Brasil: el 7 de septiembre fue una importante demostración de fuerza golpista

Superar la pasividad en las calles y organizar actos antigolpistas con unidad de acción el 10 de septiembre.

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El 7 de septiembre resultó una importante demostración de fuerza bolsonarista. Un movimiento que si bien hoy no puede dar un golpe de estado clásico, en segunda vuelta intentará imponer el terror en las calles para decidir por la fuerza las elecciones. En este sentido, es fundamental romper con la pasividad impuesta por la burocracia de Lula y sus partidarios y salir a las calles para dar una respuesta inmediata a los actos golpistas y pasar a la ofensiva antigolpista de masas.

En otra maniobra bonapartista (autoritaria), Bolsonaro se apropió políticamente de la conmemoración del bicentenario del 7 de septiembre, fecha que conmemora la pseudo independencia de Brasil como país soberano. La tradición del desfile del 7 de septiembre como parte de la cultura militarista, que se fortaleció durante las 3 décadas de dictadura militar ideológicamente, que solía darse con familias que iban con las banderas de Brasil para acompañar el desfile de las fuerzas, se transformó en un evento de campaña política por la reelección y la estrategia golpista en Brasilia, Río de Janeiro y otras ciudades del país como San Pablo.

Evidentemente esta usurpación no tiene nada de republicana. Incluso para los grandes límites de la república burguesa, una  forma política que representa los intereses de la clase dominante, esta usurpación política y financiera de la mayor fecha “cívica” del país es un insulto. No es casualidad que al evento no asistiera ninguno de los jefes de los otros poderes.  Es que, tanto el Presidente del Senado como el de la Cámara, prefirieron mantener cierta distancia ante una coyuntura electoral en la que Lula podría ganar pero el acto podría aumentar votos opositores dejando un resultado abierto el 2 de octubre.

Los millones gastados en preparar los escenarios de los desfiles oficiales fueron apropiados directamente por la campaña de Bolsonaro que se dedicó a destilar misoginia, fundamentalismo religioso, anticomunismo y amenazas golpista. En definitiva, la actitud “anti todo” puede ser leído como alguna forma de progresismo, transformación social, modernización de relaciones.

Después del desfile en Brasilia, Bolsonaro, además del discurso misógino, al comparar a la primera dama con las demás y que todo hombre tiene que buscar una princesa para casarse si quiere ser feliz, lanza otra amenaza golpista al citar una serie  de eventos en la historia de Brasil: al poner en una misma frase el golpe del 64, la destitución de Dilma  y su reelección, está queriendo decir que “la historia se puede repetir”. Es decir, todas estas son fechas marcadas por un golpe tradicional y por la nueva forma de golpe político que se da dentro del régimen, ya que tanto el juicio político de 2016 como las elecciones de 2018 estuvieron profundamente marcadas por las maniobras golpistas.

Por la tarde, en Copacabana (Río de Janeiro) Bolsonaro dijo que esta es una disputa entre el bien y el mal, llamó a Lula “inconformista” y afirmó, como en Brasilia, que los Ministros del Supremo Tribunal Federal (STF) serán colocados en cuatro renglones en la Constitución y en el margen serán arrancados de la vida pública.

Además de los actos masivos en Brasilia y Río de Janeiro, las manifestaciones bolsonaristas en San Pablo  y en otras ciudades también impresionaron por la cantidad de personas y la defensa de consignas  reaccionarias y hasta a veces directamente golpistas. Con todo el aparato oficial  y el financiamiento empresarial para los actos, las manifestaciones del 7 de septiembre le permitieron al bolsonarismo, además de obtener fotos y vídeos para la campaña, mantener al activismo y la iniciativa política en las calles, que serán determinantes para una eventual segunda vuelta.

Segunda vuelta y estrategia del miedo

En relación al 7 de septiembre del año pasado, en el que Bolsonaro atacó directamente al STF diciendo que no cumpliría con las decisiones de la Corte, en un ensayo abiertamente golpista, la movilización de este año evitó ser tan explícita por motivos electorales. Los pronósticos del equipo que coordina la campaña de Bolsonaro y los datos de las encuestas también indican que los ataques realizados directamente por los golpistas aumentan el rechazo a Bolsonaro, quien necesita perder algunos puntos antes de poder ser reelegido. Sin embargo, en sus discursos Bolsonaro reconoce que fue ascendido al poder por un golpe y además de atacar diariamente los derechos democráticos desde que fue elegido, anuncia a sus votantes y a todo el pueblo que su estrategia de mantenerse en el poder están sea ganando o perdiendo las elecciones,  y buscará los medios para hacerlo efectivo.

