Aporte de un profesor universitario interino

Se han publicado una serie de artículos por parte del periódico La Nación que plantean una línea de discusión. La autora de esos artículos, Daniela Cerdas, en apariencia le ha dado seguimiento a las políticas públicas correspondientes a la educación superior. El primero de estos artículos se publicó el 21 julio del 2018, titulado UCR: la ‘U’ que se lleva la mayor parte de presupuesto pero que menos ha aumentado su matrícula en 10 años[i].  Y el pasado martes 27 de agosto de 2019 se publicó otro artículo titulado Instituto Tecnológico propone que sus alumnos de mayores ingresos paguen más por el costo de las materias[ii]. Dichos artículos retratan algunas líneas que abren la discusión con respecto al sistema educativo costarricense, y en este caso, a las universidades públicas específicamente y su respectivo modelo.

El ambiente neoliberal encarnizado, y que se ha encrudecido en la última década, ha dejado a las universidades públicas costarricenses en el ojo del huracán voraz del capitalismo. Para explicar esta primera línea de discusión se deberá entender que la lucha contra las políticas neoliberales sobre la educación se ha dado al menos en dos amplios frentes. La autora Cerdas, de La Nación, parece no tener esto presente. La dualidad de frentes modifica categorialmente el cómo entender la conflictividad del asunto. El primero, un frente externo, en donde todo movimiento de las universidades está destinado a la crítica pública por “despilfarrar” recursos en cualquier otra cosa que no sea dar clases (fabricar títulos), y que además, deberá ser a bajo costo (ya de por sí, una limitada visión de una pseudoacademia). Este frente reaccionario tampoco es homogéneo, al parecer también es más fácil obviarlo desde la caracterización que hace para La Nación. En esa diversidad de actores que componen este primer frente se puede poner a la cabeza a los medios de comunicación masiva, diferentes cámaras empresariales y patronales, diversos personajes políticos de curso, entes internacionales como el Banco Mundial y algunos otros, cada uno con intereses específicos en el desfinanciamiento de la educación superior pública costarricense. Y sin duda, con el empoderamiento de la derecha conservadora (no es un hecho aislado de Costa Rica), este frente de ataques contra la academia es cada vez más en público, e incluso, más aplaudido hasta por sectores populares.

Ahora, el segundo frente de lucha suele ser más solapado, o al menos, más casero. Porque ante los embates de las políticas neoliberales las universidades se presentan en abstracto como entes inmaculados, siempre representados por sus diferentes rectorías, una especie de personajes ungidos. Pero pareciera que las rectorías se defienden solo en cuestiones referentes a recortes presupuestarios, porque cuando de ordenar la casa se trata, hacia adentro sale a la luz que esas políticas neoliberales que dictan desde “afuera” de las direcciones sí marcan el camino de esas supuestas rectorías disidentes. Por eso, se podría organizar el esquema de los frentes de la siguiente manera; por un lado, trabajadores de las universidades, y estudiantes (con una organización disminuida), que tienen la titánica tarea de luchar simultáneamente contra todos los factores externos que amenazan la educación pública, y además luchar hacia adentro contra rectorías serviles y patronales que no son capaces de defender los ejes de la academia (docencia, investigación y acción social) ante las presiones neoliberales que los plantean como no rentables.

Con esa primera caracterización propuesta, la de la multiplicidad de frentes para la defensa de la educación superior, ahora se agrega que la misma educación superior tampoco es homogénea.  No es una defensa unificada y uniforme ante estos ataques. Las diferentes universidades también abogan sus intereses particulares, sus enfoques diferenciados y diversos, además de que cada una tiene sus propias dinámicas administrativas, y sus propias lógicas de poder internas.

Ahora sí, de regreso a los artículos de La Nación, el análisis homogéneo ya nos presenta problemas por todo lo anterior. Así, comparar la “efectividad” o el “crecimiento” de las universidades solo por el incremento porcentual en la matrícula de la última década es pobre y miope. El crecimiento de la academia, además de la docencia, está ligado también a la investigación y acción social, tres pilares fundamentales y de igual importancia cada uno. Y si se pone a hilar fino, pues la Universidad de Costa Rica tiene muchas cosas que resolver en esos tres ámbitos antes de pensar en solo aumentar indiscriminadamente la matrícula para justificar la inversión que se hace en ella (pareciera que el plan es aumentarla a quien pueda costearla en todo caso). Por ejemplo, del problema del interinazgo crónico en la UCR es algo que hasta ahora se está hablando en alguna medida y solo por la valentía de trabajadores y trabajadoras que han denunciado hostigamiento y despedidos injustificados, amparados en la figura del interino. Y es que, en esos ataques externos, esa mala prensa, y peor aún, la cara supuestamente proteccionista que da su rector Henning Jensen, los trabajadores siguen rondando más del 60% de interinos, que están en un estado de precarización absoluto, trabajadores y trabajadoras que “no tienen derecho a elegir ni ser elegidos, a becas, años sabáticos, la carrera profesional tiene sus límites; no siempre son sujetos de crédito en el comercio o la banca privada o nacionalizada”[iii] y etc. Recordando la caracterización del principio, son evidentes los dos frentes de lucha.

