Víctor Artavia

1911-1913: nace el zapatismo e inicia la revolución campesina

Tras la firma de los acuerdos de Ciudad Juárez el objetivo político inmediato de Madero consistió en normalizar el país, empezando por el desarme de todos los campesinos. Tan sólo el Ejército Libertador del Sur, comandado por Emiliano Zapata, se negó a deponer sus armas debido a un razonamiento muy elemental pero profundamente político: no se habían repartido las tierras.

Toda la experiencia de resistencia campesina acumulada durante el siglo XIX produjo un desarrollo político inigualable en el campesinado mexicano. Y sin lugar a dudas, Zapata y su base social representaban el sector más avanzado de la revolución, cuya larga tradición de lucha les sirvió para construir sus propios organismos independientes de la burguesía: los pueblos campesinos1.

Esta es la gran particularidad del ejército campesino comandado por Zapata; funcionaba a partir de la democracia campesina, siendo los pueblos quienes tomaban las tierras y organizaban su repartición2”Los pueblos, todavía vivos como centro de vida comunal de los campesinos en su resistencia de siglos al avance de las haciendas, fueron el organismo autónomo con que entraron naturalmente a la revolución los surianos. Todo eso se resumía en el grito con que Otilio Montaño proclamó la insurrección del sur: ’¡Abajo haciendas y viva pueblos!’. Era un grito político, profundamente revolucionario, porque para los oídos campesinos hablaba no sólo de la recuperación y el reparto de tierras, sino también de la conquista de la capacidad de decidir, arrebatada a las haciendas como encarnación local del poder omnímodo del Estado nacional y entregada a los pueblos.” (Gilly, 1980: 33)

Lo anterior da cuentas de por qué el zapatismo fue el único sector campesino que no depuso sus armas ante el llamado de Madero ni de los venideros gobiernos burgueses. Pero más importante aún, es lo que nos explica que contra todo cálculo político el Ejército Libertador del Sur optó por continuar su lucha armada contra el nuevo gobierno hasta obtener la reforma agraria. Esto marcaría un punto de quiebre en el desarrollo posterior de la revolución, puesto que significaría la continuidad de la misma. (Gilly, 1980)

La independencia política del zapatismo con respecto a la burguesía y su funcionamiento democrático a través de los pueblos se materializó en la formulación del Plan de Ayala de 1911. Este programa campesino marcaría el nacimiento del zapatismo como corriente política revolucionaria y fue el instrumento político a partir del cual sostuvo de manera aislada su enfrentamiento militar contra el gobierno de Madero durante un año y nueve meses (1911-1913), y posteriormente se transformaría en el eje centralizador para el conjunto del campesinado mexicano en su lucha contra el ala burguesa de Venustiano Carranza.

Este plan sintetiza las más avanzadas conclusiones políticas que elaboró el campesinado durante la revolución mexicana. Se enfocaba exclusivamente en resolver el tema de la tierra y no se planteaba la destrucción del capitalismo mexicano, pero era profundamente radical al plantear la expropiación de todos los bienes de quienes se opusieran a la revolución –es decir, todos los hacendados– y tiraba abajo la lógica jurídica burguesa al señalar que se repartiría inmediatamente la tierra a los campesinos, y luego los hacendados tendrían que demostrar su derecho de propiedad para recuperarlas: ”En el Plan de Ayala se dispone que la tierra se repartirá de inmediato y que posteriormente serán los terratenientes expropiados quienes deberán presentarse ante los tribunales para justificar el derecho que invocan a la tierra que ya les ha sido quitada. Es decir, al principio burgués de ’primero se discute y después se reparte’, los campesinos surianos opusieron el principio revolucionario de ’primero se reparte y después se discute’ (…). Esta inversión radical constituye una subversión de la juridicidad burguesa.” (Gilly, 1980: 34)

La esencia de sus propuestas hacen del Plan de Ayala un programa agrario empíricamente anticapitalista3. A diferencia de las anteriores revoluciones campesinas que sirvieron para abrirle paso al desarrollo del capitalismo mexicano, la revolución zapatista –aunque no se lo planteara conscientemente– atacaba las bases fundamentales del capitalismo nacional (Gilly, 1971). Esta dinámica anticapitalista del zapatismo se profundizaría durante el enfrentamiento contra las burguesía –en sus diferentes facciones–, lo cual se puede apreciar en una carta del general Manuel Palafox escrita en setiembre de 1914, donde a nuestro gusto sentencia con una frase el verdadero sentir del campesinado suriano durante la revolución: ”por humanidad es preferible que se mueran de hambre miles de burgueses y no millones de proletarios, pues es lo que aconseja la sana moral”. (Gilly, 1971: 125)

Este tipo de posicionamientos políticos explican por qué el zapatismo se transformó en el principal objetivo político-militar del gobierno “revolucionario” de Madero y del conjunto de la burguesía mexicana. Madero utilizó al ejército federal para destruir la insurrección zapatista, pero la represión no pudo hacerle frente al ímpetu revolucionario de los campesinos y a las tácticas guerrilleras de los ejércitos zapatistas.

