Programa Político de ¡Ya Basta! Elecciones FEUCR 2019

¡Por la defensa de la naturaleza de la explotación capitalista! ¡Por un ecologismo anticapitalista!

La vida humana no se puede comprender separada de la naturaleza, somos parte de ella y provenimos de los mismos procesos evolutivos que han dado vida a todas las especies. Entre la humanidad y la naturaleza se da un proceso de metabolismo que permite el intercambio de materia y energía, mediado por el trabajo humano, la construcción de instrumentos, la transformación de la naturaleza y el conocimiento de sus leyes, todo lo cual además, nos transforma a nosotros y nosotras mismas. En este proceso de metabolismo socio-natural se van complejizando las formas culturales de relacionarnos con la naturaleza, hasta el punto al que hemos llegado, a un sistema capitalista devorador de sus dos fuentes de riqueza: naturaleza y clase trabajadora.

La transformación del medio natural en materia prima para la producción de mercancías en el marco del sistema del capital es profundamente devastadora, lo que se ejemplifica con el desarrollo de la industrialización, la contaminación de las ciudades, la pérdida de fertilidad de los suelos, el calentamiento global por la polución de la atmósfera, entre otros. La naturaleza en el capitalismo se convierte constantemente en mercancía, lo que implica la privatización de los bienes naturales permanentemente.

Sabemos que el capitalismo en términos socioeconómicos es desigual, evidenciado en la enorme riqueza acumulada por unos cuantos multi-millonarios del mundo que contrasta con en la enorme pobreza de la mayoría de la población. En términos ecológicos sucede exactamente igual, unos cuantos millonarios son los que más consumen materia y energía con lo cual además se enriquecen, mientras es una inmensa mayoría de la humanidad la que se ve cada vez más limitada para acceder al recurso hídrico, bosques o alimentos. Sumemos a esto que la carga de los desastres siempre la sufren en mayor medida los sectores más empobrecidos y vulnerables.

Por otra parte, la extracción de recursos y materias primas para el mercado capitalista no es equilibrada, porque siempre se anteponen los intereses del capital, por encima de los criterios de sustentabilidad ecológica. Actualmente se consume mucho más de lo que la naturaleza puede renovar en un año, e incluso más de lo que realmente se necesita. La FAO ha reconocido que en el mundo se produce el doble de alimentos necesarios para la población mundial, y aun así hay 800 millones de personas que padecen la desnutrición. Otra evidencia de la irracionalidad capitalista es que en agosto de este año 2019 ya se habían consumido todos los recursos que el planeta nos puede reponer mediante sus ciclos ecológicos, por lo que a partir de ese mes vivimos “a crédito ambiental”.

Esto ya degeneró en una crisis ecológica mundial evidenciada en el calentamiento global, extinción de especies, contaminación de las aguas, reducción de la masa boscosa, profundas sequías, agudización de los desastres socio-ambientales, proliferación de nuevas enfermedades, derretimiento de los polos, entre muchas otras.

En la historia de Costa Rica se puede ver ejemplificado en el modelo agroexportador de inicios del siglo XIX, donde se priorizó la producción de café y banano para el mercado mundial, lo que detonó en una deforestación de bosques de miles de hectáreas, la destrucción de fuentes de agua, ecosistemas, paisajes, así como la inevitable dependencia económica hacia los países del centro imperialista. Recientemente, lo podemos ver con el estilo de desarrollo neoliberal, donde la empresa privada está llamada a ocupar el espacio que ocupaba el estado, como es notorio con la apertura de la producción eléctrica en manos de empresas privadas, o la reciente legitimación de miles de pozos ilegales para el abastecimiento de hoteles, campos de golf y zonas agrícolas, que de manera descontrolada están secando nuestros mantos acuíferos.

En respuesta a este devastador tipo de desarrollo con la naturaleza comunidades, movimientos  ecologistas, campesinado, sectores indígenas, estudiantes, entre otros, han salido a luchar por la defensa de sus bienes naturales, como la comunidad de Sardinal por la defensa del agua, la gente de San Rafael de Pérez Zeledón y Turrialba contra los proyectos hidroeléctricos privados y públicos en los ríos San Rafael y Bonilla respectivamente. También las valiosas experiencias realizadas por las y los indígenas en recuperaciones de tierras contra terratenientes invasores y usurpadores, o en la lucha por la defensa de la Loma Salitral, el último parche de bosque en el Gran Área Metropolitana.

En el país viene creciendo de manera importante la conflictividad socio-ambiental, dadas las atrocidades de las empresas cuando no cumplen ni siquiera con la endeble legislación nacional. Así también genera disputas la evidente complicidad del estado con los sectores burgueses, que se expresa en posiciones políticas para favorecer a las empresas, sus actividades y sus permisos de operación o construcción de infraestructura, así también en la incapacidad, negligencia o incompetencia para actuar ante las demandas interpuestas por actividades contrarias al ambiente natural.

