Brasil y el futuro de la izquierda

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  • Intervención editada de Roberto Sáenz en el marco de una reunión pública de la Tendencia Socialismo o Barbarie. En rechazo a la capitulación de la dirección del PSOL al lulismo.

Roberto Saenz

La dirección del PSOL prepara lamentablemente una capitulación histórica: llegar a un acuerdo para ser parte de un próximo gobierno del PT en alianza con figuras históricas de la burguesía y la centro derecha. La Tendencia Socialismo o Barbarie viene rechazando este curso que comenzó con la negativa a nominar un candidato presidencial para la primera vuelta y realizó la semana pasada una reunión pública con esta posición. Roberto Sáenz, dirigente del Nuevo MAS y la corriente internacional Socialismo o Barbarie, participó de la reunión. Presentamos su intervención por escrito. 

Video de la reunión

Más sobre este debateBrasil: los elásticos “límites” del posibilismo y Debate con Valerio Arcary, de Resistencia-PSOL

Voy a tratar de hacer un diálogo con ustedes para sumar un número de elementos en la reflexión sobre los desarrollos en Brasil.

El oportunismo y la lógica del mal menor tienen una serie de presupuestos que van más lejos de Brasil. Yo siempre que vengo digo lo mismo: Brasil es muy grande, pero el mundo es más grande. En las fronteras de Brasil no termina el mundo, ni es el país más importante del mundo evidentemente, aunque es uno importante.

Pero uno piensa en Lula, el PSOL, en la lógica del campismo y piensa en determinados supuestos históricos y políticos(determinada estabilidad en el mundo que no está escrito que siga siendo igual). La lógica liberal-social de que lo que hay es lo que se puede y nada más, y de gestionar el capitalismo, se basa en ciertos presupuestos que hay que ver cómo evolucionan en un mundo que está transformándose y puede poner en cuestión esos presupuestos no revolucionarios.

Estos presupuestos se expresan en varias cosas, por ejemplo, que nada de estos desarrollos que ocurren en Brasil se darían exactamente de esta manera si el factor lucha de clases no fuera más importante de lo que es actualmente.

Acá vemos que hay un factor que está ausente. El campismo es así: lo más malo y lo menos malo. La izquierda revolucionaria no es campista, no elige entre lo más malo burgués y lo menos malo burgués. Elige la lucha de clases, que no es campismo, es clase trabajadora contra burgueses; es otra la ecuación.

Lo que pasa es que en Brasil la ecuación clase trabajadora, movilización de masas, rebelión, acción independiente, pasar por arriba de la burocracia, toda esa ecuación está debilitada. Uno viviendo en Argentina lo que ve en Brasil es todo por arriba, todo en Brasilia, en el parlamento, en el parlamento… Y eso no es sólo el PT, es también el PSOL, es Resistencia, es el MES… «No podemos salir del PSOL porque sino no hay diputados, no podemos, no podemos, no podemos». Ese pensamiento existe porque el nivel de lucha de clases es bajo.

Entonces la pregunta sería si ese nivel de lucha de clases va a permanecer mecánicamente igual. Porque ese factor es el que explica el lulismo, y es lo que reenvía a qué es lo que pasa en el mundo. El factor independiente, estratégico, de la lucha de clases, no entra en la ecuación.

Uno ve Brasil, ve el debate en el PSOL, en Resistencia, lee los textos, y lo que uno no ve es un debate sobre el contexto internacional y sobre la lucha de clases.

¿Qué pasa en el contexto internacional? Está cambiando. Las bases más importantes de la estabilidad capitalista están entrando en crisis. Las bases de la política de todos los días de los últimos cuarenta años, no están completamente vaciadas pero están entrando en crisis.

Por ejemplo, no hay tiempo hoy de desarrollar y no sé bien como hacer una diagonal con ustedes porque vengo de afuera, pero hay guerra en Europa; ese es un factor nuevo muy complejo. La guerra en Ucrania mina la estabilidad europea, que sigue siendo el centro cultural del mundo. Es un dato importante: ¿hasta dónde va a llegar ese minado de la estabilidad en Europa, que sigue siendo el centro político y cultural del mundo aunque ya no el económico? No lo sabemos.