La incapacidad política y militar de Madero para derrotar al único foco de insurrección campesina, provocó que su gobierno entrara en una profunda crisis. Por la derecha se le achacaba su indecisión para desatar una feroz represión contra el zapatismo, y por la “izquierda” se le presionaba para que realizara leves reformas sociales que descomprimieran la insurrección campesina.

La solución burguesa a esta situación de inestabilidad no se hizo esperar. Los acuerdos de Ciudad Juárez dejaron intacta la estructura económica y militar del viejo régimen porfirista, lo que sirvió de base para que Victoriano Huerta, un viejo militar durante el porfiriato y ligado a los sectores más reaccionarios del ejército federal, liderara un golpe de Estado y mandara a fusilar a Francisco Madero en febrero de 1913.

1913-1914: la lucha contra Huerta y la consolidación del ejército campesino de Villa

Aunque el objetivo del golpe militar era derrotar de una vez por todas la insurrección campesina, sus consecuencias fueron diametralmente opuestas a las esperadas por la burguesía mexicana, puesto que terminó por reactivar la revolución campesina a escala nacional. Esta sería la tónica de esta fase de la revolución y prepararía las condiciones para que pocos meses después se produjese la convergencia entre Villa y Zapata.

El principal fenómeno político durante esta fase fue la conformación del ejército campesino de Pancho Villa, la División del Norte. A diferencia de Zapata, Villa representaba a un sector del campesinado que no era políticamente independiente de la burguesía, lo cual se reflejó en la adhesión incondicional que éste le dio a Madero desde un inicio y en su acatamiento al desarme tras la firma de los acuerdos de Ciudad Juárez4.

Esto no significa que socialmente Villa representara lo mismo que Madero. El maderismo de Villa era muy diferente del maderismo de Madero. Esto quedó claramente expuesto cuando se levantó contra el golpe militar de Huerta bajo el mando del burgués constitucionalista Venustiano Carranza. La tensa relación política que se desarrolló entre ambos expresaba las contradicciones de clase que se presentaban al interior de los ejércitos antihuertistas del norte5, donde la débil burguesía nacional se vio en la necesidad de realizar concesiones al campesinado para contenerlo políticamente: ”Carranza tuvo que aceptar la fuerza, las formas y los métodos revolucionarios del villismo del mismo modo como la burguesía en la revolución francesa había tenido que aceptar al jacobinismo como el modo plebeyo –decía Marx– de ajuste de cuentas con sus enemigos feudales. Además, tuvo que aceptar al villismo como medio, por un lado, para contener a las masas campesinas y a la revolución campesina dentro de la estructura y los fines del ejército constitucionalista, y por el otro, para poder organizarlas en forma militarmente efectiva”. (Gilly, 1971: 101-102)

En pocos meses de lucha contra Huerta, Villa logró estructurar el más poderoso ejército de la revolución. Su astucia campesina en cuanto a la flexibilidad táctica se combinó con el estilo centralizado propio de los ejércitos burgueses. Pero el verdadero origen de la fuerza y mística que desarrolló la División del Norte fue producto de su composición de clase, empezando por el mismo Villa, quien había sido un reconocido bandolero rural originario del estado de Chihuahua, donde llevó una vida que oscilaba entre la legalidad y la clandestinidad.

Cuando explotó la revolución, su origen campesino y su pasado bandolero lo convierten en uno de los principales dirigentes revolucionarios, puesto que el campesinado veía en Villa a su dirigente político: ”Con el villismo, la inmensa multitud de los peones y los jornaleros del norte, de los campesinos sin tierra, encuentra un objetivo, siente que se incorpora a la vida, que por primera vez puede expresarse, combatir para vencer y decidir, no para ser reprimidos. Lo siente mucho más porque su jefe es también un campesino, el mejor militar, el mejor jinete y el mejor hombre de campo de todos.” (Gilly, 1971: 96)

Fruto de esta fuerza revolucionaria la División del Norte le propinó los más importantes golpes al ejército federal. Esto causó alerta entre toda la burguesía mexicana, incluido el mismo Carranza, que hizo todo lo posible por retardar los avances del ejército villista. Pero esto representaba una gran contradicción para los intereses de Carranza, que a pesar de su temor a la fuerza del ejército campesino de Villa, requería de su ayuda para derrotar a Huerta.

