Brasil: la defensa de la legalización de los nazis y la falsa simetría con el comunismo

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  • La derecha “liberal” brasilera exigió la legalización de los nazis tratando de equipararlos con el comunismo. El repudio los hizo retroceder.

Oliviana La Desa Vor

Escrito con la colaboración de Allan Fernandes. ¡Juventud Ya Basta! Aparecido en Esquerda Web Brasil.

El pasado lunes (7), durante la transmisión del episodio 545 del podcast Flow, el socio y youtuber Bruno Aiub – también conocido como Monark – hizo uso de su audiencia y plataforma para hacer apología al antisemitismo y al nazismo – la frutilla del postre para quien ya había abiertamente defendido el derecho al racismo y a la homofobia. En la ocasión, estaban como invitados los diputados Kim Kataguiri (DEM-SP) y Tábata Amaral (PSB-SP), además del presentador y socio de los Estudios Flow, Igor 3k. La conversación, en un determinado momento, pasó a girar en torno al debate sobre la libre expresión para la ideología nazi. Fue entonces cuando Monark defendió abiertamente el derecho a la creación y existencia legal de un partido nazi, en nombre de una supuesta libertad de expresión. Con la repercusión negativa que tuvo, con impacto en los principales medios de comunicación del país, el vídeo del podcast fue quitado del aire por los propios productores el día siguiente de su publicación.

En un intento de establecer una falsa simetría entre la izquierda «radical» y la extrema derecha – lo que el youtuber llamó la derecha radical -, Monark afirmó que «la izquierda radical tiene mucho más espacio que la derecha radical, en mi opinión. Las dos tendrían que tener espacio, […] Creo que el nazi debería poder tener un partido nazi reconocido por la ley». Y Kim Kataguiri apoyó, diciendo que a partir de la exposición de las ideas y del debate sería posible el repudio del nazismo; es decir, difundir tales ideales para que puedan supuestamente ser combatidos – nos parece que la historia deja un tanto en evidencia las consecuencias de tal posición – y complementó afirmando categóricamente su posición contraria a la decisión alemana de haber criminalizado la más nefasta ideología de la historia. Monark completa «si el tipo quiere ser un antijudío, creo que tenía que tener el derecho de serlo!»

Ante este impensable diálogo, Tábata Amaral, en una tímida tentativa de dar una interpretación crítica a esas asquerosas afirmaciones dijo que «la libertad de expresión termina donde su expresión pone en riesgo la vida del otros. El nazismo está en contra de la población judía y esto pone a toda una población en riesgo». Con mediana indignación, la diputada establece un insuficiente contrapunto político y, de cierta manera, deja la impresión de una cierta tolerancia al crimen allí materializado – al final, ¿quién después de lo ocurrido se somete a salir sonriente en la foto con dos defensores de la libertad nazi? Monark aún insiste y dice que defiende el «derecho que las personas tienen de ser idiotas». Y aquí suplicamos el criterio de equivalencia entre idiotez y nazismo.

Al día siguiente y en la misma ola de apologías neofascistas que viene emergiendo en Brasil, otros casos complementarios también potencializaron la gravedad de lo sucedido- se acostumbra a decir que cuando las ratas salen de las alcantarillas es porque están llenas. El presentador de la Joven Pan, Adrilles Jorge, que ya había hecho comentarios abiertamente racistas y de defensa categórica del bolsonarismo, hizo el saludo nazi ‘Sieg Heil’ en programa transmitido en vivo en la emisora Young Pan, notoriamente conocida como medio de comunicación que agrupa asquerosas figuras de la extrema derecha.

Naturalizar y defender el derecho a la supremacía blanca es, además de hacer plausible su actividad social, alentar acciones violentas de persecución y represión a las minorías. Además, es de considerar el contexto histórico en que vivimos: validar el comportamiento e ideología antisemita y dar representatividad a la creciente ola neofascista en Brasil no es posición que se deba asumir que no tiene consecuencias[1]. Ante la situación no nos conmueve la maniobra de desconexión de Monark de los Estudios Flow, así como solo un repudio formal al diputado Kim Kataguiri, exigimos una investigación seria y consecuente.

Comunismo y nazismo – naturalezas ideológicas

Otra cuestión que toma proporciones centrales en el debate se remite al cretino intento de equiparación entre el nazismo y el comunismo – retórica utilizada por figuras políticas de la derecha y extrema derecha, como el Presidente Jair Bolsonaro, que por un lado se esfuerza en relativizar lo ocurrido y, por otro, intenta instalar así la propaganda anticomunista en el debate público.

Entre sus regímenes, la comparación ideológica no se sostiene y, por sí sola, revela su propia naturaleza política de extrema derecha.  Al afirmar que la doctrina comunista sería responsable de la persecución y muerte de masas así como del Tercer Reich es incurrir en la más perversa falsificación histórica de los hechos y asociar la contrarrevolución stalinista al socialismo o al comunismo – afirmamos aquí que estos sectores ni siquiera saben la diferencia entre los dos términos. Queda clara la intención, por tanto, de criminalizar el primero y suavizar el segundo, validar uno y deslegitimar otro – una posición puramente ideológica y anticientífica. No combatir esos discursos que claman con saña la prohibición del comunismo y de sus organizaciones y movimientos sociales es abrir espacio para infinitas derrotas: para la clase trabajadora, para los derechos democráticos, para la libre organización política y la criminalización de los que luchan.

