Frente a Macron y Le Pen: Una tercera vuelta social

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  • Análisis de la situación política francesa entre la primera y la segunda vuelta de las elecciones presidenciales.

 Santiago Follet

Frente a la falsa alternativa de Macron y Le Pen, es necesario impulsar la tercera vuelta social, una movilización extraparlamentaria para luchar en las calles contra la extrema derecha racista de Le Pen y el autoritario gobierno de los ricos de Macron.

Macron y Le Pen: ¿igual que en 2017?

Las primeras sensaciones del resultado electoral[1] que observamos en los lugares de trabajo y de estudio tienen que ver con una decepción generalizada por los resultados de la elección. En efecto, podría pensarse que la reedición del duelo «Macron – Le Pen» nos lleva a revivir la falsa libertad de elegir entre «la peste y el cólera» como en el 2017. Una frustración que para muchos ha significado la sensación de que « nada ha cambiado » y que estamos en el mismo lugar que en 2017. ¿Cómo comprender entonces esta reedición del duelo reaccionario entre Macron y Le Pen luego de cinco años de políticas antisociales sin caer en un derrotismo impresionista?

Lo primero que hay que decir es que las elecciones se desarrollaron en el contexto de la guerra en Ucrania que operó como telón de fondo del último tramo fundamental de la campaña. De este modo, Macron logró remontar en las encuestas en las últimas semanas, gracias a su aparición pública como « líder internacional » que promete la calma frente al peligro de la guerra. En una situación de guerra, los ciudadanos de un país tienden a alinearse detrás de su propio gobierno. Desde este punto de vista, los lazos entre la extrema derecha y el nuevo « enemigo » Putin, por un lado, y la supuesta debilidad de Mélenchon para hacer frente a Putin, por el otro, fueron argumentos que beneficiaron a Macron para ganar credibilidad de cara a los votantes que lo apoyaron con un 27,8%.

El segundo elemento para comprender los resultados es el carácter antidemocrático de la elección. Macron instrumentalizó por completo la situación en Ucrania para evadir el debate público en la confrontación con el resto de los candidatos. A diferencia de hace cinco años, esta vez solo hubo una mascarada de debate público, con cuatro de los candidatos afuera y sin ninguna confrontación entre los únicos invitados. La carrera electoral se transformó en una «campaña sin campaña» en la que el principal candidato realizó apenas un solo meeting público y limitó al máximo sus apariciones para hablar de las elecciones. Así, se evitó las críticas y el debate de ideas, manteniendo su caudal electoral sin sobresaltos. Para la izquierda revolucionaria esta situación implicó no solo tener que hacer frente al obstáculo antidemocrático de las 500 firmas de alcaldes durante meses, sino que una vez conseguidos los avales, se enfrentó a este bloqueo mediático que limitó la capacidad de intervención pública.

Por supuesto que los cinco años de gobierno macronista no han pasado en vano en los términos de la lucha de clases. Hablamos de un quinquenato plagado de reformas antisociales que han servido para alimentar los discursos de odio de la extrema derecha. Por un lado, podemos citar las contrarreformas económicas (reforma jubilatoria, privatización de la SNCF, aumento de la matrícula universitaria para los extranjeros, reforma del desempleo, destrucción del hospital público en plena pandemia, selección social en la educación, etc.), que sumadas a los despidos y la inflación han configurado un deterioro generalizado en las condiciones de vida de los trabajadores y las amplias mayorías sociales. Para acompañar el combo, observamos también una avanzada reaccionaria, racista y represiva, con la ley de seguridad global, la ley contra el separatismo, la enorme represión a la protesta social contra los Chalecos Amarillos y otros movimientos, el asesinato de Steve Maia Canico y de otras victimas de violencia policial. Las declaraciones de Gerald Darmanin diciendo que «Le Pen es demasiado tibia con el Islam» son ilustrativas del profundo giro a la «derecha extrema» del candidato que en 2017 se presentara como el joven centrista moderno de la «start up nation»[2].