Porque la política oportunista se basa en la naturalización de una serie de elementos de estabilidad. ¿Hasta qué punto la guerra en Ucrania mina esa estabilidad? Minar la estabilidad quiere decir generar fenómenos políticos de acción directa entre las clases, tanto por izquierda como por derecha. Por derecha ustedes tienen a Bolsonaro, que como bien dijo Antonio Soler, es un peligro (lo mismo que Orban, por ejemplo en Hungría y casos así[1]), pero tienen menos por izquierda. Tienen más reformismo, más posibilismo por izquierda y menos extrema izquierda (izquierda roja, revolucionaria). El posibilismo, ¿cuán realista sigue siendo? ¿Me siguen? ¿Cuánta posibilidad de convencer de que hay que sacar migajas para la clase trabajadora sigue teniendo el posibilismo? Es una duda de importancia. Soler ya dijo, las condiciones económicas son distintas que en los años 2000, pero esto que les señalo es otro desdoblamiento: ¿Cuánto tiempo más la conciencia del movimiento de masas va a ser posibilista? ¿Cuánto tiempo más la conciencia de sectores de vanguardia de masas no va a ser revolucionaria? ¿Cuánto está ligada la conciencia no revolucionaria a la estabilidad capitalista neoliberal? ¿Y cuáles son las condiciones de continuidad de esa estabilidad capitalista neoliberal en la que viven el PT y Bolsonaro, aunque Bolsonaro es una alerta por la extrema derecha de que esa estabilidad está siendo minada?

Eso es un gran interrogante. Hay cambios en el mundo. No sé cuánto se discutió en Brasil el tema Ucrania, en Argentina se discutió mucho, es un tema nuevo. Es la guerra europea más importante desde 1945.

La economía mundial, afectada también por ese conflicto. ¿Cuál es el umbral, el límite, para que en Brasil -visto desde afuera y exagerando- no “pase nada”? ¿Cuáles son las condiciones de la estabilidad brasilera?

Porque la condición de la estabilidad es clave para Lula y el lulismo. Ese es un interrogante grande porque no se puede dar por sentado que se rompan esas condiciones, pero tampoco que duren eternamente… No se pueden dar por sentado esas condiciones, pero tampoco que vayan a cambiar; no lo sabemos. Somos revolucionarios, no vivimos del oportunismo, vivimos de la lucha de clases. SoB es una corriente internacional todavía incipiente pero revolucionaria; vivimos de la lucha de clases, no del aparato. No es una corriente con un montón de rentados, con un montón de dinero, con un aparato desproporcionado que nos meta presiones, no tiene esa perspectiva. Es una corriente militante.

Entonces, las bases de la estabilidad capitalista, políticas y económicas, se están minando objetivamente. Subjetivamente, todavía no, es verdad (ese es el gran problema: las condiciones objetivas de la estabilidad internacional se están minando pero las subjetivas aun han variado poco). Todavía la escena política está dominada por los Lula, por los Boulos, por Cristina Kirchner, por Boric, la «izquierda caviar» como le dicen en Perú al progresismo.

Boric, el primer presidente de Chile tatuado, qué se yo, como si eso fuera progresivo en sí mismo o marcara una diferencia con el resto del progresismo. Boric es muy centrista. Mandó a dar la cara a la Ministra de territorios al sur de Chile, que está en Estado de emergencia, en Estado de Sitio permanente por el conflicto con los mapuches. ¡La recibieron a los tiros! Se fue corriendo de vuelta a la Moneda, a la Casa de Gobierno. Ella quería ir a hablar sin levantar el Estado de sitio, sin hacer ninguna concesión…

Y no Boric, aunque tengas un tatuaje, “cambia la política o fuera” le respondieron. ¿Me entienden la idea? El gobierno de Lula-Alckmin va a ser ruin, va a ser agente directo del neoliberalismo, porque no hay margen.

La Ministra de Boric no puede dialogar con el pueblo mapuche, y si les levanta el Estado de sitio, si les reconoce el derecho a la autodeterminación, se le pone toda la burguesía en contra. Porque en el caso de los mapuches -al igual que Bolsonaro, pero por la izquierda- son una fuerza extraparlamentaria y no puramente institucional como los Boric.

