Pierre Broué

La victoria de Hitler en Alemania desequilibró a escala mundial la relación de fuerzas entre las clases: esto le permitió a Stalin en la URSS dar una ”solución final” – sin precedentes en la época – a la cuestión de la Oposición de Izquierda.

No es fácil reconstruir la trama de esos años en los que Víctor Serge se preguntaba si no había llegado la “medianoche del siglo”. Ya no había más comunicaciones entre la URSS y Trotsky: ningún militante ni simpatizante se habría atrevido a correr el riesgo de escribir. La GPU no dejaba de aumentar su presión: a partir de 1935, logró colocar cerca de León Sedov, en París, a uno de sus agentes, Zborowski, que militaba bajo el seudónimo de Etienne, el cual infor­maba directamente todo lo que averiguaba.[123] El pequeño grupo ruso de París estaba desgarrado por las sospechas que difundía Etienne a fin de protegerse a si mismo.[124]

Los últimos elementos de información llegaron por correo con los últimos militantes que lograron huir de la Unión Soviética: Davtian-Tarov, que llegó a Persia en agosto de 1935, Ante Ciliga, que desembarcó en Praga en diciembre del mismo año, Víctor Serge finalmente liberado, que llegó a Bruselas en abril de 1936. En el transcurso del año 1937, las hombres que rompieron con la GPU, Ignace Reiss, Valter Krivitsky[125], aportaron igualmente elementos, desde otro punto de vista. Estos fueron ya los últimos.

A través de sus informaciones es como se pueden reconstituir algunos fragmentos de lo que sucedió en la URSS durante esos últimos años en los que la Oposición agonizaba. Parece que, hacia 1933 o 1934, los deportados de la Oposición habían alimentado una débil esperanza de mejorar su suerte – posiblemente en el marco de la política de distensión relativa inspirada, y sin duda impuesta a Stalin, por aquella oposición del aparato que había hecho de Kirov su candidato al primer puesto. Aquí y allá se interrumpió la renovación automática de las condenas y autorización para que vivieran en el exilio los antiguos confinados en las ”cárceles de aislamiento”. Se dio incluso el caso de que un viejo bolchevique, miembro de la Oposición, fuese liberado sin haber capitulado: se trata de NI Muralov, autorizado a trabajar como agrónomo en Siberia. Muchos dirigentes de la joven generación de la Oposición, que habían dejado en esa época la ”cárcel de aislamiento”, vivían de forma precaria, en el exilio, a veces junto a su familia. Se sabe por ejemplo que Víctor Eltsin estuvo desde 1933 hasta 1935 en Arkhangelsk, y VE Pankratov en Orenburg. En 1934, ER Solntsev, tras una doble ampliación de hecho de su condena fue autorizado a vivir en el exilio en Siberia – G. Ia. Iakovin vivía en condiciones parecidas en Stalinabad – Guevorkian estaba igualmente “libre”. Pero esto no fue más que una muy breve tregua. El 1o. de diciembre, el joven comunista Leonid Nikolaiev mató a tiros a Kirov en Smolni: la GPU –con Stalin detrás de Iagoda – movió los hilos de la ”conspiración” para justificar el baño de sangre que estimaba necesario reanudar. A los pocos días la primera oleada de arrestos puso punto final a los sueños audaces de semi-libertad que desde el exilio alimentaron ciertos oposicionistas. Todos fueron arrestados, sin excepción, con duras condenas: muchos de ellos son los desaparecidos. La renovación automática de las penas se retomó como mecanismo inflexible dirigido por la dirección colegiada de la GPU, rebautizada como NKVD.

Sólo hubo unas pocas capitulaciones en este periodo. Se hablaba en 1935 de Verónika S. Kasparova, de edad avanzada y muy enferma. Nadie creyó en la capitulación anunciada de Stopalov por cuanto en la misma se vió “una maniobra”. Por otra parte, la llegada a los ”campos” de decenas de miles de nuevos detenidos, entre los cuales había una mayoría de jóvenes, parecía procurar a los bolcheviques-leninistas de tropas frescas, refuerzos de combatientes y futuros cuadros. Rápidamente se reagrupó a los bolcheviques-leninistas con el fin de aislarlos de la masa de deportados y condenados. Los ”campos” se asemejaban cada vez más a ”campos de concentración”, y las ”cárceles de aislamiento” renovaron su población: el trotskista VF Pankratov, volviendo a Verkhneuralsk en 1935, encontró en la misma celda a Kamenev, Slepkov y Smilga.