La profundización de la escalada reaccionaria bajo el gobierno de Macron ha sido evidentemente la clave que permite comprender el ascenso electoral de la extrema derecha. De allí se explica la emergencia del fenómeno Zemmour (quien obtuviera finalmente el 7%) que agitó durante toda la campaña la teoría conspirativa racista del «gran reemplazo», que explica que la sociedad francesa blanca será reemplazada por la imposición generalizada del islam dentro de dos generaciones. Es un candidato que contará probablemente con representación parlamentaria en las próximas elecciones legislativas y que defiende un proyecto abiertamente racista y represivo, en consonancia con los ataques de grupúsculos reaccionarios. Este candidato, que se instaló enormemente en el debate público, terminó haciendo pasar a Marine Le Pen y su Agrupación Nacional, casi como un partido normal y aceptable, siendo que esta formación encarna desde sus orígenes lo peor de la Francia colaboracionista de extrema derecha. Marine Le Pen representa un peligro reaccionario real, porque su programa implica dar un salto de calidad en la avanzada represiva, racista y antisocial. Sin embargo, es el propio Macron el responsable de que el nauseabundo clima reaccionario se instale, por lo que la pretensión de usar el voto útil hacia Macron para hacer frente a Le Pen, es una posición que encarna límites evidentes.

De manera general, podemos decir que la correlación de fuerzas entre las clases está mediada por una situación reaccionaria, pero que no determina un quiebre profundo, sino que existen enormes reservas de lucha entre los trabajadores y la juventud. En definitiva, en los últimos años hemos vivido nada más y nada menos que una pandemia mundial, una huelga general histórica, una revuelta popular, una crisis económica  y una guerra en Europa. Elementos que dan cuenta de una profunda inestabilidad social, que está muy lejos de resolverse en este débil equilibrio electoral.

Polarización a tres puntas y debacle de los partidos tradicionales

En realidad, si analizamos los resultados electorales observamos por un lado, que la abstención se mantiene elevada, siendo mayor que en 2017, pero sin alcanzar los récords históricos. La abstención sigue siendo tan elevada que incluso supera a los votos de Macron, el candidato más votado. Este fenómeno le quita legitimidad a los candidatos que pasan a la segunda vuelta y alimenta la sensación «antidemocrática» con respecto al conjunto de la elección.

De todas maneras, el elemento que resulta una novedad distintiva de esta elección es sin dudas la campaña de Mélenchon, que estuvo más cerca que nunca de alcanzar la segunda vuelta (Le Pen 23,1%, Mélenchon 21,95%). Quizás como nunca antes, la figura de un candidato de una izquierda a la izquierda del PS estuvo tan cerca de alcanzar la segunda vuelta de las elecciones. Porque si bien es cierto, que el duelo Macron – Le Pen es el hecho dominante de la situación, no se puede despreciar el gran caudal de votos para Jean Luc Mélenchon y la «Unión Popular», fenómeno que constituye una especie de empate o de polarización a tres puntas entre los tres candidatos mayoritarios que se despegaron de todo el resto.

El voto a Mélenchon podemos entenderlo no tanto como un apoyo masivo al diputado de la Francia Insumisa sino más bien como una expresión distorsionada, pero progresiva « hacia la izquierda », que buscó hacer frente tanto a Macron como a Le Pen desde el punto de vista electoral. En efecto, esta vez fue Mélenchon quien capitalizó dicho fenómeno al ser la «opción útil» entre las fuerzas de la izquierda institucional. En otras oportunidades, como en las elecciones municipales o legislativas, esta franja del electorado benefició a verdes, socialistas o comunistas, o a alguna alianza entre ellos, dependiendo del caso.

