Argentina: El PTS y el PO justifican la capitulación

Las fuerzas del FITU han emprendido la defensiva frente a nuestras críticas a su política de unidad parlamentaria y división en la calle frente al atentado a Cristina Fernández.

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En su típico estilo, en el que los hechos políticos no son nada y la verborragia sin fundamentos lo es todo, el PO polemiza con nosotros con un artículo titulado «Una respuesta a la kirchnerización del Nuevo MAS«. Es una cosa ya muy típica en ellos la de aplastar toda argumentación seria apilando calificativos sin base. El PTS, por su lado, dice «Alto papelonazo. Las bombitas de humo del Nuevo MAS«.

Ambos artículos son una respuesta defensiva a nuestra crítica, que es muy concreta. Frente a los hechos tomaron una decisión, la opuesta por el vértice a la que debían tomar: hacer unidad parlamentaria con los representantes de la política capitalista en CABA y dividir la movilización con sectores de masas el 2 de septiembre.

Caracterizaciones para todos los gustos 

El punto de partida de toda polémica seria deberían ser los acontecimientos, su significado y cómo había que responder. Pero en los artículos de los compañeros, en sus declaraciones, la caracterización de los hechos está puesta al servicio del interés del momento. Si de sacar una declaración del FITU se trata dicen una cosa, si de escribir en twitter por parte de sus principales figuras públicas dicen otra, si lo que hay que hacer es polemizar con el Nuevo MAS otra diferente.

Pero el criterio de base debería ser: entender qué pasó, qué implicancias tiene y actuar en consecuencia. Entonces: ¿qué significado tiene el atentado a CFK? ¿Por qué la izquierda tiene que repudiarlo? Los partidos del FITU tienen una respuesta diferente según convenga.

El PTS dijo en un artículo del 2 de septiembre: «Es muy importante que los y las trabajadoras, ocupados y desocupados, sepamos que, si se dejan pasar estos métodos fascistas contra una dirigente política que, además, es la vicepresidenta de la nación, mañana los van a empezar a usar contra la clase trabajadora y los sectores populares que salen a luchar».

En la nota de polémica con nosotros dicen: «¿Pero de dónde se traduce este intento de asesinato con que hay una intentona golpista en ciernes poniéndose en peligro las libertades democráticas del pueblo trabajador? ¿Estamos hablando de una situación similar al levantamiento armado de un gran sector del ejército genocida, como fue durante la Semana Santa de 1987?»

El PO usa el mismo método: «El Nuevo Mas ahora redobla la apuesta y asegura que se trata de un atentado al conjunto de las libertades democráticas. Bien leído, aseguran que hay un golpe de Estado en curso… El Nuevo Mas deberá ahora hacer los malabares precisos para probar que hay un golpe en curso».

Es demasiado fácil tomar la posición con la que se está polemizando, hacer de cuenta que no existe, inventarse otra y luego triunfalmente rebatir la posición así inventada. «Intentona golpista en ciernes» y «golpe de Estado en curso» son afirmaciones libremente inventadas porque discutir con nuestras posiciones reales era, evidentemente, mucho más incómodo.

Y, sin embargo, el PO dijo del atentado que era obra de «fascistas que pasan de las palabras a los hechos». El PTS dijo que era «facho», «fascistoide». No hablamos ya ni siquiera de nuestras posiciones, sino las de ellos mismos. ¿Es que a un atentado «fascista» no hay que responderle en la calle porque no es un golpe de Estado y está lejos de tener esa envergadura? Si la respuesta es que hay que responder, entonces nos están dando la razón de hecho, también al verse obligados a inventarse la teoría del «golpe de Estado».

No podríamos estar más de acuerdo con la formulación hecha por el PTS en la primera cita. Ahora bien: ¿qué significa «no dejar pasar estos métodos fascistas»? Para nosotros, la calle; para los compañeros, evidentemente, declarar cosas en twitter y votar cosas en el parlamento en unidad con el kirchnerismo y el larretismo.

