• Conversaciones sostenidas entre militantes trotskistas de Estados Unidos y Leon Trotsky acerca de la lucha de los afroamericanos por su emancipación en los Estados Unidos, en 1933. Apareció traducida al español en la Revista Perspectiva Mundial, en junio de 1977.

[Las luchas nacionales y raciales de los oprimidos, que se intersectan y están entrelazadas con la lucha de clases, plantean un desafio y una prueba para todas las tendencias revolucionarias de nuestro tiempo. En lugar de disminuir o desaparecer —como esperaba la gente ingenua aun entre los marxistas— son más numerosas, más extendidas y más decisivas para el destino de la revolución mundial que en ningún momento desde la Segunda Guerra Mundial. En lugar de estar confinadas a los países coloniales y semicoloniales, han aparecido en los paí-ses imperialistas más altamente desarrollados (Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña, Francia, España, etc.) y constitu-yen un polvorín en los estados obreros degenerados y deformados (Unión Soviética, Europa Oriental). Sin una comprensión correcta de la opresión nacional y racial, y sin un programa que combine las luchas en contra de ellas con las luchas anticapitalistas, los revolucionarios nunca cons-truirán partidos de masas victoriosos en América Latina ni en ningún otro lugar.

[El análisis más profundo y revelador de la opresión nacional y racial, y de la relación clase/nación en la época del imperialismo fue hecho por Lenin, cuyas teorías marxistas tuvieron la ventaja de ser probadas en la vida real durante los primeros años de la revolución rusa, antes de que la burocracia estalinista reinstituyera la opresión nacional en la Unión Soviética y en Europa Oriental. La tradición leninista fue continuada, después de la muerte de Lenin en 1924, por León Trotsky, quien en 1939, un año antes de su propia muerte, llegó a la conclusión de que la lucha nacional debe ser vista como una forma de la lucha de clases.

[Para estimular el pensamiento y la discusión sobre la opresión nacional y racial hoy, Perspectiva Mundial presenta por primera vez en español la transcripción de una discusión celebrada el 28 de febrero de 1933 entre Trotsky —entonces exiliado en la isla de Prinkipo, Turquía— y Ame Swabeck, un visitante de Nueva York que en aquel entonces era un importante dirigente de la Communist League of America (Liga Comunista de Estados Unidos), una organización predecesora del Socialist Workers Party (SWP—Partido Socialista de los Trabajadores). Otro participante en la discusión fue Pierre Frank, que ahora es miembro del Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional.

[Como advirtió Lenin, la discusión acerca de las cuestiones nacionales no tiene ningún valor a menos que sea concreta. Por lo tanto, sería tonto esperar que una discusión sobre los negros en Estados Unidos que tuvo lugar hace cuarenta y cuatro años suministre respues-tas hechas a los problemas que afectan a los afroamericanos en Colombia o Brasil hoy, o a los quechuas en Perú.

[Sin embargo, la lectura de esta transcripción puede ser fructífera para aquéllos que buscan una exposición del método marxista. Trotsky abogó por que se apoyara el derecho a la autodeterminación de los negros en Estados Unidos en 1933 aunque virtualmente no había ningún sentimiento por la autodeterminación expresado en la comunidad negra de aquel tiempo. Seguramente hay una lección que pueden aprender de esto las tendencias latinoamericanas que piensan que las luchas nacionales y raciales pueden ser ignoradas o tratadas demagógicamente sólo porque las nacionalidades y razas oprimidas no han sacado todavía conclu-siones revolucionarias ni emprendido luchas de masas.

[La discusión de 1933 en Prinkipo se llevó a cabo en alemán, y la transcripción fue traducida al inglés por Swabeck. La retraducción al español del inglés fue realizada por Perspectiva Mundial.

[El punto de vista de Trotsky no fue aceptado por los dirigentes de la Liga Comunista de Estados Unidos en 1933. Pero en 1939, dirigentes del SWP se reunieron con él en México para discutir el asunto más profundamente, y esta vez estuvieron de acuerdo. La transcripción de las discusiones de 1939 será impresa en los siguientes números de PM.]

Revista Perspectiva Mundial, junio de 1977

Swabeck: Dentro de la Liga americana no tenemos diferencias notables en torno a este asunto y tampoco hemos formulado un programa. Presento por lo tanto las opiniones generales que hemos desarrolla-do.