Un recorte histórico que resume bien la verdadera naturaleza política e ideológica del nazifascismo recae en la antigua URSS. Después de la Revolución Bolchevique de 1917, el antisemitismo sirvió, como parte de un arsenal propagandístico de las fuerzas contrarrevolucionarias e imperialistas, para la lucha contra los socialistas revolucionarios y la revolución en ese país. Las fuerzas militares pro-imperialistas, conocidas como «ejércitos blancos», se empeñaban en decir que la Revolución de Octubre era parte de un plan de conspiración judía y al mismo tiempo impulsaban los pogromos – una abierta caza de judíos rusos. Sobre este intento de derrotar a la revolución social más importante de la historia Lenin afirmó:  «Solo las personas totalmente ignorantes o embrutecidas pueden creer en las mentiras y calumnias difundidas contra los judíos (…). Los enemigos de los trabajadores no son los judíos, sino los capitalistas».

Ya la naturaleza política del marxismo revolucionario se manifiesta por la autodeterminación de los explotados y oprimidos en la lucha por la emancipación social, es decir, por el fin de todo tipo de explotación y opresión. Se pone históricamente en contra de los pocos que oprimen a tantos otros: burgueses, terratenientes, el  capital financiero, políticos oportunistas e ideólogos perversos, y presentan como objetivo la verdadera lucha por la libertad, por la emancipación humana. La dialéctica del materialismo histórico, método de la ciencia marxista, nos comprueba entonces, constantemente, que «la historia de todas las sociedades es la historia de la lucha de clases», y que nosotros socialistas revolucionarios llevamos adelante la defensa de los intereses de los de abajo, mientras que el nazismo se presenta como mecanismo de defensa y mantenimiento del orden burgués – de una minoría sobre una mayoría – como expresión de determinadas épocas de crisis del capitalismo.

Así, tanto el nazismo como el fascismo y sus adaptaciones “neo” poseen como naturaleza política aquello que alertó a Trotsky en sus textos sobre el ascenso del nazifascismo y cómo derrotarlo:

«[La] fascistización del Estado significa no solo mussolinizar las formas y los procesos de Dirección – en este ámbito los cambios desempeñan, en definitiva, un papel secundario – sino, ante todo y sobre todo, destruir las organizaciones obreras, reducir el proletariado a un estado amorfo, crear un sistema de organismos que penetre profundamente en las masas y esté destinado a impedir la cristalización independiente del proletariado. Precisamente en esto consiste la esencia del fascismo.»

TROTSKY, 2011, p.152

Trotsky sigue e insiste:

«[… ] el fascismo no es simplemente un sistema de represión, de actos de fuerza y de terror policial. El fascismo es un sistema de Estado particular, basado en el exterminio de todos los elementos de la democracia proletaria en la sociedad burguesa. La tarea del fascismo no consiste solamente en destruir la vanguardia proletaria, sino también en mantener a toda la clase en un estado de fragmentación forzada. Para ello, la exterminación física de la capa obrera más revolucionaria es insuficiente. Es necesario destruir todos los puntos de apoyo del proletariado y exterminar los resultados del trabajo de tres cuartos de siglo de la socialdemocracia y de los sindicatos.»

TROTSKY, 2011, p. 140

Lo que de hecho se esconde detrás de estas defensas de la «libertad de expresión», más allá de toda la imbecilidad de intentar equiparar tan antagónicas doctrinas, es un evidente alineamiento ideológico a la derecha. ¿Cómo podemos demostrar eso? Basta con recurrir a las numerosas defensas políticas que Kim Kataguiri hizo en el último período de la criminalización de movimientos sociales como MST y MTST. Por más que estos sujetos no sean figuras orgánicas del neonazismo, dejaron explícito que tácticamente ven con buenos ojos su legalización. Lo podemos resumir en aquel viejo dicho: «el enemigo de mi enemigo es mi amigo», y sin duda conocen históricamente los deseos y los métodos del fascismo para derrotar a la izquierda.

La criminalización de la barbarie – lo mínimo

En nuestro país, es considerado delito «fabricar, comercializar, distribuir o vehiculizar símbolos, emblemas y objetos de divulgación del nazismo», conforme el artículo 1º de la Ley 7.716/89. La apología del nazismo tiene una pena prevista de 1 a 3 años de prisión, además de multas. Después de las repercusiones, Monark y Kataguiri recurrieron a las redes sociales para justificar sus charlas criminales; el primero afirma «yo estaba borracho» y pide disculpas y comprensión, el segundo niega que defiende el nazismo y se disculpa.

La falsa idea de la «libertad irrestricta de expresión» está superada por la propia historia desde hace tiempo y ya dejamos claro aquí el verdadero contenido que llevan frases de este tipo hoy en día. Por eso, reforzamos una vez más: exigimos la investigación y castigo a los involucrados. La apología del nazismo es un crimen, así como el racismo, la homofobia, el antisemitismo y los demás ideales que perjudican la verdadera y justa libertad de expresión. Además de estos, la propaganda anticomunista es otra cosa a ser superada. Es necesaria la lucha contra la falsificación de la historia y contra los falsos discursos, además de los que incitan al odio. Y además de la criminalización judicial, esa lucha ha de extenderse a las calles, a las bases y a los más vastos campos sociales.


Referencias

MENA, Fernanda. Brasil vive escalada de grupos neonazis y aumento de encuestas de apología del nazismo en la PF. Folha de São Paulo. 2021.

TROTSKY, Leon. Revolución y Contrarrevolución en Alemania. São Paulo: Ed. Sundermann, 2011.

BUONICORE, Augusto. Bolchevismo y antisemitismo (1917-1953).


[1]  Según un estudio realizado por la antropóloga Adriana Días, el número de células nazis en Brasil saltó de 75 a 530 en el período de 2015 hasta principios de 2021.

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