¿Intentaron algunos de los hombres de la joven generación en el exilio reconstruir en 1934 si no una organización en la forma, al menos el centro de una red? Cabe dudar de ello junto con Victor Serge que juzgaba imposible semejante empresa. No obstante, de ello fueron acusados en 1935 G Ia. Iakovin, Kh. M. Pevzner, VF Pankratov y EB Solntsev. Este último murió en enero de 1936, en el hospital de Novosibirsk, tras una huelga de hambre victoriosa contra una prolongación de las condenas, y la negativa de la GPU de dejarlo vivir en el exilio en Minussinsk con su mujer y su hijo.[126] Pankratov y Pevzner recibieron ambos cinco años adicionales en la “cárcel de aislamiento” y fueron enviados, uno a Verkhneuralsk y el otro a Cheliabinsk, desapareciendo para siempre, el primero sólo había logrado hacer saber a sus amigos de Oremburg que el proceso había ”sido espantoso”.[127]

Los militantes de la Oposición de Izquierda fueron ejecutados sin proceso y muchos de ellos sin duda perecieron durante la preparación de los espectaculares procesos, de esas farsas en las que no es difícil imaginar cuánto hubiera deseado Stalin hacer comparecer, como acusado que confiesa sus crímenes y vierte lagrimas de sangre, a alguno de los ”irreductibles” que no habían dejado de enfrentársele durante años. El propio Trotsky temía, no sin razón, ante el anuncio de cada proceso, ver figurar a alguno de ellos, quebrado por los métodos perfeccionados cuya eficacia no subestimaba. De todos los hombres que no habían capitulado Stalin sólo logró finalmente quebrar a Muralov, a quien curiosamente había protegido dejándole ejercer libremente su profesión de agrónomo en la región de Novosibirsk. Este golpe – muy duro para Trotsky – fue el único. Entre los acusados en los tres grandes procesos de Moscú figuraron algunos nombres de antiguos dirigentes o militantes de la Oposición, pero, a excepción de Muralov, todos esos hombres ya habían ”capitulado” años antes y habían renegado públicamente, Zinoviev y Kamenev, Piatakov y Krestinsky desde 1928, Smirnov, Mratchkovsky, Boguslavsky, Ter-Vaganian, después de Radek, en 1929, y finalmente Rakovsky en 1934. Pero ninguno de los bolcheviques-leninistas encerrados en las ”cárceles de aislamiento» durante años, que habían permanecido fieles a la organización y a su programa, colaboró finalmente, ni siquiera bajo tortura, con los procesos prefabricados; la mayoría de ellos pagaron esa negativa con su vida.

Sólo disponemos de un testimonio de lo que eran estos hombres en 1936, el de Víctor Serge. Escribía a Trotsky, el 27 de mayo de 1936, poco después de su liberación y de su llegada a Bélgica:

