Por Roberto Sáenz

Veamos ahora otra cuestión: Engels y Marx. Acentuamos a Engels porque es el que sufre esta historia; todo el mundo dice Marx pero el interrogante es qué lugar ocupa Engels.

Negar a Engels es equivocado. Engels se reconocía como “segundo violín” de esta relación de trabajo y fraternidad humana, pero el hecho es que había “dos violines” y que el aporte de Engels en la fundación del marxismo es enorme; Marx no podría ser pensado sin su amigo: “(…) [En] noviembre 22, 1860, [Marx] reafirmó e incluso fortaleció su planteo en una carta a Bertalan Szemere en la cual insistió en que Engels debía ser considerado su ‘alter ego’. Respecto de las habilidades intelectuales de Engels, Marx le escribió a Adolf Cuss, octubre 18, 1853, este ‘ser es una verdadera enciclopedia caminante’, Engels ‘es capaz, alcoholizado o sobrio, de trabajar a cualquier hora en el día y la noche, es un escritor rápido y endiabladamente veloz in the uptake” (“Paul Blackledge, ¿Engels vs. Marx? Two hundred years of Frederick Engels”, monthlyreview, 1/05/20).

A lo largo del siglo pasado hubo variadas líneas de reflexión que desestimaron el aporte del compañero de lucha de Marx: “Tareas importantísimas incumbieron entonces a Engels [Riazanov se refiere al período de decaimiento físico de Marx a partir de los años ‘70]. Escritor brillante, considerado como uno de los mejores estilistas alemanes de vasta erudición y especialista en muchas materias, en vida de Marx pasaba, naturalmente y por propia voluntad, a un segundo plano” (Riazanov, ídem). “Marx estaba por encima, veía más lejos; su visión era más amplia y más rápida que la nuestra. Era un genio; nosotros, en la mejor de las hipótesis, sólo somos talentos” (juicio de Engels sobre Marx citado por Riazanov, ídem).

Continua Engels: “Mi desgracia es que desde nuestra pérdida de Marx se supone que yo lo represento. He pasado toda una vida haciendo aquello para lo que estaba preparado, precisamente cumplir el papel de asistente (second fiddle), y creo que realmente me acomodé a eso bastante bien. Y estuve contento en tener un primer violín (first fiddle) como Marx. Pero ahora que de repente se espera que tome el lugar de Marx en materia teórica y cumpla el papel de primer violín, habrá inevitablemente problemas y nadie está más precavido de eso que yo (…) Nadie más posee la clarividencia que le permitía a él responder rápidamente cuando se llamaba a la acción, invariablemente alcanzando la solución correcta y en un movimiento yendo al núcleo del problema (…) en circunstancias revolucionarias sus juicios eran virtualmente infalibles (Engels, carta a Johan Philipp Becker, 15 de agosto, 1884, citado en “¿Engels vs. Marx?, Two hundred years of Frederick Engels”, Monthly Review, 1/05/201).

Pero si ese primero era Marx, no queda otra que concluir en la grandeza del propio Engels como pensador con vuelo propio: “Si Engels, como fue el primero en admitir, se mantuvo a la sombra de Marx, fue indiscutiblemente un gigante intelectual y político por derecho propio” (Foster, “The return of Engels”).

Pero ahora Engels retorna por propio derecho, entre otras cosas por algunas temáticas que la actualidad del capitalismo ha puesto de relieve: “Para muchos en el marxismo occidental la dialéctica era idéntica a la relación objeto-sujeto: ‘podemos entender el mundo hasta el punto en que lo hacemos’. Dicha visión crítica constituyó una bienvenida corrección del positivismo crudo que infectó mucho del marxismo y que fue racionalizada por la ideología ‘soviética’ oficial. Sin embargo, tuvo también el efecto de presionar al marxismo en una dirección más idealista, llevando al abandono de la larga tradición de ver al materialismo histórico relacionado no solamente con las humanidades y las ciencias sociales –y por supuesto la política– sino también con la ciencia natural materialista” (Foster, “The return of Engels”).

Para ir al grano podemos afirmarlo de manera directa: la dialéctica es una sola. “Para Marx no hay ninguna separación neta entre naturaleza y sociedad, y por lo tanto tampoco existe ninguna diferencia metodológica fundamental entre las ciencias de la naturaleza y las ciencias históricas. Así, escribe en La ideología alemana: ‘Sólo conocemos una única ciencia, la ciencia de la historia. La historia sólo puede ser considerada desde dos aspectos, dividiéndola en historia de la naturaleza e historia de la humanidad. Sin embargo, no hay que dividir estos dos aspectos; mientras existen hombres, la historia de la naturaleza y la historia de los hombres se condicionan recíprocamente” (Marx y Engels, La ideología alemana, Schmidt, ídem, 452).