Cómo debemos ver la posición deLnegro norteamericano: ¿como una minoría nacio-nal o como una minoría racial? Esto es de gran importancia para nuestro programa.

Los estalinistas sostienen que su principal consigna es «autodeterminación para los negros» y demandan ligado con eso un estado separado y derechos como estado para los negros en la franja negra [estados del Sur]. La aplicación práctica de esta última demanda ha revelado mucho oportunismo. Por otro lado, reconozco que en la actividad práctica entre los negros, pese a numerosos errores, el Partido [Comunista] puede mostrar también algunos éxitos. Por ejemplo en las huelgas textiles del Sur donde las barreras de color fueron amplia-mente rotas.

Según creo, Weisbord1 está de acuerdo con la consigna de «autodeterminación» y derechos de estado separado. El cree que es la aplicación de la teoría de la revolución permanente en Estados Unidos.

Nosotros partimos de la situación actual: hay aproximadamente trece millones de negros en Estados Unidos; la mayoría viven en los estados del Sur (franja negra). En los estados del Norte los negros, como trabajadores industriales, viven concentra-dos en las comunidades industriales; en el Sur son principalmente agricultores o aparceros.

Trotsky: ¿Le alquilan la tierra al estado o a propietarios privados?

Swabeck: A propietarios privados, pequeños propietarios blancos y latifundistas; algunos negros poseen la tierra que cultivan.

La población negra en el Norte es mantenida al nivel más bajo —económica, social y culturalmente; en el Sur está bajo las opresivas condiciones de Jim Crow.2 Son excluidos de muchos sindicatos importantes. Durante y después de la guerra la migración desde el Sur ha aumentado; ahora viven en el Norte tal vez de cuatro a cinco millones de negros. La población negra en el Norte es abrumadoramente proletaria, pero la proletarización está avanzando también en el Sur.

Ninguno de los estados del Sur tiene hoy una mayoría negra. Esto da un significado especial a la gran migración al Norte. Nosotros ponemos el asunto de esta manera: ¿son los negros, en un sentido político, una minoría nacional o una minoría racial? Los negros han sido totalmente asimilados, norteamericanizados, y su vida en Estados Unidos ha pesado mucho más que las tradiciones del pasado, las ha modificado y cambiado. No podemos considerarlos una minoría nacional en el sentido de tener su propia lengua. No tienen costumbres nacionales, cultura nacional ni religión especiales; tampoco tienen ningún interés especial como mino-ría nacional. En este sentido es imposible hablar de ellos como una minoría nacional. De allí que nuestra opinión sea que los negros norteamericanos son una minoría racial cuya posición e intereses están subordinados a las relaciones de clase del país y son dependientes de ellas.

Para nosotros, los negros representan un importante factor en la lucha de clases, casi un factor decisivo. Ellos son una sección importante del proletariado. Existe también en Estados Unidos una pequeña burguesía negra pero no es tan poderosa ni con tanta influencia, ni juega el papel de la pequeña burguesía y burguesía entre las nacionalidades oprimidas (coloniales).

La consigna estalinista de «autodeterminación» se basa primordialmente en la creencia de que los negros norteamericanos, como una minoría nacional, pueden ser ganados como aliados. Para nosotros la cuestión es si queremos ganar a los negros como aliados sobre esas bases y a quién queremos ganarnos, al proletariado negro o a la pequeña burguesía negra. A nosotros nos parece que con esta consigna nos ganaremos a la pequeña burguesía principalmente, y nosotros no tenemos mucho interés en ganarlos como aliados en base a eso. Reconocemos que los agricultores pobres y los aparceros son los aliados más cercanos al proletariado pero creemos que pueden ser ganados como tales en base a la lucha de clases. Ceder en esta cuestión de principio pondría a los aliados pequeño burgueses antes, tanto del proletariado como de los pequeños agricultores pobres. Reconocemos la existencia de etapas definidas de desarrollo que requieren consignas específicas. Pero la consigna estalinista nos parece que lleva directa-mente a la «dictadura democrática del proletariado y el campesinado». La unidad de los trabajadores, negros y blancos, debemos prepararla en base a la unidad como clase pero también es necesario reconocer los problemas raciales y, además de lanzar consignas de clase, presentar también consignas en base a los problemas raciales. Es nuestra opinión que al respecto la consigna principal debe ser «igualdad social, política y económica para los negros», así como consignas derivadas de ésta. Esta consigna es naturalmente muy diferente de la consigna estalinista de «autodeterminación» para una minoría nacional. Los dirigentes del Partido [Comunista] mantienen que los trabajadores y agricultores negros pueden ser ganados solamente en base a esta consigna. Al principio fue lanzada para los negros del todo el país, pero hoy solamente es usada en los estados del Sur. Nuestra opinión es que nosotros podemos ganar a los trabaja

