• Las fuerzas “del orden” existen para garantizar las relaciones sociales capitalistas, esto es fundamentalmente defender la propiedad y las ganancias empresarias.

Federico Dertaube

Las fuerzas “del orden” existen para garantizar las relaciones sociales capitalistas, esto es fundamentalmente defender la propiedad y las ganancias empresarias. “Destacamentos especiales de hombres armados” (Lenin) sin quienes la sociedad dividida en clases no puede existir. Por eso hasta la más “republicana” de las policías golpea y mete presos a trabajadores que protestan mientras no se ven nunca uniformados reprimiendo a estafadores multimillonarios como Vicentín u otros empresarios que ilegalmente despiden, no pagan salarios o roban millones al Estado. Porque, parafraseando a Orwell, todos somos iguales ante la ley pero algunos somos más iguales que otros.

El rol del estado capitalista y de su brazo armado es el de garantizar las condiciones externas fundamentales de la sociedad contemporánea. Le da un marco legal a la dominación de la clase dominante, poniendo las reglas del juego entre sus miembros y las condiciones de sujeción de los dominados, que logran muchas veces imponer ciertas “garantías” legales que no son otra cosa que herramientas de protección frente a ese mismo Estado.

Entonces: si por un lado policías y uniformados en general tienen por tarea principal contener el descontento entre la clase trabajadora, tienen también que lidiar con la vida diaria en el capitalismo. Para sostener su autoridad, implementan de manera sistemática la política del terror en los barrios, son verdugos cotidianos entre los más empobrecidos por el sistema, se sienten dueños de la calle y así se comportan. Facundo Castro fue víctima de la práctica cotidiana de los vestidos de azul para sostener su autoridad.

Entonces, en primer lugar, la policía cumple un rol de disciplinamiento social. Los productos naturales de las relaciones sociales capitalistas son el empobrecimiento de amplios sectores de la sociedad y el consecuente crecimiento de la violencia entre las masas populares, incluida por supuesto la práctica de los robos. Esto es lo que los medios, las clases medias y la burguesía gorila llaman “inseguridad”. Éstos nos lo presentan como un amontonamiento de vagos que les gusta robar para no trabajar. Por supuesto, no somos infantiles y sabemos que la extendida práctica de los robos y la violencia conllevan su propia mentalidad y “moral”. Algo tan estructuralmente arraigado a sectores sociales enteros no podría existir sin su “justificación” mental. Saber esto no excluye de ninguna manera poder distinguir lo fundamental de lo secundario. Pues bien, no hay forma de sostener el negocio capitalista colectivo si no se le da cierta “contención” a las consecuencias de ese mismo negocio. El capitalismo genera tales degradaciones y miserias a millones de personas, que sin la policía sería simplemente imposible contener la violencia que semejante realidad tiene por hija legítima. La sociedad como tal es simplemente impensable en tales condiciones. Así, una capa social a la que se le dan todos los atributos de la violencia está también corroída por ser el único criminal legal, pues es el producto directo de esas enrarecidas relaciones sociales.

En segundo lugar hay que explicar la estructural corrupción que caracteriza de pies a cabeza a las fuerzas policiales, como sus escandalosas vinculaciones con el narcotráfico. En el fondo, es sencillo. En una sociedad cuya base es enriquecerse a costa de otros, es perfectamente lógico que sus perros guardianes pretendan quedarse con su tajada. Y de la misma forma que las cosas son legales o ilegales en la medida en que sirvan a la burguesía o que ella pueda imponerlas así en determinadas relaciones de fuerza, que la institución que maneja los hilos de la legalidad se los “saltee” no debería extrañarnos. Los fundamentos de la sociedad no son las leyes como “reglas de convivencia” como creen algunos trasnochados sociólogos, sino la división en clases y el enriquecimiento de unos pocos a costa de la mayoría. Las leyes son la expresión de la voluntad de una clase y la relación de fuerzas que le permiten o no imponer esa voluntad. Poco les importa a los empresarios la legalidad si va contra sus intereses, así también es para los funcionarios estatales y represivos. El enriquecimiento ilegal de un policía no es más que un pequeño kiosco al lado de los grandes empresarios que se enriquecen legal e ilegalmente.

Desde el punto de vista de los trabajadores y la izquierda, la defensa de los reclamos salariales policiales y su sindicalización es absurdo cuando no suicida. Los sindicatos policiales son defensores corporativos de su rol de fuerza represiva. Diferente es cuando, por la presión de la movilización popular, se niegan a reprimir, por miedo o convicción. Allí tiende a romperse su rol social básico. Pero eso nunca jamás ha sucedido por un reclamo salarial. Como en muchas otras cosas, la rebelión en Estados Unidos ha resultado ser paradigmática de estos debates. Mientras los sindicatos policiales fueron sistemáticamente defensores de los asesinos racistas de uniforme, la presión de la movilización masiva obligó en múltiples ocasiones a los represores a ceder y negarse a reprimir.

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