Haití: se profundiza la crisis social por la violencia de las pandillas

Haití es uno de los países más pobres del mundo. Se estima que más del 60% de su población se encuentra bajo la línea de pobreza y, además, alrededor del 70% no cuenta con empleo.

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Haití es uno de los países más pobres del mundo. Se estima que más del 60% de su población se encuentra bajo la línea de pobreza y, además, alrededor del 70% no cuenta con empleo (según datos del 2021). También, la mayoría de la población no tiene acceso a agua potable y dos quintas partes dependen de la agricultura de subsistencia. Aunado a esto, por su ubicación en el Caribe sufre constantemente de los embates medioambientales, como sismos, tormentas y huracanes.

Nuevamente, la isla caribeña enfrenta la catástrofe: la penetración de las pandillas y la violencia extrema, fenómenos potenciados desde el magnicidio de Jovenel Moise por un grupo de mercenarios colombianos.

Un nuevo escenario se desató con la reciente amenaza de una “coalición” de las pandillas que asaltaron la Penitenciaría Nacional y liberaron a 3.600 presos, desatando un caos en la capital y lanzando amenazas de asaltar el palacio de gobierno.

Breve repaso histórico

Para entender la dramática situación que afecta al país es preciso hacer un breve recorrido por la dura historia de opresión colonial e imperialista de la isla.

Saint Domingue fue colonia francesa hasta 1804, cuando se convirtió en el primer país en conquistar su independencia frente al imperio franco. A partir de ese momento, pasó a llamarse Haití, esto cuando apenas iniciaban por la región las luchas independentistas. La independencia haitiana fue producto de una revolución antiesclavista frente a la brutalidad que dicho sistema imponía sobre las vidas de las personas negras.

Aunado a eso, a lo largo del siglo anterior, Haití fue víctima de invasiones militares y estuvo bajo el control de sangrientas dictaduras. La primera se produjo en 1915, cuando se inauguraron las intervenciones imperialistas por parte de los Estados Unidos. Vale recordar que Thomas Jefferson (1743-1826), uno de los «padres fundadores» de la potencia del norte aseguró que de Haití provenía la peste de la rebelión. La rebelión cuestionaba la esclavitud de los negros, uno de los pilares de la sociedad yanqui de la época: “En Carolina del Sur, por ejemplo, la ley permitía encarcelar a cualquier marinero negro, mientras su barco estuviera en puerto, por el riesgo de que pudiera contagiar la peste antiesclavista. Y en Brasil, esa peste se llamaba «haitianismo»”.

El imperialismo estadounidense mantuvo un control directo sobre Haití durante 19 años, entre 1915 y 1934. Luego, frente al descontento por reintroducir prácticas segregacionistas, dejó el mando a los Duvalier (1957 a 1986), quienes se encargaron de contener la influencia de la revolución cubana e instauraron una sangrienta dictadura. Baby Doc, heredero de Duvalier, fue el encargado de introducir durante los años setentas las reformas neoliberales que disminuyeron el papel de las fuerzas armadas, la policía y el agro, e impuso un modelo importador afín a los intereses estadounidenses.

Recién en los años 90, tras la caída de Baby Doc, Haití tuvo las primeras elecciones democráticas, las cuales dejaron como presidente a Jean Bertrand Aristide, el cual fue víctima de un fallido golpe de estado en 1994 (impulsada por empresas estadounidenses instaladas en el país, la USAID y la Agencia Central de Inteligencia). Sin embargo, Aristide logró terminar su gobierno en 1996 y volver a ser electo en el 2001.

Posteriormente, entre 2004 y hasta el 2017, se produjo otra invasión militar. En esta ocasión, fue la denominada MINUSTAH de la ONU, encabezada de nuevo por EE UU, que trajo masacres, violaciones y brotes de enfermedades (como el cólera).

Durante el 2018, se produjeron protestas por todo el país exigiendo un incremento en el salario frente al gobierno de Moise (2017), el cual contaba con escasa legitimidad dado que fue impuesto desde afuera. Además, en su mandato se normalizaron las masacres de dirigentes sociales y de la oposición. Incluso se dio a conocer que las pandillas eran dirigidas por un ex-policía y los mismos tomaban control territorial en Puerto Príncipe, la capital.

La crisis actual: el peligro de una guerra civil o un golpe de Estado

Para diciembre del año pasado, se registraron 200.000 desplazamientos internos, 3.960 personas asesinadas, 1.432 heridas y 2.900 secuestros. Esta espiral de violencia afecta especialmente a las mujeres y la niñez, pues, de esta población, se estima que 1.6 millones viven en áreas ocupadas por las pandillas (que controlan el 80% de la capital).  Dentro de estas zonas ocupadas por los grupos criminales, convergen varias problemáticas, como el reclutamiento forzado, el nulo acceso a distintos servicios (salud y educación) y a alimentos.

