• Los obreros y los campesinos rusos y ucranianos ya estaban unidos por su lucha contra la opresión del zar y de la burguesía granrusa. Lo están por el parentesco de sus lenguas, por su población mixta, por la comunidad de su vida económica.

Christian Rakovski

La revolución socialista no solamente cambia la estructura interior política y económica de los estados sino que, también, modifica profundamente las relaciones que existían antes entre ellos. Las relaciones entre estados soviéticos difieren totalmente de las relaciones entre estados burgueses. El estatismo burgués y el estatismo proletario difieren entre ellos en sus principios fundamentales. El estatismo proletario no tiene lugar en ninguna de las clasificaciones establecidas por los juristas del antiguo mundo desde Aristóteles.

El carácter aislado, cerrado y limitado, fue el carácter general de todas las antiguas formas de gobierno, gobierno aristocrático o democrático, monarquía absolutista o constitucional, república, etc., etc. Las repúblicas más democráticas oponen sus ciudadanos al extranjero, y éste está excluido de la vida política del país. La vida política era el privilegio de determinada clase nacional o, en el mejor de los casos, de todos los ciudadanos pero solamente de los del estado en cuestión.

Uno de los principios fundamentales de la constitución de los estados soviéticos, de Rusia, como de Ucrania, declara por el contrario: Los extranjeros que pertenezcan a la clase obrera y a la clase campesina trabajadora disfrutan de todos los derechos electorales».

Esta disposición constitucional supone toda una revolución. Es incomprensible al legislador burgués habituado a tomar como punto de partida la oposición de su estado a los otros estados, la oposición de sus ciudadanos a los extranjeros. Sin embargo se deduce lógicamente del mismo objetivo del estado proletario.

¿En qué consiste la diferencia radical entre el estado proletario y el estado burgués? En sus bases económicas diferentes, bases que se excluyen.

El estado burgués, así como las formas de organización estatales que le han precedido, se basa en la propiedad privada de la tierra y de los medios de producción. El derecho, llamado derecho civil, que regula las relaciones privadas entre propietarios, se basa en ese principio. El estado, todo entero, con sus aparatos militares, administrativos, económicos y su iglesia, era la propiedad (no era naturalmente una propiedad privada) de los poseedores de los instrumentos de trabajo (de toda la clase de los propietarios, de la clase dominante de los burgueses y esclavistas).

El objetivo de cada poseedor es ampliar y agrandar su propiedad. La competencia es un medio de lograrlo. El resultado de la ley de la competencia es la abolición o, en el mejor de los casos, la sumisión de los propietarios menos ricos y menos hábiles a aquellos que disponen de más grandes medios, de mayores capitales, y de una mayor habilidad. Esta misma ley regula el desarrollo de los estados burgueses. Son organizaciones competitivas parecidas a las organizaciones privadas de los propietarios, y ello lleva a los mismos resultados, a la absorción de los estados más débiles o, en el mejor de los casos, a su completa subordinación a los estados más fuertes. El estatismo burgués se manifiesta precisamente en la creación de sus estados aislados, nacionales, luchando entre ellos. Esos estados pueden concluir entre ellos tratados comerciales, acuerdos postales o telegráficos, convenios concernientes a los ferrocarriles; pueden crear entre ellos, según la situación internacional, alianzas defensivas y ofensivas (pero todo ello siempre tiene un carácter provisional, accidental y parcial). Estas alianzas no pueden abolir el profundo antagonismo existente entre los estados, antagonismo inherente a todo el régimen capitalista. Desde el momento en que el peligro común que los unía, o los intereses temporales, pasan, de nuevo les revive con más fuerza la lucha y la hostilidad que les son propias.

En relación con esto, la historia de la coalición de países de la Entente y de sus aliados durante y después de la guerra imperialista es absolutamente edificante.

El nacionalismo es la ideología del estatismo burgués. Las intrigas burguesas, las supercherías de toda especie, la mutua mala fe, son los medios habituales de esta ideología. En el primer manifiesto de la Internacional, hablando Marx de la política extranjera de los estados capitalistas, le oponía una política basada en las leyes de la moral humana, no quería ciertamente decir con ello que en una sociedad burguesa los socialistas tenga que oponer a esta política la moral cristiana: «No hagas al prójimo lo que no desees para ti». Mostraba al proletariado que únicamente el triunfo de la revolución proletaria puede crear las condiciones necesarias para el establecimiento de relaciones honestas y sinceras entre todos los pueblos.

Frente al estatismo burgués, el estatismo proletario, negando la propiedad privada sobre los medios de producción, también la niega sobre el territorio del mismo estado. El interés de la clase obrera toda entera es el principio director del estado socialista y no el interés del explotador privado. Las fronteras entre los estados socialistas cesan de tener un carácter político y se transforman en fronteras administrativas ordinarias. Incluso desaparecen los límites que separan las industrias privadas, aisladas, reguladas solamente por las leyes de la competencia. La producción organizada, nacionalizada, desarrollándose racionalmente en un plano general, abrazando a todo el estado y en una escala no solamente nacional sino incluso internacional, ocupa el lugar de la economía capitalista caótica, en la que la producción intensiva y la explotación del obrero determinan la sucesión de las crisis económicas y de los períodos de paro. La revolución socialista tiende a la centralización política y económica, a la espera de la federación internacional. Naturalmente que esta federación no puede ser creada de un plumazo, será el resultado del proceso más o menos largo del abandono del particularismo, de todos los prejuicios burgueses democráticos y nacionales, el resultado del mutuo conocimiento y de la adaptación mutua.

