• Homenaje a 80 años del asesinato de León Trotsky. Debates alrededor de la oposición de Izquierda.

Leon Trotsky

11 de noviembre de 1928

Estimado camarada Boroday [1]:

Ahora justo acabo de recibir su carta, expedida en Tiumen el 12 de octubre, casi un mes después. Le respondo muy gustoso inmediatamente, a vuelta de correo, dada la importancia de las preguntas que usted me plantea. Tomando como punto de partida la posición del grupo Centralismo Democrático, al que usted pertenece, me plantea siete preguntas y exige que se le den respuestas “claras y concretas”, “no nebulosas”. Es un deseo completamente legítimo. Solamente que nuestra forma de ser concretos debe ser dialéctica, es decir abrazar la dinámica viva de la evolución y no debe substituirla por patrones completamente hechos que, a primer vista, parecen muy “claros” pero que, en realidad, son falsos y carecen de contenido. Su forma de preguntarme es puramente formal: “Si es sí, es sí, si es no, es no”. Sus preguntas deben recolocarse en primer lugar sobre una base marxista para que se les pueda responder justamente.

I.- Después de haber expuesto el carácter de la composición social del partido y de su aparato me pregunta usted: “¿El partido se ha degenerado? Esta es la primera pregunta.” Exige usted una respuesta “clara” y “concreta”: sí, se ha degenerado. No obstante, no le puedo responder así pues actualmente nuestro partido es extremadamente heterogéneo social e ideológicamente. Incluye a elementos completamente degenerados, a otros todavía sanos pero amorfos, a otros que hasta aquí apenas se han visto afectados por la degeneración, etc. El régimen de la opresión del aparato, que refleja la presión de las otras clases sobre el proletariado, y el declive del espíritu de actividad del mismo proletariado hacen muy difícil un control cotidiano del grado de degeneración de las diversas capas y núcleos del partido y de su aparato. Pero esta verificación se puede hacer y se hará en la acción, particularmente a través de nuestra intervención activa en  la vida interna del partido, movilizando infatigablemente a sus elementos vivos y capaces de vivir.

Naturalmente, no es cuestión de tal intervención si se parte de la idea que el partido en su conjunto se ha degenerado, que el partido es un cadáver. Con tal estimación del partido es absurdo dirigirse a él, y más absurdo aún esperar a que quiera escuchar y entender, en una u otra de sus partes, es decir sobre todo en su núcleo proletario. Ahora bien, la conquista de ese núcleo es la conquista del partido. Ese núcleo no se considera, y completamente en justicia, como muerto ni como degenerado. Sobre ese núcleo, sobre su futuro, fundamos nuestra línea política. Le explicaremos pacientemente nuestros objetivos basándonos en la experiencia y los hechos. En cada célula y en cada reunión obrera denunciaremos como una mentira la calumnia del aparato, que dice que conspiramos y creamos un segundo partido; afirmaremos que son los termidorianos del aparato los que, ocultándose tras los centristas, construyen ese segundo partido; en cuanto a nosotros, nosotros queremos depurar al partido de Lenin de los elementos ustrialovistas y semi-ustrialovistas; queremos hacerlo de acuerdo con el núcleo proletario que, con la ayuda de elementos activos del proletariado todo entero, todavía puede hacerse dueño del partido y salvar a la revolución de su pérdida mediante una reforma proletaria profunda en todos los dominios.

II.- “¿Es un hecho cumplido la degeneración del aparato y del poder de los soviets? Tal es la segunda pregunta.”, dice usted.

Todo lo que he dicho más arriba se aplica igualmente a esta pregunta. Sin duda, la degeneración del aparato de los soviets precede mucho al mismo proceso en el seno del aparato del partido. Sin embargo, el que decide es el partido. Y en el presente eso quiere decir el aparato del partido. La pregunta vuelve pues a lo mismo: el núcleo proletario del partido, respaldado por la clase obrera, ¿es capaz de triunfar sobre la autocracia del aparato del partido fundida con la del estado? Quien responda de antemano que no es capaz toma de esta forma posición a favor de la necesidad de un nuevo partido sobre una nueva base, pero también a favor de la necesidad de una segunda y nueva revolución proletaria. No hace falta decir que no se puede afirmar en absoluto que una tal perspectiva esté excluida en todos los casos. No obstante, no se trata aquí de predicciones históricas sino más bien, en una situación determinada, de no ceder ante el enemigo sino, por el contrario, hacer renacer y reforzar la revolución de Octubre y la dictadura del proletariado. ¿Se ha ensayado esta vía hasta el final? En absoluto. En el fondo, el trabajo metódico de los bolchevique-leninistas para movilizar al núcleo proletario del partido en la nueva etapa histórica no ha hecho más que empezar.