La discusión que yo les traigo es: ¿hasta cuándo las fuerzas de la izquierda como el PSOL van a ser sólo cretinamente parlamentaria y sin militancia orgánica alguna? Y a partir de cuándo va a empezar a ser también extraparlamentaria, que no quiere decir ser ultraizquierdista, pero quiere decir que tiene trabajo legal e ilegal. Que su punto más fuerte es la acumulación militante y no el parlamento en Brasilia, aunque también los queremos tener sin duda alguna.

Esa es la cuestión: hasta cuándo la política va a ser sólo parlamentaria y qué fuerzas sociales van a empezar a ser extraparlamentarias. En Brasil la izquierda todavía no es extraparlamentaria; no tiene prácticamente peso orgánico (el PSOL solo talla –o tallaba- electoralmente, por arriba, lo que es muy importante pero estratégicamente no alcanza). A diferencia de Argentina, donde más allá de las diferencias la izquierda sí tiene acumulación orgánica y también tiene parlamentarios.

En Brasil no, el PSOL nunca fue una fuerza militante, nunca lo fue. Es una fuerza de izquierda que está a punto de perder la independencia, pero es básicamente parlamentaria. El PSOL tiene valor si se mantiene independiente, si entra en las listas de Lula, pierde su valor, ya no es independiente. ¿Para qué sirve si pierde lo único que tiene? Porque el valor que tiene, que es muy importante y no es secundario, es que es independiente ¿Si no, para qué sirve? Si pierde ese valor, pierde todo.

Pero eso reenvía nuevamente a la misma pregunta, lo que hace que para nosotros la cosa sea distinta, la pregunta por el límite de la estabilidad en Brasil. Si ese límite cambiara, cambiaría todo. Nuestra apuesta es esa, aunque no depende de nosotros. Somos revolucionarios: apostamos a que haya un factor que entre en escena y que rompa las cristalizaciones actuales, las inercias actuales, la dramática presión oportunista actual, a que todo ocurra por arriba y nada por abajo. Y ese factor es la lucha de clases.

Que rompa la falsa elección entre Bolsonaro y Lula – Alckmin, que ponga sobre la mesa un tercer actor (cuando ese tercer actor apareció en la mini-rebelión del 2013 el PT lo reprimió, lo consideró de “derecha”…).

El tema es que existe una modificación del mundo, aunque todavía subjetivamente no está esa modificación, eso es verdad. Y eso hace las cosas difíciles para los revolucionarios, obvio, pero no significa dejar de ser revolucionarios. Sin sectarismo acompañamos la ruptura del PSOL hacia la izquierda en 2003, pero no vamos a acompañar el giro a la derecha en el 2022 –la adaptación total al mal menor y al régimen político y la conciliación de clases-.

¿Para qué entrar en un frente electoral de conciliación de clases que aspira a gobernar… si no es para entrar al gobierno? ¿Qué sentido tiene? No tiene ninguna lógica. Porque la presión es ya feroz y va a ser peor. Una presión feroz que arrancó de la capitulación de no nominar candidato presidencial del PSOL para la primera vuelta, continúa con la federación con la REDE y culminaría con el ingreso del PSOL a la coalición electoral con Lula y Alckmin: “Vencer en las elecciones es sólo el primer paso. Más allá de eso, necesitamos un programa que derrote, al mismo tiempo, el neoliberalismo y la extrema derecha. Para ser implementado, ese programa enfrentará la resistencia de sectores poderosos, lo que va a exigir disposición para el conflicto y la movilización popular’, afirma Juliano Medeiros, presidente nacional del PSOL, que compondrá la comisión de negociación [con el PT] junto con la diputada federal Taliria Petrone y Guilherme Boulos” (“Ejecutiva Nacional do PSOL aprova pontos programáticos para construcâo da unidade das esquerdasnaselecôes de 2022”[2]).

En política, las cosas son concretas. Boulos se baja de ser gobernador de San Pablo, porque el PT se quiere asegurar la figura de Haddad, que tiene más posibilidades de disputar la gobernación porque tiene los votos de Alckmin, que tiene su peso. Y como Boulos se baja le dan un premio: “si ganamos la elección vas a ser Ministro de Vivienda así acumulas experiencia de gestión y en 2024 candidato por el PT a la intendencia de San Pablo”… ¿Cuántas viviendas se pueden construir administrando el neoliberalismo brasilero[3]?