Las leyes generales del movimiento del todo son comunes a la naturaleza y la sociedad: “(…) el verdadero giro que restauró la reputación de Engels como un teórico clásico del marxismo al lado de Marx no vino de los historiadores y de los economistas políticos, sino de los científicos naturales. En 1975 Stephen Jay Gould, escribiendo sobre historia natural, abiertamente celebraba la teoría de Engels sobre la evolución humana, que enfatizó el rol del trabajo, describiéndola como la concepción más avanzada de la evolución humana en la era victoriana (…) Unos años después, en 1983, Gould extendió su argumento (…) señalando que todas las teorías de la evolución humana eran teorías de ‘coevolución gen-cultura’, y que ‘la mejor defensa de la teoría de coevolución gen-cultura en el siglo diecinueve había sido hecha por Frederick Engels’ ” (Foster, “The return of Engels”3).

Estamos en presencia de un retorno de Engels. Claro que sería una vulgaridad afirmar que Marx no pensó en estos temas. Estudien los Manuscritos. La primera vez que me topé con el concepto de “naturaleza humanizada” y “humanidad naturalizada”, es ahí. Contienen una reflexión profunda –aunque aún sea inicial– sobre las relaciones entre la sociedad humana y la naturaleza.

La crítica de Marx y Engels es una crítica a las ciencias sociales y naturales. La dialéctica humana es una dialéctica particular, un capítulo particular de la dialéctica donde existe un ser humano social –y natural– que re actúa más o menos conscientemente sobre la historia y la naturaleza misma.

Es un pensamiento integral; una crítica integral a la sociedad de clases que tiene reflexiones y abordajes críticos sobre el maltrato capitalista de la naturaleza mucho más profundos de lo que podía creerse décadas atrás (John Bellamy Foster y su “escuela” contribuyeron a instalar esta nueva sensibilidad en relación al pensamiento de Marx y Engels.4)

En 1870 Engels se mudó a Londres a minutos de la casa de Marx. Todos los días alrededor de las 13 horas se encontraban para cambiar ideas en el estudio de Marx. Se leían entre ellos lo que estaban escribiendo o comentaban sus lecturas sobre las obras de otros; algo extremadamente importante, tener con quién intercambiar en materia teórica.

Muchas veces no se tiene con quién intercambiar, con quién discutir honestamente. “Charca” sobra, pero discutir honestamente una elaboración teórica es difícil porque no es materia, en sí misma, de los organismos del partido, cuya sustancia directa es la política. Y si bien la elaboración teórico-estratégica finalmente se hace valer, es más rica una elaboración llevada a cabo colectivamente, con intercambios fraternos con otros cuyo criterio sea científico y no “caprichoso”5.

La mayor parte de los textos de Marx y Engels no están terminados. El capital no está terminado, una obra de investigación impresionante, infinita e interminable. Si alguien les dice “tengo una obra terminada”, no le crean porque no hay cierre total: “El Marx Nachlass contiene unos 200 cuadernos de resúmenes, esenciales para comprender la génesis de su teoría y de partes de esta que nunca tuvo oportunidad de desarrollar como habría deseado. Los extractos sobrevivientes, que se prolongan desde 1838 hasta 1882, están escritos en ocho idiomas (alemán, griego antiguo, latín, francés, inglés, italiano, español y ruso) y pertenecen a las más variadas disciplinas. Fueron extraídos de textos de filosofía, arte, religión, política, matemáticas, fisiología, geología, mineralogía, agronomía, etnología, química y física, así como de artículos en periódicos y revistas, resúmenes parlamentarios, y estadísticas, informes y publicaciones gubernamentales” (Marcello Musto, “Marx y la crítica de la economía política: Desde sus primeros estudios hasta los Grundrisse”, sin permiso, 09/06/19).

La sociedad, la vida humana, la vida natural, son por definición abiertas6. Siempre hay un estudio crítico de la realidad que permite un nuevo desarrollo y una nueva profundización. Y eso va también para la política, porque si no, hablamos de secta y de recetario7.