La respuesta seca: “Sí, ha degenerado”, a propósito del poder de los soviets no contiene en sí ninguna claridad y no abre ninguna perspectiva. Se trata de un proceso contradictorio en curso de desarrollo que todavía debe encontrar su conclusión en un sentido u otro gracias a la lucha de las fuerzas vivas. Nuestra participación en esta lucha tendrá una considerable importancia para determinar su salida.

III.- “Considerando la situación actual de nuestro país y del partido en su conjunto (pregunta usted) ¿todavía tenemos una dictadura de la clase obrera? ¿Quién tiene la hegemonía en el partido y en el país? Esta es la tercera pregunta”, pregunta usted además.

Las dos respuestas precedentes muestran netamente que usted plantea también esta cuestión de una forma inexacta, no dialéctica sino escolásticamente. Precisamente Bujarin es quien ha presentado esta pregunta decenas de veces bajo la forma de alternativa escolástica: o bien hay Termidor y entonces ustedes, Oposición, deben ser derrotistas y no partidarios de la defensa; o, si ustedes son verdaderos partidarios de la defensa, entonces reconocerán que todos sus discursos sobre el Termidor sólo son charlatanería. Aquí, camarada, cae usted completamente en la trampa de la escolástica bujariniana. Junto a él usted busca hechos sociales “claros”, es decir completamente acabados. En cuanto a los procesos contradictorios en curso de desarrollo, éstos le parecen “nebulosos”. ¿Qué tenemos en realidad? Tenemos en el país un proceso de dualidad de poder muy avanzado. ¿El poder ya no está en las manos del proletariado? En cierto grado, en grado muy considerable, pero que está lejos todavía de ser decisivo. Esto es lo que explica la predominancia monstruosa del aparato burocrático, dando bordadas entre las clases. Pero el aparato del estado, a través del aparato del partido, depende del partido, es decir de su núcleo proletario, con la condición de que éste sea activo y que tenga una orientación y una dirección justas. En ello consiste nuestra tarea. Una situación de doble poder es inestable por su misma esencia: tarde o temprano debe llevar en un sentido u otro. Pero en la situación actual, la burguesía sólo podría apoderarse del poder por la vía del levantamiento contrarrevolucionario. En cuanto al proletariado, pude recuperarlo todo entero, reformar a la burocracia y controlarla mediante la reforma del partido y los soviets. Aquí están las características fundamentales de la situación.

Sus camaradas de ideas de Jarkov, según mis informaciones, han lanzado a los obreros un llamamiento basado en la falsa idea de que la Revolución de Octubre y la dictadura del proletariado ya están liquidadas. Ese manifiesto, cuyo fondo es falso, le ha causado gran daño a la Oposición. Es necesario condenar resuelta e implacablemente semejantes declaraciones. Es una bravata de aventureros no del espíritu revolucionario de los marxistas.

IV.- Citando mi “epílogo” sobre la victoria de la derecha sobre el centro en julio, me pregunta usted. “¿entrecomilla así usted enteramente „el giro a izquierda‟ y el !desplazamiento‟ que en otras ocasiones usted había propuesto apoyar con todas las fuerzas y mediante todos los métodos? Esta es la cuarta pregunta.”