Por lo tanto, en esta dinámica se liquida el PSOL. Al gobierno de Lula le va mal. ¿Quién lo capitaliza? Todos van a cargos y ministros; se liquida la independencia de clase. Es cierto que podríamos llamar a votar sin entrar en la fórmula del frente amplio popular, a Lula en la primera vuelta. Las razones: Bolsonaro se recupera, Lula baja y está parejo, y entonces el PSOL llama a votar en primera vuelta a Lula y desiste de su candidatura. No estamos de acuerdo con esta posición, pero no afecta los principios mientras que el PSOL se mantenga independiente.

Supongamos que gana Lula. ¿Y qué dice al otro día de su triunfo? “No puedo hacer nada porque Bolsonaro sacó muchos votos”; “desestabilizo el país”; “no tengo mayoría en las cámaras” y blablabla. Se avizora un gobierno de Lula más ruin que los anteriores. ¿Y quién es la alternativa? Si vos liquidaste el PSOL, si el PSOL entró al frente oficialista, ¿quién queda de alternativa? ¿SoB? Ojalá, pero nos queda un poquito grande. ¡La alternativa es Bolsonaro compañeros! ¡Si el PSOL entrega su independencia de clase, si se somete al PT, se acaba como alternativa por izquierda, se liquida como alternativa por la izquierda[4]!

En Argentina, la alternativa a los K es Juntos, Macri. Es de vuelta la alternativa porque el gobierno de Alberto Fernández es una vergüenza. Lógico: esto si el peronismo y la burocracia impiden que talle la lucha de clases, que es el factor independiente de la ecuación en la Argentina y Brasil (mismo rol capitulador de Lula, el PT y la CUT que han impedido que a Bolsonaro se lo eche con la movilización; que impiden derrotarlo ya para evitar un zarpazo reaccionario de este antes de la elección o inmediatamente después de ella).

¡Si gana Lula y el PSOL es deglutido, está el peligro que gane nuevamente Bolsonaro en cuatro años, y que sea mucho más fuerte! Esa es la dinámica, ese es el peligro al liquidar al PSOL como alternativa por izquierda. Se liquida al PSOL por los cargos; es una vergüenza. Se liquida su independencia, se deja a los trabajadores y la vanguardia sin alternativa a la izquierda… Entonces la alternativa es la extrema derecha; así funciona la dinámica de la polarización creciente hoy en el mundo[5].

¿Y todo para qué? Si Lula no necesita al PSOL para ganar. Y sí necesita la vanguardia al PSOL para tener una alternativa independiente. Es una capitulación tremenda que no deja ninguna alternativa a izquierda. Por cargos, por oportunismo. A Lula no le cambia nada, pero vos dejaste sin alternativa estratégica al país. Entonces la alternativa estratégica pasa a ser nuevamente Bolsonaro (en el escenario que pierda la elección y que no intente un golpe). Ese es un problema, porque vos tenés a la extrema derecha pero no a la extrema izquierda. Ese es un peligro; puede preparar una derrota histórica en Brasil una vez que Lula (y Alckmin) vuelva a defraudar: “(…) no poner la estrategia quietista y entreguista del lulismo como componente de la ecuación que nos hizo llegar hasta aquí es parte fundamental del desarme político que quiere imponer la mayoría de la dirección del PSOL para llevar al partido a una alianza electoral con el PT y aniquilar así su independencia política” (“Brasil: séptimo Congreso del PSOL, Antonio Soler, izquierdaweb, 9/10/21).

La discusión no es simple; es difícil. Es verdad que estamos en minoría en el cuadro de polarización entre Bolsonaro y Lula (Arcary habla del “aislamiento galáctico” en que quedaría el PSOL en caso presentar candidato presidencial; pero un aislamiento electoral en votos hoy puede ser una conquista política a mediano plazo si se afirma la independencia del posible nuevo gobierno del PT y cÍa.[6]).

