En ocasión del 46 aniversario del golpe militar que derroco al gobierno de Salvador Allende en Chile compartimos este texto publicado originalmente en 2009.

Por Oscar Alba

El 11 de septiembre de 1973 las Fuerzas Armadas chilenas al mando del general Augusto Pinochet Ugarte terminaron con la experiencia que el presidente Salvador Allende y el Partido Comunista habían dado en llamar “la vía chilena al socialismo”. Este proyecto terminó siendo un callejón sin salida para la clase obrera chilena que masivamente había dado su apoyo al gobierno de la Unidad Popular. Cuando la vanguardia obrera comenzó a sufrir en carne propia las limitaciones de este proyecto, ya era tarde. Fábricas y barriadas obreras fueron bombardeadas por la Fuerza Aérea y a pesar de la heroica resistencia de los trabajadores, sobre todo en los Cordones Industriales la represión golpeó duramente a los sectores obreros y populares.

El imperialismo y la burguesía chilena tenían en claro desde mucho antes de la llegada al gobierno de Allende, que en el país trasandino había comenzado un ascenso revolucionario de las masas. Allende y el Partido Comunista, por su parte, se demostraron incapaces de llevar a los trabajadores al poder.

El ascenso político de los trabajadores chilenos va a ser el punto más alto del proceso que vivían amplios sectores de masas en el Cono Sur de nuestro continente. Que colocaba al movimiento obrero de esos países como sujeto político para un cambio revolucionario de la sociedad capitalista.

A mediados de los 60, Chile estaba cruzado por una profunda crisis social, la que fue alimentando una creciente polarización social que va a reflejarse en las elecciones nacionales de 1964. El fortalecimiento de las fuerzas de izquierda colocó al Frente de Acción Popular (FRAP) como punto de referencia política de la clase obrera y el pueblo. El FRAP era una coalición formada por el Partido Comunista, el Partido Socialista Popular, el Partido Democrático del Pueblo y el Partido del Trabajo. Por su parte las fuerzas de la derecha, ante la convulsión social que aumentaba despliegan una campaña electoral tendiente a crear un ambiente de temor ante la posibilidad de que la izquierda llegara al gobierno. Las fuerzas de la derecha presentaron la alternativa “democracia o comunismo” por un lado, y la Democracia Cristiana, por otro lado, va a desarrollar su propaganda sobre la base de llevar adelante una “revolución en libertad”.

Finalmente, los resultados electorales darán el mando presidencial a Eduardo Frei, representante de la Democracia Cristiana. No obstante, Salvador Allende, candidato del FRAP, logra el segundo puesto con el 40 % de los votos, mostrando un avance sostenido en el terreno electoral.

El gobierno de Frei acentuará la explotación y la dependencia del imperialismo yanqui. La explotación del cobre, principal sector de la economía, va a estar orientado por lo que los democristianos dieron en llamar la “chilenización” del cobre, término que en los hechos, lejos de apuntar a la nacionalización minera significará un aumento de las ganancias de los capitalistas extranjeros. Ganancias que no sólo crecieron en el sector del cobre sino que penetraron en el sector industrial. “En 1968, el capital extranjero controlaba más de un sexto del capital pagado de todo el sector manufacturero, y entre las 100 mayores empresas, 61 tenían participación externa (en 40 de las mismas la participación era suficiente para controlarlas efectivamente).”(1) En otro aspecto, creció la deuda externa y en el campo la reforma agraria no fue más allá del marco burgués y trató de establecer y consolidar la pequeña propiedad. Lo que por supuesto empantanó el proyecto, ya que los grandes hacendados, que tenían representantes en el mismo partido del presidente Frei, se van a oponer firmemente. “Entre 1965 y 1970 se expropiaron 1.400 predios que abarcaban 279.000 hectáreas, beneficiando a 30.000 campesinos. Esta cantidad representa apenas el 4% del total de campesinos sin tierra. Los grandes latifundistas seguían disponiendo del grueso de la propiedad agraria y se mantenía sin cambios substanciales el atraso secular del campo.”(2) Esto profundizará los enfrentamientos por la tierra y un aumento de la sindicalización de los trabajadores rurales. Mientras que en 1966 habían 10.647 campesinos sindicalizados; en 1969, superaban los 100.000.

