Europa: crecimiento de la ultraderecha entre la fragmentación y el abstencionismo

Las elecciones al Parlamento Europeo que culminaron este domingo desataron un cimbronazo político en todo el viejo continente. Los distintos partidos de la ultraderecha fueron los grandes fortalecidos de la jornada, marcada por una baja participación y una fragmentación que perjudicó en primer lugar a los gobiernos centristas.

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El terremoto sacude especialmente a Francia y Alemania, las dos principales potencias del bloque. En ambos casos, los grandes derrotados fueron los oficialismos de Macron y Scholz respectivamente, y los ganadores de la jornada los nacionalismos derechistas.

En Francia es donde los resultados produjeron un mayor impacto, al confirmarse que el presidente Emmanuel Macron resolvió disolver la Asamblea Nacional y convocar a elecciones anticipadas cuando aun resta más de la mitad de su mandato al frente del país.

El partido de Macron apenas arañó el 15%, obteniendo menos de la mitad de los votos que Reunión Nacional (RN), de la líder nacionalista y derechista Marine Le Pen, que se alzó con su mejor votación en la historia de ese partido, alcanzando el 31% de los votos.

A pesar del triunfo contundente de Le Pen, estos bajos porcentajes en el primer y segundo puesto reflejan una clara tendencia a la fragmentación política, que incluyeron un repunte inesperado del Partido Socialista y un hundimiento de la centro izquierda de Jean Luc Melenchon, que no alcanzó el 10%.

A pesar del llamado de Macron a adelantar las elecciones, la trasposición de resultados desde las elecciones europas a las nacionales es muy dificultosa. Por ejemplo, mientras que en los comicios del último domingo la participación rozó el 52%, en las últimas elecciones presidenciales fue veinte puntos superior.

En Alemania el escenario también se mostró fragmentado. El Partido Socialdemócrata (SPD), del Canciller Olaf Scholz, fue el gran derrotado de la jornada, quedando en tercer lugar, algo que no sucedía en décadas. Sus aliados en el gobierno, el Partido Verde, también se derrumbaron.

El primer puesto lo obtuvo cómodamente la centro-derecha tradicional de la Democracia Social-Cristiana (CSU), pero todos los reflectores se pusieron sobre el segundo puesto conquistado por la derecha filo-fascista de Alternativa por Alemania (AFD), que alcanzó el 16% y conquistó 16 bancas en el parlamento europeo.

El partido ultraderechista -que utiliza la bandera alemana con el águila que simboliza al Reich alemán- viene de protagonizar una serie de escándalos que, sin embargo, no lo afectaron en las urnas. Su principal candidato venía de elogiar a las SS del nazismo en la previa a la elección.

Tanto en Francia como en Alemania la ultraderecha se hizo fuerte con un discurso marcadamente xenófobo (y en particular islamófobo) y promoviendo políticas antiinmigratorias, así como también rechazando medidas para combatir el cambio climático y con discursos «antiglobalistas» de la economía.

En concreto, se trata de una situación paradójica, que abre una coyuntura extremadamente contradictoria en la UE: los grandes triunfadores de las elecciones europeas fueron los anti-europeistas.

De todos modos, estos triunfos son más políticos que legislativos, ya que los distintos bloques de la ultraderecha quedarán muy lejos de poder conformar una mayoría en el Parlamento Europeo, que seguirá dominado por la derecha y centro derecha tradicional. El segundo bloque de importancia continuará siendo el bloque social-liberal que reúne a partidos Socialdemócratas y neoliberales como la Renovación, de Macron.

En Italia, la ultraderecha de Meloni se alzó con el triunfo, pero con un escueto 28% y con una bajísima participación de apenas el 48% de los votos.

La excepción a la regla fue España, donde los franquistas de VOX incluso cayeron respecto a la elección anterior y no llegaron al 9% de los sufragios. El triunfo se lo llevó cómodamente el PP (34%), algo que se esperaba en medio de la crisis política que sufre el gobierno de Sánchez, que aun así obtuvo el segundo puesto con un 30%. La participación cayó un 11% respecto a las anteriores elecciones europeas, no pudieron alcanzar ni siquiera el umbral del 50%.

La baja participación en las elecciones europeas respecto de las elecciones nacionales benefició a la derecha, que conquistó un votante «activo», comprometido ideológicamente, contrario a la resignación y decepción del votante más afín al centro o a la centro izquierda, sectores que vienen sufriendo una crisis política en todo el continente.

En Polonia -quinto país en importancia en relación a la cantidad de escaños que reparte cada uno- la derecha conservadora de Ley y Justicia (oficialismo) y la centro-derecha europeísta obtuvieron casi un empate técnico, con un leve triunfo de estos últimos por apenas un punto de diferencia. En tercer lugar, con un 12%, se ubicó la ultraderecha anti-inmigración de Confederación. La participación fue de apenas el 40%.

Otro países donde la ultraderecha se hizo fuerte fue en Finlandia (24%) y en Holanda (17%), donde relegaron al partido del Primer Ministro al tercer lugar con el 11,6% de los sufragios.

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