Pero no podes quedar sin alternativa estratégica. El PSOL se adapta demasiado a las condiciones actuales de la lucha de clases en Brasil perdiendo de vista las perspectivas estratégicas; las condiciones históricas de la lucha de clases.

Por supuesto que uno, en política revolucionaria, no puede desconocer las condiciones actuales –concretas- de la lucha de clases, porque sino sería un mero propagandista, un abstracto. Pero tampoco se puede perder de vista las condiciones estratégicas. La política revolucionaria establece un punto de encuentro y de intersección –una suerte de arco- entre las condiciones actuales y las perspectivas estratégicas[7]. Si no tenes una alternativa estratégica entonces lo que haces es administrar el sistema; administrar lo que existe.

De ahí que sea un desastre la afirmación de Arcary que “No se puede luchar contra Bolsonaro y, al mismo tiempo, anticipar una lucha de oposición de izquierda a un posible y futuro gobierno de Lula en 2023” (“Aflicôes revolucionárias”, esquerdaonline, 18/02/22)… Esta afirmación es oportunista: no entendemos porque una corrientes revolucionaria no podría plantarse contra Bolsonaro y, al mismo tiempo, sostener una alternativa independiente de Lula y Alckmin.

Esa es la discusión. Si el PSOL pierde lo único que tiene a su favor, su independencia, no lo podemos acompañar. La corriente SOB no puede acompañar al PSOL a entrar en las listas con Lula. Hay límites de principios. Entrar en una coalición de frente popular con la burguesía es traspasarlos (Trotsky le facturó al POUM haber entrado al frente popular en España por “sólo” quince días…).

El Frente Popular es la renuncia a la idea de que la clase obrera pueda gobernar por sí misma, autodeterminarse (es decir, que no pueda pasársela sin burgueses arriba de ella aunque sea la “sombra de la burguesía”…Sin embargo, Alckmin, por lo demás, es muchísimo más que eso: es una de las principales figuras burguesas en Brasil en las últimas décadas).

Lo dijo muy bien Renato Assad: es la idea que la clase obrera sólo puede ser huérfana. Esa es la idea: la clase obrera es como un niño, que solo puede ser tutelado. No puede autogobernarse. Encima una concepción de la niñez reaccionaria, porque nosotros respetamos a los niños, los concebimos con más autodeterminación que las viejas familias burguesas… Y bueno, si la clase obrera solo puede ser tutelada… “compartimos la tutela con Alckmin” (ese es el razonamiento íntimo de Lula y el PT). La clase burguesa, al revés, “sí puede gobernar”. “Entonces gobernamos junto con la burguesía y tutelamos juntos a la clase obrera” (repetimos: esta es la ubicación política y psicológica –por así decirlo- de la burocracia lulista y de toda burocracia reformista).

Nosotros queremos que la clase obrera no sea más tutelada, lo que es una idea profunda porque es la idea de la auto-emancipación. Opinamos que la clase obrera y los explotados pueden gobernar y cambiar el mundo. Es muy profundo, y eso no lo entiende nadie. O lo entienden de manera abstracta, no tan concreta.

Nosotros tenemos la perspectiva estratégica de que a la clase obrera no la tutela nadie, se autogobierna. El frente amplio, el frente popular, es reafirmar el criterio de tutelaje: «la clase obrera solo puede ser gobernada por nosotros». Por supuesto, Lula afirma: «soy mejor gente que Bolsonaro, vamos a darles algunas concesiones, los vamos a tratar bien», un papá severo pero bueno: «los vamos a castigar sólo cuando se portan mal», cuando hay lucha… Si se portan bien y no hay lucha, vamos a darles algo. Eso es una perspectiva horrible. Nosotros queremos una clase obrera emancipada, no tutelada. Es profundo, una perspectiva opuesta.

Estos principios no son solo nuestros; se supone que son de la izquierda en general… Es más, la liberación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos es Marx; no tiene nada que ver con Lula. Lula dice: «si a los empresarios les va bien, a los trabajadores les va bien». Pero eso no es socialista, eso es cualquier cosa, es lo que dicen todos los burgueses[8].

No tiene nada que ver con la clase obrera. Lula dice que nunca vio en la historia otra cosa, pero es mentira; es un mentiroso profesional. Nunca vio una revolución, porque es anti-revolucionario. Es vivo, muy vivo, pero es anti-revolucionario.

