¡Fuera las tropas rusas de Kazajistán! ¡Satisfacción de los reclamos populares!

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  • Declaración de la Corriente Internacional Socialismo o Barbarie ¡Abajo el régimen autoritario burocrático capitalista de Nazarbáyev y Tokayev!

Redacción de esta declaración: Federico Dertaube

Las protestas comenzaron en el comienzo del nuevo año en el oeste del país. Zhanaozen, en la provincia de Mangystau, es la ciudad de la producción petrolera.

Su población son los trabajadores del petróleo y quienes les venden lo que ellos consumen. Es allí donde más directas, claras, palpables, abiertamente visibles son las consecuencias de la política económica neoliberal en el país. Kazajistán es un enorme productor y exportador de combustibles fósiles, y el gatillo que disparó las protestas fue la firma del aumento de sus precios.

Pero si el descontento por esa medida dio comienzo a las movilizaciones más grandes del país desde su salida de la URSS, los precios del gas dejaron de ser consigna única cuando el incendio popular se extendió de Zhanaozen a Alma-Ata. “Que se vaya el viejo” fue la principal consigna.

Las protestas masivas en Alma-Ata toman la sede de gobierno local. Foto: REUTERS

Una huelga obrera se convirtió en protesta nacional. “El viejo” es Nursultán Nazarbáyev, el poder real detrás del sillón presidencial.

Ya entonces, la movilización desbordó a la policía y la protesta se hizo con la ciudad. Las imágenes de los movilizados tomando la casa de gobierno de Alma-Ata, haciéndose con la sede local del partido de gobierno, fueron el emblema de que algo nuevo e inesperado estaba pasando.

El presidente kazajo respondió en el tono propio del régimen que encabeza como títere de otro: Kassym Jomart Tokayev dio la orden a la policía de disparar, matar, sin aviso previo.

«Quien no se rinda, será destruido. Di la orden a los órganos de la Policía y el Ejército de disparar a matar sin previo aviso». «Es de importancia crucial entender por qué los preparativos de ataques terroristas, por parte de células durmientes en la clandestinidad, han pasado desapercibidos por el Estado”. Así, el presidente del país presenta la movilización popular como una conspiración venida de no se sabe dónde a la que hay que masacrar.

Kassym Jomart Tokayev dio la orden a la policía de disparar, matar, sin aviso previo.

 

Y la orden dada por Tokayev se convirtió en ruego a Putin. La alianza militar de ex estados de la URSS encabezada por Moscú intervino militarmente el país a pedido del presidente kazajo. Los tanques rusos apuntan a la cabeza de miles y miles de trabajadores kazajos desarmados.

Rusia y Kazajistán

Kazajistán es el país más grande y económicamente importante de los estados de Asia Central que solían ser parte del Imperio Ruso primero y de la URSS después. Durante siglos fue una zona de estepa poblada fundamentalmente por tribus túrquicas nómadas, como los propios kazajos.

De mayoría histórica musulmana, el país tiene una larga historia de sujeción a la opresión rusa. Su constitución misma como país fue a la sombra de los zares, con la imposición de las tradiciones, el idioma y el gobierno puramente rusos. Los kazajos eran una de las naciones oprimidas por Moscú que los bolcheviques se propusieron liberar. Pero como sucedió con todas las naciones oprimidas en los territorios de la URSS, su suerte bajo la contrarrevolución estalinista no fue nada buena.

 

Ya con Jruchov y Brezhnev, Kazajistán se convirtió en un importante polo industrial luego del descubrimiento de sus inmensos yacimientos petroleros. Su economía entera pasó a depender de la exportación de hidrocarburos. Su población le siguió el paso.

Con la disolución de la URSS, Kazajistán fue el último país en declararse independiente. Pero fue a la vez de los primeros en firmar los nuevos tratados de dependencia con Rusia. Desde la negociación de fronteras económicas comunes hasta alianzas militares, los territorios kazajos son zona de influencia moscovita.

Con la restauración capitalista, los colmillos de los negocios de las privatizaciones se clavaron en el cuello de las zonas industriales y petroleras. La pauperización de la vida, la dependencia absoluta de trabajar en los hidrocarburos, el autoritarismo del estado y los negocios; todo esto proliferó libremente con el capitalismo en los territorios de la ex URSS, con el neoliberalismo en las zonas como Zhanaozen.

El gobierno es socio menor de los negocios de la restauración capitalista y de Rusia. Su aspiración desde el primer momento fue ver completamente aplastada la sublevación popular, a la que quiere disfrazar de terrorismo para poder usar en su contra la desnuda violencia del plomo.

Para defender sus propios intereses, para cuidar la dominación rusa, para defender el status quo a sangre y fuego es que Tokayev ha recurrido a la ayuda de las tropas rusas contra su propio pueblo.

“Que se vaya el viejo”: Nursultán Nazarbáyev

Nazarbáyev gobierna de hecho el país desde 1991. Fue el último presidente de la llamada “República Socialista Soviética de Kazajistán”, así como quien encabezó la restauración capitalista. Es él uno de los principales ejemplos de la transformación de la burocracia soviética en oligarquía capitalista.

Desde entonces, fue presidente del país de manera ininterrumpida hasta su renuncia en 2019. Fue entonces que se hizo con el cargo un lugarteniente suyo, el actual mandatario Tokayev.

Nazarbayev, Xi Jinping y Vladimir Putin.

 

El pueblo en la calle denuncia que en los hechos Nazarbáyev sigue en el poder. Se mantuvo a la cabeza del Consejo de Seguridad Nacional y del partido único de gobierno, Nur-Otan. Por tres décadas aplastaron implacablemente toda oposición y protesta. Fue famosa en 2011 la Masacre de Zhanaozen, cuando el gobierno respondió con muerte a las protestas de los trabajadores del petróleo.

El capitalismo estuvo lejos de ser el tan vendido triunfo de la “libertad”. Fue con autoritarismo y violencia que Kazajistán se convirtió en zona de negocios para las grandes multinacionales occidentales, así como zona de influencia rusa. Recientemente, la influencia de China ha ido también creciendo.

Para los miles y miles de movilizados, el régimen de opresión que los sujeta todos los días en una vida de explotación y opresión tiene una cara visible, un poder concreto, dos manos y dos ojos nada impersonales: es el poder de Nursultán Nazarbayév el que tiene que caer.

La protesta popular debe triunfar

El gobierno se vio obligado a retroceder con el aumento de los precios de los derivados del petróleo. Sin embargo, los kazajos siguieron el ejemplo de casi todas las últimas rebeliones populares que cruzaron al mundo en los últimos años. Cuando la medida que sirvió de detonante es retirada por el gobierno, las protestas siguen porque se trata de mucho más que eso. Las condiciones de vida insoportables, empeoradas por la pandemia, y el régimen político autocrático: con eso es con lo que hay que terminar.

La prensa occidental ha visto con preocupación la intervención rusa pero ve con simpatías que se aplaste a la movilización. Su preocupación no son las reivindicaciones populares, poco les importa el gobierno de un autócrata cuyo nombre prefieren olvidar antes de aprender a pronunciarlo. Cuando “denuncian” al contingente militar ruso lo hacen más pensando en los intereses estadounidenses en la zona.

La rebelión kazaja es la más profunda de Asia Central en mucho tiempo. Sucede en un punto clave entre Rusia y China y podría ser punto de referencia para los pueblos aledaños. El peligro es grande para Nazarbayév, para Putin y Xi.

Rechazar la intervención rusa y la represión del estado kazajo, defender la legítima protesta popular contra la explotación capitalista, es lo que debemos hacer los socialistas revolucionarios de todos los países.

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