Lo que resulta profundamente llamativo es que Mélenchon no solo hizo una gran elección a nivel nacional, sino que fue el candidato ganador (y por gran diferencia) en la mayoría de las grandes ciudades del país. Alcanzó cifras de 30, 40 o hasta 50 por ciento, en los barrios populares de París y del este de la región parisina (históricamente comunistas), así como también victorias en Marsella, Montpellier, entre otras grandes ciudades. Desde el punto de vista de la lucha de clases este voto es cualitativamente superior porque implica un rechazo al gobierno entre los sectores populares, de trabajadores y en las zonas urbanas, donde los principales eventos de la lucha de clases se desarrollan. Conviene destacar además, una mejor performance de Melenchon en el sur del país, mientras que Le Pen se hizo fuerte en zonas rurales y del norte. Por su parte, Macron tuvo un score más parejo en la distribución nacional.

Podríamos decir que de alguna manera la polarización entre un voto más hacia la «izquierda» en favor de Mélenchon (si bien evidentemente consideramos que se trata de una formación reformista hasta la médula que nada tiene de revolucionario), como contratendencia a un voto hacia la extrema derecha de Le Pen, encontró su empate en la victoria de Macron, que más allá de su deriva autoritaria y antisocial, se evidencia como una fuerza capitalista más tradicional y moderada.

Que las tres fuerzas principales de la elección estén constituidas por partidos « no tradicionales » con respecto a la tradición de la Quinta República es sintomático del clima de inestabilidad política que se vive en el país. La elección presidencial confirmó la debacle de los partidos tradicionales que anteriormente caracterizaron el bipartidismo francés. Por un lado, Valérie Pécresse de «Los Republicanos» se mantuvo en un 4,78% que no alcanzó ni siquiera para obtener el 5% que permite un reembolso millonario sobre los gastos de campaña. La republicana tuvo que salir a pedir una colecta pública para tratar de paliar la deuda de campaña, un hecho patético siendo que se trata de una burguesa millonaria. Por su parte, la alcaldesa de París Anne Hidalgo, figura del histórico Partido Socialista, se quedó con el 1,8%. Un bochorno mayúsculo, el peor resultado de la historia para el partido que gobernara Francia en varias oportunidades. Por su parte, ni los Verdes, ni el PCF pudieron hacer peso en esta elección, haciendo números modestos con miras más bien a especular con alianzas para las legislativas, que a disputar las presidenciales.

La campaña de Philippe Poutou y la izquierda revolucionaria

Párrafo aparte merece la campaña de Philippe Poutou y del conjunto de la izquierda revolucionaria. Si miramos los votos fríamente, observamos que Poutou del NPA y Arthaud de Lutte Ouvrière se colocaron en las dos últimas posiciones de la elección, pero acumulando entre ambas fuerzas casi medio millón de votos para la izquierda anticapitalista. Se trata de un resultado para nada despreciable sobre todo teniendo en cuenta la enorme presión hacia el voto útil a Mélenchon que afectó las posibilidades electorales de Poutou sobre todo en las últimas semanas decisivas de la campaña.

De esta manera, muchos trabajadores y jóvenes activistas que se vieron profundamente identificados con el candidato obrero del NPA, terminaron inclinando su voto hacia Mélenchon por presión hacia el voto útil, aunque teniendo muchos más acuerdos políticos con el programa del NPA y una mayor simpatía con el candidato Philippe Poutou.

La izquierda revolucionaria pasó la prueba en estas elecciones manteniendo un caudal de votos importante y una representación política fundamental para que el trotskismo constituya una alternativa política anticapitalista de cara al resto de los partidos del sistema capitalista. Para el NPA, la presentación de Poutou, obrero despedido por la multinacional Ford constituyó una enorme posibilidad para la difusión de un programa político de ruptura con el capitalismo, que motivó a miles de trabajadores, con un especial énfasis en la juventud que se acercó en gran número a participar de cada meeting y de cada actividad de la campaña.

El NPA sale fortalecido de esta campaña, a pesar de las tensiones que han agitado su vida interna[3], y se muestra como una herramienta importante de cara a la preparación de las peleas que se vienen inmediatamente. Si hay algo que queda claro de la campaña de Poutou es la idea de presentar una candidatura obrera para difundir el mensaje que los trabajadores deben tomar los asuntos políticos en sus propias manos. Un llamado a construir una movilización en las calles, a impulsar la revuelta popular, las huelgas y las asambleas, sin confiar en los políticos de turno ni en los estrechos límites de las instituciones.