Aquí existe de su parte una flagrante contra-verdad. Jamás, en ninguna parte, he hablado de curso a izquierda. He hablado de “cambio” de “zigzag a izquierda”, oponiendo esta concepción a un curso a izquierda verdadero. Nunca jamás, en ninguna parte, he propuesto apoyar ese pretendido curso a izquierda de los centristas ni he propuesto hacerlo. Pero he propuesto y prometido apoyar con todos los medios todo paso que dé efectivamente el centrismo hacia la izquierda, incluso si sólo es un medida  a medias, sin cesar ni un instante de criticar y desenmascarar al centrismo en tanto que obstáculo fundamental levantado en la vía del despertar de espíritu de actividad del núcleo proletario del partido. Mi “epílogo” fue, justamente, un documento que denunciaba la capitulación política de los centristas ante la derecha en el plenario de julio. Pero no estimaba, y en el presente no estimo, que la historia del desarrollo del partido, y en particular la de la lucha del centro contra la derecha, terminasen en ese plenario. Actualmente somos testigos de una nueva campaña centrista contra los derechistas. Tenemos que convertirnos en participantes independientes de esa campaña. Naturalmente que vemos toda la hipocresía, duplicidad, carácter de medida a medias pérfida del aparato en la lucha estalinista contra la derecha. Pero tras esa lucha se encuentran profundas fuerzas de clases que buscarán abrirse camino a través del partido y de su aparato. La fuerza motriz del ala derecha es el nuevo poseedor en vías de desarrollo que busca la ligazón con el capital mundial: nuestros derechistas caminan lentamente y pierden tiempo porque no se atreven todavía a montar abiertamente el caballo de batalla. El escudo de los centristas es el funcionario del partido, de los sindicatos y del resto de instituciones: a pesar de todo, éste depende de la masa obrera, y parece ser que en el curso de los últimos tiempos se ve obligado a contar cada vez más con ella: de ahí la “autocrítica” y “la lucha contra la derecha”. Así la lucha de clases se refracta y deforma pero se manifiesta, no obstante ello, en esta lucha; con su presión puede transformar la querella entre centristas y derechistas en el aparato en una etapa muy importante en el despertar y animación del partido y de la clase obrera.

Seríamos imbéciles si tomásemos en serio la campaña actual contra los derechistas. Pero, por otra parte, seríamos penosos escolásticos y “sagaces” sectarios si no comprendiésemos que centenares de miles de obreros, miembros del partido, creen en ella, si no al cien por cien, sí por lo menos al cincuenta o al veinticinco por cien. Todavía no están con nosotros. No olvide esto, no se deje engañar con banalidades de secta. El centrismo no se mantiene solamente gracias a la opresión del aparato sino, también, gracias a la confianza, o confianza a medias, de cierta parte de los obreros miembros del partido. Esos obreros que apoyan a los centristas entrarán con más ganas en lucha contra la derecha de lo que lo han hecho contra la Oposición, para hacer lo cual ha hecho falta arrastrarles con la soga al cuello. Un opositor serio e inteligente dirá, en no importa qué célula obrera, en no importa qué asamblea obrera: “Se nos invita a combatir a los derechistas: eso es magnífico. Hace mucho tiempo que nosotros llamamos a hacerlo. Y, si pensáis luchar seriamente contra la derecha, podéis contar enteramente con nosotros. No seremos esquiroles. Al contrario, estaremos en las primeras filas. Solamente que: luchemos realmente. ¡Abajo las máscaras! Hay que nombrar en voz alta a los jefes de la derecha, enumerar sus acciones derechistas, etc.” En una palabra, el opositor empujará hacia delante, como bolchevique, al núcleo proletario del partido y no le dará la espalda con el pretexto que el partido está degenerado.

V.- “¿Todavía es posible mantener ilusiones sobre la capacidad de los estalinistas para defender los intereses de la revolución y de la clase obrera? Esta es la quinta pregunta.”

Plantea usted la quinta pregunta de forma también tan inexacta como las cuatro primeras. Alimentar ilusiones sobre los centristas es deslizarse uno mismo hacia el centrismo. Pero cerrar los ojos ante los procesos de masa que empujan a los centristas a izquierda es encerrarse en una cáscara sectaria. ¡Cómo si se tratase de saber si Stalin o Molotov son capaces de volver a la vía de la política proletaria! Por sí mismos son incapaces en cualquier caso. Lo han demostrado plenamente. Pero no se trata de adivinar la suerte que les espera a diversos miembros del estado mayor estalinista, eso no nos interesa en absoluto. En ese dominio todas las “sorpresas” son posibles; Osinsky[2], ex jefe del grupo decista, ha devenido un extremo derechista, por ejemplo. Ello no nos interesa en absoluto. La pregunta justa es esta: ¿las decenas y centenas de millares de obreros, miembros del partido y de las Juventudes Comunistas que, en el presente, apoyan activamente, activamente a medias y pasivamente a los estalinistas, son capaces de corregirse, de despertarse, de cerrar sus filas y “defender los intereses de la revolución y de la clase obrera”? A esto respondemos: “Sí, son capaces. Todavía serán capaces mañana o pasado mañana si nosotros somos capaces de abordarlos correctamente, si nosotros les mostramos que no los consideramos como cadáveres, si, en forma bolchevique, apoyamos cada paso, cada paso a medias, que den hacia nosotros; si, además, no solamente no alimentamos “ilusiones” hacia la dirección centrista, sino que denunciamos implacablemente esas ilusiones por mediación de la experiencia cotidiana de la lucha. Por el momento hay que hacerlo mediante la experiencia de la lucha contra la derecha.