La violencia viene en escalada desde el magnicidio de Moise, pero se exacerbó en estos meses con las disputas del control territorial por parte de las pandillas. Esta situación de caos e inseguridad es instrumentalizada de forma reaccionaria por sectores de la burguesía y el imperialismo, pues la aprovechan para justificar una posible invasión militar (o policial, como pretenden presentarla). De hecho, el mismo Bukele no perdió oportunidad de figurar en el debate sobre del país caribeño, proponiendo aplicar su modelo de “mega-cárceles” en Haití.

Asimismo, el gobierno siempre se aprovechó de estas olas de violencia para restar valor a las legítimas reivindicaciones de la clase trabajadora haitiana, por ejemplo, cuando salieron a manifestarse en contra de la propuesta de Henry de pedir una “intervención internacional” para “combatir la situación de violencia provocada por las pandillas”.

Semanas antes de que estallara esta nueva crisis de violencia por parte de las pandillas, algunos de los sindicatos más grandes del país, entre ellos la Central Nacional de Trabajadores Haitianos (CNOHA), salieron a protestar contra los bloqueos viales de las pandillas que impiden la llegada de alimentos y suministros a las periferias, zonas que viven una crisis humanitaria cada vez más aguda.

Una semana antes de escribir este artículo, a finales de febrero, se dio un hecho que cambió el panorama: se conformó una alianza entre varias pandillas en respuesta al viaje del presidente hacia Kenia, para suscribir un acuerdo de envíos de tropas de policías para recuperar el control de la capital. Ante esto, uno de los líderes criminales apodado como “Barbecue”, publicó un video señalando a Henry como un enemigo y amenazó con llegar a una guerra civil y un genocidio. Las pandillas alegan estar en contra de la intervención internacional y ganarse el favor de la población que recuerdan lo terrible que fue la MINUSTAH, pero lo hacen para garantizar la continuidad de sus negocios.

De momento, la lumpemburguesía de las pandillas tomó varios centros penitenciarios, entre ellos la Penitenciaría Nacional, del cual se fugaron 3.600 personas privadas de libertad en una noche. Días después, las pandillas intentaron tomar control del Aeropuerto Internacional Toussaint Louverture con grupos fuertemente armados.

En medio de todo este caos, el presidente Henry no consiguió aterrizar en el país cuando volvía de Kenia y no se supo su paradero durante varios días. Finalmente, reapareció en Puerto Rico, luego de la negativa de República Dominicana por dejarlo estar en dicho país. Eso ejemplifica el grado de caos que impera en el país, donde ni siquiera el jefe de Estado puede garantizar que su vuelo aterrice en el país que dice gobernar.

A partir de esta nueva crisis social y política, se impuso en el país un Estado de Excepción y toque de queda, y se le ordenó “a la policía que emplee todos los medios legales a su disposición para la aplicación del toque de queda y aprehender a todos los delincuentes”, indicó un comunicado del ministro de Finanzas, Patrick Boivert”.

Al mismo tiempo, la situación internacional es compleja, pues Estados Unidos continúa impulsando la intervención internacional con el objetivo de restablecer el monopolio de la violencia al Estado fallido haitiano.

La tarea política: refundar el país desde abajo sobre nuevas bases

Tal como se puede inferir por el recorrido histórico, la situación actual de violencia y degradación social es producto de las imposiciones históricas colonialistas del capitalismo; desde la imposición de la deuda externa por parte del imperialismo francés, hasta la invasión y colocación de una dictadura para mantener el control del país y enfrentar la amenaza de la revolución cubana por parte del imperialismo norteamericano.

En un artículo anterior, discutimos sobre la concepción del Estado Haitiano cono un «Estado Asistido» ya que, producto de las constantes intervenciones imperialistas, la cuantiosa deuda externa y la dictadura, se creó un modelo de dependencia hacia la ayuda humanitaria haciendo que el aparato estatal sea muy limitado; por ejemplo, la mayor parte de los servicios los manejan ONG’s.

Sin embargo, debido a la crisis que azota el país, evolucionó (en realidad fue una involución) en un Estado fallido, que se encuentra al borde de una guerra civil impulsada por sectores lumpen-burgueses de las pandillas que, frente a un “vacío de poder” (se debe de recordar que el gobierno de Henry es de facto y no cuenta con ningún apoyo ni base social) amenazan con ser ellos quienes ocupen el poder.

Lo que ocurre hoy en Haití es un retrato de la barbarie del sistema capitalista y colonialista, que amenaza en convertirse en un evento sangriento (ya los cuerpos de personas muertas en las calles de la capital se está convirtiéndo en algo normal).

Por eso consideramos que es necesario repudiar el intervencionismo estadounidense en la isla y su intención imperialista. Al mismo tiempo, luchar por la refundación del país desde los sectores explotados u oprimidos, así como desarrollar métodos de autodefensa popular para hacer frente a la violencia de las pandillas. Por último, pero no menos importante, es fundamental retomar la organización de la clase trabajadora, la juventud y las mujeres sobre bases anticapitalistas, porque es este sistema el que ha empujado a los haitianos a esta catástrofe.

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