• Crítica del capitalismo, balance de la burocratización y anotaciones metodológicas.

Por Roberto Saenz

Esto nos lleva a una reflexión general. El marxismo combina dos determinaciones en una, que hay que saber manejar: el abordaje materialista y el abordaje dialéctico. Son dos momentos de la realidad que ocurren de manera fusionada pero que hay que entender (abordajes ambos que se aprenden mejor militando, haciendo política).

El abordaje materialista parte de las condiciones objetivas, las determinaciones materiales, reales, concretas; la determinación esencial del trabajo (o de la actividad) y el (eterno) metabolismo humano con la naturaleza, porque si no comes no podes hacer nada1.

A la realidad queremos transformarla. Pero para hacerlo debemos partir de ella tal cual es, no como nos gustaría que fuera. A la realidad no le interesan nuestros “gustos”, es más grande que nosotros. Sólo partiendo de ella tal cual es, de sus “propias leyes”, podremos transformarla.

Junto con el abordaje materialista tenemos el abordaje dialéctico: todo lo que existe está condenado a perecer; nada es eterno salvo el universo mismo. La dialéctica es esa herramienta que cuando la lucha de clases pega un “volantazo” de 180 grados (cuando se produce un giro abrupto en las circunstancias políticas), permite que no sigamos derecho chocando contra un poste…

Necesitamos ser dialécticos para esto; entender la riqueza inmensa de la realidad, su carácter dinámico, su carácter contradictorio, y entender que como todo lo que es, a la vuelta de la esquina deja de serlo. La política revolucionaria conjuga multitud de determinaciones y uno aprende a ser dialéctico si es buen político, si logra entender que la realidad política, ¡como la realidad en general!, tiene montones de grises, montones de matices: “[Marx] (…) se distinguía por su profundo sentido de la realidad. Saber analizarla, saber extraer de ella conclusiones generales, no significa necesariamente desentenderse de la realidad y remontarse a las alturas de la abstracción” (Riazanov, ídem; se sobreentiende que aquí “abstracción” no refiere a la idea de síntesis de múltiples determinaciones que lleva al “concreto del pensamiento” como afirmaría Marx en la Introducción a la crítica de la economía política, sino a un análisis que se abstrae de manera idealista de las determinaciones concretas de la cosa).

El tiempo de la política de repente parece “detenido” y de repente se acelera (hemos tenido pruebas de esto en la actual pandemia mundial). Si el partido no cambia de velocidad cuando se acelera la lucha de clases, se queda atrás de los desarrollos. Fíjense La historia de la Revolución Rusa. Trotsky muestra cómo el partido bolchevique corrió por detrás de los desarrollos durante varios meses. Tuvo que llegar Lenin a Petrogrado y despertar al partido a patadas. En octubre ocurre de nuevo: un importante sector oportunista del partido se niega a la toma del poder. Lenin ganó esta batalla apoyándose en el sector más activo de la organización y en las propias masas, que por muchos meses estuvieron por delante del partido. En Octubre, propiamente dicho, esto había variado en más de un sentido; había cierto cansancio ya entre determinados sectores del proletariado, la toma del poder llegó justo antes de que la situación se diera vuelta hacia la desmoralización.

“La noche del 18 de marzo de 1871, cuando tuvieron la noticia de que ‘el asalto al cielo’ había tenido éxito y que en París había nacido la primera Comuna socialista en la historia de la humanidad, comprendieron que los tiempos podían cambiar más rápido de lo que ellos mismos esperaban” (Musto, “Cartas por la revolución”).

La realidad es muy rica, dialéctica. De repente viene todo “estanco” y de repente se acelera y no te diste cuenta. Así es en todos los órdenes, aunque las temporalidades varían enormemente entre la política, la historia, la biología y la geología.

En geología existe el concepto de “tiempo profundo” para dar cuenta de que las temporalidades son muy distintas a las magnitudes habituales, políticas, humanas o incluso históricas. Si en la vida política a veces las cosas se deciden en horas y días y en la vida histórica los procesos abarcan decenios o siglos (y además ambas temporalidades muchas veces se resuelven en una sola, se entrecruzan), si en la vida humana son los años y decenios los que cuentan, es obvio que en la vida biológica o geológica lo que cuenta son las decenas de miles, centenares de miles y millones de miles de años. El concepto de tiempo profundo alude a esta última escala de medida, aunque para la política revolucionaria sea inservible, claro está, porque lo que cuenta es el “acontecimiento”: ¡unos días e incluso unas horas pueden decidir la insurrección y cambiar la historia!