Esto quedó plenamente demostrado en la batalla de Zacatecas, en la cual la División del Norte terminó por grabar su nombre en la historia de México. La razón: Villa y su ejército campesino aniquilaron a los 12 mil hombres del ejército federal, algo que no habían podido hacer los otros ejércitos de Carranza. Esta es señalada como la principal acción militar de la revolución mexicana, y no es para menos si se considera que significó la destrucción total de las fuerzas armadas que habían servido a la burguesía mexicana desde mediados del siglo XIX.

A propósito de este acontecimiento militar, Gilly realiza una excelente interpretación de su significado político para el conjunto de la sociedad mexicana de aquel entonces: ”Villa enseño que el ejército burgués no es invencible en la guerra civil y dejó la tradición en México de que un ejército campesino, dirigido por un general campesino, puede vencerlo batalla tras batalla hasta aniquilarlo militarmente. Eso la burguesía lo tolera y hasta lo olvida en uno de los suyos, pero no lo perdona jamás en un antiguo peón de sus antiguas haciendas. Un campesino antes bandolero, que no pudo recibir siquiera instrucción escolar elemental (…) pero que mostraba una rapidísima inteligencia organizadora; que para la burguesía era la negación de su cultura y de sus hábitos de clase (…), ese hombre mostraba que nada de lo que ella, la burguesía, consideraba imprescindible para vivir, en realidad era necesario.” (Gilly, 1971: 99)

A partir del triunfo villista en Zacatecas y la eminente derrota de Huerta, la contradicción entre el ala burguesa de Carranza y los ejércitos campesinos se convirtió en la dinámica política esencial de la revolución. La burguesía constitucionalista tenía claridad política sobre la urgencia de restituir el funcionamiento del Estado burgués y sus instituciones, lo que se veía entorpecido y cuestionado por la existencia de ejércitos campesinos por fuera del control de la burguesía.

Una primera muestra de esto fue la tensión que se generó a lo interno del constitucionalismo alrededor de cuál ejército tomaría la capital. Carranza temía que lo hiciera la División del Norte, puesto que desde allí sería muy probable que se produjese una convergencia militar con el Ejército Libertador del Sur. Ante este peligro para los intereses de su clase, Carranza no titubeó al respecto y actuó frente al ejército de Villa como un bando enemigo: le cortó el suministro de municiones y carbón necesarios para que la División del Norte pudiese trasladar a sus tropas a la capital.

De esta manera la burguesía garantizó que el Distrito Federal fuera tomado por el Ejército del Noroeste de Álvaro Obregón, pero al mismo tiempo puso al borde del colapso las relaciones con Villa y su ejército.


1 Francisco Madero hacía parte de estos burgueses antireeleccionistas que se veían afectados por las políticas del gobierno que favorecían al capital extranjero. En alguna medida, esto explica la confusa intervención del imperialismo durante la revolución mexicana, puesto que la burguesía que luchaba contra los ejércitos campesinos era de corte “antimperialista”. Además, cuando explota la I Guerra Mundial el imperialismo mundial se volcó de lleno a defender sus intereses principales, por eso México no tuvo tanta importancia en la política internacional. Los EUA asumieron la defensa de los intereses imperialistas en México, pero su poca experiencia los llevó a divagar sobre a qué sector apoyar: apoyaron a Madero contra Díaz; luego a Huerta para frenar la revolución y finalmente se decantarían por Carranza contra Villa y Zapata, puesto que éste representaba los intereses históricos de la burguesía, aunque tuviera roces con el gobierno estadounidense. (Gilly, 1971)

2 La democracia campesina zapatista es sin lugar a dudas un elemento central que explica la particularidad de la revolución mexicana. Por ejemplo, marca un punto de diferenciación medular con respecto a la revolución campesina china de 1949, puesto que el ejército de Mao funcionaba de manera burocrática.

3 A nuestro criterio el Plan de Ayala es la superación dialéctica de los programas agraristas radicales de Hidalgo y Morelos.

4 De hecho, aun cundo Villa radicaliza su postura política en su enfrentamiento contra Carranza y suscribe el Plan de Ayala de Zapata, fue claro en señalar que no compartía las críticas que en el mismo se lanzaban contra Madero.

5 La misma denominación que se le otorgó al ejército de Villa, División del Norte, era clara en cuanto a los intentos por disminuir su peso político-militar. Pero esta formalidad nominal no fue suficiente para ocultar lo que era una realidad clara: que el ejército campesino de Villa era una maquinaria que estaba barriendo con todo lo que se interpusiera en su camino.

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