”Somos muy poco numerosos en este momento: unos centenares, alrededor de quinientos. Pero estos quinientos ya no claudicarán. Son hombres templados, que han aprendido a pensar y sentir por sí mismos y que soportan con tranquilidad la perspectiva de una persecución sin fin. En las cárceles de aislamiento” nuestros camaradas en total sólo llegan a unas decenas frente a centenares de zinovievistas, derechistas y otros gusanos estalinistas. Entre nosotros, no hay gran unidad de puntos de vista. Boris Mikh (Mikhailovitch Elstin) decía: ”Es la GPU la que fomenta nuestra unidad”. Dos grandes tendencias nos dividen aproximadamente por la mitad: los que creen que hay que revisar todo, que se han cometido errores desde el principio de la revolución de Octubre y los que consideran al bolchevismo como inatacable desde sus inicios. Los primeros se inclinan a considerar que en las cuestiones de organización usted tenía razón junto con Rosa Luxemburgo y, en algunos casos, respecto a Lenin en otra época. En este sentido, hay un trotskismo cuyas raices vienen de lejos (personalmente soy de esta opinión, pensando siempre que los principios de organización de Lenin se ensayaron en un periodo y en un país determinado, particularmente atrasado). Nos dividimos también por la mitad en relación a los problemas de la democracia soviética y de la dictadura (fuimos los primeros partidarios de la más amplia democracia obrera en el marco de la dictadura: mi impresión es que esta tendencia es con mucho la más fuerte). En las ‘cárceles de aislamiento’ un grupo llamado de ‘capitalismo de Estado’ (Goskappisty) se ha definido: dicen que el capitalismo de Estado hacia el cual marchan igualmente Mussolini, Hitler y Stalin, es hoy en día el peor enemigo del proletariado. Son poco numerosos, pero hay entre ellos camaradas de lo más capaces (…) Resistir se vuelve cada vez más difícil, si no imposible (…) En general, no hay más autoridades, pues los viejos se han desacreditado y los jóvenes intentan pensar por sí mismos. Por “viejos”, entiendo aquí a la generación de oposicionistas del 23 al 28 de los cuales no quedan más que algunos cuadros admirables, jóvenes de otras épocas como Iakovin y los Dingelstedt. En las ‘cárceles de aislamiento’ y en otras partes, uno encuentra ahora sobre todo a los oposicionistas trotskistas de 1930-1933. Una sola autoridad subsiste: la suya. Usted posee allí una situación moral incomparable, de devoción absoluta”.[128]

Dejemos de lado la polémica, vana, sobre la cuestión de saber el porcentaje de bolcheviques-leninistas que se ubicaban en las posiciones ”revisionistas” de Serge y de aquellos que permanecían fieles a una ”ortodoxia de la que desde hacía mucho tiempo no tenían todos los elementos, análisis concretos de una situación concreta. Ni Serge ni ninguno de sus camaradas de entonces tenían la posibilidad de poseer sobre estas cuestiones una visión de conjunto, Tengamos en cuenta simplemente que Serge recibió la misión, de parte de dos viejos militantes, de solicitar a Trotsky la confirmación sobre puntos que consideraban capitales: Boris M. Eltsin quería saber si Trotsky pensaba igual que él, si en caso de guerra la Unión Soviética debía ser defendida incondicionalmente, y Vassili M. Tchernykh, antiguo Comisario Político del Ejército Rojo, antiguo jefe de la Cheka en los Urales, pensaba que no se podía hablar más en la URSS de ”dictadura del proletariado”, que la burocracia era ”una clase social distinta” y que había que construir un nuevo partido” en la URSS[129]. Lo que es cierto, es que los trotskistas de la Unión Soviética mantuvieron a la vez su fidelidad a la persona de Trotsky en tanto que símbolo de la revolución de Octubre y de un partido vivo, así como un compromiso indefectible con la democracia obrera como lo atesigua su propia diversidad, factor, precisamente, de su unidad inquebrantable frente a la contrarrevolución en los años más negros.

A partir de las noticias de Serge se hace un largo silencio sobre la suerte de los trotskistas en la URSS. No será hasta 1961 que los recuerdos de un antiguo prisionero político de Vorkuta aporte elementos de información que completan un manuscrito (“samizdat”) y finalmente está el libro de la más ilustre de los escasos sobrevivientes, Maria Mikhailovna Joffé[130], la viuda del diplomático soviético amigo de Trotsky que se había suicidado en 1927 y cuyo entierro había dado lugar a la última manifestación pública de la Oposición en Moscú. Podemos de ahora en adelante encontrar, hacia finales de 1936, el rastro de algunos de esos hombres y de esas mujeres que hemos intentado seguir aquí desde 1928 y acompañarles hasta su muerte, fue la “última hornada” de trotskistas soviéticos.

