Colombia: la centroizquierda de Petro gana las legislativas y se acerca a la presidencia

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  • Luego de un proceso de movilización popular sin precedentes, las elecciones del domingo vinieron a expresar la bronca y el rechazo hacia el uribismo y la narco-derecha que gobierna el país hace décadas.

Renzo Fabb

El centro-izquierdista Gustavo Petro fue el gran ganador de las elecciones del pasado domingo. Al igual que Boric en Chile, Colombia queda a las puertas de romper con una hegemonía neoliberal de décadas gracias a la rebelión popular.

La cita electoral del último domingo no fue una más para Colombia: se trataron de las primeras elecciones en el país luego de la histórica rebelión popular que puse en jaque al gobierno de Iván Duque y su plan de políticas neoliberales.

Luego de un proceso de movilización popular sin precedentes, las elecciones del domingo vinieron a expresar la bronca y el rechazo hacia el uribismo y la narco-derecha que gobierna el país hace décadas.

El vehículo para expresar tanto ese rechazo como un fuerte sentimiento de cambio en el país fue Gustavo Petro, el gran ganador de la jornada y representante del progresismo en el arco político colombiano.

La coalición Pacto Histórico, liderada por Petro, se alzó con el primer lugar en las elecciones para el Senado con el 14,14% de los votos y para la Cámara de Representantes con el 15,61%. El oficialismo uribista agrupado en el Partido del Centro Democrático se desplomó hasta el último lugar.

En un país que fue uno de los bastiones de la derecha latinoamericana cuando el continente atravesaba una ola de gobiernos progresistas, el triunfo de Petro significa el mejor resultado para la centro-izquierda en la historia de Colombia.

De este modo, con los guarismos del último domingo, la coalición Pacto Histórico se transformó en una de las fuerzas dominantes en el Senado, y la segunda minoría en la Cámara de Representantes.

Pero, además, en conjunto con las elecciones de medio término se realizaron las primarias o consultivas partidarias, que dejaron planteado el escenario de cara a las (muy) próximas presidenciales del 29 de mayo. Petro ganó la nominación a la candidatura presidencial por amplio margen en su coalición.

La interna de Pacto Histórico fue la que más votantes movilizó: casi seis millones. Petro arrasó su interna con más del 80% de los votos.

Si en esa próxima contienda se repitieran resultados similares, Gustavo Petro podría ganar la presidencia incluso en primera vuelta. Lo que significaría un hecho histórico para Colombia y un dato político de profunda relevancia en la región.

Polémica por los «Curules de Paz»

Otro de los datos sobresalientes de la elección fue la votación en los llamados «Curules de Paz» o Zonas Especiales de Paz, que son aquellas regiones del país especialmente afectadas por la violencia paramilitar. Para estas elecciones se creó un régimen especial que las divide en 16 regiones, y cada una de ellas pudo elegir a un Representante para la Cámara Baja.

Una de las mayores polémicas fue el triunfo en el Curul de César-Magdalena de Jorge Rodrigo Tovar, hijo del infame líder paramilitar «Jorge 40», uno de los más sanguinarios comandantes de las Autedefensas Unidas de Colombia (AUC), un grupo paramilitar con lazos con el uribismo al cual se lo relaciona con casi 100.000 asesinatos en las zonas rurales de Colombia.

Jorge 40 fue condenado por numerosos delitos y extraditado a los Estados Unidos. La Justicia colombiana lo procesó por desplazamiento forzado, homicidio, tortura, desaparición forzada, reclutamiento ilícito y destrucción y apropiación de bienes protegidos, pero luego fue expulsado de ese mecanismo y extraditado.

Ante la candidatura de su hijo, numerosas organizaciones campesinas y DD.HH. presentaron denuncias para impedir su postulación, argumentando que los Curules de Paz fueron creados para que las víctimas, y no los victimarios, sean los que obtengan representación parlamentaria. Pero la Justicia Electoral autorizó la candidatura de Tovar al considerarlo también una víctima del «conflicto armado».

