• Esta casta funcionó por momentos de forma más colectiva y en otros se pareció más a una dictadura personal, pero siempre sobrevivió y conservó el control sobre el Estado.

Reseña del libro “El Equipo de Stalin” de Sheila Fitzpatrick

Por Martiniano Rodríguez

Este libro editado por Crítica en el 2016 es una obra más sobre la URSS escrito por esta historiadora. Una obra bien documentada que trata de analizar cómo funcionó el gobierno de la URSS luego de la muerte de Lenin más allá de las estructuras formales, tratando de ver cómo se movía Stalin y lo que ella considera su equipo, aquellos miembros del Partido Comunista que rodearon a Stalin desde la década del 20 del siglo XX hasta la muerte.

No es un libro para historiadores, como ella reconoce en el mismo libro. Su objetivo es sólo analizar las fuentes y mostrar el funcionamiento de ese equipo, recién en la conclusión tratará de ir más allá. Es un aporte a los historiadores que analizan la URSS, un libro muy completo que muestra la forma en que ese equipo se manejó, cómo se complementaron, actuaron en su intimidad y en la política. Analiza las tácticas de Stalin y su equipo para sobrevivir alrededor de 30 años en el poder.

Este libro, como reconoce la autora, ayuda a entender cómo la burocracia de la URSS se fue formando luego de la muerte de Lenin, y no caer en las visiones bastante corrientes de que Stalin fue un dictador (para algunos incluso paranoico y/o igual que Hitler), que a la muerte de Lenin y la derrota de Trotsky se quedó con el poder. Por supuesto que la autora no persigue este objetivo, pero esta obra con amplia documentación nos permite sacar algunas conclusiones sobre la burocracia.

Se habla de que Stalin es un dictador, pero Fitzpatrick reconoce que el estudio del resto del “equipo” le dio otra perspectiva. Stalin no era sólo un dictador, sus allegados tenían parte del poder y Stalin en varios momentos debió delegar el gobierno en ellos. Incluso hubo grandes obras que fueron pensadas y/o ejecutadas en forma colectiva como el crecimiento industrial de los años 1920 y la misma Guerra Mundial, por no hablar del gobierno luego de la muerte de Stalin. Volveremos sobre esto.

El libro arranca desde principios de 1920, cuando Lenin todavía estaba al mando. Más allá de las críticas de alguien que no está de acuerdo con la Revolución de 1917, hay cuestiones que dice que marcan una gran diferencia. Cuando Lenin estaba vivo, y más allá de lo que se dice de su temperamento, tiene que reconocer que se podía discutir y que incluso algunos le discutían al propio Lenin. Reconoce que dentro del partido se permitían y aceptaban diversas opiniones. Durante esa época, Stalin era más que nada un cuadro organizador de segundo orden, con el que Lenin llega a tener problemas (según Fitzpatrick Stalin era muy machista y maltrataba a la esposa de Lenin, nada menos que Krupskaya).

Poco a poco Stalin se rodea de otros camaradas, la mayoría rusos (dato no menor ya que la URSS acogía muchas nacionalidades), pocos intelectuales (la mayoría se organizaron en torno a Trotsky y Zinoviev) y muchos obreros. No era un grupo cosmopolita, eran pocos los que podían hablar alguna otra lengua. Pero a la muerte de Lenin tejieron diversas alianzas que primero le permitió derrotar a Trotsky y la Oposición de Izquierda, para luego arreglar cuentas con la Oposición de Derecha de Zinoviev y Kamenev. En este punto, la autora comienza a hablar de sadismo en las tácticas de Stalin para eliminar a sus enemigos potenciales.

La toma del poder de Stalin que se termina de cimentar a fines de la década de 1930, para la autora fue una revolución desde arriba, sin movilizar al partido, desde la cúpula y sin inmiscuir en la discusión a nadie más. Así podríamos decir que una burocracia, formada por personas del mismo partido que hizo la revolución, pero que una vez exterminados los que podían oponerse, decidieron tomar las riendas de la URSS sin necesidad de consultar con nadie.