dores negros sólo en base a su carácter de clase y usando consignas de carácter racial en las etapas intermedias necesarias en la lucha en desarrollo. Es ésta la manera en que nosotros creemos que los agricultores negros pueden ser ganados más fácilmente como aliados directos.

En el fondo, el problema de las consignas con respecto a la cuestión de los negros es el problema del programa práctico.

Trotsky: El punto de vista de los camaradas norteamericanos no me parece total-mente convincente. «Autodeterminación» es una demanda democrática. Nuestros camaradas norteamericanos promueven en contra de esta demanda democrática la demanda liberal. Esta demanda liberal es, además, complicada. Yo entiendo qué significa «igualdad política». ¿Pero cuál es el significado de igualdad económica y social dentro de la sociedad capitalista? ¿Significa una demanda a la opinión pública por que todos disfrutemos de la misma protección de las leyes? Pero eso es igualdad política. La consigna «igualdad política, económica y social» suena equívoca y aunque no está clara para mí, sin embargo, parece fácil malinterpretarla.

Los negros son una raza y no una nación; las naciones se desarrollan a partir de una base racial bajo determinadas condiciones. Los negros en África no son todavía una nación pero están en el proceso de construir una. Los negros norteamericanos tienen un nivel cultural más alto. Pero aunque ellos están bajo la presión de los norteamericanos se van interesando en el desarrollo de los negros en África. Los negros norteamericanos desarrollarán dirigentes para África, eso uno puede decirlo con certeza, y eso a su vez influirá en el desarrollo de la conciencia política en Estados Unidos.

Nosotros, por supuesto, no obligamos a los negros a convertirse en una nación; si ellos lo son, entonces eso es cuestión de su conciencia, esto es, de lo que desean y por lo que luchan. Nosotros decimos: si los negros quieren eso, entonces nosotros debemos combatir en contra del imperialismo hasta la última gota de sangre, para que ellos ganen ese derecho, donde sea y como sea que quieran tomar un pedazo de tierra para ellos. El hecho de que hoy en ningún estado sean la mayoría no importa. No es una cuestión de la autoridad de los estados sino de la de los negros. El problema no es que en el territorio predominantemente negro haya habido también blancos y que éstos vayan a permanecer ahí, y nosotros no debemos rompernos las cabezas pensando en la posibilidad de que algún día los blancos sean reprimidos por los negros. En cualquier caso, la opresión de los negros los empuja hacia la unidad política y nacional.

Que la consigna de «autodeterminación» ganará más bien a la pequeña burguesía que a los trabajadores —ese argumento también es apropiado para la consigna de igualdad. Es claro que los elementos negros particulares que aparecen más ante la opinión pública (hombres de negocios, intelectuales, abogados, etc.) son más activos y reaccionan más activamente en contra de la desigualdad. Es posible decir que tanto la demanda liberal como la democrática atraerán en un primer mo-mento a la pequeña burguesía y solamente más tarde a los trabajadores.

Si la situación fuera tal que en Estados Unidos se llevaran a cabo acciones comu-nes entre los trabajadores blancos y no blancos, si la fraternidad de clase fuera ya un hecho, entonces tal vez los argumentos de nuestros camaradas tendrían una base —yo no digo que fueran correctos—, entonces tal vez separaríamos a los trabajadores no blancos de los blancos si nosotros comenzáramos con la consigna de «autodeterminación».