La situación es grave. Eventualmente vamos a pasar por una etapa de cierto aislamiento, es inevitable, aunque todavía los desarrollos del PSOL no están del todo puestos y, por lo demás, se está organizando un reagrupamiento a izquierda del cual somos protagonistas.

Sin embargo, es factible que un sector que vote a Lula, de la vanguardia o incluso de las masas, el año que viene, cuando hagan la experiencia con Lula y Alckmin, giren a la izquierda(obviamente que esto va a depender de que se dinamice también la lucha de clases[9]). Nuestra apuesta estratégica es esa, es difícil, obvio. La lucha de clases es apasionante, pero no es fácil.

SoB puede forjar cierto prestigio si se mantiene firme, sin ser sectarios. Tratando de dialogar, reconociendo que va a estar presente el peligro de Bolsonaro, reconociendo que vamos a estar en la calle con el PT, el PSOL, si hay un zarpazo reaccionario antes de las elecciones o después, que vamos a un escenario de unidad de acción si hay intentos puchistas, que vamos a hacer denuncias pero también exigencias, en fin, todo eso vamos a hacer. Lo que no vamos a hacer es acompañar un frente de colaboración de clases. No cuenten con Socialismo o Barbarie para un frente con la burguesía.

No estamos dispuestos a decir que pueden haber medidas “anticapitalistas” en un gobierno de Lula… No escuché nada más estúpido y más mentiroso[10]. Cualquier medida anticapitalista requiere ser independiente de la burguesía; la movilización revolucionaria. Ni siquiera medidas antiliberales va a haber. ¿Qué interés del capitalismo afectó Lula alguna vez en su historia? Jamás, porque significaría una movilización revolucionaria (la única movilización real que se le conoce, muy a comienzos del PT, es la movilización por las elecciones directa en 1984, un reclamo democrático aunque genuino pero que no se logró). ¿Vamos a condicionar a Lula con el programa de quién, del PSOL? Es estúpido, es como que una cucaracha condicione a un hipopótamo (es una hipótesis falsa de trabajo, de leso realismo revolucionario[11]).

Lula no está preocupado por lo que piensa Arcary. Estará preocupado por si el capital financiero lo elige más a el que a Bolsonaro o a una tercera vía. O estará preocupado de que si llega a haber más lucha, algunos lo cuestionen. No va a estar preocupado por lo que escriba Valerio en el blog de Esquerda Online (por otra parte, aprovechamos la ocasión para reiterar que Arcary no clarifica si se oponen a una alianza electoral con Lula y Alckmin o no. Afirma que “La chapa Lula/Alckmin es un ‘frente amplio’, un frente encabezado por el principal partido de izquierda con un líder político burgués (…)”, Fórum, ídem, pero no clarifica su indisposición a entrar en un frente así[12]).

El hipopótamo nunca puede estar preocupado por una cucaracha; hay proporciones en política. Ahora bien: la cucaracha puede transformarse en un hipopótamo, pero sobre la base de la lucha de clases. Con política revolucionaria y construcción orgánica en el seno de la clase y la juventud (la discusión sobre las leyes constructivas revolucionarias es fundamental en Brasil porque la desproporción entre el peso electoral relativo y el peso orgánico de la izquierda es dramática en dicho país[13]).

Estas discusiones son fundamentales. No hay que dejarse arrastrar por la marea. Evitando el sectarismo, dialogando. Hay que explicar, hay que convencer, porque partimos de una posición minoritaria. Hay que hacer un esfuerzo de pedagogía. Hay una cosa interesante que dice Joan Machado (referente de la corriente interna del PSOL Comuna): hay que aprovechar la campaña electoral para intentar mínimamente que avance la conciencia de clase.

