Argentina: Después del Paro General del 24E

La coyuntura está dominada por la incertidumbre.

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La jornada de movilización y paro –desigual, este último- fue histórica en la medida que se realizó un 24 de enero, movilizó entre 200.000 y 300.000 personas en CABA y tuvo expresiones incluso multitudinarias –en Córdoba se movilizaron 50.000 trabajadores/as- en casi todo el país.

Una jornada histórica

La burocracia trabajó a reglamento; no garantizó la asistencia salvo en algunos casos puntuales. Sin embargo, en muchísimos lugares las y los trabajadores se las arreglaron para llegar por su cuenta, lo que marca, por lo demás, un comienzo de la experiencia con el gobierno de Milei en el seno de la clase trabajadora, además de crecientes elementos de politización.

La jornada de movilización fue global. Participaron los sindicatos, los movimientos sociales, la izquierda, las asambleas populares, los sectores de la cultura, etc, y gente que fue por las suyas. Todo un “variopinto” movimiento que se está poniendo en pie contra el plan de contrarreformas inconstitucionales de Milei.

En total, le puso un “piso alto” a la convocatoria de la cual no va a ser tan fácil bajarse en próximos llamados; expresión, también, de la preocupación de la burocracia de que no le ocurra lo que ocurrió en Brasil, donde entre Temer y Bolsonaro le quitaron el financiamiento a los sindicatos, entre otras contrarreformas.

Las consecuencias de esta movilización histórica se hicieron ver bastante rápido. La Cámara Federal del ámbito laboral falló la inconstitucionalidad de todo el capítulo –vg- laboral. Es decir, se declaró sobre el fondo de la cuestión yendo más allá de las cautelares. El tramite sigue ahora en la Corte Suprema, la que le puede dar largas al asunto, salvo que el DNU obtenga el voto positivo en las dos Cámaras del Congreso -situación que no está claro que vaya a ocurrir-.

El inicio de entrada a escena de las y los trabajadores, sumado a la irrupción de los procesos de desborde y organización por abajo del tipo asambleas populares, cultura, etc, muestran un momento distinto, mucho más dinámico, en una coyuntura que no deja de ser defensiva, pero en la cual el gobierno de extrema derecha de Milei ha dejado de tener el protagonismo absoluto. El 24 fue el movimiento de masas el que tuvo la iniciativa –con todos los límites que le puso la CGT, ya volveremos sobre esto- y las idas y vueltas en el tratamiento parlamentario de la Ley Ómnibus, amén de los fallos y contra fallos judiciales devuelven la misma imagen: al gobierno le está costando imponer su plan bonapartista aunque, por otra parte, las durísimas medidas de ajuste económico marchan “viento en popa”, por decirlo de alguna manera.

En la apreciación de los eventos hay que tener en cuenta, entonces, evitar dos unilateralidades. Por un lado, la jornada del 24 mostró –contra lo que pensaban y afirmaban muchos analistas en la izquierda- que las relaciones de fuerzas están abiertas en el país; tienen que ser probadas y la actual coyuntura -todavía reaccionaria- podría girar en pre-revolucionaria. Sin embargo, por otro lado, si bien se trata de un gobierno minoritario y plagado de fragilidades, tiene el apoyo de los más concentrado de la burguesía “económica” y del FMI, de los “mercados”, y juega todo el tiempo al límite de la institucionalidad tratando de forzar el régimen político, aunque todavía no lo ha logrado. Los próximos desarrollos y sobre todo las pruebas en la lucha de clases son las que marcarán la dinámica y el carácter “final” de esta apuesta “bonapartista”.

La Ley Ómnibus, un tratamiento de crisis

Al momento que cerramos esta edición comienza a tratarse la Ley Ómnibus en el Congreso. Las idas y vueltas con la “oposición” dialoguista han sido infinitas pero finalmente la sesión comenzó este miércoles por la mañana. Milei terminó retirando todo el capítulo fiscal el viernes pasado pero siguen las diferencias en materia de facultades delegadas, impuestos, jubilaciones, privatizaciones, etc. En realidad, todo el mundo quiere que el gobierno tenga gobernabilidad: la CGT no dio continuidad a la medida de fuerza ni anunció plan de lucha alguno; el kirchnerismo hace oposición parlamentaria pero no moviliza más allá de cuestiones sectoriales y, lógicamente, los dialoguistas (desde el PRO hasta Stolbizer y Carrió pasando por Pichetto y otros) sumado a la mayoría de los gobernadores, pretenden que el gobierno no se desestabilice.

Sin embargo, la jornada del 24 fue una advertencia para todos ellos. Aunque la CGT, repetimos, no dio continuidad y en el sector privado está firmando paritarias a la baja (paritarias mensuales, por el momento), todo el “ecosistema” político burgués tomó nota de la jornada y les preocupa, también, la gobernabilidad por el lado de las masas -por así decirlo-.