Pero hoy los trabajadores blancos son los opresores con relación a los negros, son canallas, que persiguen a los negros y amarillos, los miran con desprecio y los linchan. Cuando los trabajadores negros se unen hoy con su propia pequeña burguesía es porque no están todavía suficientemente desarrollados para defender sus derechos elementales. Para los trabajadores de los estados del Sur la demanda liberal de «igualdad social, política y económica» indudablemente significará progreso, pero la demanda por «autodeterminación» un progreso mayor. Sin embargo, con la consigna «igualdad social, política y económica» pueden ser desorientados mucho más fácilmente («de acuerdo con la ley, ustedes tienen esta igualdad»).

Cuando hayamos llegado lo suficiente-mente lejos para que los negros digan «queremos autonomía», entonces estarán en una posición hostil al imperialismo norteamericano. En ese estadio los trabaja-dores ya serán más decididos que la pequeña burguesía. Los trabajadores ve-rán entonces que la pequeña burguesía es incapaz de luchar y no llega a ninguna parte, pero reconocerán simultáneamente que los trabajadores comunistas blancos luchan por sus demandas y los empujarán a ellos, al proletariado negro, hacia el comunismo.

Weisbord está correcto en el sentido de que «autodeterminación» de los negros es parte de la cuestión de la revolución permanente en Estados Unidos. Los ne-gros, a través de su despertar, de su demanda por autonomía, de la movilización democrática de sus fuerzas serán empujados a pensar en términos de clases. La pequeña burguesía tomará la demanda por «igualdad social, política y económica» y por «autodeterminación», pero probará ser completamente incapaz en la lucha; el proletariado negro marchará sobre la pequeña burguesía en la dirección de la revolución proletaria. Para ellos ése es tal vez el camino más importante. De allí que yo no vea razón alguna por la cual no se deba lanzar la demanda de «autodeterminación».

Yo no estoy seguro tampoco de que en los estados del Sur los negros no hablen su propia lengua negra. Ahora que ellos son linchados por ser negros naturalmente temen hablar su lengua negra; pero cuan-do sean ubres su idioma volverá a revivir. Yo recomendaría a los camaradas norteamericanos estudiar esta cuestión seriamente, incluida la lengua en los estados del Sur. Debido a todas estas razones yo tendería en esta cuestión a alinearme con el punto de vista del Partido [Comunista]; por supuesto, con la observación de que nunca he estudiado la cuestión y en mis observaciones yo parto de consideraciones generales. Me baso solamente en los argumentos aportados por los camaradas norteamericanos. Los encuentro insuficientes y los considero una cierta concesión al punto de vista del chauvinismo norteamericano, lo que me parece peligroso.

¿Qué podemos perder en esta cuestión si seguimos adelante con nuestras demandas y qué tienen que perder los negros de hoy? Nosotros no los obligamos a separarse de Estados Unidos, pero ellos tienen el completo derecho a la autodeterminación cuando ellos la deseen, y nosotros los apoyaremos y defenderemos con todos los medios a nuestra disposición en la conquista de este derecho de la misma manera que defendemos a todos los pueblos oprimidos.

Swabeck: Admito que usted ha presenta-do argumentos poderosos, pero todavía no estoy enteramente convencido. La existencia de un idioma especial negro en los estados del Sur es posible; pero en general todos los negros norteamericanos hablan inglés. Están totalmente asimilados. Su religión es la bautista norteamericana y asimismo el lenguaje en sus iglesias es el inglés.

Nosotros de ninguna manera entendemos igualdad económica en el sentido de la ley. En el Norte (como por supuesto en los estados sureños también) los salarios de los negros son siempre más bajos que los de los trabajadores blancos y en la mayoría de los casos trabajan más horas; esto es, digamos, aceptado como natural. Adicionalmente, a los negros se les asignan los trabajos más desagradables. Es debido a estas condiciones que nosotros demandamos igualdad económica para los trabajadores negros.