Volviendo un poco a la biografía de Marx y Engels, luego de la I Internacional y de la derrota de la Comuna de París, Marx vuelve a su “gabinete de estudio” dedicándose a avanzar en los otros dos tomos de su obra mayor pero, simultáneamente, incorpora una multitud de otras esferas de estudio y sigue llevando cuadernos de apuntes de todo lo que lee o más bien “devora” (Marx se autotitulaba un “devorador de libros” y realmente lo era por su capacidad increíble de absorber obras de todas las temáticas resumiéndolas, apropiándose de ellas; de ahí la síntesis teórico-estratégica que opera, algo dificilísimo de lograr.)

Este “último Marx” es muy rico; es equivocado que hubiera “perdido capacidad de trabajo” –como erróneamente afirmaba Riazanov–. Encaró, por ejemplo, todo un estudio acerca de la organización social de la prehistoria humana, sus “cuadernos antropológicos” (reseñados con erudición por Lawrence Krader al cual citamos profusamente en nuestro Engels antropólogo2).

Es a partir de estos “cuadernos antropológicos” que Engels encara El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (a instancias de Kautsky y Bernstein que lo motivaron a hacerlo). Durante los años ’70 y hasta el final de su vida Marx siguió trabajando en temas “ecológicos”, obras de historia, hacía ejercicios matemáticos para combatir el estrés, los temas antropológicos, etcétera; una variedad temática descomunal donde todo lo real suscitaba su interés3.

Les señalo esto como para que aprecien la inmensa riqueza del marxismo. Personalmente, me dediqué el año pasado a mi ensayo Engels antropólogo y ni siquiera sé por qué lo hice… Pero más allá del limitado valor de este texto (a modo de homenaje a Engels en el 200 aniversario de su nacimiento), en todo caso la amplitud de miras es una de las cuestiones más importantes de la militancia revolucionaria.

La amplitud de miras hace a no “conformarse con nada”; aspirar a revolucionarlo todo, a no dejarse encorsetar; al pleno desarrollo de la personalidad. Por el contrario, la estrechez de miras es una condena: representa en la mentalidad la estrecha división del trabajo social del capitalismo, un abordaje mediocre de las cosas.

Ya en su momento Rosa Luxemburgo condenará la excesiva división del trabajo –una división del trabajo rutinizante– imperante en la socialdemocracia alemana como un factor de oportunismo y adaptación (Huelga de masas, partido y sindicatos).

La pérdida de la universalidad, de la amplitud de miras, mucho tuvo que ver con la burocratización del movimiento obrero porque el militante revolucionario y el funcionario son dos tipos opuestos de personalidad; el militante se aprecia por los costados políticos –sustanciales y universales– de las cosas, al funcionario se lo “comen” las tareas administrativas –formales y particulares–.

El funcionario está rutinizado. Y muchos de los estudios sobre la burocracia y los “aparatos políticos”, incluso en autores burgueses de comienzos del siglo pasado como los hermanos Weber o Robert Michels, dieron cuenta de esto (su texto Los partidos políticos es un estudio clásico de cómo la socialdemocracia se aparatizó, perdió en el camino sus fines).

El militante revolucionario es lo opuesto: en su aplicación a transformar la realidad se universaliza, porque la realidad misma es de una riqueza inmensa y aplicarse a transformarla revoluciona, el efecto opuesto a la rutinización y la administración.

En fin: tener amplitud de miras hace a la tarea general, a la lucha de clases, a la revolución, a la perspectiva histórica-estratégica. Hay un señalamiento agudo de Bellamy Foster. Afirma que en sus últimos años a Marx le agarró “desesperación” porque se sentía enfermo y quería abordar esa parte de la historia humana; habían aparecido muchas obras de antropología y Marx quería abordarlas críticamente como parte de su fundamentación científica de las posibilidades de transformación social.