Tienen una preocupación doble por la gobernabilidad: la del gobierno… pero también la de las y los trabajadores y demás sectores populares. De ahí el tironeo por los recursos, por ejemplo, por la coparticipación de impuestos, el debate sobre regímenes como la pesca e hidrocarburos, etc, todos aspectos vinculados a los recursos para la gobernabilidad de las provincias.

Sin embargo, a priori, el gobierno va a tener mayoría para la votación en general de la ley aunque luego en la votación en particular -artículo por artículo- el escenario es de crisis.

En todo caso, lo que no puede perderse de vista es que todos los actores burgueses quieren darle gobernabilidad a Milei y acuerdan en la aplicación del duro ajuste macroeconómico que está llevando adelante, amén de que aun si le recortan algunos aspectos de las facultades delegadas, pretenden darle margen para que tenga las suficientes armas para gobernar; en todo caso, sin “cerrar el Congreso”.

De cualquier manera, el Protocolo, la Ley Ómnibus y el DNU son herramientas bonapartistas, antiobreras y antipopulares que hay que rechazar de plano. Son un plan global reaccionario; una suerte de contrarreforma anticonstitucional que busca forzar por derecha los límites del régimen democrático burgués, una cuestión que está jugándose en estos momentos en las sesiones parlamentarias, pero sobre todo en las calles, donde la dinámica de la movilización –con sus tiempos- es creciente.

Impulsar la organización independiente

De cualquier manera, no hay que confiar ni por un instante en el Congreso. Las instituciones pueden ser factores mediadores (de hecho lo son hasta cierto punto, y hay que aprovechar esas brechas para impulsar la movilización), pero la clave pasa por la calle, por la lucha de clases. A la Ley Ómnibus y al DNU hay que rechazarlos de plano porque sólo que le otorguen facultades delegadas a Milei y el capítulo de Seguridad, eso ya configura peligros. Además de toda la avanzada reaccionaria en materia de los derechos de las mujeres, cultura, etc.

De ahí la importancia del concepto de rechazo al “plan” de Milei, así como la denuncia de que lo que pretende es una contrarreforma anticonstitucional, amén del rechazo al ajuste económico brutal que está imponiendo.

El desarrollo del proceso por abajo es desigual, pero comienza a ser nacional. Existe una importante irrupción en CABA y otros lugares de asambleas populares, de los sectores de la cultura. Además ya empezó el ataque sobre los salarios de los docentes universitarios y sobre el presupuesto educativo, cuestión que en muy pocas semanas va a poner en el centro de la escena al movimiento estudiantil. En todos los casos hay que disputar la representación y la orientación.

Luego de la jornada histórica del 24E hay que empujar porque esas expresiones se vinculen al movimiento de trabajadores y trabajadoras, además de que se coordinen de una manera real. También hay que comenzar a preparar las jornadas del 8 y 24 de Marzo, que pueden ser históricas.

Por otra parte, en relación a la clase trabajadora, si bien el proceso es más incipiente, hay que ver la posibilidad de empujar encuentros regionales alrededor de las estructuras y representaciones de vanguardia en cada caso: el SUTNA San Fernando en la Zona Norte, el Hospital Posadas en Oeste, la UEPC docente en Córdoba, etc.

Por nuestra parte, además, los días 10, 11 y 12 de febrero estamos impulsando el 4º Campamento Anticapitalista del ¡Ya Basta!, que lo concebimos como un factor de politización y organización de nuestra juventud partidaria para los enormes desafíos que se vienen. Tenemos el orgullo de decir que participarán delegaciones del SEIU (Unión Internacional de Trabajadores de Servicios) de los Estados Unidos, así como del NPA francés, amén de compañeros y compañeras de nuestra corriente internacional Socialismo o Barbarie.

La dialéctica de la situación política es una de un intento reaccionario y bonapartista de reconfigurar en todos los planos el país capitalista para ponerlo a tono con algunas contrarreformas que se impusieron internacionalmente en las últimas décadas, amén de expresar las líneas de tensión de la extrema derecha que pretende empujar para atrás conquistas democráticas y del movimiento de mujeres históricas, como el derecho al aborto.

Sin embargo, este ataque brutal a las condiciones de vida y trabajo de nuestra clase, contra los derechos conquistados en las últimas décadas incluso los democráticos desde 1983, amenaza a cada minuto con desatar una situación pre-revolucionaria que ponga en cuestión la gobernabilidad de Milei, justamente lo que la patronal y sus expresiones políticas en conjunto pretenden evitar.

El desafío es histórico porque en caso de rebotar la situación política, la misma girará seguramente hacia la izquierda y todo tipo de desarrollos independientes similares, aunque no idénticos, al 2001.

Para ese escenario hay que prepararse y construir nuestro partido y corriente internacional.

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