¿Cuál sería –es- nuestra campaña electoral? Hay que derrotar a Bolsonaro, porque es un peligro. Si nos vemos obligados, incluso votaríamos a Lula en primera vuelta (en el caso las encuestas los pongan en paridad, lo que para nada es el escenario actual). Porque está el peligro de que Bolsonaro gane. Sin embargo, de momento no es el caso y, además, hay que abrir una vía independiente. Porque no tenemos confianza en Lula, aunque respetamos a los millones de trabajadores que sí lo hacen. Pero como Lula ya gobernó y no tomó medidas realmente populares, preferimos preservar el PSOL como alternativa independiente. Si Lula va correcto, mejor… Si Lula no cumple, está esta herramienta. Esta discusión no es tan incomprensible ni propagandística: “Después del golpe de Estado de 2016, con el PSOL y el PT en la oposición, una cierta reaproximación entre los dos partidos fue inevitable en razón de las luchas concretas a llevar adelanta contra Temer-Bolsonaro y del cambio de orientación que el PT, rechazado a nivel federal hacia la oposición por su antiguos aliados, no podía dejar de hacer. Sin embargo, este cambio de orientación del PT no significó un cambio fundamental en su subordinación al orden neoliberal, ni en sus métodos políticos o en su acción de subordinación ideológica de la clase obrera con la propaganda de la conciliación de clases (…) su búsqueda fundamental de las mismas alianzas con los sectores burgueses y antipopulares de antaño, lo muestran claramente” (Machado, ídem).

 


[1]“O irmâo Húngaro. Por qué Bolsonaro admira tanto a ViktorOrbán”, Piaú, 186, marzo 2022, se trata de una nota muy buena y documentada sobre la coyuntura en Hungría que muestra las semejanzas entre los fenómenos de extrema derecha de Orbán y Bolsonaro: “Orban es un especialista en crear enemigos. En las elecciones anteriores fueron los inmigrantes, los refugiados y el multimillonario George Soros. Ahora, lo que todo indica, es el público –la comunidad- LGBTQUI+”.

[2]La elucubración oportunista de un frente con el PT terminó consolidándose como un desbarranque cuando se supo que Alckmin sería parte de la fórmula presidencial con todo lo que ello significa con respecto a minar del todo el carácter de clase de un eventual frente electoral y continuar de todas maneras adelante con el falso y tramposo discurso de “frente de izquierda” o el escandaloso “Lula sí, Alckmin no” cuando todo el mundo sabe que esta es una perspectiva absolutamente irreal (atención que la política revolucionaria es realista, concreta, lo que no quiere decir que sea pragmática, o sin principios, que es otra cosa). Resistencia es la corriente que milita con esta política completamente falsa por no hablar de la absoluta falta de principios de corrientes como el MES (la concepción del MES carece de cualquier delimitación de clase).

[3]En Brasil la base del MTST se moviliza según listados para la adquisición de viviendas; algo parecido a lo que pasa en la Argentina donde en todos los movimientos sociales –no importa si oficialistas u opositores- hay listados en las marchas para mantener el plan. Es verdad que los movimientos sociales son difíciles de organizar y disciplinar y que en determinadas circunstancias no hay otra que tomar medidas administrativas, pero el peligro acá es la estatización de los movimientos y el mecanismo bonapartista-clientelar que sólo se puede paliar con el desarrollo de la conciencia y un programa reivindicativo más avanzado.

Por lo demás, debiendo cumplir con el techo de gasto estatal difícilmente se puedan hacer planes de vivienda muy avanzados.

[4]“Será un grave error del PSOL sumarse a un bloque del status quo, que, históricamente, contribuirá al agravamiento de la crisis y al refuerzo de la extrema derecha en un eventual escenario post-Bolsonaro” (Machado, ídem).

[5]Es cierto que en algunos casos no. En Grecia Syriza protagonizó una capitulación monumental y sin embargo perdió la elección sin hundirse –al menos hasta donde sabemos- y la formación de extrema derecha Alba Dorada no logró capitalizar y si lo hizo la derecha tradicional.

[6]Valerio pasó del “invierno glaciar” de una posible derrota bajo Bolsonaro (Resistencia se impresionó demasiado con el fenómeno, lo que no quiere decir subestimarlo) al “aislamiento galáctico” ahora si el PSOL presentara una candidatura propia que sí, sería muy minoritaria, pero el impresionismo no es buen consejero en política revolucionaria.

