Atentado contra Salman Rushdie: un ataque a la libertad de expresión

El atentado contra la vida del escritor Salman Rushdie es un ataque repudiable a la libertad de expresión. Al mismo tiempo, la derecha occidental aprovecha para sacar a relucir su racismo e islamofobia.

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El pasado viernes escritor indio-británico Salman Rushdie fue brutalmente atacado con un cuchillo mientras participaba de una conferencia en Nueva York. Las diez puñaladas que recibió le produjeron graves heridas y el escritor continúa internado aunque, según se informó en las últimas horas, se encuentra estable.

Rushdie se encuentra amenazado por grupos islamistas y por el gobierno de Irán desde hace tres décadas. Su atacante fue un joven estadounidense de ascendencia libanesa de 24 años que, según se sospecha por los perfiles de sus redes sociales, manifestaba apoyo y simpatía por el gobierno de la República Islámica de Irán.

El atentado contra Rushdie es un grave ataque a la libertad de expresión que debe ser repudiado. Lo cual implica repudiar también el aprovechamiento demagógico y racista de la derecha occidental que a través de este ataque busca promover la islamofobia.

Salman Rushdie nació en Bombay en 1947. Hijo de intelectuales musulmanes no practicantes, sus padres lo enviaron a Reino Unido a los 14 años. Allí estudió en Cambridge, y luego consiguió la ciudadanía británica.

A fines de la década del ’70 y en los ’80, Rushdie escribió varios libros de ficción, alcanzando el éxito con su novela Hijos de la Medianoche, de 1981. La mayoría de sus relatos se ubicaban en India o en Pakistán o países ficticios que referencian a aquellos. En su literatura se mezclan realidad y fantasía de manera similar al realismo mágico latinoamericano.

La mayoría de las obras de Rushdie contienen críticas sociales y políticas hacia los gobiernos autoritarios del mundo islámico e hindú y al estilo de vida ultra conservador que imponen regímenes religiosos como el de Irán.

La polémica estalló en 1988, cuando publicó Los Versos Satánicos. En la novela, que transcurre en Reino Unido, Rushdie relata parte de su historia y del racismo y la islamofobia que sufrió al llegar al país británico. Sin embargo, aunque no se hace referencia explícita al islam sino a una «religión de la sumisión», sí aparecen personajes referenciados en el profeta Mahoma y otras figuras sagradas del Islam, reinterpretadas en la propia historia de Rushdie (por ejemplo, dos personajes que son prostitutas llevan los nombres de dos esposas de Mahoma).

La novela causó un gran revuelo en el mundo islámico. Muchos musulmanes de todo el mundo rechazaron la obra, por considerarla insultante hacia su religión. A las pocas semanas de su publicación fue prohibida en India, Pakistán, Sudáfrica, Egipto, Somalia, Bangladesh, Sudán, Malasia, Indonesia y Qatar.

Sin embargo, el hecho más grave sucedió en febrero de 1989, cuando el ayatollah iraní Ruhollah Jomeiní decretó una fatwa (decreto religioso) en la que acusó a la novela de blasfemia y a su autor de apóstata, condenándolo a muerte. Incluso el Estado iraní ofreció una recompensa de 3 millones de dólares para quien asesinase a Rushdie.

El autor debió vivir largo tiempo en la clandestinidad y bajo estrictas medidas de seguridad, debido a la constante amenaza de muerte que pesaba sobre él. A pesar de que algunos años después el gobierno de Irán abandonó oficialmente el llamado a matar a Rushdie, muchos musulmanes consideran que la fatwa contra Rushdie continúa vigente, ya que un decreto de ese tipo sólo puede ser retirado por quien la autoridad religiosa que lo emitió. Pero Jomeiní murió unos meses después de la fatwa contra Rushdie, sin nunca haberla retirado. Por lo que las amenazas contra el escritor nunca desaparecieron del todo.

De hecho, varias personas que estuvieron relacionadas con la publicación del libro fueron asesinadas o sufrieron atentados. Hitoshi Igarashi, el traductor al japonés de la obra de Rushdie, fue asesinado a puñaladas. Ettore Capriolo, traductor al italiano, sobrevivió a un ataque en su apartamento en Milán, mientras que al editor de la novela en Noruega le dispararon en una calle de Oslo.

Rushdie aclaró en reiteradas ocasiones que su obra no buscaba insultar al islam sino relatar su propia experiencia como un descendiente de musulmanes en Europa. El autor se ha manifestado en contra del fundamentalismo religioso que, según él, «también existe en el cristianismo», al que referenció en políticos occidentales como George W. Bush y Tony Blair.

Ya en 1989, con motivo de la publicación de la fatwa que ordenaba el asesinato de Rushdie, la izquierda internacional repudió la persecución contra el escritor. Una carta de un trotskista iraní publicada en Socialist Organizer de Reino Unido el 22 de febrero de 1989 lo explicaba de la siguiente manera:

«Defendemos a Salman Rushdie porque hemos experimentado el ‘jomeinísmo’ en la práctica. Muchos iraníes, tanto en Irán como en el exilio, se oponen a la ‘República Islámica’ y quieren un Irán laico.»

La carta continúa: «La ‘República Islámica’ fue constituida por la derrota de la Revolución de 1979, e instauró un régimen medieval barbárico que persigue a sus oponentes: la izquierda, los kurdos, las mujeres y las minorías religiosas».

«La clase trabajadora debe defender la libertad de expresión. Los trabajadores musulmanes que llaman a prohibir ‘Los versos satánicos’ están jugando con fuego. La censura siempre fue utilizada contra la clase trabajadora. Hoy es Rushdie, mañana puede ser cualquier otro escritor antiracista».

En aquel entonces, igual que ahora, la derecha occidental aprovechó la persecución contra Rushdie para sacar a relucir su racismo e islamofobia: «Hay un peligro de reacción racista. La derecha ha tomado la oposición musulmana a Rushdie como un ejemplo de ‘inmigrantes barbáricos que no saben vivir en países civilizados’», señala el texto.

Al igual que hace tres décadas, también la derecha europea y estadounidense aprovechó de manera oportunista el ataque contra Rushdie para reproducir su discurso racista anti-inmigrante.

La libertad de expresión es un derecho democrático fundamental. Eso significa que el atentado contra Salman Rushdie debe ser claramente repudiado. Así como, al mismo tiempo, hay que denunciar los intentos demagógicos de la derecha en occidente por legitimar el racismo y la islamofobia.

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