucha’, sino, que tiene que haber un programa estratégico atrás de eso y que no se construye de un día para otro.

Yo escuché que decían ustedes de cómo la juventud aquí en Costa Rica antes tenía algún tiempo para debatir y hacer cosas y ahora con el trabajo tienen menos oportunidad. Bueno, en el caso de Honduras estamos más adelante en ese proceso de destrucción. Estas son las dificultades. Nosotros lo que valoramos es que, evidentemente, de cara al futuro todas estas contradicciones generan posibilidades. ¿Dónde? En la juventud, es decir, cambiar la mentalidad de la gente mayor es muy difícil porque están derrotados. Los viejos sindicalistas de repente tienen el modelo o la visión del estalinismo, de la Unión Soviética y, con todas las contradicciones y los desastres ideológicos que hay, asocian esa Unión Soviética, aquella época, con Putin. Eso no lo van a cambiar porque se aferran a que Rusia era el enemigo de Estados Unidos y ahí me quedo. Pero la juventud es donde uno puede hacer trabajo político, ideológico y de lucha, pero, con esa esas dificultades.

Podemos acercar compañeros, pero, esos compañeros necesitan trabajar. ¿Cómo hacemos trabajo político, formación, etc. con compañeros que no van a estar a tiempo completo? Ahora que escuché que hablaban de eso ustedes, sobre la universidad. En Honduras muchos trabajadores, juventud trabajadora, que estaba en la universidad pública se fue a la privada porque la privada implementó horarios flexibles según la flexibilidad laboral. Aquellos jóvenes que trabajan 4 por 3, le implementaron en la universidad jornada 3 por 4, les dan la clase los tres días que no trabajaban y los otros cuatro no reciben clases. Tienen horarios tan enredados, están hechos para cada sectorcito de trabajadores. Obviamente que el trabajador que pide que le abran más clases en la [Universidad] Autónoma y no lo hacen y la otra universidad le dicen: ‘¿qué régimen tiene? este es su plan’ se va inmediatamente para la otra universidad y no quiere luchar, ¿por qué?, porque le cuesta y quiere salir lo más rápido posible de esa universidad con un título para ver si mejora sus condiciones de vida.

En el caso de ustedes, de Costa Rica, todo ese aparato estatal que controla no sé qué porcentaje de la economía del país, pero, obviamente es uno de los más grandes empleadores, si se va privatizando y reduciendo y tercerizando ¿quién agarra todo eso?, es decir, ¿qué burguesía surge para manejar esas cosas? La tercerización no son los burgueses de los bancos. La tercerización es gente intermedia que hace la rapiña o que vive de la piñata que cae del Estado. Eso ¿qué fenómenos genera? No son tan fáciles. Hay sectores de la burguesía que ustedes dicen que están preocupados con eso del trabajo de 12 horas, eso es porque no huele bien. Efectivamente, un sector de la burguesía que se formó con una manera de explotación, esta otra manera no le va a beneficiar. Aunque avancen los proyectos de la burguesía no son garantía de nada. Pueden triunfar, el triunfo de ellos es el desbaratamiento de su propio Estado, y esto no solamente en Honduras o en Costa Rica, sino, que es una tendencia general y en ese proceso, políticamente, ganan los más demagogos, los más populistas, los que tienen el discurso más autoritario, con más “claridad”: ‘que en medio del caos esta izquierda que no sirve porque es timorata, yo voy a hacer las cosas’. La gente va buscando al más autoritario porque ‘eso de andar consensuando cosas no termina en nada, no nos ponemos de acuerdo, cada quien va por su lado’. Entonces viene uno y dice: ‘yo voy a terminar con la corrupción porque les voy a meter un tiro a todos’ y aparece uno como el presidente de Filipinas que dice que hay que matarlos y punto. Pero ¿quiénes son los malos? Estamos delegando el construir una sociedad diferente porque no vemos alternativa y eso es responsabilidad de que la izquierda ha desaparecido, es decir, como izquierda real solo queda el trotskismo en algunos lugares, ni siquiera mucho, en algunos lugares. Yo me incorporé a la lucha política en el trotskismo cuando disputábamos ideológicamente con el guevarismo, en la época en que el guevarismo no era ponerse una camiseta, sino, agarrar un fusil. Disputábamos con los montoneros en la época en que era la juventud peronista de izquierda, que con las armas en la mano quería el regreso del general Perón al país y lo consiguió –hasta que el general Perón los echó a patadas. Cuando se disputaba con el estalinismo de la Unión Soviética que puso al primer hombre en el espacio antes que los gringos, que estaba con todo aquel auge. En esa época este me formé. Ustedes pueden tener muy buenas ideas, pero ¿cómo las debatimos en la universidad con la juventud que siguen a estos grupos de izquierda? ¿Hay un debate político profundo o no? Eso es parte de las tareas que tenemos que desarrollar.

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