Pierre Broué

La GPU debía ser un instrumento de una docilidad total porque era ésta con la que Stalin contaba para quebrar y destruir definitivamente a la Oposición. Uno de los principales medios utilizados, desde esta época, fue la provocación, la utilización de agentes de la GPU infiltradas en las filas de la Oposición, incluso ”devueltos” tras una interpelación o un arresto.

No tenemos evidentemente más que algunos pocos documentos concernientes a este tipo de asuntos cuya prueba definitiva no se encontrará jamás a no ser en los archivos de la policía al servicio del poder. Pero tenemos no obstante un cierto número de indicaciones que consti­tuyen otras tantas presunciones. Y, en primer lugar, porque en este periodo, Stalin, quien esperaba resultados más rápidos y sobreestimaba sin duda también sus propios procedi­mientos, trabajaba a corto plazo y quemaba agentes y hombres que hubiera podido aprovechar como agentes a largo plazo, con la vana esperanza de asestar a la Oposición un golpe definitivo – como lo haría por otra parte en la Internacional, al menos hasta 1933. Tanto es así que en 1929 jugó a muchas cartas. En Moscú, si creemos en Víctor Serge, uno de los principales colaboradores de Boris Eltsin en el “centro” era un tal Mikhail Tverskoy cuyos pamfletos incendiarios y denuncias permitieron detener a centenas de cuadros y de militantes.[48] Parece que, siempre según Serge, llevó adelante un juego idéntico en Leningrado en 1930.[49] En 1929, en París, Salomon Kharin, “Joseph”, ganado por los argumentos de Radek en favor de la capitulación, aceptó jugar el rol de informador de la GPU a la que enviaba direcciones y documentos, especialmente el manuscrito integral del primer número del ”Biulleten Oppositsii”. Su traición no impidió la aparición del boletín, pero sí para desenmascarar definitivamente a un hombre que Stalin hubiera querido conservar en el entorno de Trotsky para informarse.

Los corresponsales del Biulleten insistían en sus cartas sobre el hecho de que la conducción de deportados estaban cada vez más repletos de agentes, deliberadamente enviados, o deportados auténticos que habían aceptado en el curso de los interrogatorios jugar el rol de provocadores o de informantes para “redimirse”. Los más peligrosos eran evidentemente los viejos bolcheviques de quienes nadie se atrevía a sospechar. Muchos testigos mencionaron el rol jugado en Verkhneuralsk por uno de ellos, Surnov, antiguo Comisario del Pueblo en la Salud en la República de Crimea, que compartió durante algún tiempo la celda de Solntsev que logró desenmascararlo.[50] Ciliga contaba igualmente que, poco antes de su liberación, fue objeto de demandas por parte de otro agente provocador, también antiguo bolchevique, Artuk Solovian, que insistía para que mandara un mensaje destinado a Sedov y sobre todo para que este último le enviara ”directivas”.[51]

 


[48] Ibidem, p. 265.

[49] Ibidem.

[50] A. Ciliga, “En el País de la Gran Mentira”, p. 182-183. Ante Ciliga (nacido en 1896), croata, devenido italiano tras los tratados, dirigente del PC yugoslavo, establecido en la URSS en 1926, fue arrestado en 1930; fue liberado en 1935 sin duda por su nacionalidad italiana. Publicó recuerdos en distintas revistas, y luego, en 1936, en su libro, ”En el País de la Gran Mentira”.

[51] Ibidem, vol. II, p. 294-295.

DEJAR UN COMENTARIO

Ingresar comentario
Ingrese su nombre