La clase obrera chilena estaba organizada en la Central Única de Trabajadores creada en 1953 y los mineros constituían el sector de mayor peso. Desde su creación la CUT hizo público su aspiración socialista. En su declaración de principios, la CUT planteaba: “Que el régimen capitalista actual, fundado en la propiedad privada de la tierra, de los instrumentos y medios de producción del hombre por el hombre, que divide a la sociedad en clases antagónicas, explotados y explotadores, debe ser sustituido por un régimen económico-social que liquide la propiedad privada hasta llegar a la sociedad sin clases, en la que se aseguran al hombre y a la humanidad su pleno desarrollo.”(3)

A poco de iniciada la gestión presidencial de Frei, la CUT pone en pie una “plataforma de lucha” que abarcaba distintas reivindicaciones laborales. Ajuste de los salarios de acuerdo al costo de vida, la formación de una Comisión Tripartita para fijar los sueldos y salarios anualmente, tanto para el sector privado como para el estatal y para el control de precios de los productos básicos. También reclamaba vivienda, educación y derechos sindicales. La plataforma reivindicativa se ampliaba a los trabajadores del campo, reclamando la expropiación de los grandes latifundios y el reparto de la tierra.

La caldera de la lucha de clases chilena seguirá aumentando su presión. En noviembre de 1965, el gobierno de la Democracia Cristiana va a enfrentar la primera huelga general que dura casi un mes. Y a comienzos del 66, los trabajadores de la empresa Braden Copper Co., explotadora del cobre, paralizaran sus actividades durante tres meses. La Confederación de Trabajadores del Cobre llamará a una huelga en solidaridad con los trabajadores de la mina de El Teniente, la mayor de Chile. El 11 de marzo el gobierno lanza la represión contra una asamblea de los mineros de El Salvador y asesina a seis trabajadores y dos mujeres. La CUT llama a un paro general que se hace efectivo el 15 de ese mes.

Al año siguiente, en noviembre de 1967, se realiza un nuevo paro nacional que tendrá un alto grado de combatividad. Los barrios obreros son escenario de movilizaciones. La comuna de San Miguel, llamada la “comuna roja”, baluarte proletario, va a ser el punto más álgido de los enfrentamientos. La represión gubernamental se cobra cinco vidas: cuatro obreros y un niño son asesinados. En Puerto Montt, al sur del país, la represión mata a ocho trabajadores. La tensión social aumenta y en 1968 salen a la lucha los trabajadores de Correos y Teléfonos, del Servicio Nacional de Salud y de la Educación Básica y Media. En las minas de Huachipato y las salitreras los obreros también se movilizan.

Hacia la formación de la Unidad Popular

Las fuerzas de izquierda que habían logrado un avance significativo en las elecciones de 1964 irán ganando aún más espacio político entre las masas obreras, populares y campesinas. Pero el desarrollo de las mismas será desigual. El Partido Socialista de orientación reformista y al cual pertenecía Salvador Allende, será quien va a ir capitalizando con mayor fuerza este proceso. Surge un ala izquierda en su seno reflejando la radicalización de los trabajadores, encabezada por Carlos Altamirano, Clodomiro Almeida y Adonis Sepúlveda. En el Congreso partidario de 1967 se acuerda la táctica de “Frente de los Trabajadores” y el ala izquierda sostiene una posición crítica frente a la vía pacífica al socialismo. Por su parte el Partido Comunista enmarcado en la “coexistencia pacífica” entre la burocracia soviética de Moscú y el imperialismo yanqui, había orientado su táctica política hacia un frente con sectores burgueses. Poco después de las elecciones del 64, Orlando Millas, dirigente del PC, “declaró en la reunión del Comité Central que hizo el balance electoral: sin duda, en la campaña presidencial hubo una notoria posición defensiva, manifestada en la mayor importancia concedida a la captación de sectores de la burguesía antes que a la ampliación de la influencia en el proletariado y en las capas populares.”(4) De esta manera los estalinistas chilenos cedieron una franja fundamental de la clase obrera chilena al PS. No obstante serán parte de la dirección política de los trabajadores.