Ambos partidos tienen militantes con amplia experiencia política. Saben muy bien que los giros de la situación política a la derecha, que derivan a veces (no siempre) en golpe de Estado luego de años de preparación, se preparan con escaladas de violencia «fascistoide». Eh aquí nuestra caracterización real. Hay una tendencia internacional al surgimiento envalentonado de una nueva derecha enemiga de la clase trabajadora, con rasgos parecidos al fascismo pero también con muchas diferencias, que el atentado fue parte de ese fenómeno y que si se lo hubiera dejado pasar sin una movilización de masas hubiera quedado el antecedente de que pueden actuar con impunidad. Y lo grave, lo más grave, es que frente a acontecimientos históricos el FITU decidió quedarse en sus casas cuando había que movilizar para luego hacer unidad de acción parlamentaria con la clase capitalista.

Y eso nos lleva a entender de qué se trató la movilización masiva del 2 de septiembre. Para ésta también tienen una definición diferente según convenga. En su justificación para no participar, el PTS dijo que era un «acto de unidad nacional» y ahora en su polémica con nosotros dicen que es uno «en apoyo y solidaridad política con Cristina y el gobierno ajustador». Si es de «unidad nacional» eso incluye a todas las fuerzas políticas capitalistas, por lo que no puede ser un acto de apoyo al gobierno; si es un acto «kirchnerista» entonces no puede ser de «unidad nacional». Las justificaciones varían para una misma orientación, por lo que parece que en realidad la caracterización no importa y lo que están haciendo es torcer la realidad para que se acomode a sus necesidades.

El PO es menos sutil y simplemente vomita el improperio de la «kirchnerización del Nuevo MAS». Podrían al menos haber sostenido una mínima honestidad intelectual o al menos detenerse a leer nuestras posiciones. Sostuvimos y sostenemos que dejar pasar un ataque a las libertades democráticas como fue el atentado nos pondría en peores condiciones para enfrentar el ajuste. Eso puede ser muchas cosas, pero «kirchnerización» suena más bien a una manera del PO de despejar la incomodidad de lo que no entienden.

También ambas organizaciones justificaron su borrada de la calle diciendo que el peronismo estaba «haciendo un uso político» de la marcha. Uno no puede no preguntarse si los legisladores porteños del Frente de Todos se comprometieron con ellos a no «usar políticamente» la declaración común votada por el FITU y que por eso no les preocupó votar en unidad.

Es impresionante la tenacidad con la que deben negar lo obvio. Sostienen que el gobierno viene deslegitimado por el ajuste y, al mismo tiempo, sin que les llame la atención, que la movilización de masas del 2 de septiembre -repleta de espontaneidad- fue un mero acto de apoyo al gobierno. Si fue simplemente un «acto de apoyo al gobierno» entonces no fue un repudio y rechazo masivo al atentado que ellos repudiaron por redes sociales, y que haya sido al día siguiente deberíamos entenderlo como una coincidencia puramente casual.

Las cosas deberían ser mucho más simples. Hubo un «atentado fascista» según unos, «fascistoide» según los otros. ¿Es mejor o peor que frente a lo que ellos llaman «fascismo» haya habido una reacción callejera masiva?

Rechazaron el acto porque fue convocado por funcionarios del gobierno con la fundamentación de la «paz social» y el apoyo a CFK. Ese «fundamento» es suficiente para rechazar la unidad en la calle con miles y miles que entendieron que el arma que apuntó a Cristina desea dirigirse a ellos. Pero, cosa curiosa, los «fundamentos» para la acción callejera masiva sirven para rechazarla, mientras que con un simple ejercicio de oratoria se puede participar de una resolución parlamentaria en unidad con el PRO y el FdT a pesar de sus «fundamentos». Es una cosa curiosa como tienen una vara para medir los «fundamentos» parlamentarios y los de la calle.

No usamos esa palabra tantas veces por casualidad. De nuevo: «fundamentos».

El humo y los debates reales

Comenzamos por donde había que comenzar, por la caracterización de los hechos, pese a que ambas fuerzas del FITU hicieron las cosas al revés: empezar por los problemas tácticos para hablar al pasar de la caracterización de los hechos.

Y, como así funcionan las prioridades, su eje es debatir nuestra crítica de su votación en la Legislatura con estas palabras: «Lástima que confundieron unas declaraciones/fundamentos del presidente del bloque del Frente de Todos con la declaración que se votó».