Bueno. He abordado en esta charla relativamente poco el problema de la historia, así que me voy a dedicar a eso ahora. Nosotros hacemos la historia, nadie la hace por nosotros. Históricamente la tendencia es hacer la historia cada vez más conscientemente.

La dialéctica de la naturaleza y la historia es la misma, pero no por eso dejan de tener matices. Una perspectiva no unificada de la dialéctica nos llevaría al idealismo. Pero una idea que redujera la dialéctica histórica a la de la naturaleza nos llevaría al “naturalismo”, a perder de vista –como afirmara agudamente Karl Korsch– que la historia humana es la historia de la lucha de clases. La especificidad de la especie humana es nuestra capacidad de re actuar de manera consciente sobre el medio ambiente social y natural para transformarlo: “Dentro de la escuela marxista el enfoque social-darwinista de la historia desempeña un gran papel en la obra de Karl Kautsky, La concepción materialista de la historia. Al dar carácter absoluto a la unidad de la historia del desarrollo humano y pre-humano, Kautsky llega al punto de vista de ‘que la historia de la humanidad sólo constituye un caso especial de la historia de los seres vivos, con leyes peculiares, que sin embargo están en vinculación con las leyes universales de la naturaleza viva’. Pero son justamente estas ‘leyes peculiares’ de la sociedad las que Kautsky no toma en consideración. Mientras para Marx la historia del desarrollo cósmico y biológico sólo constituye el ‘fundamento científico-natural’ de su concepción de la historia, pero su principal terreno de aplicación es la historia de la sociedad, Kautsky invierte esta relación. La historia humana es un apéndice de la historia natural y sus leyes de movimiento son meras formas fenoménicas de las leyes biológicas. Karl Korsch, que por lo demás es uno de los pocos autores en la amplia literatura sobre Marx en los cuales se encuentra una comprensión de la complicada dialéctica de la naturaleza y la historia, critica enérgicamente la deformación que hace Kautsky de la teoría materialista de la historia” (Schmidt, ídem, 43).

Si el maquinismo es en general la capacidad humana de trabajo para apropiarse de la naturaleza y transformarla al servicio del desarrollo de las fuerzas productivas, la historia escrita de la humanidad no es más que la historia de la lucha de clases por acabar con las condiciones de opresión y explotación.

La historia es, por lo tanto, un evento humano. Un evento que se procesa bajo determinadas condiciones que nos son objetivas pero que simultáneamente transformamos con nuestra acción.

En esto la humanidad es “especial”. De las especies vivas –al menos de las conocidas– sólo la humanidad tiene esa capacidad de transformar la realidad.

Esta determinación histórica del marxismo se perdió durante la Segunda Internacional y el estalinismo. Si hoy la cuestión de la naturaleza retorna por la crisis ecológica de la humanidad, no hay que perder de vista que a comienzos del siglo pasado el oportunismo se vistió de “naturalismo”, de “positivismo”, de “rendirse frente a los hechos crudos”, un rendirse empírico a lo establecido perdiendo de vista las potencialidades de transformación social (y natural).

Karl Kautsky, principal teórico de la Segunda Internacional, era el máximo exponente de esta desviación oportunista. Para él el partido era “revolucionario” pero “no un partido que hace revoluciones”… ¿Pero cómo un partido podría ser revolucionario si no hiciera revoluciones?

Esto no es así. Esta definición es la estupidez oportunista de aquellos que creían que el “desarrollo natural de las fuerzas productivas” llevaba automáticamente al socialismo –contra las advertencias de Rosa Luxemburgo, que alertaba en tiempo real sobre la barbarie y las fuerzas destructivas que estaban a la “vuelta de la esquina” de la Primera Guerra Mundial–.

Es obvio que el partido sí debe tratar de hacer revoluciones, ser un factor activo en ellas. Aspira a la influencia política de masas para cuando se generen las condiciones para hacer la revolución y acabar con el capitalismo.

Somos aún organizaciones relativamente pequeñas, aunque esto podría cambiar con la ola de radicalización de una nueva generación que está despuntando. Cuando nuestros partidos crecen adquieren influencia de masas, comienzan a dirigir amplios sectores de masas. Y en esas condiciones tratamos de hacer la revolución, claro que junto con la clase trabajadora y su vanguardia; aspiramos a dirigir la revolución junto con ellos.

