• En un pueblo libre se realiza en verdad la razón (II)

Por Guillermo Pessoa

Vivimos tiempos en que los socialistas revolucionarios debemos (siempre lo hacemos en verdad), pero ahora en una crisis mundial inédita debemos hacerlo aún más: proponerle a los trabajadores ylas trabajadoras y el pueblo, una salida. Mostrar que no es como decía la Dama de Hierro de triste recuerdo que “no hay alternativa”. Sí la hay: es la revolución socialista internacional. Es construir un mundo con otras bases económico sociales, en donde la política como entidad autónoma perderá su razón de ser y surgirá de esa manera una nueva racionalidad.

Y esto nos conduce a Hegel y a finalizar la nota que habíamos emprendido semanas atrás 1. El individuo y las clases sociales son resultado de un proceso, de un quehacer que siempre se desarrolla en un marco que lo condiciona y en cierta manera lo limita. La relación sujeto-objeto. El hombre (genéricamente dicho) es “un yo que es un nosotros” y arribará al saber absoluto y al momento histórico en donde sea plenamente sujeto (sujeto – objeto en verdad) y ostentará una “razón superadora”.

En su lenguaje no siempre llano pero tampoco inaccesible (el “problema” de decir cosas nuevas con un instrumental de palabras “gastadas”), Hegel lo expresaba así:

En la vida de un pueblo es donde, de hecho, encuentra su realidad consumada el concepto de la realización de la razón consciente de sí, donde esta realización consiste en intuir en la independencia del otro la perfecta unidad con él o en tener por objeto como mi ser para mí esta libre coseidad de otro previamente encontrada por mí, que es lo negativo de mí mismo. La razón se halla presente como la sustancia universal fluida.

La verdadera humanidad, no el sujeto enajenado de la sociedad del capitalismo tardío, hallará la realización de la razón (fluida, viviente) en donde además la libertad no será un muro tapiado que nos enfrenta al otro, sino que será con el otro. El mundo moderno sentó las bases, las potencialidades para que eso pudiese ocurrir: un desarrollo tecnológico como nunca antes visto, pero que como supo decir Marx (y su maestro Hegel, entrevió) lleva en su seno su propia contradicción.

Y nosotros en plena pandemia lo hemos comprobado dramáticamente. El capitalismo demuestra su metabolismo anti social y de destrucción voraz de la naturaleza. Por eso, es sólo potencialidad ese nuevo mundo, de lo que se trata es de ponerlo en acto, de superar lo existente. Un sistema que sea realmente razonable. Oigamos nuevamente a la Fenomenología en uno de los párrafos centrales del capítulo que estamos resumiendo:

En un pueblo libre se realiza, por tanto, en verdad la razón; ésta es el espíritu vivo presente, en el que el individuo no sólo encuentra expresado su destino, es decir, su esencia universal y singular, y la encuentra presente como coseidad, sino que él mismo es esta esencia y ha alcanzado también su destino.

“Destino” entendido como realización de las potencialidades que el sujeto y la situación objetiva presentan. Es la consumación de la idea al identificarse con su concepto. Y es la historia el ámbito en donde esto puede y debe llevarse a cabo 2. La odisea del sujeto, nos mostraba Hegel, es asimismo el trabajo recurrente y plagado de marchas y contramarchas para arribar a dicha “razón”, a la “comunidad de un pueblo libre”. Es una lucha que si bien tiene visos idealistas en la Fenomenología, su carácter de lucha a muerte está claramente expresada. Y es allí cuando afloran las tensiones propias de la “vida”. La contradicción entre el universal y el particular: en la dedicación y el compromiso con el compañero y compañera y con la organización; pero también el tiempo dedicado a los hijos, la familia. Quizás no seamos nosotros quienes veamos los frutos de esa lucha 3

En una más que sugerente interpretación de este capítulo quinto un estudioso de la producción hegeliana, afirma: El abandono de la propia voluntad no es sólo un acto negativo; es al mismo tiempo un acto positivo: significa afirmar la voluntad como algo no singular, como algo universal. Lo singular suprimido (y al mismo tiempo conservado) es lo universal (…) Y esto es precisamente la razón: la certidumbre de la conciencia de ser toda la realidad y toda la verdad y la certidumbre de que esta verdad no está más allá sino que es una presencia inmediata para la conciencia. O como dice Hegel: “el Yo se vuelve universal pero lo universal es afirmado como Yo” 4