En fin, yendo a los textos ecológicos de Marx y Engels, subrayemos el aprecio de Marx por Justus von Liebig, importante químico alemán de la época, que atento a la degradación mineral del suelo, fue uno de los primeros en promocionar el uso de fertilizantes.

A Marx le simpatizaba porque daba cuenta del uso destructivo de las fuerzas productivas agrícolas por parte del capitalismo, así como de la posibilidad de salvar los suelos mediante una planificación racional de su uso: “(…) es razonable que Marx en la primera edición de El capital intencionadamente comparara a Liebig con aquellos economistas que postulaban leyes trans-históricas y un desenvolvimiento lineal de la agricultura (…) La crítica de Liebig al cultivo [capitalista, bajo una forma llamada] ‘robbery sistem’ (sistema de robo), por el contrario, denuncia precisamente la forma moderna de la agricultura y su productividad decreciente como resultado de un uso irracional y destructivo del suelo (…) La historización de Liebig de la agricultura moderna le proveyó a Marx una muy útil base científica para rechazar una apreciación abstracta y lineal del desarrollo agrícola” (Kohei Saito, “Marx ecological notebooks”, Monthly Review, 01/02/16).

Posteriormente, Liebig llegó a conclusiones unilateralmente escépticas sobre la dinámica de los suelos. Marx entrevió una posible deriva malthusiana por el desconocimiento del químico, quizás, de las varias formas históricas de agricultura que mantenían o incluso incrementaban la productividad agrícola sin causar agotamiento de los suelos; de ahí que haya tomado ciertos recaudos en relación al químico alemán.

Marx leyó a Fraas, otro especialista en suelos que hacía hincapié más directamente en la acción humana históricamente determinada en materia de degradación agrícola y no en cualquier determinación transhistórica, por ejemplo en materia de desforestación: “La intensidad y el alcance de los estudios científicos de Marx es impactante (…) Está ahora bien establecida la crítica de Marx a la irracionalidad de la agricultura moderna en El capital (…) Marx escribió que el modo capitalista de producción ‘junta población en grandes centros, y provoca que la población urbana alcance una creciente preponderancia (…) dislocando (disturbs) la interacción metabólica entre el hombre y la tierra, dificultando el retorno al suelo de los elementos constitutivos consumidos por el hombre en la forma de alimentos y vestido; por lo tanto obstaculiza la operación de la ley natural eterna para sostener la fertilidad del suelo’ ” (Marx citado por Saito, ídem).

“Muy interesante es el libro de Fraas (1847), Climate and the plant world over timeprobando que el clima y la flora cambian en los tiempos históricos. El señala que con los cultivos –dependiendo de su grado– la ‘humedad’ tan amada por los campesinos se va perdiendo (…) y finalmente se forman estepas. El primer efecto del cultivo es útil, pero finalmente devastador a través de la desforestación, etc. La conclusión es que el cultivo, cuando se realiza en tierra natural y no está controlado de manera consciente (…) deja desiertos detrás de é, como en Persia, Mesopotamia, Grecia” (Frass citado por Marx citado por Saito, ídem).

De ahí que Marx, en el manuscrito del tomo III de El capital esbozara una sociedad futura más allá del antagonismo entre campo y ciudad en la cual “los productores asociados regularán racionalmente su intercambio metabólico con la naturaleza”.

En un trabajo futuro pretendemos trabajar el concepto de racionalidad en Marx, un concepto que cobra relevancia en la actual crisis ecológica y pandémica, así como a la hora del balance de la planificación burocrática y sus desastres: “Los bienes que (…) eran definidos como libres, es decir, no escasos, en contraposición a los definidos como económicos, por naturaleza escasos, ahora son también ellos mercancías, como el agua o incluso la atmósfera. Y no digamos la biósfera (…) Porque aquí, en esta dimensión dialéctica, la antítesis está, no entre lógicas diferentes internas a las formaciones sociales en cuanto tales, sino entre la lógica del capital y las leyes objetivas que rigen el conjunto de la vida en el planeta, es decir, en la biósfera” (Xosé Manuel Beiras, “Racionalidad e irracionalidad en el actual sistema-mundo”, Sin permiso, 08/05/20).

