Antiderechos y el derecho a decidir sobre tu cuerpo: sobre la vacuna si, sobre el aborto no

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  • La idea de “mi cuerpo, mi decisión” es uno de los principales argumentos que el movimiento feminista ha ensalzado en su lucha por lograr el aborto legal y que las jerarquías religiosas tanto han atacado.

Johan Madriz

Los sectores conservadores en el país no dejan de sorprender por lo inconsistente de sus posiciones, una y otra vez terminan demostrando que sus posturas retrogradas simplemente son políticas discriminatorias antiderechos.

En esta ocasión nos referimos a la reacción de sectores evangélicos y católicos sobre el decreto de obligatoriedad de la vacunación contra la Covid-19 en el sector publico que, además, deja la puerta abierta para que las empresas también la soliciten y obliga a la presentación del certificado de vacunación para ingresar a los establecimientos comerciales.

Representantes de ambas denominaciones se han opuesto a la medida utilizando la consigna de “mi cuerpo, mi decisión”. El diputado y pastor evangélico Melvin Núñez de Restauración Nacional, es el único congresista sin vacunarse y estas son sus declaraciones: “¿Cuánto vale mi libertad?, ¿Cuánto vale el que yo decida qué me pongo en mi cuerpo y qué no?, ¿Cuánto están dispuestos a pagar el precio de decir: esto si lo hago y esto no? Yo sí”. “Cada quien es libre de decidir sobre su cuerpo qué se mete y qué no”. “No soy quien para decirles a los costarricenses qué hace y qué no hacer”. “¿En qué país vivimos?, ¿desde cuando nos salió el control personal sobre las decisiones de los costarricenses para tomarlas por ellos?”[i]

En la misma línea se dio a conocer que un sacerdote católico en Palmares utilizó su pulpito en el mismo sentido, así lo relata un feligrés: “También dijo que por dicha los obispos se han ‘amarrado los pantalones’ paro no solicitar el código QR en las misas, así con esas palabras lo dijo. Al final alegó que la vacunación no debería ser obligatoria porque cada persona debería ver si se vacuna o no, que eso no debería ser ‘un asunto del Gobierno’ y que nos estaban limitando las libertades con esa medida[ii].

Ambas figuras son representantes de los sectores religiosos más conservadores (aunque públicamente sus jerarquías se desmarquen) y en el fondo sus argumentos se refieren a la libertad para decidir sobre el cuerpo. Remiten a la idea de que ni el Estado, ni las iglesias, ni las patronales tienen que decidir sobre nuestro cuerpo. Eso, justamente, es lo que argumentan las mujeres a las que en pleno siglo XXI todavía el sistema patriarcal les impide decidir sobre su maternidad o no maternidad.

La idea de “mi cuerpo, mi decisión” es uno de los principales argumentos que el movimiento feminista ha ensalzado en su lucha por lograr el aborto legal y que las jerarquías religiosas tanto han atacado. De esta forma, estos sectores han tomado y moldeado a su beneficio este concepto sin percatarse de que con ello contradicen sus propias posturas, por lo que sus argumentos misóginos se caen con sus propias palabras. Así, se devela que sus discursos no son “provida” sino antiderechos, que sus posiciones únicamente tienen el objetivo de continuar subyugando a las mujeres por el simple hecho de serlo.

Finalmente, aclaramos que consideramos que la vacuna es una conquista de la humanidad, lograda con el esfuerzo de trabajadores y trabajadoras, y como tal hay que defender y propiciar su uso, sin embargo, hay que rechazar las medidas de obligatoriedad y sancionatorias que el gobierno y el empresariado han impuesto. Por el contrario, lo que corresponde es brindar información, desmentir a los sectores negacionistas y antivacunas, asegurar el acceso universal y garantizar las medidas necesarias para tratar adecuadamente a las personas enfermas.

Esto no puede estar en manos del gobierno que, de forma autoritaria, asume los planteamientos del empresariado culpabilizando de la transmisión del virus a los sectores trabajadores. La obligatoriedad de la vacunación va únicamente en el sentido de regresar a la “normalidad” para estabilizar la economía y continuar con los negocios. Pero esa “normalidad” es una donde impera la precariedad, la pobreza y el desempleo. Es por esto por lo que es ineludible una lucha anticapitalista contra el sistema económico, social y político que garantiza este estado de las cosas, además, de continuar impulsando la lucha feminista para lograr el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos.


[i] “Núñez: cada quien es libre de decidir sobre su cuerpo qué se mete y qué no”. En www.elmundo.cr

[ii] “Sacerdote de Palmares arremete contra vacunación obligatoria y código QR durante misa”. En www.nacion.com

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