A pesar de que no tiene suficientes apoyos en el marco actual para un intento de golpe directo, ya que el imperialismo, la mayor parte de la clase dominante, el mando de las fuerzas armadas y la población estarían en contra de cualquier intento en este sentido, el bolsonarismo es un peligro real político-electoral  que merece toda la atención y una efectiva respuesta política. Esto se debe a que, además de la ligera mejoría económica y la ayuda electoral que pueden tener  efecto en los comicios, el bolsonarismo es un movimiento político que logra ocupar masivamente las calles, cuenta con el apoyo de sectores de la clase dominante, las fuerzas represivas y las milicias.

Por lo tanto, en una eventual segunda vuelta, podría avivar de manera aún más activa  elementos neofascistas y de violencia política ( ayer hubo otro asesinato político en el interior de Mato Grosso, cometido por un bolsonarista contra un simpatizante de Lula) para  instalar el terror en las calles. Esto podría traer, en un escenario de miedo, un cambio sustancial en el proceso electoral, ya que tendríamos unas elecciones en la que los votantes de Lula y de los demás candidatos no acudirían a las urnas por miedo. De hecho, esta parece ser la estrategia de Bolsonaro en la segunda vuelta para la que la izquierda y la clase obrera no están preparadas por la pasividad impuesta al movimiento de masas del lulismo y de la izquierda reformista con la histórica traición del PSOL al entrar en la fórmula Lula- Alckmin.

Como ya señalamos en varias notas, la presencia de Bolsonaro en la segunda vuelta de las elecciones es un peligro para los derechos democráticos, ya que la estrategia de imponer el miedo se activará con toda su fuerza y ​​para ello tiene apoyo popular, de las grandes empresas y de las fuerzas represivas. Por eso, ante la necesidad de enfrentar esta fuerza de extrema derecha -una fuerza extraparlamentaria que actúa dentro y fuera de la institucionalidad- contamos con la enorme fuerza de la movilización de las masas en las calles. La estrategia del PT y sus aliados de derecha e izquierda reformista pretenden resolver la disputa desde la institucionalidad y sin apoyarse centralmente en la lucha directa, la cual tiene que ser caracterizada como lo que es: una traición histórica.

Sin llevar la lucha a las calles, todo es mera ilusión

Esta situación debe revertirse. Contrariamente a lo que hace el PSOL y las corrientes en su interior, que entraron en un frente electoral con la burguesía Lula-alckmin y liquidaron toda independencia política, una parte importante de la izquierda socialista independiente que mantiene en pié el programa de los trabajadores y oprimidos y las tácticas de unidad de acción, de frente de izquierda y de denuncia y exigencia desde las bases, debe impulsar la lucha directa contra el neofascismo.

La izquierda socialista necesita, además de defender un programa anticapitalista para la coyuntura y señalar los peligros del golpe bolsonarista como lo ha hecho, defender la importancia de la independencia política, una conquista que de por sí está lejos de emprender los desafíos. Creemos que esto se hace construyendo efectivamente un Frente de Izquierda Socialista sin patrones y burócratas y con la tarea de organizar la lucha directa contra el golpe.

En este momento, la tarea más importante es poner en movimiento a los sectores de masas anti-bolsonaristas. Como el peligro neofascista es real y se fortalecerá en la segunda vuelta, la izquierda socialista como Polo y otras fuerzas que se mantienen independientes, debe construir de inmediato acuerdos mínimos para un frente político centrado en exigir la unidad de acción masiva contra Bolsonaro en las que, obviamente, debemos actuar con nuestro  programa y banderas propias.

En ese sentido, la tarea inmediata es convocar al acto organizado por el frente “Fora Bolsonaro” que tendrá lugar mañana en varias ciudades del país. A pesar del llamado de la dirección de este frente con las consignas “la esperanza vencerá al miedo”  e “invitamos a todas las personas que creen en la democracia, la solidaridad, en la convivencia plural de las diferencias, que apuntan a la superación del hambre, el desempleo y las desigualdades y que tienen esperanza y coraje para construir un futuro mejor para que podamos estar juntos el 10 de septiembre” están muy por debajo de las necesidades, esta convocatoria puede impulsar la movilización directa y autoorganizada de las masas que rompan con el miedo, con un programa anticapitalista y de independencia de los empresarios para luchar contra el hambre, el desempleo y la desigualdad.

La izquierda socialista en unidad -en un bloque único de independencia de clase- necesita convocar y participar en este acto para seguir organizándose de manera independiente y exigiendo a la burocracia de la CUT, PT, Lula y sus pandillas que llamen a movilizar para derrotar a Bolsonaro. Todos al acto del 10 de septiembre para derrotar a Bolsonaro en las calles y en las urnas.

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