El juicio a Lina E. y la influencia de la extrema derecha en la justicia alemana

Mientras crece la violencia de extrema derecha, el Estado alemán juzga y condena a una joven estudiante por el uso de la violencia contra notorios neonazis.

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Una joven activista de izquierda fue sentenciada el pasado 31 de mayo en Alemania a cinco años y tres meses de cárcel en un caso con el que, tanto los medios como los partidos tradicionales del país, incluyendo a la Socialdemocracia, han instalado la narrativa de un aumento en la violencia y extremismo de la “izquierda radical”. Pero, casi irónicamente, es notable el crecimiento e institucionalización que ha logrado en los últimos años la extrema derecha e incluso grupos neo-nazis, siendo sus grupos de choque organizados de los más reconocidos en Europa y el mundo actualmente.

El caso de Lina E., estudiante de 28 años, tomó carácter mediático tras ser arrestada junto a tres compañeros en 2020 como cabeza y miembros de una organización vagamente etiquetada como “Antifa”, en relación a seis ataques a figuras neo-nazis de alto perfil entre 2018 y 2020; se les acusa de haber herido al menos a trece personas. Los medios de derecha han llegado a mencionarla como “la extremista de izquierda más peligrosa de Alemania”, dando lugar a una inmensa campaña por parte de sectores políticos conservadores para denunciar el “terrorismo de izquierda radical” que se instala en el país.

Desde la persecución a la guerrilla urbana “Fracción Ejército Rojo” entre los años ‘70s y los ‘90s que no se veía un despliegue semejante, demostrando la importancia que han cobrado en los últimos años los sectores de extrema derecha en la discusión política alemana, su institucionalización e incluso influencias sobre la justicia. En este sentido, la acusación por parte del Estado alemán es realizada con base en el Párrafo 129 del Código Criminal, instalado en los años ‘50s en la República Federal como mecanismo de persecución a organizaciones y grupos comunistas. Establece que cualquier individuo que intente o sea parte de la conformación de asociaciones con “intención de cometer ofensas o daños” podría recibir hasta cinco años de prisión, tal como ocurrió el pasado mayo con Lina E. y sus compañeros.

Si bien no es nuestra política la acción directa individual como método de combate a la extrema derecha, está claro que en el caso de Lina E. se visibiliza la enorme polarización que recorre y crece en el mundo. Hay una mayor presencia y reconstrucción de las organizaciones y partidos reaccionarios o abiertamente neo-nazis, a la vez que surgen respuestas por abajo para enfrentarlos.

Pero lo que está ocurriendo en Alemania demuestra además una importante influencia de la extrema derecha sobre los medios de comunicación y la justicia. Son perseguidos por medio del Párrafo 129 varios grupos activistas de izquierda que lejos están de la violencia política. Es el caso de la persecución judicial contra el Centro para la Belleza Política, que fue directamente atacado por una campaña de Björn Höcke, líder de la reconocida organización de extrema derecha Alternativa para Alemania, por realizar una recreación del memorial a las víctimas del Holocausto al lado de su casa. El grupo fue perseguido sin fundamentos y eventualmente los cargos retirados, ya que se volvió evidente la influencia de las campañas de este líder de derecha sobre la justicia, que investigó como hecho criminal una instalación artística con intenciones políticas.

Un consenso en la línea que promueven los partidos tradicionales en Alemania, entre ellos la Socialdemocracia, es que hay un preocupante crecimiento de la violencia ejercida por «extremistas de izquierda» en el país. Sin embargo es admitido incluso por el Estado alemán que casos como el que condena a Lina E. han disminuido en un 39%, mientras que los hechos de violencia de la extrema derecha no solo son seis veces más que antes.

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