Pobreza, desempleo y deuda: un país estancado y un gobierno ajustador

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  • Las estadísticas reflejan una cierta recuperación en los niveles de actividad económica y empleo con respecto al 2020 pero aun no llegan a los niveles prepandemicos. 

Johan Madriz

El estado económico y social del país es precario. Las estadísticas reflejan un cierto recuperamiento en los niveles de actividad económica y empleo con respecto al 2020. Si la comparación se realiza con respecto al 2019 los datos evidencian un deterioro de prácticamente todos los ámbitos. En cuanto al déficit fiscal, la deuda y el presupuesto gubernamental queda patente que el festival de endeudamiento continúa y que los recortes presupuestarios se profundizan.

 

Pobreza y desempleo

El desempleo continúa manteniéndose en cifras elevadas, llegando a un 17.3% (422 mil personas) para el trimestre móvil febrero-abril; esto implica una caída de 1.4% con respecto al trimestre enero-marzo, pero un aumento interanual de 1.6%.

A pesar de la recuperación con respecto al pico del 24.4% que se presentó en mayo-julio de 2020, el país mantiene la segunda mayor tasa de desempleo en el continente, solo superado por Venezuela. Además, según la Cámara de Industrias[i], hasta finales de 2023 se podrían recuperar las tasas de desempleo pre pandemia, que ya eran altas (12.5% en primer trimestre de 2020). Por otro lado, el FMI estima que el desempleo no bajara de 10% hasta 2025.

Un análisis de la Escuela de Economía de la UNA[ii] determinó que “el dato de desempleo podría ser mayor, pues muchas personas se quedaron sin trabajo y decidieron no buscar empleo, por lo que formalmente no se les considera desempleados”. Además, “la informalidad se alivió parcialmente durante la etapa más fuerte del confinamiento no por una mejora en las condiciones de trabajo del país, sino porque muchas personas en actividades informales perdieron su empleo y no salieron a buscar trabajo”.

En cuanto a la pobreza, la Encuesta Nacional de Hogares (Enaho), efectuada en julio 2020, estimó que la pobreza medida por nivel de ingresos aumentó un 5.2% llegando al 26.2% (419 mil hogares), el valor más alto en 28 años. La pobreza extrema creció un 1.2% hasta el 7%, es decir, 112 mil hogares con ingresos inferiores al costo de la canasta básica alimentaria.

El ingreso promedio disminuyó 12.2% para colocarse en ₵891,934 mensuales, pero en cuanto al ingreso per cápita se estima una disminución de 13.2% (llegando a ₵326,483).  En el ámbito nacional el ingreso promedio por salario disminuyó un 13.8% y el ingreso autónomo un 35.3%, asimismo, el ingreso por subsidios estatales y becas aumentó un 153% debido, principalmente, a la aplicación del Plan Proteger. Justamente, el aumento en transferencias palió un poco el crecimiento de la pobreza en un estimado de entre 4% y 6% adicionales.

“Con respecto a la brecha de pobreza –también conocida como intensidad, muestra de manera relativa cuanto se aleja el ingreso promedio de los hogares pobres respecto de la línea de pobreza, es decir, refleja cuán pobre son los pobres. Para 2020 se sitúa en 10.1% para todo el país, esto es 2.1 p.p. más, respecto al 2019”[iii].

Por otra parte, el coeficiente de Gini se mantiene en un 0.519, siendo Costa Rica uno de los países más desiguales del mundo. Mientras los ingresos de los sectores trabajadores se vieron severamente afectados, “los empleadores mejoraron su ingreso al punto de ubicarse por encima de los niveles de la pre pandemia”[iv].

 

Crecimiento económico y deuda

El crecimiento de la economía durante el 2020 fue negativo, el PIB se redujo un 4.5%. Los ingresos totales tuvieron una caída de 10.94% (equivalente a 1.68% del PIB), pasando de representar el 14.78% del PIB en 2019 al 13.70% en 2020.

Los ingresos tributarios cayeron un 11.22%, siendo la mayor disminución desde la crisis de los años 80. Esta situación se debió, en buena medida, a la decisión del gobierno de aplicar una moratoria en el pago de los tributos a las empresas, que explica un 11% de esta disminución.

En cuanto al gasto del gobierno hubo una disminuyó del 0.57% del PIB, a pesar del aumento en los gastos relacionados con la pandemia. Esto se explica por un ajuste en el presupuesto público que colocó la tasa de crecimiento del gasto para 2020 en un 1.51%, cifra muy inferior al límite, ya arbitrario, establecido en la regla fiscal de 4.67%.

La deuda publica cerró el 2020 representando un 67% del PIB, con un crecimiento nominal de 11.26% y alcanzando los ₵29.79 billones. La deuda interna creció un 10.02% a ₵22.19 billones y la deuda externa llegó a $12,335.53 millones con un incremento de 7.16%. Durante el 2020 se aprobaron cuatro préstamos externos por $1,401.69 millones.

Se nota una tendencia a aumentar la cantidad de financiamiento externo, que, si bien implica menores tasas de interés, en términos políticos significa una mayor subyugación al capital internacional y sus condiciones. El servicio de la deuda interna para el 2020 disminuyó un 20.41%, pero aun así implicó el desembolso de ₵5.40 billones, mientras que, para la deuda externa, aumentó un 70.05% llegando a $764.03 millones.

Bajo este panorama el 2020 cerró con un déficit financiero de 8.1% del PIB (en 2019 fue de 6.9%) mientras que el déficit primario (sin intereses) se situó en 3.4% del PIB. Para el 2021 la contención del gasto por parte del gobierno es aún mayor y ya, incluso, ha generado un superávit primario (al 30 de junio) de ₵170 mil millones.

 

Hay que luchar contra el ajuste

El gobierno y los empresarios aprovechan la crisis por la pandemia para justificar todos los males del país, sin tomar en consideración que estos ya existían, y son estructurales al capitalismo del país, y la crisis sanitaria solo vino a empeorarlos.

A pesar de esto, el gobierno no se detuvo en su plan de ajuste y, por el contrario, lo profundizó, con la flexibilización de las jornadas laborales, con la autorización para suspender miles de puestos de trabajo, con el proyecto de Ley de Empleo Público y, por supuesto, con el préstamo con el FMI.

El gobierno repite el verso de que este es el único camino, que no hay de otra, que lo contrario es la catástrofe. Pero eso es mentira, si hay otro camino. Uno en que el desempleo y la informalidad no sean la regla y donde la pobreza no sea el destino de un cuarto de la población. Esa otra opción es en la que los grandes fortunas, empresarios, exportadores y banqueros paguen la crisis. Es una opción donde, en lugar de pagar miles de millones en intereses a capitalistas, se destinen esos recursos a educación, salud, vivienda, etc.

Pero ese camino requiere organización y lucha. Significa echar a los partidos de los empresarios y sus representantes (diputados, ministros, presidentes), sacar las burocracias de los sindicatos y apostar por organizaciones de y por la clase trabajadora y los sectores populares.


[i] Tomado de https://www.larepublica.net/noticia/desempleo-en-costa-rica-sera-el-segundo-mas-alto-de-latinoamerica

[ii]Tomado de https://www.unacomunica.una.ac.cr/index.php/junio-2021/3501-situacion-del-empleo-en-costa-rica-sigue-delicada

[iii] Tomado de https://www.inec.cr/noticia/pobreza-por-ingresos-alcanzo-un-262

[iv] Ídem ii

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