No es como sostiene el pensamiento burgués (y el pequeño burgués especialmente), si bien los “socialismos reales” abonaron el terreno para ello, que la acción colectiva borra al individuo, lo convierte en una marioneta. Por el contrario, la militancia por la transformación social nos transforma a nosotros y aún en un grado minúsculo en relación a lo que puede llegar a ser, permite que salga a la superficie lo mejor de nosotros y nos sintamos reconfortados y “libres” por ello. 5

La abstracción que aún tiene la formulación hegeliana en 1807 año en que escribe esta obra, es en cierta manera comprensible. Es “hija de su tiempo”. En la Filosofía del Derecho, su último trabajo de 1821, Hegel deja claro que la sociedad civil y el mundo moderno de la cual es expresión, no cuenta aún con sujetos, éstos son incompletos y parcelados pues su norte (y su felicidad) giran alrededor de la propiedad. Él creía entrever en el ámbito estatal, el verdadero espacio comunitario en donde el hombre obedeciendo las leyes que aquel dictase podría no arribar definitivamente, pero sí esbozar, esa nueva “razón de un pueblo libre”.6

La Fenomenología del Espíritu como la historia, se siguieron escribiendo durante el pasado siglo y el actual. Se fueron agregando “nuevas figuras” y “odiseas” del sujeto en donde éste creyó haber arribado a esa comunidad en la cual florecería la razón de un pueblo libre. Los socialistas revolucionarios a la vez que mostramos claramente nuestros objetivos y planteamos la sociedad por la que luchamos, sabemos de lo necesario que resulta hacer balance de aquellas experiencias que dijeron encarnar un hombre y una sociedad mejores, socialistas (decían sus mentores) y superadoras del capitalismo.

Ya Hegel nos enseñaba que la razón podía devenir en sinrazón. Rosa Luxemburgo a la vez que saludaba alborozada esa experiencia formidable y “realmente humana” que era la revolución bolchevique que comenzaba, advertía que era sólo el primer paso de una más grande y realmente superadora y que no debíamos “hacer de la necesidad virtud”. Hegel que vivió con pasión la revolución francesa, sintió decepción ante el terror jacobino pero siempre tuvo confianza en la historia y en el hombre “ese viejo topo” que cava en lo más hondo y preanuncia lo nuevo. No es casualidad entonces que Engels pudiera decir “nos sentimos orgullosos de ser herederos de Hegel”

Efectivamente entonces, en medio de un mundo que vive una crisis planetaria (ya lo decía Lenin, no hay crisis sin salida para el capitalismo, pero éste de cada una de ellas sale más envejecido) la razón sólo se podrá realizar en un pueblo libre. O lo que es lo mismo: sólo en una sociedad de productores asociados que controlen efectivamente los medios de producción, que reconcilien a éstos con la naturaleza y que conformen verdaderamente sujetos libres. Una sociedad socialista, claro.


Notas:

1: Ver Pessoa, G: En un pueblo libre se realiza en verdad la razón (I). Observaciones al capítulo V de la Fenomenología de Hegel. Izquierda Web, junio de 2020

2: (la razón) es la autoconciencia universal, amplísima, o el descubrimiento de que el más acá del hombre y su universo es un adorno o un cosmos, no una desventura que sea necesario superar en el más allá. El mundo existente se torna, para el pensamiento de la razón, en su “propia verdad y su propio presente; está seguro de que sólo en el se experimentará a sí mismo”. Bloch, E: Sujeto-Objeto. El pensamiento de Hegel. FCE, México, 1985

3: El hombre nunca cosecha los frutos de su labor; éstos siempre recaen sobre las generaciones futuras. No obstante, las pasiones e intereses no sucumben; ellos son los objetivos que lo mantienen trabajando al servicio de un poder y un interés superiores. Lo que Hegel denominó “la astucia de la razón”. Marcuse, H: Razón y Revolución. Alianza Editorial, Madrid, 1973

4: Raurich, H: Hegel y la lógica de la pasión. Ed. Marymar, Buenos Aires, 1976

5: Es muy recordada la cita de Marx en los Manuscritos de 1844, al narrar cuan diferente era la actitud de los obreros en los talleres y fábricas y cuando se hallaban fuera de ella, dialogando, organizando, “la sonrisa aparece en sus rostros”. Todo aquel que milita en cualquier ámbito que sea e incluso participó y obtuvo un triunfo en una huelga, reconoce e identifica lo que sentían aquellos trabajadores parisinos

6: Naturalmente esto merece un desarrollo mucho más amplio y más rico. Recordemos que los textos tempranos de Marx giran (aceptando pero también negando) sobre esta temática hegeliana. En especial Crítica a la Filosofía del Estado de Hegel La cuestión judía.

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