En sus Tesis sobre el concepto de historia Walter Benjamín afirmaba algo agudo, y lo hacía en tiempo real, lo que le daba más valor: “lo peor que le pasó a la socialdemocracia fue creer que marchaba con la corriente”… Quizás los que lean esta charla son jóvenes para entenderlo, pero no sólo la socialdemocracia y el estalinismo creían que “iban con la corriente histórica” –es decir, que las cosas marcharían “objetivamente” a favor de los trabajadores–; también el trotskismo en la posguerra tuvo la “religión” de las “revoluciones socialistas objetivas”, de revoluciones que se hacían solas, que la transición al socialismo avanzaba espontáneamente, automáticamente.

Pero la revolución se burocratizó y se pudrió. Y además surgió el fascismo y el nazismo. La Revolución Rusa creó la ex URSS, una conquista inmensa, la más grande conquista de la clase obrera y la humanidad. Pero fue pervertida totalmente por el estalinismo hasta que no quedó piedra sobre piedra de la revolución social más grande de la historia.

Sin embargo, una de las principales enseñanzas del siglo pasado es que la “corriente” de la historia no corre mecánicamente a favor nuestro: la “corriente histórica” siempre es contradictoria, compleja, es un tornado o una gran marejada donde a veces está “playo” y vas con “vientito” y a veces viene una ola de treinta metros en contra que te fagocita. La lucha de clases es así: son las revoluciones históricas protagonizadas por las masas en el siglo pasado pero también Auschwitz, Hiroshima, Nagasaki, el Gulag y la colectivización forzosa estalinista, también la continuidad del segregacionismo racial o ahora la crisis ecológica y pandémica que amenaza a la humanidad4.

El marxismo positivista o falsamente “naturalista” de la socialdemocracia y el estalinismo llevó a la bancarrota al movimiento obrero. El marxismo clásico y revolucionario, el marxismo de Marx y Engels, y el marxismo de Lenin, Trotsky y Rosa Luxemburgo, van para otro lado; acentúan el papel del sujeto en la historia: no se trata de las “leyes férreas” naturalizadas de la historia sino de la acción histórica colectiva de los explotados y oprimidos.

Por supuesto que se trata de una acción sobre bases materiales. Es la creatividad realista que, según señala Trotsky, caracterizaba a Lenin: en la vida política y la vida en general, hay que soñar. Pero dichos sueños tienen como condición de posibilidad el estar afincados sobre las tendencias reales, materiales.

Sin sueños, sin imaginación, sin creer que es posible un mundo mejor, es imposible ser revolucionario. Pero un revolucionario materialista dialéctico apoya estos sueños sobre las tendencias en obra, sobre las múltiples posibilidades que estas plantean.

Lenin se quejaba ya en el ¿Qué Hacer?, 1903, de la corriente economicista, sindicalista, que negaba la política con una apelación al “realismo”, a no soñar: “Si el hombre no poseyera ninguna capacidad para soñar, no podría tampoco traspasar aquí y allá su propio horizonte y percibir en su fantasía, como unitaria y terminada, la obra que empieza justamente a surgir en sus manos; me sería imposible imaginarme en absoluto qué motivos podrían llevar al hombre a echar sobre sus hombros y conducir a término amplios y agotadores trabajos en el terreno del arte, de la ciencia y de la vida práctica. La escisión entre sueño y realidad no es perjudicial, siempre que el que sueña crea seriamente en su sueño, siempre que observe atentamente la vida, siempre que compare sus observaciones con sus quimeras y siempre que labore concienzudamente en la realización de lo soñado. Si se da un punto cualquiera de contacto entre el sueño y la vida, puede decirse que todo está en orden (…) Los sueños de esta especie son, desgraciadamente, muy escasos en nuestro movimiento. Y la culpa la tienen principalmente aquellos que se vanaglorian de los sobrios que son, de lo cercanos que se hallan a lo concreto (…)” (Lenin, citado por Ernst Bloch en El principio esperanza, tomo 1, XIX5).