Estas fuentes, muy diferentes por sus orígenes y fecha de publicación, coinciden en algunos puntos esenciales. En efecto, según los tres autores, la casi totalidad de los bolcheviques-leninistas que sobrevivían en esta fecha en la Unión Soviética, fueron reagrupados en el curso del año 1936 entre las dimas de los campos de la Petchora, cerca de Vorkuta, en ese “presidio más allá del circulo polar” como decía uno de ellos. Muchos hombres faltaban al pase de lista, víctimas sin duda de la “preparación” de los procesos públicos: ni Dingelstedt, ni Pankratov, ni Pevzner, ni Man Nevelson, ni Víctor Eltsin, ni Sermuks, estaban allí. Mucho menos Solntsev, muerto al comenzar el año. Pero hay, de todos modos, decenas de nombres que conocemos: Igor M. Poznansky, el antiguo secretario de Trotsky, G. Ia. Iakovin, el armenio Sokrat Guervorkian, el veterano VV Kossior y su compañera Pacha Kunina, Mussia Magid, Ido Chumskaia, los dos hermanos de Koté Tsintsadzé, Khotimsky, Andrei Konstantinov, Karlo Patskachvili, Karl Melnais, Vasso Donadzé, Sacha Milechin, ya mencionados en el curso de este trabajo, así como, por supuesto, la misma María M. Joffé. Hay que agregar, entre otras personalidades, a una mujer que fue la amiga personal de Natalia Sedova, Faina Viktorovna Iablonskaia, profesora de historia en el Instituto de periodismo en 1927, verdadera jefa del estado mayor de la Oposición cercana a Trotsky en los últimos días de 1927, y la antigua dirigente de las Juventudes Comunistas Raia V. Lukinova.

El menchevique MB, escapado de Vorkuta, describió a estos militantes – sus adversarios políticos – que calculaba en varios millares, de los cuales había mil en el campo donde vivía: se negaban a trabajar más de ocho horas, ignoraban el reglamento sistemáticamente, de forma organizada, criticaban abiertamente a Stalin y la línea general de conjunto declarándose, al mismo tiempo, listos para la defensa incondicional de la URSS. En el otoño de 1936, después del primer proceso de Moscú, organizaron mitines y manifestaciones de protesta, luego hicieron votar una huelga de hambre en asamblea general, después de la intervención de sus dirigentes. Sus reivindicaciones eran, según María M Joffé, 1) El reagrupamiento de los presos políticos, y su separación de los presos comunes 2) la reunión de las familias dispersas en campos diferentes, 3) un trabajo conforme a la especialidad profesional, 4) el derecho a recibir libros y diarios, 5) la mejora de las condiciones de alimentación y vida.[131] El menchevique MB agregaba a la jornada de ocho horas, una alimentación suplementaria de la que marcaban las normas, el traslado de los inválidos, mujeres y ancianos fuera de las regiones polares. El comité de huelga elegido estaba formado por G. Ia. Iakovin, Sokrat Guevorkian, Vasso Donadzé y Sacha Milechin[132], todos bolcheviques-leninistas, los tres primeros, veteranos de las huelgas de hambre de 1931 y de 1933 en Verkhneuralsk.

La huelga, comenzada el 27 de octubre de 1936, duró ciento treinta y dos días. Todos los medios fueron empleados para quebrantarla: alimentación forzosa y suspensión de la calefacción con temperaturas de 50 grados bajo cero. Los huelguistas resistieron. Bruscamente, a principios de marzo de 1937, las autoridades penitenciarias cedieron ante una orden proveniente de Moscú: todas las reivindicaciones fueron satisfechas y los huelguistas fueron alimentados progresivamente bajo control médico.

Después de algunos meses de tregua comenzó nuevamente la represión. La alimentación fue reducida, la ración de pan rebajada a 400 gramos por día y los presos comunes fueron incitados a la violencia. Luego los trotskistas, casi en su totalidad, y los que los habían acompañado en la huelga de hambre, fueron reagrupados en construcciones aparte en Vorkuta, en una vieja fabrica de ladrillos – rodeados de alambradas de espino y vigilados militarmente día y noche.

