Argentina: Crisis política, el problema es el acuerdo con el Fondo

Una coalición que vino supuestamente a terminar con el ajuste macrista finalmente legitimó la estafa de su deuda y aplicó un ajuste contra los trabajadores y el pueblo.

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La crisis en la coalición oficialista finalmente estalló. La renuncia de Guzmán en medio del discurso de Cristina por el 48 aniversario de la muerte de Perón fue como una fractura expuesta que reveló la fragilidad de la estructura ósea del armado frentetodista.

La columna derribada sostenía principalmente a Fernández, pero también es punto de apoyo del acuerdo con el FMI, que a su vez sostiene la (frágil) estabilidad macroeconómica sobre la que se apoya la pacificación social aguantada por los sindicatos peronistas. ¿Proseguirá entonces una reacción en cadena que termine por desestabilizar la situación nacional? Es una posibilidad. La palabra que define el momento es «incertidumbre».

El último mes tuvo momentos críticos. Durante la segunda semana de junio hubo una corrida producida por el desprendimiento de bonos del Estado por parte de una empresa estatal que requería dólares para importar energía. La “mala praxis” que denunció Alberto en esta operación metió presión el dólar, éste aún más a la inflación y despertó las molestias del ministro de economía, que reclamó más control sobre el BCRA y puntos clave de la gestión a un presidente con poco margen para hacer concesiones que irriten a Cristina Kirchner.

CFK atacó el rumbo económico y denunció el “festival de importaciones” y la “fuga de divisas”. Trastabillando de atrás, el gobierno tomó medidas para restringir el acceso a dólares del BCRA de las empresas que quisieran importar. Fue como tratar de curar una neumonía bilateral con un tecito vic. Cerrada una de las vías de acceso al billete verde, las otras se recalentaron haciendo trepar el dólar blue hasta los $239, presionando aún más una inflación de por sí descontrolada.

Si bien el FMI aprobó en su primera revisión los informes parcialmente “dibujados” del Ministerio de Economía, al mismo tiempo exigió un endurecimiento del ajuste y moderar los aumentos salariales de cara al segundo semestre. “Necesitamos más espalda”, requirió un Guzmán asediado por funcionarios y técnicos que no le respondían ni para aplicar el aumento segmentado de tarifas. Fue la última presión que podía soportar.

Teléfonos que queman

Durante todo el fin de semana, Alberto se resistió hasta último momento a llamar a Cristina. Desde el kirchnerismo guardaron un tenso silencio. La falta de alternativa económica de los K los inhibió para intentar una avanzada total sobre los puestos claves del gabinete, como alarmaron los medios de derecha.

El pacto de compromiso, alcanzado para la hora de la cena del domingo, mantuvo a raya al massismo. Tras varios que rechazaron agarrar el cargo prendido fuego, la solución fue el nombramiento de Silvina Batakis. Una funcionaria sin volumen político que no representa ningún cambio de fondo ni ningún curso de acción independiente. Un cartel que dice «todo está bien» en una casa prendida fuego.

Los mercados se lo hicieron saber inmediatamente con una corrida que disparó el dólar tocando un techo, el día de hoy, de 280 pesos. La «reducción de daños» consistió en reemplazar sólo a Guzmán buscando salvar las formas de una coalición que, tras la crisis, ha dejado al presidente como un pintado del decorado. La caída de su principal aliado político tras el fracaso de su plan económico es un sorbo más en el vaciamiento de su poder real.

Tensiones insalvables

No se trata de egos. Las razones de fondo de la crisis son los desacuerdos a la hora de implementar los ajustes requeridos por el Fondo Monetario Internacional. La base de votantes y un sector importante de la militancia de base cristinista rechaza tragarse el sapo de quedar como responsables de un ajuste contra la clase trabajadora, lo cual terminaría de sepultar su máscara progresista. Esto presiona a una dirigencia que, sin alternativa, busca al mismo tiempo evitar el desgaste de su espacio político.

Para colmo, la orientación llevada adelante por Guzmán y Fernández venía haciendo agua por todos lados. El acuerdo con el FMI fue vendido como un elemento de estabilización de la macro. Cualquiera que planteara el no pago era tildado de «irrisorio», «fantasioso», «desestabilizador». Tras varios meses, el país está atravesando una fuerte presión devaluatoria y se encuentra al borde de una pendiente que lo puede llevar inevitablemente al default. El factor más desestabilizador de todos fue, finalmente, haber consensuado un plan de pago con el FMI que legalizó la estafa del gobierno anterior.

Cada vez se hace más palmario que el acuerdo no resuelve ninguno de los problemas económicos de la Argentina. Un país que, teniendo la segunda reserva más importante del mundo de petróleo y gas no convencional, no pudo evitar generar una corrida cambiaria por la necesidad de importar energía. El acuerdo con el Fondo perpetró un pacto de entrega que hipoteca al país por décadas al atraso productivo, a someter su desarrollo a los intereses del imperialismo. Mientras tanto, millones de trabajadores ven caer sus salarios por debajo del índice de pobreza, crecen los desocupados y se expande como nunca el trabajo informal y la precarización.

A pesar del palabrerío y de los pataleos, el kirchnerismo jamás presentó alternativa económica seria. Su táctica venía siendo tensar sin romper, despegarse sin desestabilizar. Como cuando Máximo criticó la firma del acuerdo pero terminó dando quórum en la sesión de diputados en que se mandató a Guzmán a cerrar con el FMI. No más que una maniobra de preservación con vistas a cuidar su perfil y capital político. A posicionarse de cara a la próxima campaña electoral. Todo indicaría que buscan una renegociación del acuerdo para ganar un poco de tiempo ¿pero en qué términos? ¿con qué funcionarios? Guzmán era garante de las negociaciones al contar con el aval del propio FMI ¿Quién era la alternativa kirchnerista para ocupar su lugar? Hasta la cena del domingo, silencio de radio…

La lógica política de las contradicciones en las que se encerró una coalición que vino supuestamente a terminar con el ajuste macrista y terminó legitimando la estafa de su deuda y aplicando un brutal ajuste contra los trabajadores y el pueblo está terminando por eclosionar como una brutal crisis política que podría convertirse en una crisis social, si es que irrumpen en la escena movilizaciones obreras y populares.

Romper con el Fondo

Desde la izquierda se viene sosteniendo un programa diametralmente opuesto. Fuimos la única fuerza política que se opuso de plano a legitimar la estafa de la deuda. La legalización de una estafa pactada con el único objetivo de financiar la fuga de capitales y financiar al gobierno hambreador de Macri.

En momentos en que fracasa la gestión pactada y el ajuste administrado, los políticos de derecha levantan la voz para pedir un ajuste más brutal con medidas de shock contra las masas populares. Si no se toman acciones radicalmente opuestas al ajuste en curso, la crisis representará un empeoramiento sideral de las condiciones de vida de los trabajadores y el pueblo de nuestro país.

La crisis abre la discusión sobre el curso económico de la Argentina. La tarea, entonces, pasa por imponer con la movilización en las calles la anulación del acuerdo con el FMI. El próximo 9 de julio está convocada una movilización para lograr dicho objetivo.

Impongamos un programa económico desde abajo para que la crisis la paguen los capitalistas y no los trabajadores y el pueblo. Con la estatización de la banca y el comercio exterior bajo control obrero y popular. Con un férreo control de precios bajo apercebimiento penal. Estableciendo un salario mínimo de 150 mil pesos. Como parte de un conjunto de medidas anticapitalistas para frenar la crisis. En esta perspectiva, movilicemos con todo el próximo 9 de julio.

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