Hay textos como Historia y conciencia de clase de George Lukács, 1923, que acentúan el factor subjetivo pero afirman erróneamente que la dialéctica histórica no tiene nada que ver con la dialéctica natural. Eso está mal; es una fuga al idealismo.

Existe una relación entre ambas dialécticas que es exquisita, es rica, que implica no perder el fundamento material, materialista, ni perder la capacidad humana de transformar la realidad, la dialéctica.

Podemos volver a promover acá la lectura de cuatro textos fundamentales de Engels que de una u otra forma abordan los aspectos que estamos señalando aquí. Textos educativos aun si tienen algunas inercias (sobre todo a nuestro modo de ver el Anti-Dhüring): el ensayo brillante aunque incompleto El papel del trabajo en el pasaje del mono al hombre (1876/7) que sienta bases materiales para la comprensión de la evolución de la humanidad; el ya señalado Anti-Dhüring, un verdadero manual de marxismo, aunque tenga elementos mecánicos en algunos pasajes (sobre todo a la hora de algún desbalanceo entre factores objetivos y subjetivos en la dialéctica histórica); El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, una joyita antropológica aunque esté desactualizado en algunos aspectos fácticos, y Dialéctica de la naturaleza, un ejercicio brillante de dialéctica natural e histórica de inmensa riqueza.

En total, un conjunto de obras “engelsianas” que aportan muchísimo para pensar algunos de los lineamientos generales del desarrollo de la humanidad, de sus “líneas de tensión” más generales.

Para terminar, dos ideas que se resumen en una sola. El horizonte histórico actual, el horizonte del capitalismo –que en realidad no es todo el horizonte sino sólo la mitad del mismo, obviamente– es la explotación del trabajo. Mientras haya capitalismo, habrá explotación y opresión. Pero por esto mismo, la otra mitad del horizonte es que vamos a tener lucha, compañeros y compañeras; ese es el horizonte material de nuestra militancia: ¡el capitalismo y la lucha por acabar con él! tal cual se empieza a expresar ahora en la irrupción mundial de la juventud cuando editamos esta charla.

Mientras haya capitalismo va a haber lucha. Los humanos somos una especie animal particular, tenemos conciencia y podemos representarnos el mundo. Somos una especie animal, no es que no tenemos nada que ver con los animales, pero somos animales con representación del mundo, con conciencia, con acción consciente.

Estamos bajo el horizonte histórico del capitalismo. Pero también bajo el horizonte histórico de la revolución socialista. Nunca ha habido tanta clase obrera como hoy: una clase obrera joven, heterogénea por supuesto, que se expresa de manera distinta acá y allá, pero que nunca antes había sido tan poderosa materialmente.

Si su nivel de conciencia parte de más atrás en relación al promedio del siglo pasado, también es un hecho que cada vez se juntan más elementos que expresan un recomienzo de la experiencia histórica, la irrupción mundial de una nueva generación.

La lucha contra la explotación capitalista se combina hoy con la lucha contra opresión de la mujer y las personas lgbt, también con la lucha ecologista contra la destrucción del planeta y contra la opresión de la gente de color, como el estallido en los Estados Unidos, entre otras.

El pensamiento de Marx y Engels es una conquista del pensamiento universal. Sus determinaciones no son únicamente las del “capitalismo manchesteriano” del siglo diecinueve, como afirman ridículamente algunos historiadores y biógrafos6Es una reflexión que se nutre de toda la experiencia humana; se nutre críticamente, incluso, de la prehistoria.

Por supuesto que luego de ellos la investigación en todos los campos aumentó de manera sideral. Pero su reflexión es tan profunda, hunde sus raíces en la experiencia humana de manera tan profunda, que es de una riqueza y actualidad que podríamos llamar “infinita”, una cantera permanente de riqueza y reflexión. Por ejemplo ahora en materia de la opresión de la población negra, ir a revisar los antecedentes de la esclavitud en Estados Unidos, las consecuencias fallidas de la Guerra de Secesión yanqui, etcétera7.

Reitero esta idea central: Marx y Engels se nutren –críticamente– de toda la experiencia humana. Partiendo de la prehistoria, la sociedad antes de la escritura, y yendo hacia la historia, que Marx y Engels también llaman “prehistoria” porque no es más que la historia de la lucha de clases. Su concepto de historia lo circunscriben para una historia sin explotación ni opresión, la apertura de la verdadera historia humana.