Una mañana de marzo de 1938 treinta y cinco hombres y mujeres, bolcheviques-leninistas, fueron llevados a la tundra, alineados a lo largo de fosas preparadas y ametrallados. María M. Joffé escuchó ese día el nombre del primero de la lista de los fusilados, Grigori Ia. Iakovin, el ”profesor rojo” cuyo nombre era seguido por el de otros miembros del comité de huelga.[133] Día tras día, las ejecuciones continuaron de la misma forma durante más de dos meses. El hombre que fue encargado por Stalin para la “solución final” del problema de la Oposición de Izquierda se llamaba Kachketin. María M. Joffé, a la cual interrogó durante meses, le atribuía decenas de miles de víctimas.

En su conmovedor testimonio, en el que revive la lucha cotidiana contra la represión de personalidades excepcionales como sus camaradas bolcheviques-leninistas Konstantinov, Patskachvili, Zina Kozlova, no hizo sino un relato circunstancial de esos asesinatos.

Fue un hombre, un antiguo detenido, el que relató en 1938 la primera ejecución colectiva que acababa de atestiguar en la fábrica de ladrillos de Vorkuta[134]. Así relataba la vida en esas barracas:

”Teníamos un diario oral, “Pravda Detrás de los Barrotes”, formábamos pequeños grupos, círculos, donde había mucha gente instruida e inteligente. De vez en dando publicábamos una hoja satírica, Vilka; el delegado de nuestra barraca era periodista, y las personas se dedicaban a dibujar sobre las paredes. También reíamos. Había muchos jóvenes”.[135]

María Joffé cuenta, a su vez:

”La fábrica de ladrillos había reunido bajo su techo destartalado a lo mejor de la élite creadora de los campos; la crema de los espíritus valientes y audaces con sus argumentos y su formación, su capacidad de dar respuestas lógicas, a veces proféticas, habían aportado un dinamismo vital a la existencia estática, intolerable, en esa barraca increíblemente gélida y llena de enfermos (…) La acidez penetrante de su sarcasmo revelaba la verdad sobre una realidad aparentemente incomprensible (…) Un día se les suministró una ración de tabaco: ‘Prepárense para un viaje’. Eso fue como una inyección de elixir de vida (…) Se precipitaron ese día saludando el aire puro, a un camino blanco y posiblemente a una nueva vida. Prepararon rápidamente sus pertenencias: eran personas que sabían reír y sentir placer (…) Menos de una hora después, como un tronco con las raíces cortadas, caía el primer cuerpo. Tras él, una fila entera de hombres y mujeres como ramas muy endebles, como masas informes, caían en desorden al fondo de la cantera. Y el peso de los cadáveres que venían a continuación terminarían recubriéndoles.

Los que disponen de un pensamiento auténtico son siempre una minoría. Son de los que se desembarazan primero: Uno! Dos! Fuego! Sin moverse, cerca de sus tumbas, cantaban ”Torbellinos del peligro”… Las palabras de las canciones se confundían con el estruendo de las balas.

Kuchketin, sin moverse desde un flanco, daba la señal a los verdugos. Todo era borrado, abatido, los cánticos, los espíritus, las vidas. Se pisoteaban páginas de historias inconclusas. ¿Cuánto hubieran podido dar ellos todavía a la revolución, al pueblo, a la vida? Pero ya no están. Definitivamente y sin retorno posible”.[136]

 


[123] Mordka Zborovski, llamado Marc, o Etienne (nacido en 1908) había nacido en la Polonia rusa y allí había vivido parte de su infancia. Realizó sus estudios en Francia, militante durante algún tiempo en las filas mencheviques, luego, contactado por la GPU en Grenoble, había entrado en la organización francesa y se convirtió muy rápidamente en el colaborador de confianza de León Sedov. Aunque había sido objeto de denuncias de muchos militantes, había logrado evitar todo tipo de desgracia, incluso tras el robo de los archivos y la muerte de Sedov. Emigrado a los Estados Unidos en 1941, su rol de “informador” fue descubierto y reconocido en 1955. Fue condenado en 1958 a cinco años de prisión. Parece que vigilaba y controlaba antes que nada a Sedov, pero éste, al blindar su trabajo ”conspirativo” de forma estricta, no lo había puesto en contacto con ningún soviético, de forma que sólo participaba en el envío de los boletines a otros países y no a la URSS.