Y luego: «El párrafo al que hacen referencia es el de la declaración/fundamentos del presidente del bloque del Frente de Todos, algo que nunca estuvo en discusión en el recinto. Como les amigues del Nuevo MAS nunca tuvieron experiencia parlamentaria, tal vez no sepan que los fundamentos, intervenciones de un diputado o bloque no se ponen a consideración del resto, ni menos que menos se votan. Cada bloque plantea sus fundamentos de voto, tal cual hicieron les diputades del FITU…»

Ese es el eje del «argumento» del compañero Guillo en su polémica con nuestra posición.

Uno no puede no preguntarse: ¿a quién le importa? Nos presenta las cosas como si el debate pasara por minucias y detalles parlamentarios, si se votan los fundamentos o la resolución. Pretende “chicanearnos” con nuestra poca “experiencia parlamentaria”. Uno no puede no leer estas cosas y encogerse de hombros, asombrado de que compañeros del trotskismo usen semejantes argumentos.

Al atentado a CFK lo llamaron “fascistoide”, “facho” públicamente. Son palabras que matizan un poco el concepto de “fascista” pero que, al fin y al cabo, lo llaman “fascista”. Y esas palabras, aunque no necesariamente tengan por qué ser una caracterización fina, tienen una carga que no puede ser lanzada al viento. Si piensan que eso fue deberían hacer política en consecuencia o decir que lo que dijeron al respecto estaba mal.

¿De verdad pretenden resolver el debate de lo que había que hacer interpretando capciosamente un artículo y llevando la discusión hacia si confundimos los considerandos y los resuelve de una votación parlamentaria? No es posible no pensar que los compañeros responsables de esta posición y de este artículo tienen demasiada experiencia parlamentaria, y que sería sano para ellos salir de ella un buen tiempo.

La discusión es muy otra, planteada en ese artículo y en otros: para enfrentar el atentado derechista y sus consecuencias había que hacer unidad de acción en la calle con los miles y miles que marcharon, no llegar a posiciones comunes con la institucionalidad capitalista. Y el FITU decidió hacer exactamente lo opuesto a lo que había que hacer: dividir en la calle mientras hacía unidad en el parlamento. Es, como mínimo, absolutamente desopilante que en semejantes circunstancias nos quieran “correr por izquierda”.

Una vez más. De nuevo. Hubo una movilización callejera masiva en rechazo al atentado, con muchos elementos de espontaneidad y participación popular por lo peligroso de lo sucedido. Y el FITU en bloque decidió no participar.

Ya es una cosa irritante tener siquiera que plantearlo: ¡¿Es que no hubo “unidad nacional” y “utilización política del atentado” en la resolución de la Legislatura porteña presentada por el bloque del Frente de Todos?! Estamos, por supuesto, de acuerdo en que hay que medir con una vara la calle y con otra el parlamento. La diferencia es: estamos usando esas varas y esa medición con criterios exactamente opuestos. Mientras el FITU considera completamente correcto un acuerdo con funcionarios capitalistas en un parlamento capitalista, para nosotros lo correcto era encontrarnos en la calle con miles y miles de trabajadores que rechazan el atentado. La discusión en curso no es para nada difícil de entender. Para nada. Quien no entiende lo que estamos planteando simplemente no quiere entenderlo.

Ahora bien, los compañeros tomaron la decisión de apoyar una resolución parlamentaria pese a no estar de acuerdo con los «fundamentos» de quien la presentó mientras, por el contrario, por los «fundamentos» de la convocatoria es que no quisieron ser parte de una movilización masiva en rechazo a un atentado que ellos, insistimos, ellos mismos llamaron «fascista».

Una movilización de masas puede tener un carácter muy diferente a lo esperado por sus convocantes, porque quienes participan le dan su propia impronta. Una resolución parlamentaria, un declaración de internet, no es más que poner la firma en unidad con los representantes parlamentarios de la clase capitalista. Y, sin embargo, los «fundamentos» bastan al FITU para rechazar la movilización pero no son obstáculo alguno para la unidad parlamentaria con el PRO y el FdT.

Esos son los términos de la discusión real en curso.

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