Stalin fue el Termidor de la Revolución Rusa, pero se portó como el Robespierre de este acto, imponiendo su dictadura contrarrevolucionaria a sangre y fuego; las purgas fueron el final de ese proceso. Purgas que llevaron al perfeccionamiento de los métodos burocráticos de discusión política (mejor dicho, de no discusión): intrigas, acusaciones falsas, amenazas a familiares y allegados, etc. La autora habla varias veces de sadismo en esos métodos, de que a Stalin le gustaba jugar hasta el final con sus víctimas, y que la destrucción política podía ir a acompañada de la destrucción física, el destierro, etc. Las compañeras y ex compañeras junto a sus hijos podían también ser condenados a muerte sólo por su parentesco, el resto de la familia terminaba en el destierro, el gulag o un orfanato (con suerte algún miembro del equipo podía adoptar a los menores de los camaradas más prominentes). No se discutía política, las diferencias (que tampoco tenían que ser políticas) esta nueva burocracia las solucionaba con métodos ajenos a la democracia obrera.

Fitzpatrick reconoce que fue Stalin el cerebro de esto, y que el equipo acompañó (algunos con reservas y otros decididamente) y nadie se opuso, ya empezaba a faltar democracia incluso dentro del grupo que estaba gobernando. El único de atisbo de inconformismo parece haber sido el suicidio de Ordzhonikidze en 1937 luego del arresto de su hermano y su amigo Piatakov, y como se ve la salida no es muy buena. Las discusiones ya no serían públicas, se limitarían cada vez más al politburó o al grupo que Fitzpatrick llama “el equipo” y que se reunía aparte de los órganos del partido o del gobierno.

Los años de la década de 1930 cambian varias cosas, que muestran cómo la burocracia contrarrevolucionaria se va fortaleciendo, y termina de tomar forma esta casta.

Como el libro de Fitzpatrick describe, además de la política podemos ver cómo hay cuestiones sociales que retroceden. Desde la descripción que hacen más tarde en sus memorias, cuando dicen que en los años 20 eran amigos y discutían la política, a que en los años 30 todo era intriga y mentira, no había amistad ni buen trato. Hasta cuestiones más importantes.

En los años 20 Stalin y su equipo se vestían como militares y vivían en pequeños departamentos en el Kremlin, pero comienzan los privilegios. La mayoría, como Molotov y Beria, se van a vivir a mansiones cerca del Kremlin; todos comienzan a tener casas de campo fuera de Moscú (a la muerte de Stalin, Beria va a querer hacerlas propiedad privada); incluso los protegidos de la cultura y la ciencia (el mecenazgo parece que se hizo habitual) podían llegar a tener estos privilegios. Las mujeres pierden protagonismo en estos mismos años, no sólo no van a ocupar cargos de primera línea en la política, sino que el antiguo ambiente de cierta libertad sexual (parejas abiertas o simples engaños) quedará reservado para los hombres, las esposas del equipo serán amas de casa, sólo unas pocas seguirán activas. La esposa de Molotov, Polina, es una de las pocas, fundará la industria cosmética en la URSS, sus engaños amorosos (aunque algunos hablan de una pareja abierta) serán usados en su contra para degradarla después de la Guerra Mundial.

La figura del líder todopoderoso, en la década del 30 tomará rasgos muy alejados del socialismo que pretendía construir este equipo. Fitzpatrick nos dice que la figura de Stalin líder se forma durante la colectivización forzosa, pero ya en el cumpleaños de 1929 le dedican una edición de Pravda (el diario oficial) entera al supremo líder, en 1933 tapan el mausoleo de Lenin con una gigantografía de Stalin, y así el culto va tomando cada vez una dimensión nueva. No sólo Stalin recibe trato preferencial, todos los del equipo reciben algún mimo. Por ejemplo, todos tendrán una ciudad con su nombre (eso sí, de acuerdo a su importancia y hasta caer en desgracia); también canciones y poemas de sus mecenas. La burocracia avanzaba en su propia veneración y se despegaba en estos años de la clase obrera (algunos como Kaganovich venían de esta clase) social y políticamente.

Los años 30 ya ven a sus dirigentes con traje al estilo occidental, en Moscú se ve cómo se reabre “la selecta Yeliseyev” en “la calle moscovita de Gorki con una mágica exposición de delicatesen, ciertamente onerosas”1. Comienza a haber un mercado para aquellos que se enriquecían con sus privilegios, mientras el pan se racionaba.

Pero las purgas dejaron un mensaje claro, cualquiera podía ser sospechoso y acusado de espionaje o de hablar contra la revolución. El miedo quedó como parte del legado hasta después de la Guerra Mundial, y sólo por un breve periodo después de ella. 20 de los 25 ministros del gobierno de Molotov fueron “purgados”, familiares de Stalin y del equipo también. Stalin se encargaba de recordarles a todos qué lugar ocupaban. Amenazas, detenciones a gente cercana, investigaciones, se hicieron normales; todos sabían que estaban en manos de Stalin, pero hasta un punto.