[124] Se puede volver sobre este tema en las cartas de 1939 en las cuales Lola Estrin rinde cuentas de las diferencias en el seno del ”grupo ruso de Pelvis” donde cada uno busca al provocador. Literator (Arietar Serge) acusa a Dama (Elsa Reiss) o a Paulsen (Lilia Estrin) indistintamente, y Etienne saca su ventaja del juego.

[125] Ignacio S. Poretsky, llamado Ludwig, o Ignacio Rojas (1899-1937), antiguo militante del PC polaco, fue pasado al servicio de información del Ejército Rojo y llegó a ser uno de los responsables de la GPU (N.K,V.D.) en Europa occidental. En 1937 había tomado la decisión de romper con Moscú y de unirse a la IV Internacional. Fue abatido en Suiza el 4 de septiembre de 1937. Samuel Ginzburg, llamado Walter o Krivitsky. (1889-1941), era igualmente de origen polaco y desarrolló las mismas actividades que Reiss. Parece haber intentado prevenirlo de ser asesinado y de haber dudado durante mucho tiempo antes de claudicar en diciembre del mismo año. Reiss no tuvo tiempo de hacer revelaciones, aunque sus Carnets contuvieran notas interesantes. Krivitsky, por su parte, ”dictó” todo un libro.

[126] ”La Muerte de Solntsev”, Biulleten Oppositsíi, número 50, mayo de 1936, p. 17. El texto es de Serge, idéntico, quizas al pie de la letra, al que había escrito a Trotsky y Sedov sobre este tema.

[127] Serge, Memorias, p. 340.

[128] Serge a Trotsky, 27 de mayo de 1936, Biblioteca del Colegie de Harvard, 5013.

[129] Carta de Victor Serge, Biblioteca del Colegio de Harvard, 17399, con el permiso del Colegio de Harvard: una parte importante del texto fue publicada en el Biulleten Oppositsii número 51 de julio-agosto de 1934. En este texto, los mensajes son presentados como surgidos de los militantes ”A” y ”B”. Es en su carta del 5 de mayo de 1930, Biblioteca del Colegio de Harvard, 5013, donde Serge da la clave e indica que ”A” es BM Eltsine y ”B” VM Tchernykh. Agreguemos que esto identifica el documento 17399 que proviene, según el catálogo, de una persona ”no identificada”.

[130] Los tres documentos en cuestión son, según el orden de publicacíón: M.B., ”Los Trotskistas en Vorkuta”, Sotsialistitcheskii Vestnik, noviembre-diciembre de 1961; el documento “samizdat.” Renacimiento del bolchevismo en la URSS. Memorias de un bolchevique-leninista (París, 1970), y finalmente el libro ya mencionado de María M. Joffé, “One Long Night.” (Londres, 1978). Aparece un testimonio idéntico, aunque menos detallado, en las memorias del comunista italiano Dante Corneli, escrito tras veinticuatro años de deportación. Los tres primeros autores dan muchos nombres y permiten realizar muchas recopilaciones. Corneli, por su parte, no conocía más que a los obreros trotskistas que había conocido en la fábrica y algunos escasos individuos. De todas las víctimas de Vorkuta, no menciona más que el nombre de un ”trotskista” conocido, un veterano oficial del Ejército rojo que había conocido en Rostov, Ivan P. Psalmopevtsev ( -1938), del cual precisa que figuraba en la primera lista de los fusilados. La verificación es fácil; IP Psalmopevtsev, viejo bolchevique-leninista, firmante en 1927 de la ”Declaración de los 53” estaba ya en 1930 preso en Verkhneuralsk y figuraba en 1932 en la lista de los huelguistas de hambre de esa prisión.

[131] MM Joffé, op. cit., p. 18-19. Alexandre Soljenitsyn hizo muchas alusiones a la huelga de hambre de los troskistas de Vorkuta, en El Primer Circulo y en El Gulag.

[132] MM Joffé, op. cit., p. 19.

[133] Ibidem, p. 35.

[134] Ibidem, p. 41.

[135] Ibidem, p. 41-42.

[136] Ibidem, p. 44.

DEJAR UN COMENTARIO

Ingresar comentario
Ingrese su nombre