La radicalización de los trabajadores llegará al campo y va a provocar una ruptura en el partido gobernante. Jacques Chonchol, dirigente del ala izquierda demócrata cristiana, va a impulsar la reforma agraria propagandizada en la campaña electoral por Frei. Pero, como dijimos anteriormente, esta reforma no apuntaba a liquidar el latifundio y sus propietarios: los terratenientes. Las ocupaciones de tierra y la lucha campesina se convirtieron en una presión permanente sobre Chonchol y sus seguidores. Esto terminará con la ruptura del ala izquierda de Chonchol en 1969 y la creación del Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU) que extenderá su programa político hacia una posición de “vía no capitalista de desarrollo”. De esta manera, la lucha campesina en Chile y la situación de procesos revolucionarios a escala internacional, acercaron a este sector de la Democracia Cristiana a posiciones de izquierda.

Así se van a ir delineando las principales fuerzas políticas que conformaran la dirección política de las masas trabajadoras en Chile y confluirán en la Unidad Popular en vísperas de las elecciones nacionales de 1970. En agosto de 1969, Salvador Allende va a ser proclamado candidato presidencial por el Partido Socialista. El PC había lanzado una campaña tendiente a formar un Frente Popular y proclamó a Pablo Neruda como primer candidato. La derecha política había dado surgimiento al Partido Nacional y la Democracia Cristiana había perdido apoyo conformándose así un nuevo tablero político donde la polarización se profundizaba tanto en las calles como en el terreno electoral.

1– Allende. La Unidad Popular, Hugo M Sacchi, Historia de América en el siglo XX

2- Hugo Sacchi, op. cit.

3- Barría Jorge, Historia de la CUT, Prensa Latinoamericana, Santiago, Chile, 1971

4- Hugo Sacchi, op. cit.

Haciendo memoria – A 36 años del golpe militar en Chile (2ª parte)

Las Fuerzas Armadas consuman el golpe

Por Oscar Alba

A fines de la década del 70 la situación política chilena estaba caracterizada por una aguda polarización de la lucha de clases. En marzo 1969, en las elecciones parlamentarias, los partidos obreros aumentaron levemente su caudal electoral y la Democracia Cristiana gobernante disminuyó significativamente sus votos. Será el Partido Nacional quien mostrará un apoyo electoral renovado al captar a sectores de la clase media, descontentos con el gobierno de Eduardo Frei.

Con las candidaturas de Jorge Alessandri del Partido Nacional, Radomiro Tomic por la DC y Salvador Allende por la Unidad Popular (UP) el régimen chileno se encaminó hacia las elecciones del 70. Pero el camino lectoral siguió sembrado de convulsiones sociales y políticas. El 21 de octubre, el General Roberto Viaux Marambio produjo una asonada militar golpista. Fue en el Regimiento de Tacna de Santiago y aunque sus protagonistas declararon que era un movimiento por reivindicaciones a la cúpula del ejército, no había dudas que se trataba de una reacción militar frente al avance de las luchas y la influencia creciente de la izquierda entre los trabajadores. El presidente Frei declaró que no se movería del gobierno. Pero la CUT llamó a un paro general por tiempo indefinido y obreros y sectores populares rodearon al regimiento y al día siguiente se llegó a un acuerdo con los golpistas.