Las relaciones entre las repúblicas soviéticas actuales, y en primer lugar Rusia soviética y Ucrania soviética, se basan en los principios proclamados en otro tiempo por la I Internacional Obrera.

Desde el primer momento de la coexistencia de esas repúblicas, Rusia y Ucrania soviéticas regularon sus relaciones económicas y políticas sobre el principio federativo. Aunque en esta primera fase, que duró hasta el mes de junio de 1919, las dos repúblicas tuvieron en todas las ramas de la actividad del estado comisariados independientes, a estos comisariados ya les unía un plan y lazo comunes.

Con el tiempo, esas relaciones contractuales llevaron, bajo la relación de la organización, a la creación de centros únicos. En el mes de junio de 1919, el Comité Ejecutivo de la República de Ucrania votó una resolución sobre la necesidad de fusionar diversos comisariados de las dos repúblicas, a saber: los comisariados de guerra, de vías y comunicaciones, de finanzas, de trabajo, de correos y telégrafos y el Consejo Superior de la Economía Popular. Esta decisión fue confirmada por el Comité Central Ejecutivo de la República soviética rusa. En el mismo año, el IV Congreso de los Soviets de Obreros y Campesinos de Ucrania confirmó, por su parte, la decisión de los Comités Ejecutivos en una resolución motivada que publicamos separadamente.

El estatus detallado de los órganos federales, es decir de los órganos que unifican a los comisariados ucranianos y rusos, todavía no se ha elaborado. En su sesión de febrero, el Comité Central Ejecutivo de Rusia ha nombrado una comisión encargada de elaborar la constitución federal. Los miembros responsables de esta comisión, al haber sido designados después en diversos puestos militares y políticos alejados de Moscú, no han podido, desgraciadamente, cumplir su tarea, y las relaciones federales están determinadas en cada circunstancia especial por acuerdos entre los dos gobiernos.

Un acuerdo semejante se concluyó en el mes de enero último en lo que concierne al departamento de la guerra. Al mismo tiempo que unifica el aparato militar, este acuerdo prevé la próxima creación de marcos para regimientos ucranianos rojos cuya dirección se hará en lengua ucraniana. Con ese objetivo está prevista la creación de una Escuela de Oficiales Ucranianos Rojos (lo que es un hecho ya cumplido). Organizamos una escuela central de jefes rojos (chervony starchiny) en Jarkov. El acuerdo prevé también la creación de una sección de guerra adjunta al Consejo de Comisarios del Pueblo Ucraniano a fin de mantener relaciones constantes con el aparato militar y administrativo existente en Ucrania, subordinado inmediatamente al Consejo Revolucionario de Guerra de la República cuya competencia se extiende a toda la Federación.

Los Comisarios Populares de Agricultura, Enseñanza Pública, Asuntos Internos, Seguridad Social, Sanidad y Aprovisionamiento, de la Inspección Obrera y Campesina, las comisiones extraordinarias para la lucha contra la contrarrevolución, mantienen su individualidad en las dos repúblicas. El Consejo Ucraniano de Comisarios del Pueblo está constituido actualmente por comisarios populares de la República Ucraniana socialista y soviética y por delegados de todos los comisariados unificados. Estos últimos tienen voto deliberativo al igual que los comisarios ucranianos.

Este sistema de relaciones federales no puede ser considerado ni como acabado ni como perfecto. No hemos abordado dogmáticamente la cuestión de las relaciones federales: jamás hemos estimado que las relaciones de estado a estado, en general y aquellas entre repúblicas soviéticas entre ellas en particular, puedan establecerse a priori, con reglas abstractas. La constitución federal de las repúblicas soviéticas se ha visto dictada por la misma necesidad y teniendo en cuenta la experiencia adquirida. Las condiciones especiales en que se encuentran Rusia y Ucrania soviéticas facilitan mucho la rápida creación de relaciones federales estrechas entre ellas. El proletariado de los dos estados estaba ligado históricamente en el pasado por su lucha común contra el zarismo ruso. Por otra parte, Ucrania y la Gran Rusia estaban unidas por la comunidad de su vida económica. Tras la Revolución de Octubre, Rusia soviética devino el apoyo natural de los obreros y campesinos de Ucrania en su lucha contra la Rada Central, la ocupación austro-alemana, los hetmans, la dominación de Denikin y, por fin, recientemente, contra los polacos. La revolución campesina y obrera ucraniana tuvo que orientarse, naturalmente, hacia la Rusia soviética que fue el único centro de los soviets. Los movimientos comunistas de Ucrania y Rusia todavía están ligados por el pasado histórico. El Partido Bolchevique organizaba a la clase obrera en toda la extensión del antiguo Imperio Ruso. En Ucrania, su labor se veía facilitada por el hecho que el proletariado de las ciudades ucranianas es de nacionalidad rusa en su gran mayoría. [En las tesis elaboradas por el Comité del Partido Comunista de Ucrania sobre las relaciones entre Rusia y Ucrania, estos principios se desarrollan en los párrafos 8, 9 y 10. Citamos aquí el texto completo.