Y con los estudiantes, pues la situación no mejora en ese panorama (con un movimiento estudiantil casi inexistente y estéril), el ambiente neoliberal presiona por modificar el modelo educativo universitario. ¡Y lo hace con urgencia! El TEC es el vivo ejemplo, donde esa servil rectoría ha renunciado a la defensa del presupuesto, y en lugar se cerrar filas en defensa por el derecho constitucional que garantice el financiamiento de la educación superior pública, más bien marca el camino hacia el autofinanciamiento (financiamiento que sale de los estudiantes), el rector del ITCR, Luis Paulino Méndez Badilla, propone que la medida de autofinanciarse con los ingresos de los estudiantes es con el fin de dar más becas a los estudiantes, y además, no menos importante, desahogar las finanzas del Tecnológico, “Esta sería una medida de solidaridad de los que tienen capacidad de pago con los que menos tienen y que de alguna manera busca seguir el principio de equidad en el acceso a la educación superior, (…) lo que vamos a recibir de más se invertirá en becas”[iv], explicó el rector.  Y el papel del Estado costarricense ni siquiera es cuestionado por asomo. Estudiantes financiando a otros estudiantes y el movimiento sigue sin reacción alguna. Y con ese frente externo, El Ministerio de Hacienda insiste en presionar por las políticas de recortes al presupuesto de otras instituciones sociales, mientras al mismo tiempo, dejan exentos del pago de impuestos a los principales grupos exportadores nacionales y transnacionales, así como al capital financiero. Por eso, no es una simple acción para paliar las finanzas públicas, es en realidad un modelaje ideológico de la propuesta educativa costarricense. Un trasfondo neoliberal de acceder a la academia solo por quien pueda pagar por ella. La academia inmersa en un modelo de rentabilidad. Y la discusión entre agentes neoliberales externos y señores feudales universitarios solo continuará cercenando a trabajadores y estudiantes, quienes aún están dispersos, y solo con pequeños focos de organización, insuficientes por demás. El trasfondo de la lucha por la defensa de la educación superior pública en Costa Rica va mucho más allá de la rentabilidad a la que apela La Nación. El análisis de Cerdas no es más que una revisión cuantificable de los réditos que puede-debe dejar las universidades al servicio del gran capital.  Y en esos términos, por supuesto la academia termina en números rojos.

Por eso, desde el Nuevo Partido Socialista continuamos denunciando la precarización de la educación superior costarricense, sentenciando al estudiantado, y fuerza laboral de las universidades a pésimas condiciones, expuestos al servicio empresarial costarricense y extranjero, todo siempre en detrimento de los de abajo y generando más ganancias a los de arriba.  Se reitera el llamado a conformar un Frente de Lucha por la defensa del FEES, y que este frente esté articulado entre estudiantes, trabajadoras y trabajadores de las universidades. Solo la unidad de las luchas, la efectiva organización de la clase trabajadora de las universidades públicas, y la reactivación de un movimiento estudiantil genuino podrá derrotar esas políticas regresivas de austeridad.

 

[i] Cerdas, D. (21-6-2018). UCR: la ‘U’ que se lleva la mayor parte de presupuesto pero que menos ha aumentado su matrícula en 10 años. https://www.nacion.com/el-pais/educacion/ucr-la-u-que-se-lleva-la-mayor-parte-de/F7LOMS4THRC6XPF3E3KFICJENE/story/?outputType=amp-type

[ii] Cerdas, D. (27-8-2019). Instituto Tecnológico propone que sus alumnos de mayores ingresos paguen más por el costo de las materias. https://www.nacion.com/el-pais/educacion/instituto-tecnologico-propone-que-sus-alumnos-de/JBKRWWQQHZBP3OYDH44DUTAMOE/story/?outputType=amp-type&__twitter_impression=true

[iii] Valverde, M. (06-9-2018). Interinazgo. https://semanariouniversidad.com/opinion/interinazgo/

[iv] Cerdas, D. (27-8-2019). Instituto Tecnológico propone que sus alumnos de mayores ingresos paguen más por el costo de las materias. https://www.nacion.com/el-pais/educacion/instituto-tecnologico-propone-que-sus-alumnos-de/JBKRWWQQHZBP3OYDH44DUTAMOE/story/?outputType=amp-type&__twitter_impression=true

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