Colombia y el espejo latinoamericano

El cada vez más probable triunfo de Petro no sería una alternancia política más. Luego de décadas de gobiernos neoliberales que gobernaron poniendo en pie un Narco-Estado apoyándose en el Ejército y las fuerzas paramilitares, el potencial gobierno de Petro se presenta como una ruptura con esa hegemonía neoliberal que instauró un régimen político de cuasi guerra civil, de carácter fuertemente represivo y autoritario.

Claro que de gobernar Petro se puede dudar fuertemente de que tenga la voluntad o la fuerza efectiva para desmontar los lazos orgánicos entre el Estado, el narco y las milicias paramilitares.

El inmenso proceso de movilización popular que estalló el 28 de abril del año pasado cuestionó el régimen político hasta sus cimientos. Mirándose en el espejo de la rebelión chilena de octubre de 2019, miles, millones de colombianos salieron a las calles anunciando que «Colombia despertó» y rechazaron las reformas neoliberales de Duque. Tuvieron que renunciar varios ministros y hasta el propio Presidente estuvo en la cuerda floja producto de que la rebelión popular no se dejó amedrentar por la salvaje represión policial, militar y paramilitar.

La potencial victoria de Petro no sólo significaría un cambio histórico para la política interna de Colombia, sino también un dato significativo para el tablero político latinoamericano.

Si luego de la hegemonía de los gobiernos progresistas de le década 2003-2013 la derecha intentó reagruparse y conseguir nuevamente llegar al poder en varios países, el «rebote a derecha» fue tan débil e inestable que apenas logró hacer pie, como en Argentina (Macri no logró la reelección), así como subsiste, muy aislado, en el Brasil de Bolsonaro (con altas probabilidades de que pierda contra Lula este año). A esto hay que sumarle la llegada al poder de Pedro Castillo en el siempre inestable Perú.

Pero el dato de mayor volumen político de los últimos años ha sido sin duda la llegada al gobierno de Chile de la coalición centro-izquierdista liderada por Gabriel Boric, recientemente asumido en el cargo. La llegada de Boric, un ex-activista estudiantil proveniente de la centro-izquierda progresista e impulsado por la tremenda rebelión popular de 2019, ha roto con la hegemonía bipartidista neoliberal que dominó en el país trasandino desde el fin de la dictadura de Pinochet.

Ahora, Colombia está muy cerca de repetir los pasos de Chile, si finalmente las elecciones de mayo confirman a Petro como el próximo presidente. Si eso sucede, los dos bastiones históricos de la derecha latinoamericana que «resistieron» a la hegemonía progresista de principios de siglo (Chile y Colombia) sufrirán cambios políticos inéditos para las últimas décadas. Eso deja aun más aislado al bolsonarismo en Brasil y sus cada vez más complicadas chances de un segundo mandato en el poder.

De triunfar Petro, los dos países baluarte de la derecha en medio de la «ola progresista» (Chile y Colombia) desbancarían la hasta hace poco incuestionada hegemonía de las diversas variantes de neoliberalismo. 

Sin embargo, las expectativas frente a gobiernos como el de Boric en Chile o un potencial gobierno de Petro en Colombia pueden llegar a chocarse con la realidad. Estas figuras de centro-izquierda, al igual que sus pares de otros países hace algunos años, han podido realizar tal o cual política de corte «redistributivo», pero con impacto muy limitado. Aunque con matices, en todos los casos ninguno de estos gobiernos de países latinoamericanos que surfeó la «ola progresista» cuestionó algún aspecto de fondo del capitalismo atrasado, desigual y subordinado al imperialismo.

Las rebeliones como las de Chile y Colombia comienzan ahora a hacer su propia experiencia política con gobiernos y figuras que reconocen más bien como «propios». Pero por más genuina simpatía y expectativas que estos sectores despierten en las clases populares y los trabajadores, pretenden gobernar junto a la clase capitalista, sin tocar sus intereses de clase dominante. Para hacer realidad las demandas más profundas de las rebeliones latinoamericanas hay que romper con el capitalismo.

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