• La solidaridad entre los de abajo es fundamental ante el abandono y la complicidad estatal.

Por Deby Calderón Vega

Desde el Nuevo Partido Socialista (NPS) pusimos en marcha la campaña “Solidaridad desde abajo en tiempos de pandemia”, con la cual recolectamos víveres y dinero para apoyar a familias trabajadoras afectadas por la crisis. Mientras los de arriba, empresarios y gobernantes, toman medidas para cuidar sus ganancias, nos condenan al desempleo, el hambre y la muerte.

La solidaridad entre los de abajo es fundamental ante el abandono y la complicidad estatal. La izquierda debe posicionarse en todos los espacios posibles como una alternativa ante la barbarie capitalista. No podemos limitarnos a exigirle al Estado y al gobierno con publicaciones virtuales que resuelva desde arriba (cediéndole por completo la iniciativa a la burguesía); también es necesario que las organizaciones de izquierda tomemos los problemas en nuestras manos, porque la clase trabajadora puede y debe proponer resolver todos los asuntos que aquejan a los sectores explotados y oprimidos (además de ser un elemento formativo para la militancia).

Presentamos brevemente algunos de los relatos anónimos sobre las situaciones que atraviesan las familias trabajadoras que pudimos apoyar con la campaña.

 

Las empresas resguardan su riqueza y nos condenan al desempleo

Jorge en la última década laboró como “chequer” en una empresa autobusera. Trabajó 8 años y luego renunció para probar con un negocio propio que no le resultó. Volvió a ingresar unos meses antes de la emergencia nacional a la misma empresa autobusera, pero con la crisis lo despidieron. Cinco semanas después le dieron su liquidación con la que tuvo que subsistir estos meses de pandemia.

Nos contó que apenas sale con los gastos, pero que su liquidación ya se va a acabar. También relató el caso de una vecina muy pobre, a la que él, junto a otros vecinos y vecinas, apoyan con comida y pañales para su bebé. Un ejemplo de que la solidaridad entre los de abajo se da siempre, todos los días, porque es la misma gente que siente en su realidad la posibilidad de estar en las mismas condiciones.

También está el caso de Rodolfo, quien fue despedido por la emergencia con garantías laborales. Laboraba en un almacén fiscal de la Zona Franca del Coyol. Nos mostró su preocupación porque su liquidación le alcanzará “para pagar la casa el próximo mes, porque además tuve que ayudar a mi mamá quien también quedó desempleada y yo soy el que he podido apoyarla con lo que me dieron de liquidación, pero en dos toques no hay nada”.

 

El pequeño comercio no soporta

Rebeca trabajaba en un pequeño bar desde hace 11 años, una de las más de 121.000 personas despedidas o suspendidas con el cierre de 8.500 bares, sodas o restaurantes en los últimos dos meses y medio. Su liquidación fue muy baja porque en su trabajo les liquidaban anualmente, y ya se lo gastó todo en estos dos meses. Tiene 4 hijos y su esposo le ayuda pero con solo su ingreso no les alcanza: pagan ₡180 mil de casa, préstamos y servicios. Uno de sus hijos es diabético, una niña en pañales y dos en la escuela. Aunque hizo varias solicitudes de bono de vivienda y de ayudas al IMAS, nunca le fueron brindadas.

“Es mucho más fuerte el impacto que ha tenido [la crisis] en las personas pobres, que en las personas adineradas. Las personas dicen que hay que quedarse en casa, pero es muy difícil sin un plato de comida en la mesa, o sin un vasito de leche para mis hijos. Yo nunca he necesitado que el gobierno me ayude, siempre he mantenido con trabajo a mis hijos, pero no contaba que iba a suceder esto de la pandemia”. Rebeca recibió los víveres que le entregamos con un enorme gesto que mezclaba enorme angustia y sincero agradecimiento.

También hablamos con Jahaira quien era comerciante. “Yo vendo de todo, limpio casas, iba a vender empanadas y café a San José y con eso me ayudaba. También trabajaba como ayudante con un señor pegando cerámica y haciendo arreglos, era el trabajo de un hombre pero yo lo hacía. También vendo ropa de segunda en un parque y por dicha alcanzaba para comer aunque sea”. La crisis le afectó porque ella es cabeza de hogar, el papá de sus hijos murió hace 7 meses y ya no cuenta con ese apoyo para sacar adelante a sus dos hijos.

 

Precarización laboral + pandemia

Paula vive con su hijo solamente. Alquila un pequeño apartamento en ₡100 mil al mes. Trabajaba tiempo completo de niñera y le pagaban ₡170 mil al mes. También vendía productos por catálogo, pero “las personas ahora prefieren comprar grano o ahorrar por si esta crisis continúa”. A la mamá de los niños que cuidaba le rebajaron las horas de trabajo y no pudo pagarle más. “Nos afectó tanto que para este mes no tenía la leche de mi hijo y tuve que vender el juego de comedor para comprar las cosas de él. Ahora tengo que pagar el alquiler y no cuento con ese dinero, estoy viendo como hacer ya que no cuento con ningún ingreso”, nos relató Paula.

Maritza también sufre de la precariedad laboral y con su trabajo como vendedora ambulante sostiene a sus cinco hijos e hijas. Su hija de 18 años, quien nos recibió los víveres, también le ayuda trabajando en esta misma actividad. Sin embargo nos cuenta que “con la crisis ya no se puede ir a vender, porque mi mamá tiene problemas de diabetes y presión entonces se tiene que cuidar más. Y la gente no quiere comprar en la calle por el mismo miedo de que se pase el virus”.

Sin duda las afectaciones de la crisis son más crudas contra la clase trabajadora y los sectores populares, quienes enfrentamos la posibilidad de pasar hambre, desempleo y precariedad siempre, y todavía más en tiempos de crisis y pandemia. Por esto debemos sostener, fortalecer y ampliar esta campaña de solidaridad entre los sectores de abajo, para ganarnos la confianza política de nuestra clase, para crear organización y poder ante la opresión el Estado capitalista.

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