Un ejemplo a nivel latinoamericano es la devastación de la Amazonía en los recientes incendios forestales, que bajo el amparo y en complicidad con las políticas del gobierno de Bolsonaro, se provocaron una enorme cantidad de incendios para hacer avanzar la frontera agrícola, lo que permitirá la transformación de bosques en zonas de producción de soja, ganadería y minería. Los criterios ecológicos de importancia para toda la humanidad a los capitalistas brasileños no les interesa, mientras puedan generar su riqueza.

De manera particular, las mujeres sufren en mayor medida las consecuencias de la devastación capitalista de la naturaleza, por ejemplo las migraciones climáticas se da principalmente en mujeres que además tienen personas a cargo. Asimismo, la pobreza es una problemática ambiental, que se agudiza con el fenómeno de la feminización de la pobreza, lo que se expresa en limitaciones de acceso a los recursos ecológicos y en la vulnerabilidad ante desastres.

Ante la crisis ecológica mundial los capitalistas han intentado aparentar alguna preocupación, mediante poses como el “capitalismo verde” o el “desarrollo sostenible”, que solo buscan hacer potable sus prácticas anti-ecológicas, para garantizar la “sostenibilidad” de sus ganancias en un mayor periodo de tiempo, tomando medidas blandas que no resuelven el problema de fondo. Desde nuestro punto de vista, es imposible que el capitalismo asuma criterios de producción ecológicos, porque atentaría contra su forma específica forma de relacionarse con la naturaleza, donde priman los intereses del capital y no los de la humanidad ni la naturaleza.

Todos estos son ejemplos de la relación depredadora del capitalismo con el ambiente natural. Como estudiantes y universidad debemos tomar cartas en el asunto, y desde ¡Ya Basta! queremos aportar con propuestas y debates sobre este acuciante problema.

Por todo esto, desde ¡Ya Basta! planteamos las siguientes posiciones políticas:

  1. Por la moratoria a la expansión piñera. En Costa Rica hay 66 mil hectáreas sembradas de piña, más de 1% del territorio nacional y de estas, 1500 hectáreas se encuentran en áreas silvestres protegidas.
  2. Por la creación de un impuesto para la exportación de piña igual al del banano, de $1 por caja lo que generaría ingresos por 91.000 millones de colones. (Propuesta original de FECON)
  3. Moratoria a la hidroelectricidad. No más ríos represados. El país actualmente tiene la capacidad de producir el doble de electricidad necesaria para el consumo total nacional. No más represas innecesarias, por la inversión en fuentes de energía ecológicamente sustentables.
  4. Moratoria a la minería a cielo abierto y fortalecimiento de la conservación para evitar la minería ilegal artesanal como sucede en Crucitas y el Parque Nacional Corcovado.
  5. Por el fortalecimiento de la conservación de las áreas silvestres protegidas y su fortalecimiento en términos de personal, equipo, armas, puestos de vigilancia, presupuesto, vínculos en beneficio de las comunidades vecinas, investigación y articulación mediante corredores biológicos.
  6. Por la prohibición del glifosato y el paraquat. Ambos agrotóxicos han sido muy cuestionados por la ciencia, como productos que son probablemente cancerígenos, por lo cual varios países están prohibiendo su uso. Costa Rica debe avanzar hacia este rumbo.
  7. Políticas de control ante la fumigación aérea de pesticidas y prohibición de fumigación a menos de 1000 metros de escuelas, centros de salud y poblacionales.
  8. No al atracadero en Puerto Viejo.
  9. Nos oponemos a la transformación regresiva de SETENA, por el fortalecimiento de los controles de impacto ambiental y cultural.
  10. Apoyamos a los movimientos sociales, comunales, indígenas y ecologistas que defienden su medio natural y sus condiciones de vida.
  11. Apoyamos la lucha de recuperaciones de tierras indígenas.
  12. Que el agua sea un bien público de acceso universal y no mercantilizable.
  13. No más pesca de arrastre.
  14. Por la prohibición del uso plástico de un solo uso.
  15. Que el movimiento estudiantil sea partícipe de la discusión nacional sobre la movilidad urbana sostenible y transporte público.
  16. En contra de la incineración y en favor del manejo integral y ecológico de los residuos sólidos.

Propuestas para la Universidad:

  1. Articular y apoyar la construcción de un movimiento estudiantil ecologista que se sume a las diferentes luchas a nivel universitario en todas las sedes y recintos, nacional e internacional.
  2. Presionar a las autoridades universitarias a tomar posiciones políticas en favor de la conservación del medio ambiente, apoyando movimientos sociales y ecologistas, indígenas y comunales que defiendan su medio natural.
  3. Por un programa integral de manejo de desechos sólidos, con infraestructura apropiada, un sistema de recolección efectivo y campañas informativas y de concientización.
  4. Eliminar el plástico de un uso en todas las sodas y comedores universitarios y potenciar la recolección de desechos valorizables en todas las sedes y recintos de la universidad.
  5. Alto a la destrucción de bosques en la Universidad.
  6. Apoyo a iniciativas de reforestación dentro y fuera de la Universidad, así de otras acciones que apunten a la conservación y protección de la naturaleza.
  7. Durante la semana del medio ambiente organizar una feria de concientización y exposición de iniciativas ecológicas, así como intercambio solidario de ropa, libros, artesanías, comida orgánica, entre otros.

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