Desde Socialismo o Barbarie, como miembros del NPA, hemos contribuido humildemente desde nuestro lugar en hacer existir esta candidatura, participando activamente en la búsqueda de firmas, en la agitación de la campaña y en la organización del principal meeting de la juventud en la región parisina, que contó con la presencia de Philippe Poutou, en la universidad de Paris 8, para más de 400 personas[4]. El NPA deberá ratificar la simpatía acumulada a lo largo de la campaña, aumentando sus fuerzas militantes orgánicas, poniéndose a la altura de los desafíos y encabezando la pelea en las calles para hacer frente a Le Pen y Macron y construir una tercera vuelta social.

Un tercera vuelta social junto a los trabajadores, con la fuerza de la juventud

El impresionismo inicial frente a los resultados electorales, que provocó una especie de «shock» en amplios sectores, se vio fuertemente impactado por la espontánea reacción de la juventud universitaria, que se puso a la vanguardia de la pelea contra Macron y Le Pen. De este modo, se sucedieron una serie de bloqueos, asambleas y ocupaciones en varias ciudades que tuvieron como epicentro la toma de la Sorbona iniciada el miércoles pasado, con más de 500 estudiantes movilizados.

Si bien la asamblea de la Sorbona no tomó una resolución con respecto al voto de la segunda vuelta, la principal reivindicación de los estudiantes fue el «Ni Macron, ni Le Pen», como respuesta a ambas variantes patronales y reaccionarias. Los estudiantes marcaron el camino de la respuesta necesaria frente a la avanzada reaccionaria, es decir, la de impulsar la lucha «extraparlamentaria» en las calles para pelear de cara a la segunda vuelta y luego de la contienda electoral. Con la comprensión de que es necesario imponer una «tercera vuelta social» de lucha en las calles desde ahora mismo[5].

El sábado 16 de abril fue también una jornada importante de movilización, en donde numerosos sectores, incluso con reivindicaciones diferentes, se movilizaron en las calles. La fuerza de la juventud debe organizarse para continuar la pelea, denunciando la represión del gobierno que tiene miedo de ver a los jóvenes organizarse, razón por la cual numerosas universidades fueron cerradas por las autoridades. La dinámica de organización y acciones de lucha debe profundizarse y confluir con los sectores de trabajadores, organizando desde ahora la tercera vuelta social. Ningún voto tiene que ir a la extrema derecha de Marine Le Pen, enemiga mortal de los trabajadores, al tiempo que tampoco puede frenarse su avanzada reaccionaria llamando a votar al autoritario gobierno de los ricos de Macron.

Frente a Macron y Le Pen construyamos la tercera vuelta social en las calles, junto a los trabajadores y con toda la fuerza de la juventud anticapitalista.

 


[1]  Un primer analisis del resultado electoral puede leerse en estas lineas: https://izquierdaweb.com/francia-macron-y-le-pen-iran-a-balotaje/ Ni bien conocidos los resultados, el candidato obrero del NPA, Philippe Poutou llamó a preparar la lucha en las calles.

[2]  Macron, el « candidato del algoritmo » llegó al ridículo de decir « nuestras vidas valen más que las ganancias » retomando (y modificando) el eslogan de la LCR desde la campaña Besancenot.

[3]  Nos referimos a la ruptura de Révolution Permanente, que decidió salir del partido antes de la conferencia electoral de junio de 2021 para presentar la candidatura de Anasse Kazib. Una iniciativa que lejos estuvo de poder superar el antidemocrático límite proscriptivo de las 500 firmas de alcaldes y representantes.

[4]  http://socialismeoubarbarie.com/2022/02/12/un-meeting-reussi-avec-philippe-poutou-a-luniversite-paris-8/

[5]  Esta posición contrasta evidentemente con los llamados institucionales de Mélenchon y la Francia Insumisa a postergar los esfuerzos hacia las legislativas de junio, sin impulsar la pelea en las calles.

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