Por Geannina Araya

El martes 4 de febrero en horas de la mañana se produjo un derrame de combustible en el río Barranca, cerca de la toma de agua del AyA, lo que provocó el cierre inmediato de las compuertas de la toma y la consecuente suspensión del suministro de agua potable en las comunidades de Barranca, el Roble, Chacarita, Fray Casiano y El 20 de Noviembre; esto debido a la contaminación con aceite hidráulico en la planta de tratamiento.

Más de 60 mil personas sufrieron los embates del desabastecimiento que se prolongó por casi tres días, desatando una situación de caos en los barrios afectados. Y a pesar de la habilitación de varios camiones cisterna, fue imposible dar abasto con la demanda de cientos de hogares, comercios y centros de salud.

En el marco de esta problemática social y ambiental, poco o nada se ha dicho sobre las personas culpables del derramamiento de hidrocarburos en el río. Sin embargo, es sabido que éste se produjo a escasos metros del plantel de Procamar, empresa que desde hace años viene provocando afectaciones al río.

El quebrador Procamar fue inicialmente una minera que, como producto de la concesión realizada a Claudio Guevara, padre del político Otto Guevara, funcionó desde los años setenta con el nombre de Pocamar. Posteriormente, pasó a ser una sociedad llamada Procamar S.A, que siguió vinculada a la familia Guevara. La explotación sistemática del río Barranca por parte de esta empresa ha modificado de manera significativa sus márgenes; además, el impacto generado por los procesos de sedimentación producto de la extracción de material, saltan a la vista de la comunidad barranqueña. Y, por si fuera poco, año con año los habitantes de Barranca, el Roble y la Gran Chacarita, sufren periódicas suspensiones planificadas o racionamientos de agua, tanto en época seca como lluviosa, problemática que no puede desligarse de los cambios drásticos sufridos por el río.

Procamar pertenece en la actualidad a la empresa Pedregal, que ya en el pasado había estado vinculada con delitos ambientales en Liberia. Y el río Barranca es expuesto cotidianamente a la maquinaria de esta empresa ambientalmente irresponsable, y también a peligros inminentes como el ocurrido con el derrame de combustible.

La imprudencia de empresarios que durante años se han llenado los bolsillos a costa de la principal fuente de agua para tres distritos del Cantón Central de Puntarenas, ha provocado que las familias más pobres del cantón sufran de interrupciones periódicas en el flujo de agua; y lo acontecido días atrás, solo demuestra el impacto que genera explotación indiscriminada de la naturaleza por empresas inescrupulosas que, a pesar de ser denunciadas, continúan funcionado sin impedimento alguno.

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