Nosotros no impugnamos el derecho de los negros a la autodeterminación. Ese no es el punto de nuestro desacuerdo con los estalinistas. Pero nosotros impugnamos lo correcto de la consigna de «autodeterminación» como un medio para ganarse a las masas negras. El impulso de la población negra es primero que todo en la dirección de la igualdad social, política y económica. En este momento el partido presenta la consigna de autodeterminación sólo para los estados sureños. Por supuesto, uno difícilmente puede esperar que los negros de las industrias del Norte quieran retornar al Sur y no hay indicaciones de tal deseo. Al contrario. Su demanda no formulada es por «igualdad social, política y económica» basado en las condiciones bajo las que viven. Ese es también el caso del Sur. Es por eso que creemos que ésta es la consigna racial importante. Nosotros no vemos a los negros bajo una opresión nacional similar a la de los pueblos coloniales oprimidos. Es nuestra opinión que la consigna de los estalinistas tiende a alejar a los negros de posiciones como clase y acercarlos más a posiciones como raza. Esa es la razón principal por la que nos oponemos a ella. Creemos que una consigna racial de la manera presentada por nosotros lleva directamente a una posición de clase.

Frank: ¿Existen movimientos específicamente negros en Norteamérica?

Swabeck: Sí, varios. Primero tenemos el movimiento de Garvey basado en el propósito de volver a África. Tenía muchos seguidores pero se desmoronó. Ahora queda poco de él. Su consigna fue la creación de una república negra en África. Otros movimientos negros se basan primordialmente en demandas de igualdad social y política como, por ejemplo, la Liga [Asociación Nacional] para el Avance de la Gente de Color. Este es un gran movimiento racial.

Trotsky: Yo también creo que la demanda por «igualdad social, política y económica» debe mantenerse y no hablo en contra de esta demanda. Es progresiva en la medida en que no se ha realizado. La explicación del Camarada Swabeck con respecto al punto de igualdad económica es muy importante. Pero eso solo no decide todavía el problema del destino del negro como tal, el problema de la «nación», etc. Según los argumentos de los camaradas norteamericanos uno podría decir, por ejemplo, que Bélgica tampoco tiene derecho a ser «nación». Los belgas son católi-cos y una gran parte de ellos habla francés. ¿Qué tal si Francia se los anexara con tal argumento? También el pueblo suizo, a través de su relación histórica, se siente a sí mismo, a pesar de diferentes lenguas y religión, como una nación. Un criterio abstracto no es decisivo en este asunto, pero mucho más decisiva es la conciencia histórica, sus sentimientos y sus impulsos. Pero eso tampoco es determinado accidentalmente, sino por las condiciones generales. El asunto de la religión no tiene absolutamente nada que ver con este asunto de la nación. El bautismo del negro es algo enteramente diferente del bautistismo de Rockefeller: éstas son dos religiones diferentes.

El argumento político que rechaza la demanda por «autodeterminación» es doctrinarismo. Eso es lo que siempre oímos en Rusia con respecto al asunto de «autodeterminación». La experiencia rusa nos ha mostrado que los grupos que viven en un ambiente campesino retienen peculiaridades, sus costumbres, su lengua, etc., y dada la oportunidad se desarrollan de nuevo.

Los negros todavía no se han despertado y no están todavía unidos con los trabaja-dores blancos. El 99.9% de los trabajadores norteamericanos son chauvinistas, son verdugos en relación a los negros y también lo son respecto a los chinos. Es necesario enseñarle a las bestias nortea-mericanas. Es necesario hacerles entender que el estado norteamericano no es su estado y que ellos no tienen que ser los guardianes de este estado. Los trabaja-dores norteamericanos que dicen: «Los negros deberían separarse cuando ellos lo deseen y nosotros los defenderemos en contra de nuestra policía norteamericana» —esos son revolucionarios, y tengo confianza en ellos.

El argumento de que la consigna por «autodeterminación» desvía la atención de la lucha de clases es una adaptación a la ideología de los trabajadores blancos. Los negros pueden ser desarrollados desde el punto de vista de una clase solamente cuando el trabajador blanco esté educado. En un sentido general, el asunto del pueblo colonial es en el primer momento un asunto del desarrollo del trabajador metropolitano.

El trabajador norteamericano es indescriptiblemente reaccionario. Todavía hoy no cree en la idea del seguro social. Debido a esto los comunistas norteamericanos están obligados a avanzar demandas por reformas.

Si hoy los negros no demandan autodeterminación es naturalmente por la misma razón por la que los trabajadores blancos no luchan por la consigna de dictadura del proletariado. Al negro todavía no se le ha metido en su pobre cabeza negra la idea de atreverse a tallar para sí un pedazo del grande y poderoso Estados Unidos. Pero el trabajador blanco debe ir a encontrar a los negros a medio camino y decirles: «Cuando se quieran separar tendrán nuestro apoyo». También los trabajadores checos serán ganados al comunismo solamente a través de la desilusión con su propio estado.