Claro que no hablan de “prehistoria” sólo por la escritura; es por el tipo de relaciones humanas no emancipadas. Un pensamiento así tiene una vigencia inmensa, no depende de si estamos en el fordismo y después pasamos al toyotismo; eso es una estupidez (Andre Gorz y otros autores hacen este tipo de reduccionismo).

Marx era amante de Aristóteles, el principal filósofo clásico. Y es evidente que Aristóteles, Platón, lo mismo que Demócrito y Epicuro y tantas otras escuelas filosóficas griegas, o los historiadores clásicos como Jenofonte, e infinidad de otros autores y pensadores de la Antigüedad, siguen teniendo en muchos aspectos vigencia, porque de alguna manera generalizaron algunos aspectos profundos de la experiencia humana, lo que les otorga elementos de universalidad (más allá de si fueron idealistas o materialistas en su abordaje, que es otra determinación)8.

Una última cuestión respecto de la militancia, una cuestión a la que me vengo refiriendo pero quiero agregar todavía algo más. La militancia es un “hacer”, y el hacer es un “arte”: transformar lo que tenés alrededor. No hay nada más emancipador como persona que ese “hacer transformador”. Es el punto de la desalienación, lo otro es la rutina. Hay muchas y muchos laburantes que no pueden militar.

Pero para los que tenemos el privilegio de ser militantes, es un arte hermoso, apasionante. Es ser actor de las cosas en movimiento, no de la cosa estática. Tiene esa riqueza que te da la lucha: estar en el desarrollo de lo nuevo, de una cosa que no estaba y empieza a estar; transformarse en cierto modo en “sujeto histórico” o sujeto de la historia, en actor de una nueva historia.

Apropiándonos de la biografía de Marx y Engels vemos que no hay intelectualidad sin acción, eso no existe para nuestro marxismo. El marxismo de Marx y Engels es un marxismo militante, no académico.

No es que queramos dar una idea sectaria del trabajo en la academia; da un cierto método y sirve para acumular conocimientos. Pero no debemos perder de vista que las pautas de la academia son –¡hoy más que nunca!– las del sistema, las de la fragmentación, no la universalidad. Y que además, todo trabajo académico condena a cierta “burbuja”, cierto aislamiento de la realidad. Una separación del lugar donde se hace la historia en tiempo presente, que es en la base concreta de la lucha de clases, en sus entrañas, el lugar donde se mueven las grandes fuerzas sociales e históricas de la sociedad, en las profundidades de la misma (Luxemburgo). Y sólo se llega a estas profundidades, a las capas más profundas de los explotados y oprimidos, a sus condiciones de vida y lucha reales, con la militancia; no se ha inventado otra forma9.

Existe mucha gente erudita, especialistas de los cuales debemos aprender; estudiarlos críticamente en las más diversas disciplinas. Pero la verdad que te da la práctica, la experiencia, por supuesto que combinada con la reflexión crítica, es irremplazable (una síntesis que se opera colectivamente amén de los esfuerzos personales).

Tal experiencia de vida, tal experiencia militante, es irremplazable. Hay todo tipo de compañeros y compañeras, no hay que hacer ninguna ideología sobre esto. La praxis es un concepto de verdad que combina la acción y la teoría, el concepto de verdad del marxismo. Ese concepto de praxis, esa “praxeología”, está vinculada a los problemas de la verdad, al estatuto de verdad en el marxismo.

Y la cuestión es que las verdades más profundas se obtienen en la experiencia, en la transformación social, en la acción revolucionaria, así como en la reflexión crítica. También en la acción productiva transformadora, en las ciencias y en el arte también. Es una suma que no funciona la una sin la otra: ni el pragmatismo ni el academicismo10.