Era una dictadura personal, pero con liderazgo colectivo, según la autora. Porque hubo momentos en que Stalin quedó en segundo plano o en el mismo plano. Eso pasó durante la Guerra Mundial, al principio Stalin se retiró y el equipo tuvo que ir a buscarlo, luego de eso las decisiones fueron netamente colectivas, aunque en la historia quedó Stalin como el gran líder militar.

La burocracia salió más fortalecida luego de la guerra, Fitzpatrick nos muestra un estado de ánimo en alza, los jóvenes pensaban en la renovación, el liderazgo colectivo funcionaba bastante bien. Pero no fue así, apenas una primavera. El equipo no se renovó, los métodos tampoco (Shukov, el general que entró a Berlín y pieza importante de la guerra, fue degradado en 1948 sólo porque era uno de los ídolos de la guerra en el imaginario popular). El caso que merece ser mencionado, porque muestra a las claras cómo la burocracia busca sobrevivir con sus privilegios, es el conocido como “el caso Leningrado”, donde se acusó a dos jóvenes figuras en ascenso que se mencionaban como las herederas de Stalin. En 1949 se acusó a éstos, uno miembro del Politburó, de complot. Primero perdieron el trabajo, luego fueron detenidos y finalmente ejecutados. Pero el caso es que eran cercanos a Stalin, se supone que las intrigas vinieron del equipo que no quería competencia.

Algunos años después ya se puede hablar de la paranoia de Stalin (se sentía perseguido todo el tiempo). Hasta es una etapa donde el antisemitismo, de Stalin y de otros, se vuelve más claro, hasta Fitzpatrick habla varias veces de un plan antisemita (mención aparte, supuestamente Stalin se sentía defraudado porque apoyó fervientemente a Israel y ésta se alió con EEUU).

El punto del antisemitismo es para un estudio, en varios pasajes la autora menciona hechos y persecuciones contra los judíos, especialmente luego de la guerra (echan a la esposa de Andréyev del partido, Stalin manda a matar a Mijoels, un judío prominente en la cultura de la URSS, el famoso caso de la acusación contra los médicos del Kremlin que en su mayoría son judíos). Pero ya en las purgas aparecen insultos e incluso casos bastante racistas.

Antes de su muerte, en 1953, parece que estaba por lanzar una segunda gran purga apuntando contra Molotov y Mikoyán que eran los posibles sucesores, y Beria que era el Jefe de los servicios secretos.

La pelea dentro del equipo es una muestra más de cómo la burocracia busca la supervivencia; o sea, cómo busca perpetuar sus privilegios y lujos.

La muerte de Stalin trajo otra primavera, que pasó a la historia como la desestalinización de Jrushchov, aunque para Fitzpatrick dice que fue una decisión colectiva. Los que estaban en la cuerda floja, como Molotov, volvieron a sus cargos de dirección, se formó otra vez un clima de cooperación, hubo perdón para varios presos políticos, se redujeron los gulag, el nombre de Stalin desaparece de Pradva y los últimos tomos de las Obras completas que estaban editados no vieron la luz, etc. Pero todo duró poco, la burocracia parece que no consigue ser estable.

Beria es el primero que parece que quiere imponerse al equipo, y el resto del ex equipo de Stalin volvió a usar los métodos de la burocracia contra él. Aprovecharon que estaba en Alemania, y prepararon un complot para detenerlo, Jrushchov estaba a la cabeza. En 1955 le tocó a Malenkov quien comandaba el equipo, y a los meses le tocó a Molotov, quien muchos veían como el sucesor de Stalin. Entre las acusaciones estaban los crímenes cometidos durante las purgas, parte de las maniobras que hizo Jrushchov para aparecer como el rey de la desestalinización (aprovechando que durante esos años, él se encontraba en Ucrania). Podríamos decir que la ironía haría que Jrushchov sería desplazado por Breshnev, pero de ironía no hay nada, son los métodos de la burocracia.

Conclusiones

El libro de Fitzpatrick deja bastante material para analizar la burocracia de la URSS, más allá de las clásicas interpretaciones de Stalin como un sangriento dictador, un tirano solitario con el poder absoluto y loco.

La lectura de El equipo de Stalin muestra cómo Stalin sin duda poseía más poder que el resto, sobre todo luego de las purgas, pero su equipo estaba formado por viejos bolcheviques de la guerra civil, que se habían formado un nombre y una reputación. Tenían con qué oponerse a Stalin, de hecho, hasta las Grandes Purgas lo tuteaban y lo contradecían, pero esa situación no se volvería a repetir hasta que estuvo moribundo. Stalin en algunos momentos tuvo que delegar tareas y dar bastante libertad de acción; hubo medidas pensadas y llevadas a cabo en conjunto, como la industrialización.