«8. La independencia de las masas trabajadoras ucranianas, el derecho al disfrute de los frutos de su trabajo y de las riquezas de Ucrania (tierra, minas, fábricas, etc.) sólo se pueden garantizar mediante el auténtico poder de los campesinos y obreros, es decir por la República Ucraniana Soviética y Socialista. Todos los esfuerzos de los campesinos y de los obreros ucranianos deben tender hacia el refuerzo del poder socialista soviético. Ahora bien, la experiencia de Hungría, Baviera y la misma Ucrania, ha demostrado claramente que la contrarrevolución puede alcanzar fácilmente el objetivo de todas las repúblicas soviéticas las cuales (siendo que las dimensiones restringidas de su territorio y de su población y la ausencia de un aparato civil militar suficientemente organizado, así como su falta de experiencia política) no están en condiciones de oponer suficiente resistencia.

9. Entre todas las repúblicas soviéticas existentes a día de hoy, Rusia soviética es la única que está en condiciones de resistir victoriosamente el ataque de la contrarrevolución internacional interior y de descargar golpes mortales sobre sus adversarios. Está situada en condiciones geográficas especiales, posee recursos económicos y políticos muy grandes (vastos territorios, enorme población, riquezas considerables, proletariado industrial revolucionario que alcanza diversos millones de hombres, aparato civil y militar organizado, experiencia política) que han hecho de ella una fortaleza proletaria invencible a pesar de los reiterados ataques del imperialismo internacional. A consecuencia de esas circunstancias, Rusia Soviética es la guía y organizadora del proletariado internacional. Toda nueva república soviética, guiada por su instinto de conservación, busca el apoyo y sostén en la Rusia Soviética. La alianza efectiva con la Rusia Soviética es el deber revolucionario de todo nuevo estado soviético.

10. A excepción de los intereses de la defensa, la estrecha alianza entre la República Ucraniana Soviética y Socialista y la Rusia Soviética está dictada por diversas consideraciones que se deducen de su suerte histórica común. Los obreros y los campesinos rusos y ucranianos ya estaban unidos por su lucha contra la opresión del zar y de la burguesía granrusa. Lo están por el parentesco de sus lenguas, por su población mixta, por la comunidad de su vida económica. La separación completa de estos dos estados soviéticos sería artificial, entraría en contradicción con la lucha pasada y futura de los obreros y campesinos rusos y ucranianos. La completa individualización de Ucrania como estado tendría como resultado inmediato una lucha nacional interna en Ucrania y el crecimiento de la ruina económica de Ucrania y Rusia.»]

Sin embargo, los diversos partidos pequeño burgueses «socialistas» de Ucrania, que ponen en primer plano el motivo nacional y sacrifican la emancipación social de la clase obrera, se emplearon desde los primeros días de la revolución, desde el mes de febrero de 1917, a sembrar la discordia en la clase obrera de Ucrania oponiendo a los obreros ucranianos y, sobretodo, a los campesinos ucranianos, a los obreros rusos, Ucrania a Rusia. En los tiempos de Kerensky, ocultaban todavía su política nacionalista bajo consignas de orden federalistas pues veían en el Gobierno Provisional un poder pequeño burgués al que se sentían próximos y estaban dispuestos a sacrificarle un poco su nacionalismo.

Tras la Revolución de Octubre, esos partidos nacionalistas y conciliadores reivindicaron abiertamente la separación completa de la clase obrera y campesina ucraniana de los trabajadores rusos. Durante las negociaciones de paz de Brest-Litovsk se pasaron definitivamente al imperialismo austrohúngaro. A partir de ese momento, los socialistas-nacionalistas ucranianos giraron su orientación definitivamente hacia Occidente, es decir hacia la contrarrevolución imperialista.

En el curso de dos años y medio, Ucrania fue el teatro de la guerra civil, que lanzaba, por una parte, a los obreros y campesinos contra los propietarios terratenientes y los capitalistas y, por la otra parte, a la parte consciente de la clase obrera contra los elementos inconscientes que se arrastraban tras los partidos pequeño burgueses nacionalistas-socialistas, haciéndole el juego a la contrarrevolución rusa e internacional. Se puede decir que la guerra civil en Ucrania ha alcanzado actualmente su doble objetivo: el proletariado ha logrado una decisiva victoria sobre la contrarrevolución de los guardias blancos y sobre la de la pequeña burguesía nacionalista. Los partidos nacionales-socialistas ucranianos se han disuelto. Sus mejores elementos han entrado en el Partido Comunista-Bolchevique Ucraniano que actualmente es el único representante político del proletariado y campesinado revolucionarios de Ucrania.

Escrito en 1921 / Fuente: marxist.org

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