Hegel y Marx: afinidades selectivas – Segunda parte

Infinidad de textos se han escrito para aprobar o negar las relaciones entre Hegel y Marx.

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Nadie puede ser libre por sí mismo y es imprescindible que todos lo sean, no hay libertad sin igualdad.  Hegel

 

En sustitución de la antigua sociedad burguesa, con sus clases y sus antagonismos de clase, surgirá una asociación en que el libre desenvolvimiento de cada uno será la condición del libre desenvolvimiento de todos.

Marx y Engels

Señalamos en la primera parte de este trabajo, que la culminación de estas “afinidades selectivas” entre Hegel y Marx, abordaría lo que podríamos denominar el proyecto socio político, humanista, de ambos; que está ligado a una concepción “distintiva de la libertad” y asimismo de la igualdad, como señala Richard Gunn:

En la base de las formulaciones de Hegel y Marx se encuentra, sostengo, una concepción distintiva de la libertad…Esta concepción puede resumirse en la forma de una afirmación: los individuos pueden alcanzar la libertad no a pesar de, sino en y a través de los otros. La libertad a pesar de los otros es – para emplear una terminología no específicamente hegeliana – libertad “negativa”, esto es, una libertad que se fundamenta en una esfera que es la más propia del individuo y de la cual los otros pueden ser expulsados o repelidos[1].

La afirmación del reconocimiento mutuo, como así también de una razón plasmada en un pueblo libre del joven Hegel, armonizan con aquella asociación de productores libres de Marx en donde el libre desarrollo de cada uno como condición del libre desarrollo de todos.Decimos  “joven Hegel”, más precisamente su curso dictado en Jena hacia 1805 (“Filosofía real”) y fundamentalmente “La Fenomenología del Espíritu” dos años posterior. Allí su abordaje es marcadamente antropológico (algunos intérpretes lo llaman “atemporal”) contrariamente a la “Filosofía del Derecho” de 1821 en donde el abordaje es claramente histórico. Volveremos sobre esta distinción que consideramos no menor.

En Marx, ya en su temprana crítica (y revalorización) de la Fenomenología, la historia es el anclaje fundamental. La “esencia” del hombre son sus relaciones sociales. Que ése es su materialismo. Superador tanto del materialismo vulgar como del idealismo. O sea, su “esencia” cambia con el decurso histórico, que es lo mismo que decir que no existe una esencia inmutable en el ser humano. Dándole una vuelta de tuerca:dondequiera que haya movimiento, vida y se desarrolle el mundo real, ahí está la dialéctica[2]Desde “La Ideología alemana” hasta el propio “Capital” este movimiento conlleva en sus entrañas la posibilidad de su superación y el alumbramiento de una sociedad nueva en donde conceptos (y realidades) como los de “libertad” e “igualdad” se resignifican y se re – unen.

Una escalera al cielo… terrenal

En la “Ciencia de la Lógica” con sus tres momentos, Hegel (con fuertes sesgos idealistas objetivos), concluye que, con la idea absoluta, sujeto y objeto dejan de estar escindidos, la realidad se adecúa a su concepto y por ende, deviene verdadera. Volvamos a citar a Raya: La idea absoluta, tal como ha resultado, es la identidad de la idea teórica y de la práctica. Y ella concluye un tanto ¿osadamente? Que… en este momento, esto significa para mí que el partido es la identidad o la unidad de la actividad de los líderes y de los militantes de base que serían los que oficiarían de parteros para esa nueva sociedad socialista en donde lxs trabajadorxs tomarían su destino en sus manos y la historia sería una acción consciente y no un fetiche al cual rendirse sin comprender tanto su necesidad como su contingencia. Reiteramos ¿es una afirmación osada la de la ucraniana? Quizás, pero creemos que no descabellada. El saber o espíritu absoluto en Hegel, trabajado por éste de 1807 hasta 1818 con la “Enciclopedia”, deja la puerta abierta a varias interpretaciones válidas, entre ellas la mencionada. Otra muestra de la afinidad selectiva.

En Hegel (expurgado de sus taras idealistas), tanto el de 1807 como el de 1830, el ser humano es autocreación. Nunca “es”, o mejor “nunca es lo que es” por eso es mejor decir que siempre está “siendo”. Lo que para éste conlleva un desprendimiento de la naturaleza. Sin experiencia de ruptura con aquella no hay ser humano. Desprendiéndose sin desprenderse de ella, su cuerpo inorgánico, como decía Marx. De lo contrario, el peligro es caer en la animalidad o la ascética espiritualidad. Este proceso “es la superior realización de la conciencia”. A riesgo de parecer pedantes, preguntémonos cuántos hermeneutas del filósofo alemán (aún sus apologistas) entendieron y le dieron real alcance a este aspecto. Creemos que muy pocos. Marx sí le dio la importancia debida. Por eso sus proyectos “finales”, sus respectivas resignificaciones de la libertad y la igualdad, armonizan. Sí hay una interpretación que creemos correcta, es la del ya citado Gunn:

Y esta realidad total es lo que llama Hegel lo absoluto o el espíritu, que es no sólo sustancia sino también sujeto, o sea que la totalidad involucra la negatividad además de la identidad; que lo absoluto es la identidad de la identidad y la diversidad, que el ser es y se realiza no sólo como naturaleza sino también como hombre y que el hombre no difiere esencialmente de la naturaleza más que en la medida que es Razón. El hombre es él mismo no un ser dado sino un ser cuyo ser consiste en esa acción que niega el ser y por lo tanto lo crea y lo recrea, y recreándolo se crea a sí mismo como una obra, un ser que es obra de sus obras, de su obrar. El espíritu es también un ser sensible y se exterioriza por su acción, creando cosas sensibles tan objetivas como las cosas del mundo natural.

Señalamos más arriba que en la “Filosofía del Derecho”, Hegel tiene un abordaje histórico preciso, algo que naturalmente también encontramos en sus “Lecciones de la filosofía de la Historia” (en las cuales de paso recordemos, Marx hallará la “pepita conceptual” para su concepción del modo de producción asiático). Repasemos los “vicios” de ese texto, brillantemente criticado por el joven Marx en 1842: “ver” la sociedad civil como una creación hipostasiada del estado, la inversión de sujeto y predicado y el “aparente” (el vocablo debe ser ése) cierre de la historia con la monarquía constitucional que el estado prusiano debía adoptar (ni vale tener en cuenta autores como Popper y en menor medida Sabine y otros, que ven allí un antecedente de los totalitarismos del siglo pasado).

Ahora hagamos referencia a sus “méritos”: como dijimos ese anclaje histórico rezuma materialismo, en especial en la descripción de la “sociedad civil o burguesa”, concepto introducido por él, y admitido por Marx. La crítica al iusnaturalismo y las teorías del contrato social, que ven a ésta como un mero conjunto de mónadas (individuos aislados) en donde la libertad que pueden obtener es “sin el otro” es además de clara, profunda. Hegel además conoce de primera mano a los creadores de la economía política clásica y por ende la proto teoría del valor de Smith. Si bien no saca todas las conclusiones debidas (¡pensemos asimismo que estamos en 1821!)éstas parten de dichas lecturas pero además le suman su propia visión:  la descripción de la pobreza de la “plebe”, el proceso de alienación que observa en el trabajo con la máquina (corrigiendo en parte su apreciación atemporal de 1807, algo en lo que Marx no se percató del todo, ese cambio en el autor de la Fenomenología), y la caracterización de la burocracia, amén de su sesgo idealista al denominarla “clase universal”, que de alguna manera se adueña del estado y sobrevuela la sociedad civil. Last but not least, pensamos que lo que él denomina “historia universal” (con el riesgo de convertirla en demiurgo de la realidad y por momentos menoscabando la actividad real de los hombres) es el verdadero sujeto-objeto del devenir.historia que aún no culminó (porque no hay culminación alguna en términos del “entendimiento”) pero que encuentra su mejor expresión de racionalidad, de consustanciación de la “idea ética” en el mundo moderno y en el estado (en ciernes) germánico.

Volvamos a Marx. Es bastante común señalar que éste “dedicó mucho más lugar en su obra al estudio y la crítica del capitalismo que de señalar un cuadro acabado de cómo sería el socialismo”, en líneas generales eso es cierto y hasta lógica e históricamente entendible. El comunismo “es el movimiento real” engendrado por las mismas condiciones que el capitalismo instauró, como decía el propio Marx. Sin embargo, hay lineamientos, coordenadas, que sí podemos hallar en su obra para vislumbrar ese proyecto. Y son aquellas que armonizan libertad e igualdad, además para no regalarle el primer concepto a los liberales (y su libertad negativa, en verdad).

Nuestra corriente se preocupa por tomar nota y realizar balances de las experiencias stalinistas de los “socialismos reales” del siglo XX, porque considera esencial hacerlo para que su praxis política tenga un norte y una finalidad opuesta por el vértice a aquellas. Para esa tarea, tener presente esos mencionados lineamientos de Marx es de suma importancia.