VI.- Tras haber determinado el carácter del VI Congreso y señalado determinados fenómenos en el seno del partido, escribe usted: “¿Todo ello no es Termidor con la guillotina seca? Esta es la sexta pregunta.”

He respondido a esta pregunta de una forma suficientemente concreta más arriba. Una vez más, no crea usted que la escolástica bujariniana, empleada a la inversa, es marxismo.

VII.- Me pregunta usted si “¿Tiene usted intención personalmente de continuar en el futuro adjudicando a los camaradas que forman parte del grupo de los Quince el magnífico epíteto de “revolucionarios honestos” y a desolidarizarse al mismo tiempo de ellos? ¿No ha llegado ya el momento de acabar con esta pequeña querella? ¿No es tiempo ya de pensar en la consolidación de las fuerzas de la guardia bolchevique?… Esta es la séptima y última pregunta.”

Desgraciadamente esta pregunta tampoco está planteada de forma completamente justa. No he sido yo quien se ha desolidarizado con el grupo decista sino que ha sido ese grupo el que formaba parte de la Oposición en su conjunto y se ha desolidarizado de ella. Es en este terreno en el que se ha producido a consecuencia de ello una escisión en el mismo grupo del centralismo democrático. Tal es el pasado. Si se examina toda la última fase, en el seno de la Oposición en el exilio se produjo el intercambio de opiniones más serio que llevó a la elaboración de toda una serie de documentos responsables que concitaron la adhesión del 99% de la Oposición. En eso también los representantes de los decistas se separaron otra vez más de nosotros mostrándose más papistas que el papa, es decir que el mismo Safarov. ¡Tras ello usted me pregunta si tengo la intención en el futuro de continuar “delimitándome” del centralismo democrático! No, usted no aborda en absoluto esta cuestión desde un buen ángulo. Presenta usted las cosas como si en el pasado los Zinóviev, Kámenev y  Piatakov hubiesen impedido la unificación. Se equivoca usted también en eso. De sus consideraciones se podría concluir que nosotros, Oposición de 1923, hubiéramos estado a favor de la unión con los zinovievistas y el grupo del centralismo democrático en contra. Por el contrario: sobre esta cuestión nosotros éramos mucho más prudentes e insistimos mucho más en las garantías. La iniciativa de la unificación recaía sobre Centralismo Democrático.

Las primeras conferencias con los zinovievistas se celebraron bajo la presidencia del camarada Sapronov. No digo eso a modo de reproche pues el bloque fue necesario y constituyó un paso adelante. Pero no hay que “desfigurar el pasado de ayer mismo”. Después que el grupo del centralismo democrático se separase de la Oposición, Zinóviev estuvo siempre a favor de una nueva unificación con él: planteó la cuestión decenas de veces; en cuanto a mí, yo intervine en contra. ¿Cuáles eran mis motivos? Yo decía: necesitamos la unificación pero una unificación sólida, seria. Si al primer  tropiezo el grupo del centralismo democrático se separa de nosotros no hay que apresurarse en hacer nuevas fusiones de cenáculos, sino dejar que la experiencia verifique la política y o bien profundizar la escisión o bien preparar condiciones de una verdadera unión, seria y no pasajera.

Estimo que la experiencia de 1927-1928 demostrará cómo de absurdas eran las sospechas e insinuaciones contra la Oposición por parte de los dirigentes del grupo decista. Cuento sobre todo con que los documentos principistas que hemos dirigido al VI Congreso[3] facilitarían el acercamiento de nuestras filas. Esto es lo que ha ocurrido en el caso de toda una serie de camaradas del grupo decista. Pero los dirigentes reconocidos de su grupo han hecho todo lo posible no solamente para profundizar y acentuar las divergencias de los puntos de vista sino, además, para envenenar completamente las relaciones. Por mi parte, tomo mucho más calmadamente los escritos de V. Smirnov. Pero durante estos últimos tiempos he recibido decenas de cartas de camaradas indignados en alto grado a causa del carácter de esos escritos, que parecen estar calculados especialmente para impedir un acercamiento y conservar a todo precio su propia capillita y su propio estatus de pastor.

Pero, independientemente de toda la historia pasada sobre punto de saber quién se ha separado y cómo, quién quiere honestamente la unidad en nuestras filas y quién quiere conservar su parroquia, queda pendiente aún toda la cuestión de la base en las ideas de esta unificación.