[7]De ahí que se hable de consignas transitorias, o de programa de transición, que, en otro plano, es lo mismo que estamos señalando. En una polémica aguda con Stalin Trotsky insistía, contra el empirismo de este, que la táctica revolucionaria no solamente se nutre de las circunstancias inmediatas, sino también de las pasadas y las futuras (que es lo que distingue el realismo revolucionario y su tensión transformadora del mero pragmatismo o la línea de menor resistencia –Trotsky, “Las tendencias filosóficas del burocratismo”).

[8]“Sin embargo, es evidente que el trabajador no puede ganar si al empresario le va mal. Yo no conozco en la historia del mundo, un momento en que a la empresa la va mal y los trabajadores puedan obtener otra cosa que el despido”, formulaciones clásicas de Lula que alientan la “carrera”, el “progreso” dentro del sistema, sin cuestionar las reglas de juego del capitalismo; que lo naturalizan (“Les élections de 2022 et l’avenir du PSOL”, Joäo Machado et Gilson Amaro, inprecor).

[9]Uno de los mayores problemas en Brasil es que se trata de la burguesía más fuerte de todo Latinoamérica donde, además, todos los desarrollos aparecen por arriba y pocos por abajo y donde el control del PT y la CUT, así como la figura de Lula, siguen teniendo demasiado peso y no pueden ser desestimados en la táctica política, lógicamente, aunque sin renunciar a las perspectivas estratégicas. Lo contrario es someterse a la dramática presión oportunista existente multiplicada por el peligro real que es –que sigue siendo- Bolsonaro.

[10]“Una palabra clara sobre el PT y sus gobiernos es más pedagógico y contribuirá más a elevar el nivel de conciencia del electorado popular, que el sostenimiento a un programa orgánico del gran capital o al mesianismo lulista” (Machado, ídem).

[11]Ejemplo de falta total de realismo revolucionario y, por lo tanto, de política falsa de principio a fin es la siguiente formulación de Arcary: “El PSOL tiene fuerza suficiente y legitimidad para defender un Frente de Izquierda y, por lo tanto, puede y debe hacerlo”… Tengamos presente que esta afirmación siquiera es del año pasado sino de una nota publicada en Forum, página digital vinculada al PT el día 11 de marzo pasado (“O PT devedizernäo a Alckmin. O PSOL deveapoiar Lula”)… Es significativo que ya en septiembre de 2021 referentes de corrientes internas del PSOL como Joao Machado, militante mandelista, haya señalado “Ante todo, es evidente que un ‘frente de izquierda encabezado por Lula’ no tiene ninguna chance de existir” (“Les élections de 2022 et l’avenir du PSOL”, inprecor).

[12]Es decir: Arcary lleva adelante la maniobra política de afirmar que se puede votar a Lula en primera vuelta, que no hay problema de principios en eso, lo que es verdad, y rechazar ingresar a un gobierno eventual de Lula y Alckmin, lo que está bien. Pero lo que no dice es si ingresarán a la chapa de frente popular con Lula o Alckmin o no (argumentos de este tipo se ven en varios textos de Valerio Arcary como “Diez notas sobre el PSOL y la lucha por un gobierno de izquierda”, jacobinlat, pero que carecen de la suficiente clarificación y están caracterizadas por la misma falta de política revolucionaria sobre bases reales y no ficticias).

[13]En realidad, en todo el mundo hoy el peso electoral de la izquierda y/o del trotskismo (no es lo mismo pero pongámoslo como semejante) va más allá de su peso orgánico incluso en la Argentina. Pero en este último país las cosas son más proporcionadas lo que de ninguna manera ocurre en Brasil, pero tampoco en España, o en Portugal o en Francia por tomar algunos casos. Esto no quiere decir que lo electoral no sea una palanca importantísima para abrirse paso orgánicamente, lo que lo es, no se puede tener sectarismo alguno en este sentido, pero es un problema vivir sólo de la superestructura sin peso o inserción alguna real en los movimientos de lucha como es el caso del PSOL (exageramos un poco la nota porque las distintas corrientes que lo integran sí tienen peso relativo en diversos sectores pero, lógicamente, de manera separada, fragmentada, no como un todo, como partido –está claro que el PSOL, como partido, es un frente único de tendencias, lo que no tienen nada de malo sino fuera que ese carácter en general ha ido en desmedro de su carácter militante orgánico).

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