Todxs conocemos (recordemos a Hegel: lo conocido por repetido no es reconocido), y algunos lo repiten sin hacerlo carne en su accionar político, el cierre del Manifiesto inaugural de la Primera Internacional: la emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos. Sólo de esa manera la transición al socialismo puede llevarse a cabo, incluso aspectos netamente económicos, de nacionalización de la propiedad, de la necesaria alianza con otras fracciones de clases oprimidas, de cuánto mercado, etc; deben girar en torno a la firme convicción de que son lxs trabajadores los que tienen el control efectivo de la producción y del estado o semi estado que están construyendo. ¿Y luego qué? Y aquí la confluencia Hegel Marx: luego, una sociedad basada en el reconocimiento mutuo, sin alienación y en donde el fetichismo habrá perdido su centralidad porque la historia es ahora comprendida y por ende, devienen en historia y realización conscientes. Lo que por otro lado elevará la ciencia (el arte, el conocimiento todo) a niveles nunca antes alcanzados. Y no otro es el objetivo del comunismo. Afirmaba D´Hondt:

Cuando ha llegado a existir el reconocimiento mutuo, han sido alcanzada las condiciones – las condiciones prácticas – de un teorizar verdadero o “científico”. En tanto esto no ocurra, o si el reconocimiento mutuo tuviera que eclipsarse, la verdad no encontrará un “público” y reinará una soledad alienada[3].

La relación Hegel Marx, lo señalábamos en la primera parte, es concreta y de alguna manera fundante para el socialismo revolucionario. Nuestros maestros lo entendieron así. No es para nada casual que la socialdemocracia (tanto Kautsky  como Bernstein), el stalinismo en todas sus variantes y el pos marxismo también en sus diversos formatos (“pre marxismo” en verdad), abjuraron de esa relación. A estos epígonos y sus seguidores, como así también a las jóvenes generaciones que quizás no conocen este prólogo de Marx a “El Capital” de 1873, habría que señalarles estas palabras:

Yo he criticado el aspecto mistificador de la dialéctica hegeliana hace cerca de 30 años, cuando todavía estaba de moda. En la época en que yo estaba escribiendo el primer tomo de El Capital, los epígonos molestos, pretenciosos y mediocres, que hoy ponen cátedra en la Alemania culta, se recreaban en hablar de Hegel, como el bravo Moisés Mendelssohn, en tiempo de Lessing, hablaba de Spinoza tratándolo de «perro muerto». Por eso me he declarado yo abiertamente discípulo de aquel gran pensador e incluso, en algunos pasajes del capítulo sobre la teoría del valor, he llegado a coquetear con su modo particular de expresión. La mistificación sufrida por la dialéctica en las manos de Hegel, no quita nada al hecho de que él haya sido el primero en exponer, en toda su amplitud y con toda conciencia, las formas generales de su movimiento. En Hegel la dialéctica anda cabeza abajo. Es preciso ponerla sobre sus pies para descubrir el grano racional encubierto bajo la corteza mística.En su forma mistificada, la dialéctica se puso de moda en Alemania porque parecía glorificar lo existente. Su aspecto racional es un escándalo y una abominación para la burguesía y sus portavoces doctrinarios, porque en la concepción positiva de lo existente incluye la concepción de su negación, de su aniquilamiento necesario; porque, concibiendo cada forma llegada a ser en el fluir del movimiento, enfoca también su aspecto transitorio; no se deja imponer por nada; es esencialmente crítica y revolucionaria.

Para nosotros entonces, la relación Hegel Marx expresa una afinidad selectivaEste trabajo es apenas un esbozo, un intento de que dicha afinidad salga a la luz. Se “muestre en su despliegue”, como dirían ambos. Y tendría que completarse con un trabajo menos fragmentario y más acabado. Tomamos el desafío. Digamos para cerrar, que el argentino Héctor Raurich, es cierto, a nuestra manera de ver “torciendo un poco la vara”, pero en lo esencial dando en el clavo, lo expresaba de esta manera:

No existe contradicción radical entre la filosofía de Hegel y la de Marx; es una misma filosofía y sin embargo son también diferentes, aunque dentro de esa unidad. No se podría hoy aceptar, fuera de lo esencial, todo el pensar hegeliano sin corregirlo y enriquecerlo con los aportes de Marx y de otros filósofos; esto es evidente para mí. Pero tampoco se podría comprender cabalmente el pensamiento de Marx sin purgarlo de los errores que él comete a propósito de su relación con Hegel, sin completarlo, por así decir, sin hacer de él lo que plenamente es, hegelianizándolo más de lo que él lo creyó necesario e hizo[4].

 


[1]  Gunn, Richard: Lo que usted siempre quiso saber sobre Hegel… Herramienta Ediciones. 2015

[2]  Dunayevskaya, Raya: El poder de la negatividad. Escritos sobre dialéctica en Hegel y Marx. Biblos, 2010

[3]  D´Hondt, Jacques: Hegel, filósofo de la historia viviente. Amorrortu. 1966

[4] Raurich, Héctor: Notas para la actualidad de Hegel y Marx. Marymar 1976

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