La movilización obrera había inclinado la balanza a favor y salían fortalecidas. La UP, creada unos días antes del intento de golpe, capitalizará este triunfo contra los golpistas en su perspectiva electoral. El 21 de enero Allende será proclamado candidato presidencial de la Unidad Popular. El semestre anterior a las elecciones será escenario de un recrudecimiento de las luchas obreras y campesinas. «Enero de 1970 se inició con paros en las grandes industrias de Sumar y Fensa y con una dramática «marcha del hambre» de los mineros de Ovalle. En febrero los obreros ocuparon la fábrica de fideos Carozzi, paralizaron los obreros del cuero y del calzado y decenas de miles de obreros jubilados se movilizaron en todo Chile para exigir un aumento en el pago de sus miserables pensiones. La lucha campesina paralelamente en las provincias de Curicó, Nuble y Magallanes. En marzo paralizaban los trabajadores de los puertos, las tomas de los fundos se extendían en Coquimbo y en O’Higgins y estallaba la huelga del salitre» (1) Los Comités de la Unidad Popular se habían extendido en todo el país.

El triunfo electoral de la Unidad Popular y el gobierno de Salvador Allende

El 4 de septiembre se llevaron a cabo las elecciones nacionales y Allende logrará el primer lugar, seguido del candidato de la derecha, Jorge Alessandri, Radomiro Tomic (DC) quedará tercero. Y el Congreso tendrá que resolver ya que Allende no logra la mayoría absoluta. La tensión política se profundizó. La burguesía chilena debatía si impedían la asunción de Allende, ya sea a través del Congreso o por medio de un golpe militar. Comenzaron atentados terroristas de la derecha y poco días antes de la sesión del Congreso fue baleado el comandante en jefe del Ejército, René Shneider, quien va a morir unos días después. Finalmente, la Democracia Cristiana exigió a Allende respetar «las garantías democráticas» para respetar el resultado electoral. Esto permitió a la Unidad Popular llegar al gobierno. No obstante, la derecha siguió conspirando, a instancias del imperialismo yanqui contra el nuevo gobierno.

Con Allende en el gobierno, la Unidad Popular comienza a llevar adelante una serie de reformas importantes. En el terreno latinoamericano, a poco de asumir, Allende reanudará relaciones diplomáticas con Cuba y dejará de pagar la Deuda Externa. Y las primeras medidas a nivel nacional serán un aumento salarial del 35% y hacia fines de 1970 la estatización de los bancos a través de las compras de sus acciones pero no de su expropiación. En julio de 1971, el gobierno nacionaliza el cobre y posteriormente las minas de carbón y la Corporación de Aceros del Pacífico. En el campo se profundiza la reforma agraria que había planteado el gobierno anterior de Frei. «En 20 meses de gobierno se registraban ya más de 2500 fundos expropiados, entre ellos uno de los más grandes del mundo (520.000 has.)» (2)

Cada medida del gobierno provocaba una mayor demanda de los trabajadores que sentían al gobierno como suyo y, por otro lado, la reacción de la burguesía, que veía, en las fábricas y el campo, más que en el parlamento; que sus intereses estaban en peligro.

En el programa de la UP la economía chilena se dividía en tres sectores o áreas: social, privaba y mixta. En el área social se agrupaban las empresas estatales ya existentes junto con la incorporación de un pequeño grupo de empresas. En el área mixta el Estado controlaba la mayor parte de las acciones y la privada. Es decir el programa político de la UP desde su génesis no contemplaba la expropiación total de la burguesía y en los hechos, a pesar de las profundas reformas económicas, la burguesía y las empresas multinacionales mantendrán el margen necesario para comenzar a boicotear y provocar el caos en la economía chilena.

El mercado negro fue una de las consecuencias de esta política ya que la patronal comenzó a desabastecer los almacenes y para adquirir productos básicos como, por ejemplo, el arroz y la harina, había que pagar precios carísimos.

En octubre de 1972, los dueños de camiones dirigidos por León Vilarín van a declarar un paro que paralizó la actividad en el país con el objetivo de desestabilizar al gobierno. Allende en lugar de llamar a la movilización hasta aplastar el paro patronal patronal negoció y a principios de noviembre, nombró al comandante Carlos Prats ministro del Interior.