Es difícil hablar de una dictadura absoluta, al igual que Hitler y Mussolini (aunque esta es otra discusión), había personas que secundaban, apoyaban y ayudaban a Stalin; en un segundo plano, pero sin las que Stalin no hubiera podido llegar a donde llegó y le hubiera costado mantenerse.

Este equipo era la cabeza de una burocracia que cruzaba la URSS de punta a punta, los ministerios se ponían metas y se hacía lo posible para cumplirlas. Cada uno del equipo ocupaba un cargo dentro del gobierno o dentro del partido, lo que le daba cierto poder, más allá de las decisiones del dictador Stalin. Y por eso mismo, cada uno se volvía un posible problema para conservar su poder. Una demostración que no todo emanaba de Stalin y que cualquiera podía ser un futuro peligro.

Dentro de esa burocracia la única forma de ascenso era el desplazamiento del superior, de todas las maneras que podamos imaginar. Pero de todas hay algo en común: no eran discusiones políticas, los caídos en desgracia no lo eran por apoyar tal o cual política, eran desplazados por intrigas o por ser una amenaza para otro más poderoso. Cuando la discusión era política (la menor de las veces), como en el caso de la Oposición de Izquierda o de Derecha, no se dirimía mediante una discusión pública con argumentos, sino que terminaron en intrigas, mentiras y juicios arreglados conocidos como “Las Grandes Purgas”. La democracia y la discusión no fueron partes de esta burocracia.

Las intrigas y las acusaciones falsas fueron la norma desde la muerte de Lenin, hasta más allá de la muerte de Stalin, demostrando que los métodos no eran los de Stalin, sino los de un grupo que pretendía mantener privilegios a costa de todo. Esos privilegios son bien mencionados en el libro, casas de campo, obras de arte, viajes al exterior, mansiones en Moscú, trajes, etc. Según dicen algunas memorias, Beria pretendía transformar esos privilegios en algo privado y hereditario.

Todo esto ayuda a entender qué era esa burocracia. Generalmente se dice que una burocracia es un sector de la clase obrera que se separa de ella representando intereses ajenos. Pero en este caso, no representa intereses ajenos, sino propios, de ellos mismos. Sus intereses como burocracia, eran traducidos como los intereses de la URSS.

Algunos preferían entender al equipo y Stalin, como una corte y su rey, los cortesanos tenían cierto poder y debían ser consultados al menos; pero los que acompañaron a Stalin no obtenían su poder de poseer tierras (ni siquiera de poseer fábricas). Lo cual los alejaría de ser una burocracia y serían una clase social. Jlevniuk (Khlevniuk en las editoriales occidentales) prefiere hablar de oligarquización del poder, no niega el carácter dictatorial de Stalin, pero hay personas con poder propio. Sería un gobierno colectivo no democrático, como dice Fitzpatrick.

Pero más allá de la forma en que gobernó, esta burocracia no era una simple casta como se define normalmente, el hecho de que controlara el Estado y representara intereses propios hace que fuera poco más que una casta. Stalin sin duda era el líder, pero gente como Molotov, Malenkov, Beria, Mokoyán y Jrushchov por nombrar a los más conocidos, conservaron poder propio que no emanaba del líder. Ellos tenían control sobre parte del aparato burocrático del partido y del Estado, el control de los ministerios podía darte visibilidad y eso podía ser una amenaza para Stalin.

La burocracia creada por Stalin y su gente a fines de la década de 1920 fue un caso único, donde no llegó a cristalizar una clase, pero lograron mantener el poder en medio de un ambiente poco democrático más de medio siglo. No había posesión directa de medios de producción, pero sí control sobre el aparato productivo o militar del Estado, y si bien Stalin era el líder indiscutido y temido, necesitó rodearse de gente que ayudara. Esas personas controlaron sus propios aparatos y se ganaron su propia fama (incluso durante la revolución y la guerra civil). Esta casta funcionó por momentos de forma más colectiva y en otros se pareció más a una dictadura personal, pero siempre sobrevivió y conservó el control sobre el Estado.


1 Fitzparick, Sheila: El equipo de Stalin, los años más peligrosos de la Rusia Soviética, de Lenin a Jrushchov, Editorial Crítica, 2016.

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