El camarada Rafail me escribió el 28 de septiembre sobre ese punto:

“Nuestros amigos del grupo de los Quince han comenzado a desarrollar una furiosa campaña contra usted en particular; sobre eso existe una chocante armonía entre el artículo de fondo del Bolchevik, nº 16, y Valdimir Mijailovich Smirnov y el resto de camaradas del “grupo de los Quince”. El error fundamental de esos camaradas es concederle demasiado valor a las decisiones puramente formales y a las combinaciones que se producen en las capas superiores, en particular a las decisiones del plenario de julio. Los árboles no les dejan ver el bosque. Naturalmente, durante una cierta fase del desarrollo, esas decisiones son el reflejo de una determinada relación de fuerzas: pero en ningún caso se puede considerar que determinan la salida de la lucha que continúa y continuará todavía largo tiempo. No se ha solucionado ninguno de los problemas

que han provocado la crisis, las contradicciones se han agravado. Incluso el editorial oficial de Pravda del 18 de septiembre se ve obligado a reconocerlo.

A pesar del “martillo de acero” que todos los días (y desde hace mucho tiempo) hunde una “cuña” en la Oposición, la Oposición vive y tiene la voluntad de vivir; tiene cuadros templados para el combate ¡y qué cuadros! En semejante momento, extraer conclusiones análogas a las del grupo de los Quince es radicalmente falso y profundamente nocivo. Esas conclusiones crean un estado de ánimo de desmoralización en lugar de organizar a la clase obrera y al núcleo proletario del partido. La posición de los Quince sólo puede ser pasiva pues si el proletariado y su vanguardia ya han cedido sin combatir todas sus posiciones y conquistas, entonces ¿con quién y con qué pueden contar los camaradas? No se organiza a las masas para resucitar a un “cadáver”: en cuanto a una nueva lucha, estando dada la situación de la clase obrera tal como ellos se la representan, los plazos son demasiado largos y ello llevará inevitablemente a la posición de Chliapnikov.4

Pienso que el camarada Rafail tiene perfectamente razón en caracterizar así la situación.

Escribe usted que al proletariado no le gustan las medidas a medias y los rodeos diplomáticos. Eso es justo. He ahí por qué al fin de cuentas es necesario que sea usted lógico. Si el partido es un cadáver a buen seguro que es necesario construir un nuevo partido sobre un nuevo emplazamiento, y decírselo a la clase obrera. Si el Termidor está acabado y si la dictadura del proletariado está liquidada, entonces es preciso desplegar abiertamente el estandarte de la segunda revolución proletaria. Así es como nosotros hubiésemos actuado si la vía de la reforma, de la que somos partidarios, hubiese fracasado. Desgraciadamente los dirigentes del centralismo democrático se han liado hasta el codo con las medidas a medias, y nebulosas, y los rodeos diplomáticos. Critican nuestra vía de la reforma de una forma muy de “izquierdas” (una vía sobre la que confío en que hayamos demostrado con actos que no era la de la legalidad estalinista) pero tampoco proponen otra vía a las masas obreras. Se limitan a proferir contra nosotros gruñidos sectarios y a la espera cuentan con movimientos espontáneos. Si esta línea se consolidase no solamente destruirá a su grupo, que contiene a numerosos revolucionarios buenos y abnegados, sino que, como todo sectarismo  y aventurerismo, le rendirá el mejor servicio posible a las tendencias de derecha-centristas, es decir, a fin de cuentas, a la restauración burguesa. He ahí por qué, estimado camarada, antes de unirnos, y de todo corazón estoy a favor de la unificación, es preciso delimitarse ideológicamente basándose en una línea política neta y principista. Es una buena vieja regla bolchevique.

 


[1] V. G. Boroday, deportado en Tiumen, miembro del grupo decista, le había dirigido cierto número de preguntas a Trotsky en el marco de la crisis que sacudía al grupo.

[2] Valerian V. Obolensky, llamado Osinsky (1887-1938), hijo de veterinario, estudiante, bolchevique desde 1907, economista, miembro de la Oposición “decista” en los años 20-21, después de la Oposición de 1923, también era miembro de la oficina central de estadísticas y del presídium del Gosplan. Había roto con los grupos de oposición.

[3] Ver en estas Edicions Internacionals Sedov La Internacional Comunista después de Leninhttp://grupgerminal.org/?q=node/183 y Declaración de la Oposición de Izquierda al VI Congreso de la Internacional Comunista: http://grupgerminal.org/?q=node/956 NdT.

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