Declaraciones guerreristas cruzadas entre Rusia y EE.UU: «Una Tercera Guerra Mundial sería nuclear y devastadora»

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  • A medida que el bloque occidental recrudece sus sanciones contra Rusia y la guerra continúa, el Kremlin refuerza sus amenazas. ¿Puros juegos discursivos o riesgo real?

Renzo Fabb

Retórica disuasiva, maniobra de negociación o intención real de llevar el conflicto a un nuevo nivel. Las interpretaciones pueden ser diversas, pero lo cierto es que el pasado domingo Vladimir Putin ordenó a las fuerzas encargadas de operar el arsenal nuclear ruso de que adopten un «régimen especial de combate».

El tema atómico se ha vuelto cada vez más recurrente en los discursos provenientes del Kremlin desde que volvieron a estallar las tensiones con Ucrania. Desde que el bloque occidental comenzó a esgrimir severas sanciones económicas contra Rusia, las declaraciones han ido in crescendo: «Biden sabe que la única alternativa a las sanciones es la guerra nuclear», afirmó esta mañana el Canciller Ruso, Serguei Lavrov. Y advirtió: «una Tercera Guerra Mundial sería nuclear y devastadora».

Claro que por ahora la cosa no pasa más que por declaraciones, cuanto mucho por algunos movimientos que, todo indica, tienen como objetivo «marcarle la cancha» a EE.UU para que afloje un poco la soga de las sanciones económicas que buscan asfixiar a la economía rusa.

Los dichos de Lavrov suceden justo después del discurso del Estado de la Unión que profirió Biden. El Presidente demócrata dedicó la parte central de su discurso a la guerra en Ucrania: calificó de dictador a Putin, afirmó que el líder ruso «nunca estuvo tan aislado como ahora» y que «se equivocó» al considerar la desunión entre los países de la OTAN. «Estamos prevenidos para hacerle frente a Putin. Ahora que él ha actuado haremos que responda por ello. Los aliados le están causando dolor a Rusia», afirmó Biden. Además, habló de un mundo dividido entre democracias y «autocracias».

Aunque el Presidente de EE.UU. volvió a reiterar que su país no se involucrará militarmente en Ucrania, la aparente superación de las divisiones internas entre los países de la OTAN han permitido que el bloque occidental avance con sanciones más duras -como el retiro de los bancos rusos del sistema SWIFT- así como un margen de ayuda mayor hacia el ejército ucraniano, enviando armamento y tecnología.

El discurso de Biden pareció expresar una actitud más decidida y confrontativa del bloque de países liderado por Estados Unidos para con Rusia, en contraste con la indecisión -y la mirada atónita- que pareció primar en un primer momento y que llevó a Zelensky a afirmar que «lo habían dejado solo». Ahora, el Presidente ucraniano manifestó su agradecimiento con Biden en las últimas horas, reflejando el cambio de posición de los aliados de la OTAN. Pero esto puede abrir la puerta a que el conflicto se recrudezca y se amplíe. Aquí es donde entran las amenazas rusas.

Por ahora, pueden ser vistas como meras bravuconerías. Pero son las bravuconerías de una potencia nuclear…

¿Juegos retóricos o amenaza real?

Si Estados Unidos logró «cerrar filas» dentro del bloque occidental -una cuestión que no estaba para nada saldada al principio, con países como Francia o Alemania muy reticentes a enfrentarse de manera abierta con Rusia- esto hizo acrecentar los nervios en el Kremlin, que ya comienzan a temer que una parte de la alta burguesía rusa aliada a Putin comience a «saltar del barco» al ver sus negocios derrumbarse por las sanciones económicas.

Rusia parece apostar a un incremento de sus amenazas en caso de que no se satisfagan sus «reclamos de seguridad», así como redobla su operación militar en territorio ucraniano. Con esto busca forzar a Zelensky (bajo las órdenes de EE.UU.) a que se siente en la mesa de negociaciones.

En todo este contexto es que deben leerse las bravuconadas de Putin y de Lavrov acerca de la posibilidad de una guerra nuclear. ¿Cuan en serio hay que tomarse estas advertencias?

Por un lado, está claro que el conflicto se disputa en dos frentes simultáneos: el de la guerra y el de la política. Rusia apuesta a su superioridad militar para aplastar al gobierno ucraniano. Pero la OTAN cuenta a su favor con que la invasión rusa ha generado una ola de repudio global al accionar de Putin. La legitimidad política de Putin a los ojos del mundo se encuentra más baja que nunca.

Esto podría darle a la OTAN una oportunidad inesperada: la de avanzar aun más con su presencia en Europa del este. Países como Finlandia o Suecia se encuentran hoy más cerca de la OTAN que hasta hace una semana. Por ahora, es un resultado paradójico para Putin, que buscaba con su incursión militar precisamente lo contrario.

Claro que no está dicha la última palabra, y si Rusia efectivamente logra tomar Kiev y desarmar al gobierno de Zelensky -algo que continúa siendo lo más probable dada la superioridad militar rusa-, el bloque occidental se verá obligado a tomar una actitud más negociadora y atender en alguna medida los reclamos del Kremlin.

Esto significa que, aunque las amenazas y la retórica guerrerista acerca del riesgo inminente de una guerra nuclear sean hoy más una táctica discursiva para incrementar la presión sobre el rival que otra cosa, eso no significa que si Rusia queda demasiado contra las cuerdas pueda convertirse en un riesgo real.

Recordemos que aquí no está en juego las ambiciones y la codicia de un dictador malévolo, como la prensa occidental quiere pintar a Putin, sino algo mucho más profundo: la disputa por el «reparto del mundo» de las potencias imperialistas en competencia y sus zonas de influencia. Están en juego no sólo los proyectos políticos, sino la dominación económica y la vida de millones de personas.

Esto no necesariamente significa el desencadenamiento de una guerra nuclear, pero sí la apertura de un conflicto de dimensiones mucho más grandes con consecuencias y alcances desconocidos.

Pero, ante todo, lo dicho por el funcionario ruso es una advertencia. La OTAN no intervino directamente en Ucrania de manera militar porque sabe que significaría una confrontación a gran escala entre las principales potencias militares del mundo, lo que haría de Ucrania apenas un detalle de un conflicto inter-imperialista mucho más amplio. De desencadenarse una lucha militar como esa, los insondables peligros del uso de armas atómicas sería algo más cercano a lo que parecía posible apenas hace unas semanas. 

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