La verdad no se obtiene en la inacción, no es un “reflejo pasivo” de la realidad. La verdad se obtiene en la acción y en la reflexión teórica sobre ella. ¿Leyeron el discurso de Engels ante la tumba de Marx? Tiene una extraordinaria síntesis sobre esto que les quiero decir: “Marx era ante todo un revolucionario. Cooperar de este u otro modo al derrocamiento de la sociedad capitalista, o de las instituciones creadas por ella, contribuyendo a la emancipación del proletariado moderno, a quien él le hubiera infundido por primera vez la conciencia de su propia situación y de sus necesidades, la conciencia de las condiciones de su emancipación, tal era la verdadera misión de su vida. La lucha era su elemento”.

La lucha y la investigación teórica y estratégica debe ser nuestro elemento. Ese es el marxismo militante que nos legaron.


1 Marx, como buen materialista, insistirá en el carácter eterno de la relación humano-naturaleza (al menos mientras exista la humanidad).

2 La obra de Krader se titula Los cuadernos etnológicos de Marx pero a nosotros nos parece que se entiende mejor el concepto si reemplazamos la palabra “etnológicos”, más abstracta, por “antropológicos”. También Theodoro Shanin, entre otros autores, se ha dedicado a los estudios antropológicos de Marx.

3 El apasionamiento por todo lo existente es un atributo de la sensibilidad y de la amplitud de miras, cuestión que retomaremos enseguida pero que remite a la inmensa riqueza de la vida social y natural y del universo, así como las artes, etcétera, y las mil y una manifestaciones de la existencia.

4 La esclavitud es otro de los grandes desastres heredados del proceso de acumulación primitiva capitalista y que todavía tienen consecuencias bien presentes en materia de racismo arraigado estructuralmente como se está viendo en estos momentos en la rebelión en curso en los Estados Unidos con enorme impacto en otros países imperialistas igualmente esclavistas e internacionalmente. Un tema, también, que se coloca en la agenda renovada de estudios sobre el pensamiento de Marx y Engels como señalamos en otras partes de este ensayo.

5 En esta larga cita Lenin está citando, a su vez, a un camarada llamado Pisarev. Sin embargo, además de citarlo aprobatoriamente, los últimos cuatro renglones son de su directa autoría. Por otra pare la cita de Pisarev se parece mucho a la delimitación que hacen Marx y Engels en La ideología alemana entre la humanidad y el reino animal; “entre la mejor abeja y el peor arquitecto” (en el sentido que incluso el peor arquitecto construye previamente en su cabeza el plano al cual dará lugar la obra, como hemos visto más arriba). Una cita clásica que, paradójicamente, para la fecha del clásico de Lenin permanecía inédita.

6 Según Jonathan Sperber –quién escribió recientemente una importante biografía de Marx, Karl Marx, una vida del siglo diecinueve– Marx sería un pensador “decimonónico”; no universal sino circunscripto al siglo XIX. Un reduccionismo que no pasa la menor prueba hasta por el hecho de que el horizonte del capitalismo sigue presente y que Marx y Engels se basaron en el pensamiento universal.

7 Autores como Kevin Anderson están renovando este aspecto de la obra de Marx en los últimos años (otro autor que podríamos colocar en la prolífica cantera de los “marxólogos” que están llevando adelante la loable tarea en la última década de volver de manera enriquecida sobre su pensamiento). Una cita clásica de Marx sobre la esclavitud –que sólo parafraseamos– es cuando afirma que “la piel blanca no se puede emancipar si no se emancipa primero la piel negra”, una forma muy aguda de plantear la unidad en la lucha entre los esclavos de color y la clase obrera blanca.

8 Elementos universales de la experiencia humana pero no a-históricos. Porque nada es a-histórico para el marxismo; todo tiene determinaciones histórico-concretas.

9 De ahí que, en general, a los intelectuales les cueste siempre ver qué de novedoso hay en la lucha de clases, que atrasen, que lleguen siempre tarde a los nuevos desarrollos y sean mayormente escépticos en relación a las potencialidades emancipadoras de los explotados y oprimidos.

10 La realidad es que el estudio del marxismo es fundamental; sin estudio crítico del marxismo y de la realidad, sin trabajo teórico y estratégico, no hay aprendizaje en el marxismo clásico y revolucionario. Pero la cuestión es que en el marxismo esto no ocurre desvinculado de la experiencia (en todo caso, remitimos a las Tesis sobre Feuerbach que tiene una síntesis genial sobre esto).

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