Se profundiza la polarización entre las clases

El 4 de marzo de 1973, a pesar de la crítica situación, la UP logra una nueva victoria electoral con el 43 % de los votos. Este triunfo en las urnas, lejos de utilizarlo para llamar a la movilización obrera contra la derecha golpista, el gobierno lo utiliza para mantener su política reformista y la ilusoria «vía pacífica al socialismo»

Mientras tanto los trabajadores continuaban ocupando fábricas y tierras. Así comienzan a surgir los Cordones Industriales que agrupaban a fábricas de distintas zonas. Estos Cordones no sólo ejercían el control obrero en las fábricas sino que controlaban el abastecimiento, requisando almacenes y depósitos donde las patronales acaparaban mercaderías. En estas regiones se expresaba con toda crudeza la situación política chilena. Cuando los obreros ocupaban las plantas fabriles el gobierno enviaba a los carabineros para desalojarlas y sucedían enfrentamientos entre obreros y carabineros.

Los Cordones Industriales comienzan a ser una alternativa a la CUT, que respaldaba la política reformista de Allende y un germen de poder obrero. «Las movilizaciones que hacen en los Chile los Cordones Industriales son fuertes. En Vicuña Mackenna movilizamos 5000 a 7000 trabajadores en cada movilización y caen tres o cuatro muertos. Porque la fuerza en estos momentos está en los Cordones Industriales y no en la CUT» Así se expresaba Armando Cruces, presidente del Cordón Vicuña Mackenna, que agrupaba a 350 empresas, en una entrevista publicada en Avanzada Socialista en agosto de 1973 (3) La mayor parte de los obreros de los Cordones Industriales habían votado a Allende pero comenzaban a ver que el gobierno en lugar de profundizar las medidas hacia el socialismo se inclinaba a acordar con los partidos burgueses. La derecha y la democracia Cristiana van a aprovechar el «diálogo» que les proponía la Unidad Popular para organizar el aplastamiento de la movilización obrera.

El 29 de junio se produce otro intento de golpe que fue conocido como el «tancazo» Ante el mismo lanza un discurso ambiguo: por un lado llama a los trabajadores a que tuvieran confianza en las Fuerzas Armadas y Carabineros y por otro, que estuvieran prestos para defender y combatir junto a «los soldados de Chile» (4) Pero los «soldados de Chile» no son otros que los que comandaba el general Augusto Pinochet Ugarte, designado por el propio Allende al frente de las Fuerzas Armadas. Consecuente con su política conciliatoria, en lugar de movilizar a las masas contra la reacción burguesa, Allende va ampliar su gabinete de gobierno dando lugar a las Fuerzas Armadas y la oposición burguesa. Mientras que los trabajadores reclamaban terminar con la derecha golpista, «Chicho» Allende retrocedía haciéndole concesiones políticas.

El 11 de septiembre las Fuerzas Armadas chilenas consuman el golpe

Allende, reformista consecuente va a pegarse un tiro en el Palacio de la Moneda antes de entregarse. Su actitud va a expresar la impotencia de llevar adelante la » vía pacífica al socialismo» conciliando con los explotadores. Los obreros de los Cordones Industriales enfrentarán decididamente a los golpistas que bombardearon las fábricas y las barriadas obreras, pero no podrán impedir que su confianza en la dirección política de                     Allende y el Partido Comunista los lleve a la derrota. La experiencia del gobierno de la Unidad Popular en Chile, a más de tres décadas, no puede perderse en el olvido. Sólo la conquista de la independencia política de los trabajadores, la construcción de un partido obrero revolucionario sobre la base de un programa que liquide la explotación capitalista imperialista, superando las fronteras nacionales abrirán la posibilidad de un triunfo revolucionario.

(1) Labarca Godard, Eduardo, Chile al rojo. Ediciones de la Universidad técnica del Estado, Santiago, Chile. 1971

(2) Hugo Sacchi, Allende. La Unidad Popular de Chile

(3) Avanzada Socialista, periódico del Partido Socialista de los Trabajadores de Argentina

(4) Discurso de Allende, citado en Revista de América, noviembre de 1973

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