Creo que debido al inaudito retraso político y teórico, y al inaudito nivel económico, el despertar de la clase obrera ocurrirá muy rápidamente. Es posible entonces que los negros se conviertan en la sección más avanzada. Tenemos ya un ejemplo similar en Rusia. Los rusos eran los negros europeos. Es muy posible que también los negros lleguen a la dictadura del proletariado en un par de gigantescas zancadas, adelante del gran bloque de los trabajadores blancos. Entonces ellos pro-porcionarán la vanguardia. Estoy seguro que de todas maneras ellos combatirán mejor que los trabajadores blancos. Eso, sin embargo, sólo puede ocurrir a condi-ción de que un partido comunista lleve a cabo una lucha sin compromiso y sin misericordia, no contra los supuestos prejuicios nacionales de los negros, sino en contra de los colosales prejuicios de los trabajadores blancos y no dé ninguna concesión al respecto.

Swabeck: ¿Es entonces su opinión que la consigna de «autodeterminación» será un medio para poner a los negros en movi-miento en contra del imperialismo nortea-mericano?

Trotsky: Naturalmente, de ese modo los negros pueden tallar su propio estado del poderoso Estados Unidos y con el apoyo de los trabajadores blancos sé desarrollará la conciencia de sí mismos enormemente.

Los reformistas y los revisionistas han escrito mucho sobre el asunto de que el capitalismo está llevando la civilización a África, y que si los pueblos de África son librados a sí mismos serán más explotados por los hombres de negocios, etc., mucho más que ahora en que al menos tienen una cierta protección legal.

En cierta medida este argumento puede ser correcto. Pero en este caso es también primero que todo un asunto de los trabaja-dores europeos: sin su liberación, la verda-dera liberación colonial tampoco es posible. Cuando el trabajador blanco juega el papel de opresor no puede liberarse a sí mismo, mucho menos a los pueblos colo-niales. La autodeterminación de los pueblos coloniales puede llevar en ciertos periodos a diferentes resultados; pero al final, sin embargo, llevará a la lucha en contra del imperialismo y a la liberación de los pueblos coloniales.

La socialdemocracia austríaca (particularmente Renner) planteó también abstractamente el asunto de las minorías nacionales antes de la [Primera] Guerra [Mundial]. Planteaban igualmente que la’ consigna por «autodeterminación» solamente aleja-ría a los trabajadores de una posición de clase y que los estados de las minorías no podrían sobrevivir en forma independiente. ¿Fue esta manera de poner el asunto correcta o falsa? Fue abstracta. Los socialdemócratas austríacos dijeron que las minorías nacionales no eran naciones. ¿Qué vemos hoy? Los pedazos [del viejo Imperio Austro-Húngaro, encabezado por los Habsburgos] existen, precariamente, pero existen. Los bolcheviques en Rusia lucharon siempre por la autodeterminación de las minorías nacionales, inclusive por el derecho a su separación completa. Y al adquirir sin embargo, su autodetermina-ción, estos grupos permanecieron con la Unión Soviética. Si la socialdemocracia austríaca hubiera aceptado antes una política correcta en este asunto, hubieran dicho a las minorías: «Ustedes tienen el completo derecho a la autodeterminación, nosotros no tenemos ningún interés en mantenerlos en las manos de la monarquía de los Habsburgos» —hubiera sido posible entonces después de la revolución crear una gran federación del Danubio. La dialéctica de estos desarrollos muestra que donde existió estricto centralismo el estado se quebró en pedazos, y donde la completa autodeterminación se propuso un estado real emergió y permaneció unido.

La cuestión negra es de enorme impor-tancia para Estados Unidos. La Liga debe llevar a cabo una seria discusión sobre el asunto, tal vez en un boletín interno.

Prinkipo, Turquía

28 de febrero de 1933


1. Albert Weisbord, en ese entonces el dirigente de una pequeña organización llamada Commu-nist League of Struggle (Liga Comunista de Lucha).

2. Así se denomina popularmente al conjunto de leyes y regulaciones que reglamentaban la discriminación y segregación existente en Esta-dos Unidos.

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