En cualquier caso, es evidente una aguda sensibilidad ecológica en Marx y Engels, que no muchos autores marxistas reconocen adaptándose a las presiones antimarxistas de muchas corrientes ecologistas8: “(…) la valorización y acumulación de capital no es el abstracto movimiento del capital [no sólo es eso]: el capital está encarnado necesariamente en componentes materiales asumiendo una ‘composición orgánica’ –el término está tomado de la obra de Liebig Agricultural Chemistry– constreñido por el material concreto de los elementos del proceso laboral. Más allá de su elasticidad, esta estructura orgánica del capital no puede ser modificada arbitrariamente, o realizada en demasiada divergencia del carácter material de cada elemento natural de producción. El capital, en última instancia, no puede ignorar el mundo natural” (Kohei Saito, “Marx’s ecological notebooks”, Monthly Review, 01/02/16).

En Marx y Engels existía una sensibilidad compartida. Aun así, tenían cierta división de tareas. Ambos estaban a la par con el desarrollo teórico del momento en materia política, económica, filosófica, antropológica y de las ciencias naturales; un emprendimiento dificilísimo de lograr.

De ahí que impacten los casi 200 cuadernos de apuntes de Marx, las miles de cartas intercambiadas entre ellos y las despachadas y recibidas de otros autores y dirigentes socialistas, la obra publicada en vida por ellos y la publicada póstumamente; una obra de una riqueza y magnitud impresionante que proseguirá como fuente de inspiración teórica y estratégica en cualquier horizonte pensable, al menos mientras impere el capitalismo, se abra la transición al socialismo y, eventualmente, se alcance el comunismo.

De cualquier manera, insisto: no hay que ver el marxismo como algo puramente “intelectual”. Hay que verlo como lo que es: una enorme “herramienta de lucha”. No es una pinza, claro; es una herramienta más “compleja”: un “microchip”, algo súper exquisito y desarrollado.

Hay una sociedad de solidaridad inmensa entre Marx y Engels. Y es tal la riqueza de su pensamiento que podemos hacer un abordaje de Marx y Engels político, económico, filosófico, antropológico y hasta ecologista. Y también de Marx y Engels militantes en sus diversas facetas de la acción y la organización.


1 El juicio de Engels es interesante porque destaca las cualidades requeridas en un político revolucionario: ir con rapidez al “carozo de la cosa”.

2 Es interesante como Schmidt, que le hace en su obra críticas formales e insustanciales a Engels, se separa sin embargo de los lugares comunes del Lukács de Historia y conciencia de clase cuando afirma claramente que la dialéctica es una sola, evitando tanto el atajo idealista como manejando bien la dialéctica histórica que significa la re-actuación del sujeto sobre el entorno.

3 Ver a este respecto nuestro texto Engels antropólogo en nuestro portal izquierdaweb.

4 Nos referimos, estrictamente, a su obra teórica relacionada con el pensamiento ecológico de Marx, no a la tradición histórica de Monthly Review y mucho menos a sus posiciones políticas que siguen siendo seguidistas de la China actual (del PCCH).

5 De cualquier manera lo que se debe afirmar aquí es que toda elaboración más estratégica que se realice en el marco de una acción militante continuada, de alguna manera tiende a expresar la experiencia colectiva de la corriente de la cual se trate (y en nuestro caso es exactamente así).

6 “La obra de Marx no sólo es fragmentaria, ella es una sucesión de fragmentos. Se constituye en una serie permanente de tentativas interrumpidas, de recomienzo que no son continuados y si lo son, de maneras diferentes a las planteadas al inicio. Estos diversos abordajes, contienen no simplemente cambios temáticos sino también, con frecuencia, nuevas concepciones teóricas, que representan rupturas con los conceptos antiguos. Marx definitivamente no excluyó su propia obra de un abordaje crítico. Analizando el desenvolvimiento general de sus obras, es posible reconocer tanto importantes continuidades como varias rupturas profundas” (Michael Heinrich, 31).

7 “Lasalle, como todos los que afirman tener en su bolsillo una panacea para los sufrimientos de las masas, dio su respaldo desde el principio a Buchez, un personaje religioso, sectario (…) Lasalle fue culpable del mismo error que Proudhom, no buscar en la base los elementos reales de agitación del movimiento de la clase. En cambio, prescribió para el movimiento una determinada receta doctrinaria” (Musto, “Las duras críticas de Marx a los socialdemócratas alemanes”, sin permiso, 13/12/19).

8 Nos vienen a la cabeza los casos de Michael Lowy y Daniel Tanuro, autores que realizan aportes –la mayoría de las veces con derivas románticas– pero desvalorizan las intuiciones ecológicas de Marx y Engels.

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